jueves, 25 de mayo de 2017


EN DEBATE





“MIRANDO AL ASIA”

Mientras EEUU apuesta por continuar con el caos en el Medio Oriente para recrear sus multiples objetivos geopolíticos en la región, trata de entrar a hurtadillas por la puerta trasera de China ¿Podrá lograrlo?




Por Dany Smith
Qué le quedaría a los EEUU por intervenir en Asia? Me pregunto un viejo amigo mío mientras tomábamos un “Kahua” (café al estilo egipcio) a orillas del Nilo en un café del Cairo. Sin pensarlo mucho le señale, parte del extremo oriente especialmente en países como Myanmar y las poblaciones en la región periférica del sur de China continental y tal vez por qué no, Pakistán y más tarde la India. Obviamente que aquí Washington maneja otras estrategias para apoderarse de estas plazas. Imitando a sus mentores británicos, los norteamericanos tratan de influir cultural y comercialmente en estas zonas paupérrimas convenciéndolas de que su interferencia les traerá beneficios a largo plazo.

Sin dudas que las balas y las bombas no son la única vía para controlar a un país, como lo han venido haciendo en el norte de África y el Medio Oriente; no claro que no. 

Las misiones civiles enmascaradas como ONG humanitarias y el intercambio de estudiantes pasantes siguen siendo el caballo de Troya del Pentágono y sus colegas de la CIA que buscan por todos los medios, penetrar en estas sociedades para contra restar la influencia china y de ese modo redirigir las opiniones del público de sus naciones que luego guiarán las políticas de gobiernos débiles y poco estables.

La llamada “Birmania” hoy más conocida como Myanmar siempre fue un país pobre y que desde 1988, propiciado por los desmanejos financieros internos y las intromisiones de los organismos como el FMI y el Banco Mundial, terminaron con la estabilidad del país conllevando a la intervención del poder por las fuerzas armadas.

Myanmar estuvo durante años bajo la dirección de una dictadura militar que había tratado de ser aislada por las sanciones de Naciones Unidas encontrando en Pekín, la única mano tendida para que el país no quebrase. Eso es lo que había venido preocupando a Washington y no la existencia de un régimen represivo con el cual trataría en las sombras. Mientras que por una parte fomentaban el movimiento de “monjes budistas” contra el gobierno militar, las agencias de inteligencia tejían relaciones con sus colegas birmanos para tejer redes de cooperación contra la amenaza comunista. Como siempre, los norteamericanos buscaron las vías para filtrase en la sociedad regional para “promover la democracia” y apoyar a los políticos que bregaban por dicho sistema.

Como es su estilo, Washington se para del lado que calienta el sol y cuando los militares birmanos se volvieron impopulares, les comenzaron a socavar su poder.

Este enfrentamiento político interno, fue aprovechado por Washington y con argumentos como los derechos humanos y el medio ambiente penetró en Myanmar.

Para estos propósitos Myanmar es un campo fértil para operar. En el país existe una clara fragmentación étnica y religiosa que facilita el actuar estadounidense.  La pobreza es tan amplia y la corrupción tan galopante, que no hay forma de que EEUU no pueda justificar sus operaciones de mascarada y menos aún, infiltrarse con la connivencia de funcionarios corruptos. Pero lo que realmente importa al Departamento de Estado y a sus agencias es la situación estratégica donde se enclava el país asiático. Con una amplia costa al Golfo de Bengala, Myanmar tiene frontera con China y a su vez con otras plazas de interés como son Bangladesh, Bután y Nepal, éstos también con extensas fronteras con el sur de China.

Para Washington generar una estrategia de contención comercial contra China, sería una variante para detener su influencia sobre estos estados pobres ya que la opción militar es muy peligrosa. Pero ésta estrategia basada en el dinero y la promoción  de una contra cultura china no estaría dando los resultados esperados.

Y la desesperación de Washington por tratar de frenar estas influencias de Pekín, ha llegado a puntos que no podrían tener retorno. Se sabe que EEUU mantiene merodeando en el Mar Meridional de la China a una flota de ataque que la ONU jamás parece haber advertido. Sus tareas parecen muy claras y lejos están de promover alguna ayuda humanitaria o enseñanza sobre “democracia” y “libertades”.

