DESNUCLEARIZANDO
LATINOAMERICA
¿Por qué es tan
importante para EEUU mantener el monopolio del desarrollo nuclear en el
continente?
Por Javier B. Dal
Desde que Einstein hizo famosa su teoría de la relatividad y en algún sentido facilito el desarrollo de la energía nuclear y que los EEUU usaron para fabricar y usarla como arma devastadora (Hiroshima y Nagasaki 1945), la carrera de los países por lograr dicha capacidad no se ha detenido desde entonces. Pero hay regiones del mundo como Latinoamérica (Tratado de Tlatelolco de 1967) que se han declarado libres del desarrollo nuclear con fines militares, pero como siempre sucede, ello ha estado impulsado o mejor dicho presionado (a través de la OIEA) por la democracia de Washington.
No hay que
explicar mucho las razones de los norteamericanos. Ellos han querido mantener
el monopolio de la disuasión nuclear y pese a que no lo han logrado a nivel
global (y que trataron de hacerlo con Irán) aunque más no sea, lograrlo en su
propio patio trasero es un consuelo.
Uno de los países
sudamericanos que fue punta en plantear el desarrollo y proyección del uso de
la energía atómica fue Argentina aún antes de Brasil, pese a que también en la
década de los setentas ambicionaba adquirir una capacidad nuclear con fines militares.
Argentina estuvo mucho antes interesado en el desarrollo nuclear. Incluso en el
comienzo de la década de los años cincuenta del siglo pasado, el gobierno de
Juan Domingo Perón bajo el asesoramiento del físico austriaco Ronald Richter ya
especulaba con el desarrollo de un programa nuclear propio que de haber
prosperado incluiría la capacidad militar. Esto para Washington, pero muy
especialmente para Londres era intolerable, con lo cual -sin dudas- fue
otro de los argumentos que consideraron para apoyar su derrocamiento en 1955.
Igualmente, y más
allá de estos condicionamientos en su historia política, la Argentina ha optado
por el uso pacífico del átomo aun cuando clandestinamente entre 1963 y 1964
(durante el gobierno radical de Arturo Illia) junto a Francia (contra la
negativa de John F. Kennedy) presto en secreto colaboración al desarrollo
nuclear del estado de Israel, de carácter secreto que lo uso para el
enriquecimiento de Uranio y con ello crear un programa de armas que actualmente
le proporciona en sus arsenales un estimativo de 500 ojivas listas para su uso
en su mayoría, montados en los silos a bordo de los cinco submarinos con los
que cuenta.
Incluso, los
avances nucleares a los que habían llegado tanto los argentinos como los
brasileros se veían peligrosamente potenciados con desarrollos de programas de
misiles balísticos propios que posibilitarían su ingreso al selecto club de las
potencias nucleares. Una de las preocupaciones que rondaba en Washington era la
fusión estratégica que podrían haber concretado argentinos y brasileros que les
habría convertido en una potencia regional que sin dudas rivalizaría con EEUU.
Fue así como tanto el programa nuclear paralelo brasilero iniciado en Cachimbo (continuado
en Arama) y como los desarrollos argentinos en el área -enriquecimiento de
Uranio-, sumado al del misil Cóndor I y II, hacían aquello una probabilidad
muy concreta y de proyección global mucho más en el marco del MERCOSUR.
Pero los temores
angloestadounidenses se apaciguaron con la entrega de los gobiernos
neoliberales en la década de los noventas de Color de Melo y Menem quienes
resignaron sus desarrollos científicos en beneficio de Washington DC.
Pero como dicen
los chinos “la historia es una rueda” y en algún sentido los acontecimientos retornan
obviamente acomodados a los nuevos tiempos y circunstancias. Justamente estas
últimas se enmarcan en la redirección y estrechamiento de la insidiosa política
exterior estadounidense sobre todo el continente con la nada reveladora
intención de controlarlo geopolíticamente y extraerle todas las ventajas
posibles. En breves líneas, (y en lo que institucional se trata) un atraso en
toda la regla.
Este
intervencionismo tan descarado y vulgar (del cual fuimos testigos en Venezuela)
nos retrotrae a las etapas previas a que existiera la actual OEA y ni que decir
de la maleable OIEA dependiente de la ONU que igualmente vale decirlo, poco
sirven para la cuestión.
Entre todas las
ventajas que Washington ha logrado sacarle a Venezuela tras el arreglado
secuestro del presidente Maduro y su esposa en la madruga del 3 de enero pasado
sin dudas esta la toma del control de su infraestructura de investigaciones y
desarrollo nuclear, especialmente de la administración de la Dirección de
Energía Atómica (DEA) que como es de sospechar, no podrá investigar ni
desarrollarse en el área sin el visto bueno de las administraciones
norteamericanas.
Si bien es cierto
que las instalaciones del reactor RV-1 de donde se retiraron los 13,5 kilos de
uranio estaba inactivo desde 1991, las posibilidades de que se reiniciara con
nuevas inversiones y asesoramiento posiblemente rusas y chinas debieron haber
preocupado a Washington.
Según fuentes
confiables, el mismo Hugo Chávez era contrario a desarrollar un programa
nuclear con fines militares aun sabiendo de la potencialidad estratégica que le
brindaría a su país y para lo cual podía acceder a una cooperación muy
tentadora de la Federación de Rusia. Al mismo tiempo era consciente de que los
enemigos de la Revolución venezolana (que contaban con esas capacidades) una
vez agotadas todas las opciones convencionales, podrían imponerle un ultimátum
nuclear. Este era un tema que solía tocar con el presidente iraní Mahmmud
Ahmadineyahd cuando tuvieron sus encuentros bilaterales tanto en Caracas como
en Teherán.
A pesar de esto,
las preocupaciones angloestadounidenses de un desarrollo nuclear de punta y con
ramificaciones militares en la región se centraron en Argentina y un poco menos
en Brasil. Las razones de ello trasuntaban por el potencial existente en
recursos humanos que podían ser explotados por el surgimiento de gobiernos
nacionalistas reacios a cooperar con Washington. Más allá del Departamento de
Estado norteamericano y del Pentágono, las preocupaciones más serias e
insistentes provenían (en lo referente a la Argentina) y en algún sentido
continúan proviniendo desde Londres dado que mantener a la Argentina incapaz de
potencializarse es un objetivo estratégico.
Más allá de todo
esto y como se ven las cosas, Washington ni Londres deben preocuparse.






