martes, 23 de julio de 2019




INTRIGA EN TEHERÁN”
Qué efectos tendrá el anuncio de la desarticulación de una extensa red de espías operando dentro de la república Islámica de Irán pagada por la CIA ¿Trump en problemas?

Por Charles H. Slim  
Cuando en mayo de 2009 una bomba estallaba dentro de una mezquita en la localidad Zahedan al sudeste de Teherán, los medios occidentales enmarcaron el hecho como un episodio más en el relato de la supuesta “guerra sectaria” entre musulmanes chiitas y sunitas que se estaba desarrollando en el vecino Iraq. Para las autoridades iraníes de aquel entonces los autores de este crimen habrían provenido de un grupo terrorista de corte independentista de la región Sitán-Beluchestán, pero muchos sospechaban que detrás de ello estaba la mano negra de las agencias de inteligencia occidentales y particular las israelíes. 

Lo mismo había sucedido un año antes contra una mezquita en Shiraz donde un suicida detono una bomba matando a seis concurrentes e hiriendo a más de sesenta personas. Sin dudas que alguien estaba aprovechando la situación que existía en la región y las sospechas apuntaban hacia actores muy bien conocidos en llevar adelante estos actos. En Iraq la situación de la seguridad era (y aún sigue siéndolo) calamitosa y a la lucha de la resistencia contra la ocupación, se estaba llevando a cabo una compleja y brutal lucha contrainsurgente en la cual, además de las operaciones clandestinas de la inteligencia militar estadounidense se veían involucradas varias agencias de inteligencia civil como la CIA y el MI-6 británico pero con la participación estelar del Mossad israelí.

En aquellos años la  CIA y el Mossad montaron sus propias operaciones y en algunos casos pudieron haber cooperado para llevar adelante algunos objetivos en particular, especialmente aquellos ejecutados mediante el reclutamiento y la subcontratación de mano de obra local.  En ese entonces los asesinatos con pistolas con silenciador, las masacres colectivas en residencias e pleno Bagdad y los secuestros de personas para ser torturadas y aparecer en callejones asesinadas fueron parte de esas injerencias.

La operatividad de estas células de asesinos ya venía desde 2004 desplegándose  en Bagdad donde llevaron adelante incontables “operaciones negras” basadas especialmente en secuestros, asesinatos y desapariciones que hasta el día de hoy continúan impunes ya que el régimen títere que coloco la ocupación y sus posteriores delegados jamás permitiría investigar estas atrocidades.  Teherán sospechaba y con razón que esta caótica situación (además de haber sido deliberadamente creada) sería aprovechada por EEUU e Israel para infiltrar células de espionaje y ataque en su territorio con nada buenas intenciones.

Cuando Bagdad fue puesta en manos de una facción chiita tolerante a la presencia angloestadounidense, Teherán realizó un acercamiento inmediato y por sus propios medios comenzó a tender puentes de relaciones políticas con la finalidad de ganarse la confianza de los chiitas iraquíes y lograr la cooperación política ante las amenazas solapadas que se agazapaban en su territorio. Los iraníes estaban conscientes de que las instituciones iraquíes como el ejército y la policía estaban bajo el control de los militares de EEUU y la inteligencia literalmente absorbida por la CIA aunque, existían sectores que se oponían a esta cooptación siendo estos aliados de la ayuda iraní.
Mujaidines Al Kalq Logo

Uno de los logros de la influencia iraní contra la cooptación estadounidense en Iraq fue la desarticulación y erradicación de la organización terrorista “Mujaidines Al Kalq” (MKO) que teniendo sus oficinas en Bagdad había sido fomentada en la década de los ochenta por el Departamento de Estado norteamericano en la era Reagan, que siguió siendo apoyada en la clandestinidad por la CIA en las subsiguientes administraciones en Washington  (entre ellas la de Bill Clinton) y apoyada por Saddam Hussein para desestabilizar a Irán.

La eliminación de esta organización significó un duro golpe para Washington y por ello redujeron los beneficios al régimen títere de Nouri Al Maliki y a su vez endurecieron las sanciones contra Teherán.

No hay que olvidar que por esos años, la presión comercial, diplomática y económica que ejercía Washington –similar a la que actualmente se imprime contra Venezuela-, estaba complicando la situación interna de Irán y ello sería aprovechado por sus enemigos, especialmente Israel, quienes necesitan crear estas revueltas internas para poder reclutar con mayor facilidad mano de obra local que ejecute (por buenas remuneraciones) sus objetivos dirigidos desde la distancia.