La presencia estadounidense ha creado varios incidentes con los chinos y eso no ha sido pasado por alto por Pekín. A las actividades de espionaje electrónico con aviones y drones hasta la operatividad clandestina de agentes dentro de la región, debe agregarse la notoria casualidad en la multiplicación de células del “ISIS” en Filipinas, por donde los norteamericanos también se hallan operando.


Si se observa un mapa del sur de Asia y vemos en perspectiva el real interés de EEUU en Myanmar, no quedan dudas de que, detrás de todos sus argumentos en pro-de la democracia y el desarrollo económico del país asiático solo le interesa obtener el control de ese importante sector, caracterizados por las extensas costas del Golfo de Bengala, que constituyen una entrada marítima directa sobre China. En ese sentido y por lo riesgoso de lo buscado, Washington prefiere actuar con guante de seda y tratar de comprarse a los paupérrimos pobladores (y por supuesto a sus corruptos funcionarios)  de esa región y como ha sido su estilo, asegurada una clase de dirigentes plenamente adictos a su política y obviamente, bien remunerados por su gentileza, poder construir una infraestructura en la cual, la presencia estadounidense será ineludible y muy seguramente materializada con una base militar en la misma puerta de servicio de China.

lunes, 22 de mayo de 2017


EN LA MIRA





“LA PUGNA”

Ha quedado en claro que más allá de algunos fenómenos como el Brexit o las crisis que se registran en América Latina, hay bajo cuerdas una lucha entre dos corrientes ideológicas irreconciliables




Por Charles H. Slim
Con cada día que pasa, se puede comprobar cabalmente que existe una lucha a brazo partido que excede a las naciones como típicos actores internacionales dentro del complejo mundo actual. Se sabe que desde la década de los ochentas (en el siglo XX) los grandes intereses políticos financieros que a su vez sustentan el gran aparato de la industria armamentística que genera billonarias cantidades de ganancias monetarias anuales y que benefician a pocas familias del globo, a su vez retroalimenta aquel circuito financiero internacional con centro en Wall Street en la ciudad de New York y “la city” de Londres las cuales también están manos de algunas familias. Como quien diría “todo queda en familia”.

Desde finales de los noventas vimos como de la mano de la propaganda mediática de la poderosa corporación anglosajona ligada a los oscuros intereses sionistas internacionales, impulsaron y justificaron la primera guerra del Golfo Pérsico que fue, el puntapié a todo lo que actualmente se viene desarrollando en el norte de África y el Medio Oriente. Aquel “nuevo orden mundial” que inauguró el presidente George H. Bush en su ponencia ante el Congreso en aquel 11 de septiembre de 1991, no nació de su voluntad o por el mérito propio; Bush al igual que sus predecesores y quienes le continuaron, son el muñeco parlante de los reales intereses que se esconden tras bambalinas. Incluso podemos asegurar que son los mismos que actualmente bregan por imponer engendros financieros como el TTIP y el CETA  que dejarían –entre otras- inoperantes los derechos del consumidor.

Hoy acudimos a un verdadero cisma o como reza nuestro encabezado, a una “pugna” entre dos posiciones irreductibles en las relaciones internacionales:  El Globalismo y el Nacionalismo.

El primero es sin dudas, el hijo de aquella globalización neoliberal que promocionaron e impulsaron desde finales de los setentas y comienzos de los ochentas las administraciones de Margaret Thatcher en Gran Bretaña y Ronald Reagan en EEUU, protagonistas de los programas de privatización económica que derrumbaron los pilares del llamado “estado de bienestar” para abrirle el camino a la centralización del poder ejecutivo que solo se avocara a controlar pocos sectores del estado dejando las manos libres a la banca financiera para que supuestamente haga de engranaje para el desarrollo económico de la población que ya no contara con una intervención del estado para temas como la salud, el empleo, la educación y la seguridad social.

En este sentido aquella “globalización” fue el movimiento, un procedimiento no popular que nació desde la cúspide del poder con la finalidad última de tender redes globales de cooperación, de negocios y de ayudas mutuas pero,  solo para los contados sectores poderosos. La mejor muestra de la funcionalidad de esta globalización es sin dudas las coordinadas intervenciones de la OTAN (legalizadas por la ONU), que tras destruir la infraestructura de un país, les abre las puertas a las empresas y corporaciones occidentales que reconstruirán lo que sus compañeros militares han destruido.

