NEGOCIANDO A
PERDIDA
¿Por qué la
administración Trump podría terminar perdiendo más de lo que podría ganar con
el reinicio de las hostilidades contra Irán?
Por Charles. H. Slim
El alto al fuego a
medias y el planteo iraní de un plan de 10 puntos a cumplirse de forma
incondicional para terminar con las hostilidades ha sido la más clara
demostración del recule estadounidense y una victoria en toda la línea para
Teherán, una patada al hígado para islamófobos de cuño sionista como Laura
Loomer y todo el arco de medios que piensan como ella. Pero esto no es una mera
sensación o una expresión de deseos. Hay un garante para la integridad iraní
que pone a disposición su potencialidad nuclear contra las muy posibles
puñaladas traicioneras de Israel y EEUU, en especial si se atreven a usar armas
nucleares contra Irán.
Ante la impotencia
de no poder ir más allá en lo militar, Trump nuevamente mediante comentarios
estridentes y sin sentido busca disfrazar el panorama de cara a sus electores
para noviembre próximo pero el problema es, que no le creen. Tras el fracaso
por descabezar políticamente a la república Islámica, fracasar en apoderarse
del control del estrecho de Ormuz y de esa frustración, también fracasar en
tratar de cerrarlo para ahorcar a la economía iraní ha terminado diciendo que
ahora estará abierto, pero no gracias a él. Así mismo el daño a la economía y
al comercio global (que incluye a la de EEUU) producto de todo esto que desato
una crisis energética sin precedentes, recién comienza a impactar.
Solo para tomar en
consideración la dimensión de algunas consecuencias que se han causado, se
informa que ya son más de 3000 buques los concentrados en las proximidades de
la boca del estrecho de Ormuz que no pueden recoger ni transportar sus cargas
de crudo, gas y otros derivados (fertilizantes) que son requeridos para sus
industrias y sistemas de producción en otros continentes.
Trump sin dudas no
es un lector y mucho menos de historia, ya que de serlo sabría que algo similar
ocurrió en 1956 con el Canal de Suez que tras cinco meses de bloqueo por el
Egipto de Gamal Abdel Nasser terminó por destruir la poca potencialidad monetaria
de Gran Bretaña. En aquel entonces también fueron los israelíes quienes
empujaron a los británicos a involucrarse en esa aventura. Aquello le llevo de
ser la potencia que abastecía de energía a toda Europa a ser el segundón pos
colonial que es hoy. De haber sido listo, Trump no se habría dejado empujar por
Bibi Netanyahu y el jefe del Mossad a este abismo, salvo (y como muchos
sospechan) así fue planeado.
No es necesario
que repasemos las continuas y reiteradas inconsecuencias discursivas desde
aquel fatídico 28 de febrero. El objetivo planificado por Tel Aviv en conjunto
con EEUU fracasó y eso se comprobó acabadamente con el pedido de negociaciones por
Washington intermediadas por Pakistán y que más tarde se hicieron extensivas al
Líbano tras un acuerdo por diez días arribado el 16 de abril por expresa
condición de la representación iraní. Aquí también y para la rabia de Netanyahu
quedo en evidencia la crisis de las FDI en el sur del Líbano que necesitaban urgentemente
un respiro. Los repetidos fracasos por tratar de capturar la ciudad fronteriza de
Bint Jbeil, es el símbolo más destacado de esto. El número de bajas y pérdidas
materiales es tan grande que los comandantes sionistas pedían aplazar las
operaciones terrestres.
Queda muy claro
que la aceptación del alto al fuego por Trump y Netanyahu se basa en la necesidad
y la conveniencia, algo que el liderazgo de la resistencia árabe islámica es
muy consciente y de lo cual el líder yemení de “Ansar Allah” Abdul Malik Al
Huzi hizo referencia en su comunicado del mismo día 16 de Abril. Teherán fue
taxativo y firme al plantear que sin un alto al fuego extensivo al Líbano no
había trato. Fue así que Netanyahu y su manada de chacales talmúdicos debieron
aceptarlo de mala gana. Obviamente ante semejantes oponentes la confianza no
existe y se tiene por seguro de que Israel planeará dar una nueva estocada por
la espalda.
Cuando Trump tomo
conciencia de la derrota política que significaba esto reaccionó declarando que
al mismo tiempo que se reabría el tránsito por el estrecho, bloquearía el
ingreso y egreso de buques a los puertos iraníes. Según Trump el CENTCOM se
haría cargo de ello pero, la realidad comenzó a mostrar que los buques
siguieron entrando y saliendo bajo la supervisión de la Guardia Revolucionaria
quien según el portavoz del Ministerio de Defensa de Irán, el general de
brigada Reza Talai Nik advirtió a EEUU que mantendrían los dedos en el gatillo
ante cualquier buque hostil que se acercase a sus costas.
Pero, Trump debía
ceder y aunque ante los medios trataría de presentarlo como un triunfo personal
(“la décima guerra que resuelve”), el alto al fuego por diez días (que finaliza
el 22 de abril) y la apertura del tránsito por el estrecho fue acordado bajo
los lineamientos de Teherán. Igualmente, Washington ya anuncio que no terminará
con la agresión ya que, visto el fracaso militar comenzará a trabar sanciones
económicas secundarias con el fin de buscar la ruina que no lograron las bombas
y de esa forma, forzar la reapertura del estrecho. Pero ¿Cuánto tiempo
tardarían en hacer efecto estas sanciones? Y la otra pregunta mucho más
enigmática sería ¿Harán efecto?
Igualmente y como
dice el dicho “lo hecho, hecho está” y los efectos de las decisiones de Trump sin
asesoramiento técnico y sin respetar un planeamiento estratégico están a la
vista. Como contrapartida, China podría capitalizar muy bien esto con muy
buenas posibilidades de que el Yuan reemplace al dólar y pueda ser adoptada
como moneda de cambio en el mercado energético global. Si bien esto podría
haberse calificado de imposible o una idiotez apenas hace un mes antes de la
agresión contra Irán, hoy y gracias a Trump se ve como una posibilidad muy
plausible.
En conclusión,
pese a que Trump se jacta de ser un negociante, en esta ocasión ha hecho un muy
mal negocio y lo peor de todo, cree que con una nueva agresión contra Irán
podrá remediarlo.





