ESQUIZOFRENIA EN
LA CASA ROSADA
¿Por qué el
triunfo de la selección argentina contra la británica terminó siendo una manifestación
política que ha causado reacciones reveladoras del sentir nacional que han
molestado al gobierno de Milei?
Por Charles H. Slim
No diremos que el torneo de fútbol esta amañado o que Donald Trump ha ordenado que se le allane el camino a la Argentina para que gane la copa. Podría ser posible (máxime por la relación con Infantino y Milei) pero no tenemos las pruebas de ello. Lo que si pudimos ver y oír fueron las muy prudentes reacciones del gobierno y de los grupos de interés que le sustentan en La Casa rosada tras la victoria sobre Gran Bretaña que demostró que “no era un partido más”.
Tras un juego
épico los argentinos pasaron por encima a los británicos empujados por un
notorio sentimiento que llevan en lo más profundo de su ADN y que para la
anglofilia de su país que hoy ocupa el poder con Javier Milei y su hermana
Karina, el sentimiento debió haber sido cuando menos, dividido. Pero lo que
realmente causo estupor y hasta un ataque de nervios fue…una simple sabana
pintada con aerosol.
Esa manifestación
de espontaneidad y de argentinidad desato un sismo en todo el espectro de la
vida de la sociedad argentina pero muy particularmente, en los que se vinculan
con el poder como son los medios y el propio gobierno nacional. Esa sabana de
una habitación de hotel con la cual pintaron la leyenda “Las Malvinas son
Argentinas” fue más que una catarsis, fue una verdadera manifestación política
del inconsciente colectivo argentino.
Esta
diferenciación es importante resaltarla dado que como vimos, para el pueblo fue
una explosión de entusiasmo popular pero no lo fue para una buena parte de los
políticos y mucho menos para el gobierno en Buenos Aires. La primera señal de
esa política de desmalvinización que comenzó en 1983 con el gobierno de Raúl
Alfonsín se vio con las directivas de la ministra de seguridad de la nación
Alejandra Monteoliva, reemplazante de Patricia Bullrich para que la gente no
hiciera expresiones o manifestaciones en la vía pública contra los ingleses y
mucho menos sobre Malvinas.
Lo mismo entre los
comunicadores y editorialistas de los medios de CABA, especialmente en los ya
muy reconocidos anglófilos pro-atlantistas (y por ende advertidos islamófobos y
rusofobos), quienes no pudieron disimular, pese a que intentaron hacerlo, lo
inconveniente que era esa manifestación popular para el lineamiento
anglosionista del gobierno de los hermanitos Milei. Y esto no fue una
exageración. La propia reacción muy medida y esquemática -por ende,
artificial- del presidente Milei fue bien ilustrativa de esa molestia que
no es otra, que el reflejo de las embajadas a las que su gobierno es leal. Esa
apariencia de apoyo que surgió en su comunicado se termino de caer cuando la
propia vicepresidente Victoria Villarruel expreso su punto de vista que denoto
el verdadero apoyo a los jugadores sin las cortapisas de excesiva prudencia y
el medido uso de las palabras advertibles en el mensaje de Milei.
Incluso, para
reforzar esto, ante la efusividad del mensaje de la vicepresidente saltaron los
periodistas y comunicadores que juegan en la línea política del gobierno de los
Milei y que (por el sueldo) se ven obligados (gustosamente claro) a salir en
defensa de esa narrativa de la “batalla cultural”.
Por el contrario,
las reacciones fueron tan gélidas como el carácter de los británicos.
En Gran Bretaña es
entendible que sigan viendo aquella guerra de 1982 como un episodio lejano y
hasta para muchos, extraño que solo forma parte de la larga lista de guerras en
las que han participado sin importar ¿Por qué?
Incluso muchos al día de hoy no saben a ciencia cierta (y muchos otros
no les interesa) si aquellas islas a más de 18.000 kilómetros de sus casas,
tienen algo que ver con su derruido imperio. Y es allí donde radica la gran
diferencia entre argentinos y británicos: La distancia emotiva. Si esto fuese
usado como prueba para determinar a quienes corresponde la soberanía política
de dicho archipiélago no hay duda que los argentinos serían los determinantes.
Tampoco debe
asombrar las reacciones de los medios del Establecimiento británico ni la de
una buena parte de los políticos, en especial de los conservadores quienes hace
tiempo que vienen bregando por aumentar el presupuesto para reforzar la
guarnición en Port Stanley. Mucho menos asombra los titulares amarillistas de
medios como “The Sun” hablando de “arrogancia argentina”.
La ponencia del diputado
liberal demócrata Al Pinkerton ante la cámara de los comunes, no estuvo muy
lejos de esos medios, pero era entendible. También los laboristas con el
saliente Keir Starmer quien además de rechazar estas demostraciones invoco la
autodeterminación de los “Kelpers” lograda tras un referéndum realizado (sin el
consentimiento de Buenos Aires) en 2013.
Para darle un
toque bien británico a la postura oficial del gobierno, la representación
laborista en Downing Street expreso que “si bien la copa mundial no es nuestra,
las islas si lo son”…tushé!
Tampoco de los
“libertarios” británicos similares a Milei quienes como Nigel Farage se
presentan como una nueva alternativa moralista para la política británica, demuestran
su incongruencia discursiva haciendo gala de más inmoralidad y discriminación.
Farage sin rodeos sugirió que había que reforzar la Royal Navy en el atlántico
sur, una idea que el propio Starmer ha querido realizar pero que no ha podido
oficializar por el ya creciente gasto militar para destinar a Ucrania.
Por lo pronto,
Milei y su circulo que responden a los intereses que están entrando al país y
que les inquieta estas señales del sentir nacional que surge desde las bases la
población, sin dudas quieren que esto se apague ya que podría ser la energía
para alimentar una nueva propuesta política para un nuevo destino ¿Quién sabe?