Iraq es un ejemplo fallido de esto. A pesar de que estadounidenses y británicos demolieron puntillosamente la infraestructura del país y no contentos con ello, eliminaron a miles de sus funcionarios para reemplazarlos con colaboracionistas con misérrimos sueldos de 200 dólares mensuales, las inversiones no han sido las más prosperas para sus interesados, siendo una notoria causal de ello, la pertinaz resistencia armada y política que devino tras la invasión.

Aunque muchos globalistas quieran esconder este tipo de episodios, ellos forman parte de la dinámica “globalista” –que claramente vinculada con el imperialismo- que solo está diseñada por y para ciertos sectores y no para el beneficio común. Creyeron que convertirían a Iraq en el modelo de un oasis árabe para-estadounidense en medio de la Mesopotamia, algo que al no ver resultados óptimos, complicaron la situación con sus experimentos de la ingeniería insurreccional elaborados en los laboratorios de la CIA y aliados que parieron monstruos como “Al Qaeda”, “ISIS” y muy posiblemente a una docena de otras bandas que operan hoy en Siria.

En este último escenario, “los globalistas” más conocidos encarnados en Bush, Barak Obama, Hillary Clinton, John Mc Cain y la lista continua, pese a los intentos por destruir la nacionalidad siria, han hallado un inesperado obstáculo para lograr su misión y ese fue, Rusia que además de su poder militar, se ha plantado ante los foros internacionales en pro de una política “multilateral” de relaciones diplomáticas.

En este marco, el gobierno de Damasco logro soportar el suficiente tiempo al intento claro de derrocamiento de Bashar Al Assad, la desarticulación del sistema político controlado por el partido nacionalista B´aath y el despedazamiento territorial y confesional de la Siria que hoy conocemos, buscando además de los objetivos geopolíticos que beneficiarían a Tel Aviv, la creación de una multitud de zonas bajo control de grupos rivales que además de crear un magnifico mercado para los traficantes y los vendedores de armas, entorpecería muy convenientemente la estratégica “ruta de la seda” que tan buenos negocios le daría al comercio de Rusia, China y al mundo árabe islámico.

Otro elemento ineludible de éste Globalismo había venido siendo el unilateralismo estadounidense, herramienta política de Washington para implementar sus acciones de intervención militar que hoy vemos sigue siendo utilizada por la administración Trump.

A contrario de todas las predicciones y como reacción a estos intentos, el renacimiento de los nacionalismos es una realidad incontrastable que pese a la propaganda adversa que se lanza desde los medios hegemónicos en su contra, es la única vacuna contra farsa política globalista. En ese sentido, las continuas alegorías maliciosas que pretenden vincular este ideario al “fascismo”, al “nazismo” (filosofías europeas) y con términos como “dictadura” y “régimen”,  surgen a la vista de las nuevas generaciones pensantes como meras cortinas de humo que en realidad esconden el miedo de los sectores del poder global, a perder las prerrogativas y los negocios que giran en torno al montaje de ese Globalismo político financiero.

Hemos visto como hay ciertos nacionalismos que son tolerados por el Stablishment y otros que (caso de Irán, China, Rusia), convenientemente  son motivo del escarnio mediático. Hemos visto como el “ultranacionalismo” ucraniano, pese a su virulencia racista, ha venido siendo apañado desde occidente por su funcionalidad contra Rusia. 

Otro de los más protegidos por la Corporación mediática occidental es el “nacionalismo israelí”  insuflado de mesianismo religioso y político que bajo la denominación de “sionismo”, ha venido siendo el ideario de supremacía de una secula judía askenazi por sobre los derechos de los árabes y palestinos. Con abundantes antecedentes de un racismo recalcitrante y nocivo, este nacionalismo expansionista tiene en su haber todo tipo de crímenes y violaciones contra los derechos humanos desde la instalación de Israel hasta la actualidad.


