BOLSONARO
COMING HOME
¿Cómo
se explica el escándalo de la fuga de Bolsonaro? Cuando la democracia es papel
mojado
Por Javier B. Dal
Se
dice que soldado que huye sirve para otra guerra. Esto es lo que los
partidarios de Bolsonaro a los dos lados del Río de La Plata claman en voz baja
tras la huida despavorida de su candidato fracasado. El mejor calificativo para
esto lo puso el propio Lula al decir que “era una vergüenza”. Pero quizá lo más
escandaloso de esto sea, quiénes propiciaron este escape el cual, sin dudas, fue
muy bien planificado.
Seguir sosteniendo la
mentira de que “EEUU respeta la soberanía política” o que “no interviene en los
asuntos de otros estados” ya no causa risa y mucho menos después de lo que
vimos en Venezuela. EEUU ha blanqueado lo que siempre ha criticado: El fin
justifica los medios. Aunque esto último ya no es ningún secreto (y mucho menos
si miramos al Medio Oriente), la novedad se vio con la inesperada colaboración
de un arribista regional como es el actual gobierno argentino.
Tan pronto se anunció el
triunfo de Lula Da Silva y apenas 48 horas después el candidato liberal Flavio
Bolsonaro, quien era el representante de la oposición y junto a su familia huyo
como si le quemaran los pies cruzando la frontera al lado argentino para
abordar un avión en Puerto Iguazú desde donde huiría rumbo a Miami, haciendo
una ruta elíptica e irregular que evadiera el control aéreo brasilero.
No hizo falta encubrir
nada. El propio agregado del Departamento de Estado en Buenos Aires (que
responde a Marco rubio) y el mismo presidente del Americas Council, Simón Levy,
se jacto de “la operación” y de la cooperación del gobierno argentino. Como
dice el refrán “a confesión de parte, relevo de pruebas” y aunque esto no les
interesa a los estadounidenses, no es lo mismo para los argentinos y en ese
plan, el circulo pro-estadounidense puso manos a la obra.
Inmediatamente comenzaron
a operar los medios y sus editorialistas de costumbre para lavar la cara al
asunto demostrando su total y acostumbrada falta de neutralidad. Desde
justificaciones como “la policía brasilera fue la negligente”, “la acostumbrada
falta de controles” y hasta el mentado miedo por supuestas amenazas de Lula a
Bolsonaro que algunos de estos editorialistas de Buenos Aires inflan con mucha
enjundia, han estado poblando los medios argentinos.
Quizá la más descabellada
y sin sentido de esas explicaciones provino del jefe de gabinete de ministros
Diego Santilli quien justificó la entrada de Bolsonaro y su familia a
territorio argentino como un simple trámite. Por supuesto se negó a confirmar
la participación de su gobierno en una operación de apoyo ordenada por el
Departamento de estado norteamericano.
Tal como ya se confirmó,
la operación había sido planificada y ordenada por el propio Marco Rubio
dejando todo lo que tuvo que ver con su ejecución a las redes de la CIA -e Israel-
y sus contactos que (como Cerimedo) y operan tanto en Brasil como
Argentina. Precisamente y tampoco ha sido un secreto, el involucramiento de
personal de inteligencia de la SIDE argentina y de uno de sus destacados
funcionarios (como es Santiago Caputo) en la recepción de Bolsonaro y su
familia con dos vehículos que esperaron desde el día anterior en las
inmediaciones de la pista de Puerto Iguazú.
A partir de esto se puede
intuir que las directivas partieron desde Washington con bastante antelación y
apegadas a un plan previamente trazado. Bolsonaro no se preparó un bolso y le
dijo a su mujer e hijas que se irían en 48 horas. Tampoco que Marco Rubio
apenas se conocieron los resultados adversos, levanto el teléfono y llamo a la
Casa Rosada para pedirle a Milei movilizar un avión privado. Nada de eso. Este
plan ya estaba previsto incluso antes de las elecciones ya que Trump no iba a
dejar cabos sueltos.
Tanto en La Casa Blanca
como en el Departamento de Estado, la derrota de Bolsonaro implicaría
investigaciones sobre los fondos con los cuales financió su campaña y ello les
iba a llevar directamente a ellos. Sacarlo de allí era imperioso y para ello
usarían a los servicios de inteligencia argentinos quienes se encargaron de
fletar el Gulfstream G400 y su tripulación para aguardar con un día de
antelación en el aeropuerto internacional de Puerto Iguazú y desde allí partir
a Miami.
La elección no fue casual
ni al azar. Además de la muy estrecha relación entre la administración de Trump
con el gobierno de los hermanos Milei (signada por la dependencia financiera),
el mejor lugar geográfico para concretar con éxito esta operación de escape no
era otro que el territorio argentino. La ubicación de Puerto Iguazú, limítrofe
con el Brasil era el mejor punto septentrional y próximo al corredor aéreo
sobre jurisdicciones “amistosas” (de Paraguay, Bolivia y Perú) y volar sobre el
pacífico para evadir los radares militares brasileros que de haber detectado el
avión, habrían sido interceptados en el aire por los cazas de la fuerza aérea
“do Brasil”.
De este hecho se
desprenden dos conclusiones muy interesantes a tener en cuenta. Primero, la
injerencia estadounidense montando este operativo para burlar la acción
judicial de un país soberano como el Brasil no solo es notoriamente
desafortunado sino, ilegal.
La segunda conclusión que
se desprende es, el papel de Argentina o mejor digamos, de su gobierno
subalterno quien jugo el lamentable papel de otras épocas, de hacer el trabajo
sucio para agradar a Washington. Si bien los predecesores en las décadas
pasadas solo han moderado este grado de subalternidad, lo demostrado por la
gestión de Milei y con respecto a este episodio, ya va más allá de aquella
tibieza con la cual peronistas y liberales del PRO han hecho gala. Por lo
pronto la justicia federal ya esta trabajando para que…la sangre no llegue al
río.





