ESCALADA AL
INFIERNO
¿Cuáles son ya y
cuáles devendrán a medio término las consecuencias por haber atacado a la
república Islámica de Irán?, ¿Es el final de la “Pax Americana” y el inicio de
una guerra sin término?
Por Javier B. Dal
Lejos de las
jactanciosas declaraciones de Donald Trump y de las amenazas del jefe del
Pentágono Pete Hegseth, la planificada operación relámpago “Furia Épica” contra
la república Islámica de Irán ya entra en más de veinte días de haberse
iniciado y con cada día que pasa las cosas están empeorando. En Iraq las tropas
que se hallan acantonadas en el detestable “Campo Victoria” en Bagdad, mientras
esperan su evacuación total, están siendo objeto de intenso fuego por parte de
los grupos de la resistencia iraquí. Referente a esto, la situación de no
distenderse volverá a Iraq en un actor preponderante en el desarrollo del
conflicto mientras las monarquías del golfo ruegan por un pronto final. Al
tiempo y en el medio, la ya conocida inercia y hasta la inutilidad de Naciones
Unidas retumba por su silencio ante la demostración más que palpable de la
violación del derecho internacional. Hoy más que nunca debiera implementarse un
mecanismo legal para frenar la escalada antes que empeore pero siendo
realistas, eso es casi imposible.
Ante todo,
recordemos algo: Irán se está defendiendo de una agresión artera y vil, con lo
cual tenemos el marco de referencia para analizar la evolución de los
acontecimientos. Fue Israel y secundado por EEUU quienes apelando a un acto
pérfido de agresión (uno más de tantos) buscaron destruir a la nación persa
asesinando a su alto liderazgo político-espiritual. El efecto esperado no se
logró y ahora están atrapados en una espiral que esta escalando muy
peligrosamente.
Por lo pronto, las
consecuencias económico-financieras de esta aventura criminal ya son un hecho y
aunque hoy mismo cesaran las hostilidades, el daño a la economía global tardará
meses sino tal vez un año completo para nivelarse y eso, si hay un consenso
para mantener el alto al fuego. En este contexto cabe la pregunta ¿Pagarán
Washington y Tel Aviv todo el daño causado por el inicio de esta guerra? Esta
es una cuestión para otro artículo, ahora urge algo mucho más preocupante y que
se relaciona con la propia supervivencia.
Como decía, las
cosas no han salido como esperaban los agresores y en su desesperación han
estado tratando de causar un daño medular que paralice a Irán. La semana pasada
aviones israelíes bombardearon deliberadamente un depósito de combustible en
Teherán causando la emanación de una gran nube química altamente tóxica que
afectó las vías respiratorias de los ciudadanos. Sin dudas el objetivo fue
causar daño de manera indiscriminada ante los golpes certeros de los misiles en
pleno Tel Aviv. Pese a ello las autoridades iraníes lograron controlar los daños
y aminorar las emanaciones.
Pese a ello, Irán
redoblo con éxito sus ataques contra infraestructura israelí critica que
demostró seguir determinado a defenderse. Como respuesta, el 18 de marzo los
aviones israelíes atacaron el gasoducto South Pars operado de forma conjunta
entre Qatar e Irán, el más grande e importante del mundo causando además de
grandes incendios, una merma en el flujo de gas en el mercado global que suma
más inestabilidad al mercado de la energía global. La respuesta no se hizo
esperar y en una acción coordinada entre Hesbolá desde el sur del Líbano y
Teherán, atacaron y dañaron las refinerías de petróleo en Haifa y su central de
energía eléctrica.
Con respecto a
Hesbolá, de la noche a la mañana se volvió un problema muy difícil de manejar
para las avanzadas de las FDI que se habían adentrado en el sur del Líbano y
que para el 21 de marzo estaban siendo golpeadas por continuos ataques de
cohetes anti tanque, drones y emboscadas ¿La respuesta sionista? La misma
estrategia de siempre: Bombardear todo el sur del Líbano.
Una vez más la
frustración en el gabinete israelí y de sus colegas en La Casa Blanca fue la
sensación más advertida. Cada ataque y daños causados en la población -en
especial contra mujeres y niños- han potenciado aún más la cohesión y han
reforzado la legitimidad en las autoridades políticas iraníes que tanto buscan
manchar desde los medios occidentales. Sin dudas la impotencia y la rabia es lo
que inunda a los personeros de esta trágica alianza, algo nada recomendable.
Precisamente la
impotencia israelí por buscar un quiebre en la voluntad de lucha iraní,
realizaron junto a los estadounidenses un bombardeo sobre las instalaciones de
desarrollo nuclear y enriquecimiento de uranio en las plantas nucleares en Busheir
y Natanz, poniendo en un riesgo cierto de fugas de radiación y hasta una
posible detonación nuclear. Una vez más, se trató de una acción ilegal,
violatoria de todas las reglas de la guerra y del derecho internacional que sin
lugar a dudas trató de generar de manera deliberada un daño masivo sin importar
la vida de los civiles.
Como respuesta el
mismo sábado 21 de marzo las CGRI lanzaron un ataque muy preciso sobre las
inmediaciones del reactor nuclear de Dimona ubicado en el desierto del Negev que
estuvo muy cerca, demasiado para lo que Tel Aviv puede soportar. Como viene
sucediendo desde la segunda semana de la guerra, el sistema defensivo multicapa
que cubre el espacio aéreo de Israel y al cual EEUU aportaban sus sistemas
desde el Mediterráneo y sus bases en Iraq y Jordania, ya no garantizan la invulnerabilidad
de sus ciudades e instalaciones estratégicas. Quizá sea esta situación la que
ha forzado a buscar una pausa.
Horas después de
la demostración iraní sobre Dimona, el presidente estadounidense Donald Trump declaraba
falsamente que habían llamado desde Teherán para iniciar conversaciones, hecho
que el gobierno iraní desmintió inmediatamente ¿Acaso Washington busca poner
fin a las hostilidades? Para nada. Solo busca ganar tiempo mientras prepara sus
tropas para una incursión terrestre y darle a Israel un plazo para reorganizar
sus fuerzas.