Pero el nacionalismo real no es eso. El miedo que albergan los globalistas contra esta ideología está en el corte de los nexos políticos financieros que se entrelazan entre sectores de las bancas locales que culminan en los centros de poder anglosajones. 

Precisamente, un nacionalismo sano, bregara por una moneda soberana, políticas de beneficio común teniendo primordial interés sobre sus habitantes nativos, la regulación de los negocios foráneos mediante un gobierno respetable, un sistema jurídico sólido y probo, impermeable a los desmanejos e influencias corporativas externas que buscan imponer jurisdicciones extrañas que solo favorecen a sus intereses privados (CIADI). En fin, no permitir que se intoxique y corrompa a los habitantes de una nación con la única finalidad de llenar los bolsillos de pocos y ajenos.

jueves, 18 de mayo de 2017




DEFENSA Y SEGURIDAD



“¿REACTIVACIÓN
AERONAVAL?”

La concreción de un contrato de adquisición de aviones franceses Super Etendard puede significar un punto muy preciado desde lo histórico para Argentina ¿pero es una decisión acertada desde lo técnico y estratégico?




Por Javier B. Dal
Habiamos venido viendo como las Fuerzas Armadas argentinas se derrumbaban sin visos de una coherente y planificada reestructuración, propiciada en gran parte por la desidia política de los gobiernos de los últimos 40 años y especialmente, por la clara aversión ideológica y partidocrática del pasado gobierno “kirchnerista”.

Discurrir sobre la torpeza de estas posiciones ya no tiene interés. Aparentemente y luego de varios estudios, proposiciones y gestiones de los asesores del actual gobierno argentino, el poder ejecutivo habría puesto en camino la segura adquisición de equipamiento especialmente dirigido a una de las áreas más castigadas por falta de presupuesto como es la Armada Argentina.

Según han ventilado algunas fuentes, el arma naval estaría por recibir un lote de entre seis a siete aviones de fabricación francesa “Super Etendard”  a un costo por unidad de “diez millones de dólares”, una operación razonable considerando las capacidades de ése avión en las actuales condiciones del desarrollo bélico.
C-130J

Otro de los anuncios refiere a la adquisición de dos aviones “C-130J Hércules” y de la asistencia técnica de origen estadounidense que llegaría a la fábrica aeroespacial de FADEA en Córdoba, donde se reactivaría el desarrollo de aviones de manufactura nacional.

Sin dudas que se aplaude este sopló de oxígeno para la defensa nacional, pero aún esto es insuficiente. Vemos que claramente ha habido consideraciones de carácter político para orientar estas adquisiciones, especialmente dirigidas a que Argentina no se salga del marco de vendedores históricos, dejando de lado las magnificas oportunidades que ofrece el mercado ruso.

Los aviones franceses “Super Etendard” de la fábrica “DASSAULT BREGUET” demostraron una excelente perfomance en el Teatro bélico de Malvinas en 1982, sin dejar de considerar el valor agregado del recurso humano que los armaron, mantuvieron y pilotaron con éxito contra la aquella poderosa flota británica. Pero las actuales circunstancias  tecnológicas bélicas no dan clemencia. Aquellas jornadas contra la flota británica –que actualmente se halla renovada- son historia antigua y plantear una nueva misión con éstos aviones contra las actuales fragatas modernas inglesas, representaría un suicidio de los pilotos.

Obviamente que este gobierno no tiene en miras semejante hipótesis, pero la causa Malvinas supera los intereses de cualquier sector político y gobierno pasatista. En aquel sentido, adquirir estos aviones al menos reactivara la operatividad de una de las áreas más importantes de la defensa como es la custodia del extenso litoral marítimo.

Hay algo de snob en estas adquisiciones, pero también hay mucho de deliberada permisión por parte de Londres, que sabe muy bien que Argentina con estos “remozados” aviones franceses –los cuales ya no se producen- , no tendrán las mismas chances que en 1982, que no hay que olvidar, por aquel entonces París corto los suministros de misiles “Exocet” por pedido del Foreing Office en Londres. Algo similar ocurriría si el gobierno anunciara a bombo y platillo la adquisición de aviones “SkyHawk A4-Q”, que en la actualidad carecen de toda posibilidad de operatividad.

