GEOPOLITICA DE LA
VIGILANCIA
¿Qué consecuencias
podría traer para EEUU y para todo el continente la intención de privatizar la
seguridad pública?
Por Dany Smith
Los mismos que han
ayudado a Israel cometer las masacres masivas en Gaza y toda la franja, los
mismos que venden su tecnología para la guerra de exterminio y la vigilancia
digital masiva, ahora trabajaran en conjunto para el Departamento de Estado
norteamericano en la planificación de un proyecto que si bien lo venden ante la
opinión pública “para mejorar la democracia”, tiene otro objetivo muy diferente.
Las corporaciones privadas
PALANTIR y ANDURIL, convocadas por el Secretario de Estado Marco Rubio han
unido sus intereses para llevar adelante una propuesta que combinara la
vigilancia sistemática y la represión letal contra la disidencia ciudadana.
Como bien se señala al inicio, no es muy difícil deducir quienes son los
promotores de este desarrollo y sus finalidades últimas.
Bajo el atractivo
título de la “libertad de expresión digital”, los medios serviles al
Establecimiento angloestadounidense tratan de explicar las razones de esta
unión de trabajo aludiendo como siempre, a las amenazas provenientes de China -en
quien ve un peligro en el desarrollo de IA y bitcoins- y Rusia -un
competidor en el campo energético-, enemigos geopolíticos de Washington (y
de ciertas ONG que siguen creyendo que existe el Comunismo) acusados de autoritarios
y generar ataques informáticos y la difusión de noticias falsas que buscan
perjudicar la imagen de EEUU. Para cualquiera que este mínimamente informado se
dará cuenta que el único responsable de la ruina política estadounidense se
halla dentro de su gobernanza en Washington DC.
Según se ha
informado, cada una de estas corporaciones participara poniendo personal especializado
bajo contrato del gobierno federal quienes adoptaran por un tiempo limitado, el
estatus gubernamental. Dentro de este esquema se avocarán a la tarea de
establecer herramientas informáticas más sofisticadas destinadas a la “libertad
digital y la libertad de expresión” mediante desarrollos que establezcan eficiencia
en ciberseguridad, tecnologías emergentes, la privacidad de los datos, la
protección infantil en línea, la inteligencia artificial (IA), la política y gobernanza
tecnológica, según dejo trascender una fuente anónima del Departamento de
Estado.
Pero más allá de
estos presuntos objetivos de interés público, no hay dudas que se esconde la necesidad
imperiosa de estrechar el control a niveles individuales entre la población
para frenar y de ser posible anular las narrativas alternas, filtraciones
informativas inconvenientes y puntos de vista critico que han estado magullando
la imagen y la credibilidad de los EEUU y del estado de Israel. Dentro de este
marco estas corporaciones privadas van a acceder todos los bancos de datos
sensibles, personales y biométricos de cada individuo con lo cual ampliarán aún
más sus capacidades para el desarrollo de más eficaces herramientas tanto para
la vigilancia como para la eliminación de sujetos, En una idea, se busca
mejorar y sofisticar la cibervigilancia sobre la población.
Igualmente y pese
al intento de colarlo como un desarrollo para la seguridad ciudadana, son
muchos los estadounidenses de a pie y dentro del estado que no creen en estas
nobles intenciones y ven en esto lo que señalamos antes. Y es que la incoherencia
es tan notoria entre lo que se anuncia y los participantes de este proyecto que
vuelve a los anuncios del gobierno como otra estratagema para amordazar las
denuncias y los planteos masivos que ejercitan los ciudadanos tanto a nivel institucional
como en manifestaciones callejeras.
Algunos
funcionarios del FBI han expresado desde el anonimato su desconcierto ante esta
convocatoria, en la cual dos corporaciones privadas que han estado bajo el
escrutinio del Bureau de ahora en más, formarán parte de las políticas públicas
de seguridad. Pero más allá de estos puntos de vista, no caben dudas que se
trata de una medida claramente política y ordenada por el propio presidente
Donald Trump quien parece estar reorganizando su círculo de tecnócratas informáticos
con vistas a las elecciones de noviembre y muestra de ello es su reconciliación
con Elon Musk.
Los
estadounidenses no se olvidan de la era Bush-Cheney donde bajo la legislación Patriota,
se comenzó -y continua al presente- a invadir la intimidad de todos los
ciudadanos bajo la excusa del terrorismo islámico y de los inflados peligros de
un nuevo ataque como el del 9/11. Aquello represento un mega negocio y fue la
fuente de multimillonarios presupuestos gubernamentales para sostener la farsa
de la “lucha contra el terrorismo global” que requería la creación de un
enemigo fantasmagórico (Al Qaeda) para justificar las carísimas intervenciones
militares contra los países árabes-islámicas. Bajo esa legislación se crearon más
de una docena de agencias de inteligencia destinadas a esos propósitos uniéndose
así a las ya existentes como el FBI o la misma NSA, tal como lo denuncio el ex
agente Eduard Snowden encargada de intervenir, escuchar y escudriñar las
comunicaciones de todos.
Este
emprendimiento debería despertar la atención del resto de las sociedades en el
continente, en especial en el sur donde proliferan los gobiernos alineados a la
política de Trump toman todo, por seguidismo o por imposición esta clase de
elaboraciones que disfrazadas de políticas legales y para la protección están
destinadas a todo lo contrario.





