EL PROXIMO ¿ULTIMO
INVIERNO?
¿Por qué los
actuales indicios en el campo de batalla de Ucrania evidencian un inminente
colapso para el invierno entrante?
Por Charles H. Slim
El juego de la gallina en el cual bajo instigación británica el régimen de Kiev busco provocar a Rusia, ha terminado por quebrar sus propias resistencias creando un caos interno que ya se advierte en el frente. Los ataques con drones contra centros de almacenamiento de correspondencia, mercaderías y centrales eléctricas como una táctica para crear angustia entre los ciudadanos rusos, recibió una contundente y destructiva respuesta que ha profundizado la crisis del régimen que afecta directamente a sus esfuerzos del frente. A un año de la cumbre en Anchorage, Trump no ha hecho honor a nada de lo prometido y eso se traduce en la actual situación confirmando la falta de credibilidad del mandatario norteamericano y la determinación de Putin por completar los objetivos de la Operación Especial Militar.
Según fuentes
confiables, hace ya unos días que las unidades más leales al régimen están
evacuando la localidad de Kramatorsk pero no a los ciudadanos.
La gobernanza y el
plantel político de la ciudad que responde a Zelensky son parte de esta
apresurada mudanza escoltada por unidades militares leales al ideario “banderista”.
El tiempo apremia y los neonazis son los primeros en notarlo. Los estampidos de
la artillería rusa y los ataques con Drones Geranios se acercan cada día más
demostrando que la ciudad es imposible de defender. Para tratar de retasar el
inevitable desenlace han volado los puentes y minado las carreteras de acceso,
pero saben que es inútil.
La inminente caída
de Kramatorsk es la crónica de un final cada vez más próximo.
Esta situación esta
demostrando las carencias de material defensivo, en especial los interceptores
de misiles y antiaéreos como los sistemas Patriot para poder frenar los cada
vez más profundos y precisos ataques rusos contra su infraestructura
energética, portuaria y de redes ferroviarias que ha causado el
desabastecimiento de productos para los almacenes de alimentos y productos de
uso cotidiano, sin contar, los cargamentos estrictamente de carácter bélico.
Pese a que Trump
le corto una buena parte de los suministros que le había prometido (entre ellos
el Know How de los Patriot), Zelensky está tratando de compensar esos faltantes
con la inestimable ayuda de los británicos, alemanes y franceses (también la
burocrática Bruselas) pero también, una cada vez más comprometida Italia de
Meloni quien ya se sabe y bajo la excusa de ayuda a la reconstrucción de
Ucrania, coopera con la inversión de fondos y equipamiento en el área de guerra
cibernética para utilizarlos contra Rusia y sus aliados.
Estos faltantes
también están impactando en las ya casi inexistentes redes ferroviarias
ucranianas que según informes de inteligencia, han sido inutilizadas por
completo para abastecer los nodos del frente y los accesos a los puertos.
Igualmente y según otras fuentes, la destrucción de la mayor parte del parque
de locomotoras hace indiferente la existencia de vías operativas.
Justamente y
relacionado con la retirada de Kramatorsk, no son los civiles quienes están
siendo evacuados de la inminente llegada de las unidades rusas. Tampoco son los
enfermos de los hospitales, los orfanatos y mucho menos los asilos de ancianos,
no nada de eso. Los batallones ucranianos y los equipos del SBU están
concentrados en sacar todos los soportes informáticos, archivos en papel,
videos y grabaciones que puedan comprometer los trapos sucios de la
administración neonazi tal como sucedió con la captura de Mariupol y otras
localidades sensibles.
Limpiar la ciudad
de todo rastro que pueda informar a Moscú de datos sensibles para la seguridad
política es tan importante como, la de evitar que el mundo sea informado de
otras cuestiones que sigan comprometiendo a Zelensky y a su régimen autocrático
con su autóctono toque neonazi.
Mientras los
leales al pequeño Führer jázaro de Kiev desinstalan todos los servidores, se
hacen de todas las memorias informáticas y CPU que puedan comprometerles subiéndolas
a camiones para su traslado y destruyen toda información en papel que sea
conveniente eliminar en el lugar, los patrocinadores europeos (en especial los
británicos) continúan con sus operaciones encubiertas tratando de crear
incidentes con el lanzamiento de falsos drones rusos sobre los cielos de países
lindantes con Ucrania, como ser Polonia, Rumania y también sobre los del
Báltico intentando extender el teatro de operaciones.
A estas alturas no
hay dudas que Ucrania y citando al hoy embajador en Londres Valerii Fédorovych
Zaluzhnyi “nunca entrara en la OTAN” y no porque ello sea imposible sino más
bien, porque ya está adentro desde hace tiempo y eso queda muy claro con el
accionar de los recursos atlantistas que se han estado volcando en el terreno
desde el financiero hasta el de los más rasos de sus soldados.
Para los
británicos y sus colegas en Bruselas, la última esperanza para mantener a
Zelensky en el poder y sostener una guerra perpetua es, introducir a toda
Europa en el conflicto y para ello, ya vienen trabajando sin pausa. Mediante la
campaña de actos terroristas y el hostigamiento de la identidad rusa mediante
constantes campañas mediáticas rusofobas. Todo esto ha arrastrado a Europa a
una situación económica calamitosa y con estas maniobras los cerebros
británicos la llevaran al caos completo.
Por último y muy
importante a considerar, es la actual situación del faltante de combustible por
la crisis en Ormuz que al corte de las rutas marítimas y férreas de
abastecimiento de mercancías, agrega otro factor de inestabilidad para las
economías europeas pero mucho más para la ucraniana. Con este panorama a la
vista, el invierno que se acerca y que por los extremos cambios climáticos será
muy crudo, podría ser el último para concretar los planes atlantistas y más
aún, para las expectativas de sobrevivencia del régimen neonazi en Kiev.