Desde el punto de vista estratégico, se trata de una compra absurda y hasta inútil. Absurda por el simple hecho de que más allá de que dicho avión cumplió exitosamente sus tareas en 1982, actualmente es un arma inoperante ante los nuevos y sofisticados sistemas antiaéreos y navales que tienen los británicos quienes además, luego del conflicto estudiaron al dedillo, como contra restar al sistema antibuque “Exocet” y por ende a su vector de lanzamiento (el Super Etendard).
SU-35

Inútil por el motivo que hemos mencionada inmediatamente arriba. Actualmente si Argentina entrase en un conflicto similar al de 1982 o incluso, solo en un incidente aislado, no solo no contarían con aquel “as” bajo la manga sino que para peor, los británicos tras décadas de haber desarrollado contramedidas contra misiles complejos, serían eliminados mucho antes de que sus radares iluminasen el blanco. Hoy existe el llamado sistema antimisiles “Aegis” que montado en las fragatas y destructores 2000, elimina mucho antes de la reentrada a cualquier misil que fura disparado contra una unidad en operaciones.

Hace cuatro años Argentina había desperdiciado la oportunidad de adquirir nada menos que veinticuatro aviones navales Sukhoi SU-33 de IV generación (aunque otras fuentes identificaron como SU-35), lo que a la vista de los expertos fue una clara demostración de ignorancia estratégica y vacío político-estratégico del gobierno de Cristina Fernández que en realidad escondía, un miedo a trabar relaciones con Moscú. 

De haberse perfeccionado ese acuerdo hoy la situación geopolítica del país sería rotundamente diferente.

El desconocimiento de las necesidades y las conveniencias estratégicas llegaron a tal punto, que falto muy poco para que aquel gobierno “popular” se dejara embaucar con la entrega de chatarra israelí (aviones KFIR) que además de usada e inoperante, sería entregada sin sistemas de armas.
MIG-31E

Otras de las ofertas de Moscú era la de proveer aviones de intercepción y caza “MIG-29” e incluso cuando el gobierno de Macri llego al poder, se rumoreaba que habían en danza las probabilidades de adquirir aviones “MIG-31E” a costos muy convenientes, lo que habría desatado la histeria de Londres, Santiago de Chile y de los ocupantes de Malvinas.


Pero quienes habrían dado su voto de desaprobación final fueron los estadounidenses, quienes ya desde antes de que Obama se fuera de la Casa Blanca, dejaron bien en claro que si habían compras de armas para una reestructuración estarían supervisadas por ellos; de ese modo, ¿se puede hablar de reactivación?

martes, 16 de mayo de 2017

EN DEBATE




“CINCO MOTIVOS PARA UNA DEFENSA EFICAZ”

Uno de los pilares de la geopolítica argentina como lo es la Defensa carece de actualización, materiales y doctrina para enfrentar los peligros reales del mundo actual. Ante esto se hace urgente el comienzo de un trabajo concienzudo para fabricar FFAA a la altura de las circunstancias




Por Charles H. Slim
Los gastos y las inversiones son proporcionales a los intereses y las necesidades de una nación, y en ese sentido podemos ver que desde al menos los últimos 40 años hasta esta parte en la Argentina esta premisa no se ha respetado.  Uno de los intereses que se hallan claramente abandonados es su política exterior, que desde décadas se ha convertido en una mera gira de funcionarios suplicantes encargados en denodadas gestiones para pedir créditos en dinero y nada más.

Otra de las áreas claramente abandonadas es la defensa, el brazo vital para sostener la existencia del estado mismo y de una política soberana, que  se halla pudriéndose en las pocas bases militares que le quedan al país conllevando a su vez la desmoralización total de sus –conforme a las dimensiones e importancia del territorio- paupérrimos cuadros de combate.

Lo único que ha hecho la clase política en este tiempo ha sido sobredimensionar la seguridad interior llegando a configurar verdaderas fuerzas armadas provinciales de carácter policial, resabio de las políticas ignorantes y meramente partidocráticas del anterior régimen Kirchnerista. Así y como un ejemplo de ello, llegamos a que actualmente cifras conservadoras calculan que en la provincia de Buenos Aires habría unos 90.000 a 100.000 efectivos de la policía a los cuales hay que sumarle los otros miles de las policías “municipales”.