Para Israel y su agencia de inteligencia “Mossad” este tipo de tareas es una costumbre muy bien aceitada. Quienes se hallan al frente de diseñar y ejecutar estas operaciones tienen una amplia experiencia significando ello, largas listas de muertes y daños materiales causados por atentados en su haber. Expertos en el negocio de la muerte –especialmente en hacerlos parecer accidentes[1]- y el terrorismo, los israelíes aprovecharon las circunstancias creadas en rededor de la región y en torno a Irán en particular, para poner en marcha un ambicioso proyecto concebido por el núcleo sionista con Benjamín Netanyahu a la cabeza: Destruir el programa nuclear iraní.

Los frutos de estos planes criminales comenzaron a ser más brutales y explícitos. Tel Aviv creía que la situación en Iraq serviría para cubrir sus rastros y como había venido sucediendo desde su inserción en 1948 en la región, sus acciones pasarían desapercibidas. Fue de esta forma que varios científicos y académicos iraníes serían brutalmente asesinados o serían desaparecidos, algo que le ocurrió años antes a muchos de sus colegas iraquíes. Esa fue la suerte del científico de cincuenta años Massud Alí Mohamadi quien, al salir a trabajar en la mañana sería asesinado en su barrio al norte Teherán con la detonación a distancia de una bomba adosada a su motocicleta en 2010. 

El modus operandi de estas agencias de inteligencia se basan en lograr ingresar e instalar una base de operaciones en el país que tienen como objetivo y desde allí coordinar el ataque con sus propios agentes o reclutando criminales locales. Pero también, aprovechando las disidencias políticas internas montan redes de espías y colaboradores que ubicados en puestos estratégicos, informan en muchos casos a una terminal en Tel Aviv. El principal incentivo que usan y en especial la agencia israelí es el dinero. 

La desarticulación de una red de 17 iraníes que espiaban para la CIA, es un capítulo más de todo esto. En apariencias Teherán logró darle un duro revés a la compleja telaraña que la CIA mantiene en el continente asiático, pero no acaba con ella. Se trata de un golpe a la intensificación de las operaciones de espionaje desde la asunción de Trump al poder y la prueba de como EEUU viola la soberanía de un estado evidenciando la violación de la ley internacional y la Carta de Naciones Unidas. Lo importante de esto sería que, prevalezca la ley internacional y que de una buena vez por todas, se haga valer a todos por igual aún, si es Washington quien la infringe.




[1] El caso del profesor de la Universidad de Shiraz Ardeshir Hassanbpour quien apareció misteriosamente asfixiado por una supuesta fuga de gas en su domicilio.

domingo, 21 de julio de 2019




EL MANDATO”

Con la aceptación de los lineamientos políticos de EEUU e Israel la Argentina entra en una nueva y peligrosa era geopolítica que no responde a los intereses del país sudamericano ¿Qué saben los argentinos de a pie de todo esto?

Por Charles H. Slim
Tras la conmemoración de los 25 años de impunidad por el ataque terrorista a la mutual AMIA en Buenos Aires, quedaron muchas preguntas en el aire y como siempre con muy pocas respuestas para la mayoría de ellas.  Como no se había visto desde las épocas del gobierno menemista, el activismo mediático y diplomático del sionismo fue descarado. Sin dudas que la participación del Secretario de Estado de los EEUU Mike Pompeo es una demostración de aquello y fue central en los planes de Tel Aviv por ahondar el compromiso y mantener a la Argentina alineada a sus planes geopoliticos.

El establecimiento de un discutido registro de sospechosos sobre actividades de terrorismo que no es otra cosa que una lista negra de los enemigos geopolíticos de Washington y Tel Aviv, significa el ingreso de Argentina a un conflicto que persigue objetivos solamente útiles para aquellos actores. En este sentido, a ninguno de los dos les interesa la búsqueda de justicia ni mucho menos hallar a los verdaderos responsables de esos ataques ya que, ello sería sin dudas contraproducente. En esto, Argentina o más bien digamos sus gobernantes están demostrando o una gran ignorancia en lo referente a la realidad internacional o decididamente un posicionamiento claro y definido hacia uno de los bandos.

El argumento que presenta el Departamento de Estado norteamericano es el mismo que de la mano de Donald Rumsfeld anunciaría George W. Bush en 2001 cuando se produjeron aquellos sospechosos atentados que fueron convenientemente endilgados a un grupo presuntamente de musulmanes sunitas como “Al Qaeda”,  que –y cabe recordarlo- había sido creado por la CIA en 1979. De este modo desde hace unos años (y a instancias de Tel Aviv), Washington ha reorientado sus acusaciones sobre los musulmanes chiitas y en particular sobre los chiitas libaneses adheridos al Parido de Dios “Hesballá”.

