ENTUERTO EN
BOLIVIA
¿Cuáles fueron las
causales reales que dispararon la actual crisis que sacude al gobierno neoliberal
boliviano?
Por Javier B. Dal
Suena aburrido
decirlo, pero es importante remarcarlo, las casualidades no existen. Esto viene
a cuento de lo que sucede en Bolivia con los levantamientos populares contra el
actual gobierno demócrata-cristiano de Rodrigo Paz que como de costumbre los
medios de la región (especialmente los argentinos) tratan de presentarlo al son
de la narrativa del poderoso de turno en Washington y que hoy es Donald Trump.
La llegada a la
presidencia de Rodrigo Paz en las elecciones de octubre del año pasado
significó un cambio rotundo en las políticas internas y en la orientación
geopolítica boliviana de los últimos años muy signada por la afinidad
ideológica con la revolución bolivariana de Venezuela, el respaldo a Cuba y su
adhesión al eje de la multipolaridad global con China como locomotora comercial
y atendiendo en sus temas más comprometidos como son la denuncia del genocidio
en Palestina y su apoyo a la república Islámica de Irán.
Con el desandar de
su incipiente gestión, Paz fue poniendo en evidencia una orientación ideológica
muy similar a la de los hermanitos Milei en Argentina con todo lo que ello
conlleva. A pocos meses de su inicio, el gobierno de Paz comenzó a evidenciar
el cambio en ese sentido.
Precisamente ese cambio
implicó la inmediata injerencia de los intereses de Israel y EEUU buscando
(como lo hacen en toda la región) cortar cualquier lazo y borrar los rastros
positivos de aquellas relaciones geopolíticas cosechadas durante la era del MAS
bajo el liderazgo de Evo Morales. Justamente y a modo de escarmiento, habían
planificado capturar al ex presidente en una maniobra encubierta similar a la
que se aplicó para secuestrar Nicolás Maduro y su esposa solo que sin la
aparatosa presencia de un grupo de tareas norteamericano. Al ser detectada,
rápidamente se movilizaron partidarios y trabajadores del campo para impedir la
ejecución de esa operación.
El trasfondo
político que sustenta esta situación tiene una planificación surgida en el
norte, de los despachos del Consejo de Seguridad Nacional (CSN) y más
precisamente del funcionario trumpista y entusiasta militante sionista Sebastián
Gorka diseñador de la nueva “Estrategia Antiterrorista” puesta en vigencia
contra amenazas y garantizar la Seguridad Nacional. Precisamente entre sus
objetivos a eliminar se hallan disidentes políticos, inmigrantes,
manifestantes, activistas (en especial pro-palestinos), observadores legales y
hasta periodistas.
Salvando las
distancias y las circunstancias históricas esta planificación se asemeja al
llamado Plan Cóndor del siglo pasado (década de los 70´s) ideado por la CIA (conformando
la Unidad Teseo) para eliminar a las amenazas marxistas no solo en Francia sino
también en el continente americano.
Como vemos la
administración norteamericana tiene una planificación bien actualizada y afilada
para erradicar a sus oponentes y potenciales adversarios a sus políticas en
todo el hemisferio. Para encubrir esta finalidad ha puesto por delante la
máscara de la lucha contra el narcotráfico que de ser real, debería comenzar
por sus propias agencias caracterizadas por su opacidad. Esta política destaca
por su evidente amoralidad y nada democrático proceder que ya tiene un
extendido prontuario alrededor del mundo y que desde el ascenso de Trump se
aplican ahora en todo el continente.
El ejercicio de
estos operativos ha despertado gran preocupación en todos los círculos
políticos vinculados y comprometidos al respeto de los derechos humanos y la
institucionalidad política. Y no es para menos ya que ello implica el regreso
al oscurantismo estadounidense de los años cincuenta con el llamado
“Macartismo” como fundamento para señalar, perseguir e incluso eliminar a
quienes eran tildados de marxistas; o más cerca en el tiempo con el descarado,
masivo, deliberado y falso señalamiento desde Washington que sirvió para
sembrar el miedo y odio contra los árabes y más genéricamente contra los
musulmanes tras los ataques del 11 de septiembre de 2001.
Solo para recordar
en que consistió esto último, la CIA durante la primera década del siglo además
de vigilar y conformar listas negras de sospechosos de simpatizar con el
“terrorismo” (por el simple hecho de protestar por la ilicitud en el proceder
gubernamental) llevo a cabo operativos clandestinos de secuestros de ciudadanos
musulmanes de cualquier nacionalidad quienes eran trasladados en vuelos
secretos e insertados en un sistema de cárceles secretas dispersas en varios
países como en buques de guerra en aguas internacionales donde (por no regir la
ley de ningún estado) eran abusados, torturados y en algunos casos ejecutados.
En las actuales
circunstancias seguramente uno de los fundamentos por los cuales la
administración Trump tiene interés en hacerse con Evo Morales y controlar el
país como lo hace con Venezuela, es la presión que ha venido ejerciendo Tel
Aviv quien por intermedio de sus adláteres en la región (especialmente en
Buenos Aires) trata de cortar los lazos con la república de Irán que se han
estrechado en las dos últimas décadas.
No hay duda que el
intento de poner en acción un operativo similar contra Evo Morales, apoyado por
gobiernos adeptos a Trump (como el argentino) ha sido el disparador para la
actual situación. Sobre esto último, el envío por Milei de un avión de
transporte militar Hércules C-130 avivó aún más sospechas máxime si
consideramos la subalternidad de Buenos Aires a la geopolítica mesiánica de
Israel. Obviamente que esto se agrava por la pésima situación económico-social
por la que están pasando los ciudadanos bolivianos, claramente evidenciada por
el alza de precios en los alimentos, la duplicación de precio del combustible, una
crisis en el empleo y el planificado aumento para los servicios públicos.