Esta concepción meramente policial de la seguridad pretendió extenderla a la defensa, demostrando el notable desconocimiento que existe entre aquella finalidad y la de una 
Fuerzas Armadas potentes. Más allá de este aparente“amateurismo” político que esconde una aversión peculiar, revela una ignorancia muy grave de concebir. Hoy por hoy las cosas no han mejorado y solo se han agregado, las doctrinas norteamericanas y su asesoramiento (mediante la DEA, FBI y agregados militares) para ejecutar operaciones contra el narcotráfico y operaciones tácticas antiterroristas para grupos policiales como el “GEOF”.

Para los importantísimos intereses económicos, geopolíticos y estratégicos que tiene el país, la situación es imperdonable, siendo para observadores juiciosos inentendible y los únicos que festejan este estado de opacidad perenne se hallan en Londres y Washington.

Actualmente y con el previsible desarrollo caótico de las relaciones internacionales en cinco años, ésta situación puede representar entre la subsistencia casual como nación medianamente integra (bajo el ala de una potencia) o el fraccionamiento político-territorial especialmente diseñado desde el exterior. Las amenazas han dejado de estar ahí afuera y hoy ya han comenzado a desplegarse con claridad en el continente.

En ese sentido, los cinco motivos que argumentan la necesidad imperiosa de que el estado nacional se tome enserio la reestructuración de unas Fuerzas Armadas equipadas y preparadas para enfrentar estas amenazas, podemos resumirlas en los siguientes tópicos.

Importancia de los recursos naturales (en especial del agua dulce) y de las riquezas ictícolas de todas las aguas jurisdiccionales y de las riquezas minerales por debajo del subsuelo de la extensa plataforma que carecen de un plan estratégico de protección. 

Para estos fines, se carece de aparatos aéreos idóneos para tareas de vigilancia electrónica eficaz y la imperdonable ausencia de una flota de guerra en número de unidades proporcional y con la electrónica de punta para evitar la depredación impune. 

A ello, este desguarnecimiento naval propicia no solo el contrabando de todo tipo de mercancías de ultramar sino también, un hueco oscuro por donde se cuelan peligrosas amenazas a la seguridad como el “terrorismo”.

Dentro de aquel tópico, la situación de las islas Malvinas, Georgias y Sandwiches del sur, junto al territorio antártico, requiere de una inmediata política activa para limitar la intrusa actividad británica que usufructúa incluso con el cobro de derechos y permisos completamente ilegales. En este tema, Argentina no debiera olvidar que tiene en su territorio una base de comunicaciones de la república popular China y bases norteamericanas que colocan al país como un epicentro de un posible “Teatro de operaciones”.

Otro argumento es, el acelerado desarrollo de la tecnología militar en las áreas de armas y comunicaciones que se hallan al alcance de organizaciones irregulares al servicio de intereses para-estatales. Esto que puede verse en Iraq y Siria, tiene claras posibilidades de extenderse a la región ya que, uno de los elementos necesarios para que puedan funcionar estos grupos irregulares bajo la máscara del terrorismo celular, es un “campo de lucha” que como lo hemos visto, ha llegado a Europa y sin dudas (por algunos hechos muy curiosos que se registran) ya se estaría desarrollando en Venezuela.

El llamado “terrorismo”, en su fase militar, es una de las amenazas latentes que ha demostrado mayor capacidad, sorpresa y brutalidad al momento de enfrentar a fuerzas militares regulares. Como se pudo comprobar con el llamado “ISIS”, el acceso de tecnologías de punta para inteligencia y contrainteligencia, que combinadas con armas modernas y explosivos de uso militar de altísimo poder, pueden penetrar por una frontera y despedazar en unos días a un ejército. Argentina necesita desarrollar sus propias doctrinas y tácticas para esta seria amenaza y alejarse de la tutela norteamericana, que como se ha comprobado, es parte en todo ese juego.