De esta manera, el discurso de Washington redunda una vez más en la denominada “Lucha contra el terror”, el mismo slogan que tras ser creado por la administración Bush-Cheney fue usado por Barak Obama para introducirse en Siria e Iraq en 2014 solo que en ese momento, para supuestamente luchar contra el extremismo sunita de otra fábula nacida de los laboratorios de la inteligencia occidental denominada “ISIS”.

No olvidemos que apenas unos meses después de aquel acto, Obama firmo con Teherán un “memorándum de entendimiento” a los fines de acercarse para coordinar acciones ante la descontrolada propagación del “ISIS” en Iraq y llegar a un acuerdo definitivo sobre el tratamiento del Programa de desarrollo nuclear. Esto último fue una patada al hígado para Netanyahu y del amplio espectro sionista global que se reflejaría inmediatamente con la no autorizada y escandalosa visita de “Bibi” en marzo de 2015 al Capitolio norteamericano (casi dos meses después de la muerte de Nisman) donde acuso a Irán (entre otras cosas) de haber bombardeado la embajada y a la mutual de la AMIA en Buenos Aires para con ello, clamar por una embestida militar inmediata contra el país islámico.

El recinto se levantó en aplausos enfervorizados, demostrando a los congresistas que no comparten estas injerencias de Tel Aviv quién digita las políticas exteriores de la Unión. En esos momentos (como actualmente) Netanyahu buscaba con estas amenazas la reelección en el cargo y que mejor arenga para recaudar votos y colaboración financiera que halagar a los oídos de los extremistas sionistas y sus simpatizantes –como  el presidente de la Cámara de Representantes John Bohemer- en el Congreso norteamericano.

Obama en aquel momento desautorizo aquella movida de Netanyahu y con ello las relaciones entre Washington y Tel Aviv se tensaron aún más, al punto de que varios misteriosos intentos de crear un incidente en el Golfo Pérsico fueron abortados en parte por los mismos estadounidenses y en parte, por la pericia de los iraníes. Y es que Obama con la anuencia del Partido Demócrata había pasado años negociando en secreto con sus pares iraníes para que el desarrollo nuclear no vaya más allá del uso civil. Pero es que Israel quiere destruir cualquier avance científico iraní en particular (e islámico en general) sin importarle que sea para uso civil o militar llegando a echar mano a infames tácticas como el sabotaje, terrorismo y el asesinato selectivo. Los incidentes montados contra los tanqueros en el Golfo Pérsico son parte de ello y hoy nadie lo ignora.

Cada uno de estos momentos de la historia, han representado grandes y sangrientos engaños que pese haber pasado en el tiempo, no significa que no vuelvan a ser reeditados. Nunca ha estado este conflicto más álgido como ahora. En este sentido Argentina o más bien el gobierno de Mauricio Macri se deja arrastrar a la misma dinámica que no es otra cosa que una extensión de aquellas situaciones con posibilidades de que se extiendan a toda la región.

El anuncio del supuesto derribo de un Drone iraní en momentos que en Mike Pompeo y su sequito se hallaban en Buenos Aires cuando se realizaban los actos por el ataque a la AMIA, no fue una casualidad. Si había que trasmitir un mensaje penetrante y convincente sobre la malignidad de la República Islámica de Irán, ese era el mejor momento. 
Igualmente, pese a la tan acostumbrada marcialidad y presumida veracidad con la que se conducen los medios occidentales y en particular los de la ciudad Autónoma de Buenos Aires, no pudieron evitar tener que poner en dudas las aseveraciones del mismo Donald Trump quien había asegurado que uno de sus navíos en el Golfo Pérsico había derribado a un Drone iraní que se había aproximado a 900 metros.

El reporte de Teherán y de la misma Guardia de los Revolucionarios desmintieron inmediatamente esta versión y sin agitación en sus voceros aseguraron que “todos sus Drones remoto habían regresado a sus respectivas bases”; entonces, muchos en Washington y en la misma comunidad política estadounidense se preguntaron ¿De qué se trata todo esto Trump, acaso estás preparando otra intervención para secundar a Israel?

La respuesta es la misma que se aplica a las planificaciones que se han desplegado en Buenos Aires y que se resumiría como “una simple cortina de humo” para ocultar lo que realmente está ocurriendo. Mauricio Macri, gran parte de sus funcionarios y compañeros de partido, claramente comprometidos con los lineamientos políticos del Departamento de Estado norteamericano y obviamente a los de Tel Aviv, están dispuestos a hacer cualquier cosa por formar parte del “club” de estos dos actores sin importarles en apariencia, lo que pueda significar para las relaciones entre la Argentina con Irán.