UN
AGUJERO EN EL DESIERTO
¿Por
qué una nueva y mala decisión de Trump y Netanyahu harían definitivamente
inviable al estado de Israel?
Por Javier B. Dal
¿Cuánto
vale la vida humana? Esta es una pregunta que para el común de los mortales
tiene una respuesta que coincidiría en la palabra “invalorable”, pero que es
necesaria de hacer cuando hablamos de Israel y sus partidarios. Las estrategias
engañosas con consecuencias sangrientas y la muerte son sinónimos de un estado
instaurado a la fuerza en 1948. Para los palestinos y para quienes conocen bien
la situación, la parafernalia electoral del domingo pasado no significa nada,
solo es una treta mediática que trata de darle legitimidad a un estado que ha
traspasado todos los límites de la brutalidad y la inhumanidad. Precisamente,
mientras se desarrollaban estas comisiones, las bases aéreas israelíes
continuaban con sus preparativos para recibir el arribo de los aviones cisterna
de la USAF en lo que ya se vislumbra como una nueva agresión contra la
república Islámica de Irán.
El actual estado de
Israel se consolido de facto y el derecho solo vale para sus propios adherentes
de confesión judía. Quienes no entran en esta categoría, son ciudadanos de
segunda (Goyin) o como el caso de los árabes-palestinos, ni siquiera son
considerados humanos. Justamente esto ha generado una creciente fractura
interna y la disidencia de ciertos sectores que hoy se traduce en masivas
manifestaciones en Tel Aviv.
Desde entonces la
política del garrote y la zanahoria, ha sido el estandarte de cada uno de los
gobiernos instaurados en Tel Aviv y que Bibi Netanyahu ha potenciado a niveles
que nadie pudo predecir en el siglo pasado. Tras los resultados de estos
comicios quienes se han beneficiado de este Status Quo ya buscan su cabeza
¿Cómo afectaría esto a un estado bajo el influjo sionista que busca extenderse
a costa de lo que sea? El núcleo extremista que sigue a Netanyahu necesita y
busca la guerra total (Armagedón) como parte de una política que mezcla teología
talmúdica, escatología judía y fantasías elaboradas por la ideología sionista
que muy bien reflejan las iglesias evangélicas en occidente.
Que Netanyahu no tenga
las mayorías necesarias no es un consuelo. Lo que vimos el 28 de octubre fue un
recambio de liderazgos militares, alternativas y puntos de vista represivos,
nada más. Sobre la participación de partidos árabes-palestinos como una manera
de lavarle la cara a este sistema, su valor cuando menos ha sido
decorativo. Por principio de cuentas se
trata de una mera actuación para tratar de blanquear al público mundial la
posición de un ente colonial para-occidental con un objetivo ya conocido:
Extenderse -contra el derecho internacional- a costa de los territorios
de los palestinos y sus vecinos árabes.
Así las cosas, ni
Netanyahu ni Eisenkot son garantía de cambios para los palestinos en general
(no para los colaboracionistas de la ANP) y menos aún para la paz regional. Los
resultados han demostrado que la mayoría de los israelíes son parte de la
política genocida que recordémoslo, no ha terminado. Justamente, la continuidad
de esta situación mantiene vivo el espíritu y el compromiso de la resistencia
árabe-islámica que fastidia al régimen.
Mientras los medios y
posturas pro-israelies de occidente hablan de los desafíos “en seguridad” para
la nueva administración, la verdadera preocupación pasa por lanzar junto a EEUU
una nueva agresión contra la república Islámica de Irán y en la cual la alternativa
nuclear estaría sobre la mesa. Aquí es donde la llamada “Opción. Sansón”
entraría en juego lo que representaría un nuevo crimen de lesa humanidad, creando
otro genocidio contra el mundo islámico -uno más- y ante ello, con total
justificación el potencial cumplimiento de la amenaza iraní y como retaliación de
borrar el reactor nuclear de Dímona del desierto del Néguev.
Si Trump y Netanyahu
optaran por esto, las consecuencias podrían ser peor de lo que sus estrategas
prevén y sin dudas que una respuesta iraní sobre este emplazamiento nuclear no
solo causaría una hecatombe nuclear en el estado sionista sino sobre toda la
región y sus consecuencias irremisiblemente llegaran a todo el mundo.
EEUU e Israel comenzaron
una guerra y lo hicieron mal. No lograron sus objetivos y la prueba de esto es
un Irán que ha barrido la presencia militar estadounidense de la península
arábiga, pese a las sanciones se mantiene resiliente controlando la vía del
estrecho de Ormuz y liderando al polo de la resistencia.
Ante las actuales
circunstancias y la amenaza de un accionar nuclear táctico por parte de la
alianza EEUU-Israel (ansiada por Netanyahu y Cía) pone a los iranies ante un
dilema existencial que se resumiría en una pregunta ¿Dejar hacer o hacer para
que no pase?