En ese sentido, se ha visto que el “terrorismo” –especialmente el referido a A Qaeda e ISIS- es una herramienta, una táctica más en los arsenales de algunos países para llevar la inestabilidad y ejercer un control indirecto sobre ciertas regiones. Según algunos análisis, ambas organizaciones están en retirada y se presume que se fusionaran para crear una nueva red más letal y con mayor alcance siempre obviamente, para concretar planes antislámicos. Argentina debe estar preparada para no ser utilizada en estos siniestros planes y evitar errores del pasado que llevaron a que las FFAA sean usadas por el Pentágono y la CIA en planificaciones diseñadas por sus Strategic Brains como fue la llamada “Operación Cóndor”.

Otra faceta que se desprende aquel mal llamado “fenómeno terrorista” es el también mal llamado “Ciberterrorismo” que, como se ha comprobado apenas unos días atrás (Virus “WannaCry”), se trata de armas diseñadas, empleadas y manejadas por las agencias de inteligencia estadounidenses que al momento de acometer alguna acción, no reparan en consecuencias hacia terceros, incluyendo a sus propios conciudadanos. 

En esto también Argentina debe desarrollar sus propias tecnologías, sus propias plataformas y s protocolos de vigilancia y control ya que, de seguir por la senda de la obsecuente cooperación con los estamentos norteamericanos es claro que hay seguridad de que nada ni nadie estará seguro.

El apoyo a las decisiones políticas y diplomáticas. En la política internacional el impune uso de la fuerza ha llevado a los desastres humanitarios más terribles que hemos visto desde finales del siglo XX y lo que va de éste. El más fuerte aplasta al más débil sin que los organismos que debieran hacer valer la ley, hicieran algo al respecto. Solo una nación con un brazo armado potente hará que sus políticas y posturas sean respetadas. 

Y eso se puede ver con gran claridad en las acusaciones que se han tratado de sustanciar contra países como Irán, Rusia o China, a quienes no se les ha podido agredir militarmente por la conciencia de sus clases dirigentes que hace mucho –y por los ejemplos del pasado reciente-  han comprendido que la legitimidad y la razón no bastan para ser respetados.


sábado, 13 de mayo de 2017

EN LA MIRA




“POSIBILIDADES GEOESTRATEGICAS”

Las actuales y complejas circunstancias internacionales presentan una oportunidad única propicia para la Argentina ¿Habrá intensiones de aprovecharla?




Por Charles H. Slim
Es sin dudas muy importante ver cómo se desarrollan los acontecimientos a nivel internacional e incluso, es algo bastante trascendente para quiénes tienen algún lineamiento sobre las políticas que la Argentina debería tomar para despegar de letanía política en la que se encuentra, seguir de cerca cómo evolucionan los hechos más trascendentes a nivel global. En este sentido para el país la alocada política de Trump, la situación británica con el “Brexit”, el triunfo del liberal Macron en Francia y hasta el compromiso de Rusia por luchar por el multilateralismo internacional, hacen a las posibilidades que tiene el país sudamericano para lograr reflotar alguna agenda con intereses propios y de altura.

Argentina debe abandonar ese estado de sopor el que muy bien saben explotar sus corruptas clases políticas que además de inoperantes ya no saben diferenciarse en sus ideologías por un simple hecho; y es que no tienen ninguna.

Como dijera alguien, “no todo está perdido”. Argentina y los países del Cono sur tienen salvación y no precisamente de la mano de los centros de poder mundiales y mucho menos de aquellos relacionados con las finanzas. En este sentido y contra todas las predicciones, solo la voluntad de una mayoría de argentinos, indistintamente de sus posiciones sociales, puede cambiar éste rumbo de entrega absoluta.

Asistimos actualmente a una continua y progresiva etapa de disgregación sociopolítica local que no escapa a la realidad global. En base a ella, los sectores globalistas a los que adhieren los llamados “liberales” tratan de sacar partido para crear las condiciones optimas para el desarrollo de sus empresas y negocios transnacionales sin los obstáculos de idearios nacionalistas, socialistas o cualquier otra ideología que limite sus acciones que persiguen un solo objetivo, obtener ganancias inconmensurables a costa de una nueva casta de proletarios voluntariamente oprimidos y exprimidos sin que en apariencias, se den cuenta de ello. Como se suele decir “no hay mejor esclavo que el que le gusta serlo”.

La Argentina pasa por lo que se llamaría la “privatización del poder”, una sintomatología que tiene raigambre anglosajona y que desde Washington y Londres  han venido tratando de contagiar, por todos los medios y sin piedad en el resto del mundo. Para ello y por diversos medios, es necesario destruir los marcos legislativos, institucionales y sociales de los estados nación y cooptarlos a los esquemas globales que se presentan como una supuesta ventaja para las poblaciones.

Asistimos a la realidad de gobiernos administrados por CEOs (Chieff Executive Officer), o para hablar con claridad, empresarios privados elegidos –entre otras cosas- por esta particular condición. Los países pasan a ser empresas privadas y sus estamentos gubernamentales, direcciones y departamentos al servicio de los intereses de ella reemplazando la idea de lealtad y patria y dejando a los habitantes como meros dependientes de la estructura.

En este marco ¿Cuáles pueden ser las alternativas geoestratégicas del país? Ciertamente ninguna. Si los habitantes de la nación refrendan este sistema con su voto a estos sectores alineados con esta metodología, sin dudas que Argentina marcha a convertirse en el “Wall Mart” del Cono sur, ni más ni menos. Si así sucediera, adiós a las pretensiones de soberanía política y mucho menos económica ya que, uno de los pilares de este modelo es el voraz sistema financiero que todo lo corrompe con base en Wall Street y la London Financial City que solo acepta como miembros, a los ricos e influyentes.

Si eso pasara, las privatizaciones de servicios a manos extranjeras serían cíclicas y en breve se llegaría a establecer una forma ingeniosa de privatizar el monopolio de la “fuerza pública”, que aunque suene contradictorio, es una realidad en una buena parte de las estructuras de las FFAA norteamericanas y británicas. Lo que anteriormente desarrollaba y controlaba el estado, estaría bajo contratistas privados que sin dudas y por buenos incentivos económicos, cubrirían las necesidades de equipos, vehículos y armamento para un ejército moderno y letal; entrenamientos, asesoramiento y preparación de cuadros armados pagados por inversores privados e incluso, la remodelación y reestructuración de las fuerzas policiales que siguen siendo una de las herramientas para cometer delitos vinculados a contactos con funcionarios judiciales y políticos.

Pero a pesar de que esto mejoraría en grado superlativo dichas áreas, éstas definitivamente ya no estarán al servicio de intereses propios de la nación –ya que sus esponsors serían norteamericanos y británicos- y cuando sus dirigentes se den cuenta será tarde. No se puede servir a Dios y al Diablo al mismo tiempo. Con esto, los argentinos deberán olvidarse de la soberanía y temas como “Malvinas y sus derechos antárticos”.

Ahora bien, si por algún extraño fenómeno de la estupidez humana, los argentinos se fueran al otro extremo y votaran otro encantador de serpientes como fueron los Kirchner o el mismo Scioli, el país volverá a la piratería “seudo-populista” pero en la que solo podrán rapiñar sus funcionarios. Para estos ladrones de segunda, la bolsa completa y para los habitantes de a pie, todo el control y las presiones fiscales para que abandonen cualquier idea de resistir ese falso ideario “nacional y popular”. 
Como se puede ver cualquiera de estas dos alternativas son nefastas para los verdaderos intereses del país. En unos la obsecuencia a Washington es total y abierta mientras que los otros, solo la disfrazan bajo ropajes populistas.

Hay una tercera vía y los argentinos independientes con capacidad de liderazgo sano no pueden esperar para que se trace sola. El momento es el oportuno y ello podemos verlo con un EEUU y su socio Gran Bretaña como, embarcados en planes hostiles,  planean iniciar una tercera guerra mundial con un pronosticado ataque nuclear contra Corea del Norte. Y aunque los mediocres analistas internacionales argentinos no quieran o más bien no se atrevan a discurrir sobre las personalidades psicopáticas de Trump y May (Globalresearch. http://www.globalresearch.ca/donald-trump-and-theresa-may-partners-in-planning-armageddon/5589650), lo cierto es que ello puede suceder y a su vez,  abrir una brecha para el desarrollo político, económico y estratégico de Argentina y del Cono sur ¿Existirá lucidez en la clase política argentina o, hay otra nueva dirigencia con coraje para un desafío semejante?