lunes, 18 de mayo de 2026

 

REANIMANDO EL EXPERIMENTO CUBANO

¿Por qué el jefe de la CIA y no un diplomático de carrera o un representante especial fue enviado a la Habana?

 

Por Charles H. Slim

Este año parece ser un hito para muchas situaciones geopolíticas que se habían extendido por años y otras por décadas. En algunas ha significado el fin y para otras el nacimiento de nuevas situaciones que en uno u otro sentido, afectan para bien o para mal a los intereses de Washington dc. La revolución cubana es una de estas situaciones y no precisamente como la masa de cándidos lo han estado creyendo durante décadas.

En lo superficial la Habana desde el ascenso de Fidel Castro, fue un esmerado y entusiasta estado antiimperialista. En ese sentido y como muestra de la épica revolucionaria que necesito de aliarse con la extinta URSS veíamos a un Fidel siempre con su uniforme verde y fumando sus habanos daba sus interminables discursos a las multitudes embelesadas. Incluso la sangre cubana pudo finalmente ser derramada contra el “enemigo yanqui” en la oprobiosa noche del 3 de enero pasado cuando 32 de sus hombres fueron asesinados tras la incursión de los Delta Force en Caracas.

Pero detrás de todo este folklore revolucionario estuvo siempre la realidad y que el secuestro del presidente Nicolás Maduro Moros y su esposa confirman ¿Cuál? La de ser una mera escenografía de cartón.

Para los EEUU y en especial para sus fuerzas armadas, la idea de tomar la isla de Cuba por la fuerza sería una operación tan rápida y cruenta como las cometidas contra Granada en 1983 o la invasión a Panamá en 1989. Incluso es seguro que la CIA debe tener al menos tres planes muy bien elaborados para lograr la caída del gobierno cubano sin necesidad de mover un dedo. Pero al parecer no hay ese interés, además ¿Para qué te desharás de algo si al final de cuentas puede continuar sirviéndote?

Durante décadas (en especial durante los 60s y 70s) la CIA alimento el odio contra Fidel Castro y financió grupos contra revolucionarios para utilizarlos tanto para acciones violentas como para generar prensa anti castrista para emplearlos como activos en la guerra psicológica y de propaganda hemisférica que al mismo tiempo retroalimentaba el odio de los partidarios marxistas y las guerrillas proxys en Centroamérica y Sudamérica. Todo esto implicaba movimiento de fondos de dinero provenientes de toda clase de operaciones ilícitas.

La revolución cubana y mucho más desde que (y por una clara necesidad de subsistencia) se puso bajo la egida de la entonces Unión Soviética, fue funcional para el juego geopolítico en la entonces bipolaridad y al culminar aquella circunstancia (en 1991) quedo como un resabio anacrónico, estratégicamente irrelevante y sin sentido para ser tenido en cuenta por Washington bajo su tan proclamada seguridad nacional. Pero la relevancia pasa por otro lado. La funcionalidad era y seguirá siéndolo para establecimiento en Washington, sus políticos prebendarios (demócratas, republicanos y los MAGA de hoy) y todos los contratistas en defensa y seguridad que los rodean que hacen de la existencia de la “amenaza cubana” un negocio que ya tiene cinco décadas.

Poniendo en contexto esto y aunque no quieran entenderlo, la desarticulación de la Revolución Bolivariana (tras el arreglado secuestro de Maduro) terminó por cortarle el vital suministro de petróleo que el presidente Hugo César Chávez puso a disposición de la isla. 

Teniendo en cuenta este panorama no es de extrañar que la semana pasada el Director de la CIA John Ratcliffe llegara a la Habana para negociar con los funcionarios cubanos. La pregunta es ¿Negociar qué?  

La crisis energética a la que se ve sometida la isla no solo es una cuestión carencias materiales y recursos tecnológicos para sostener la vetusta infraestructura eléctrica o incluso, de actos de sabotaje internos. Ciertamente ello es un factor importante de la cuestión, pero con la ayuda de la administración de Donald Trump y por impulso del fanático Secretario de Estado Marco Rubio para estrangular el abastecimiento de Diesel y petróleo (últimamente donado por Rusia), las cosas han empeorado al punto que han llevado a la presente situación insostenible que busca crear la intolerancia de la población contra las autoridades.

En realidad, el bloqueo a Cuba siempre ha sido como la sonda intravenosa a un paciente moribundo oculta bajo una sábana para mantener viva a una revolución que no amenaza a nadie y mucho menos a EEUU pero que justifica partidas presupuestarias. La única vez que pudo haber sido una real amenaza de esas características fue en 1962 si los misiles soviéticos R-14 hubieran llegado a la isla. La gran motivación para mantener todo esto es, el justificativo que le proporciona a todos los negocios que se sostienen en torno a mantener un fósil comunista como si aún fuera una amenaza estratégica.

Si la administración Trump habría querido negociar una solución justa y destinada a favorecer los intereses del pueblo cubano habría comisionado a un grupo diplomático o un representante con credenciales de verificada imparcialidad. Por el contrario, envía al responsable de los juegos sucios de Washington para negociar no una salida o “cambio de régimen” (como cacarean los medios) sino, un cambio de reglas o la reelaboración del libreto para -manteniendo las formas- cambiarlo todo sin cambiar nada. Sería una charada similar a la Venezuela solo que sin intervención militar.

Aquí Washington apelando a la misma táctica extorsiva criminal e inhumana que utiliza Israel para matar de hambre y enfermedades a los palestinos en Gaza, busca de los personeros cubanos concesiones bajo la mesa en la que Donald Trump tome literalmente el control político de la isla sin que en apariencias eso se advierta ante la opinión pública. Si alguien cree que eso no puede ser posible ¿Qué cree que sucede en Venezuela después del 3 de enero con Delcy Rodríguez y el actual gobierno en Caracas?

 

 

 

sábado, 16 de mayo de 2026

 

MENSAJE EN UN MISIL

¿Cómo interpretar el anuncio del presidente ruso Vladimir Putin sobre el éxito de las pruebas del misil pesado Sarmat?

 

Por Javier B. Dal

En la geopolítica hay varias formas de enviar un mensaje a los rivales. Algunas son discretas y mesuradas casi siempre por vía diplomática, otras por discursos encendidos pero vacíos de sustancia como sucede en Argentina y otros si bien conllevan también un discurso van acompañado de material sustancial que hace al mensaje alto y claro. En esta última clasificación entraría el anuncio del presidente ruso Vladimir Putin del 12 de mayo pasado sobre las exitosas pruebas del misil pesado intercontinental RS-28 SARMAT que próximamente entrara en servicio en la unidad Uzhur.

Nada ocurre por casualidad y mucho menos en geopolítica. El anuncio de Putin que vino acompañado de imágenes del lanzamiento del portentoso misil de 35 metros de largo y con capacidad de transportar catorce ojivas nucleares sobre un blanco a más de 35.000 kilómetros de distancia (con un margen de error de 150 metros) y de imposible interceptación parece un mensaje sutil pero intenso para Trump que llegaba a Pekín para entrevistarse con Xi Jinping. 

No es azaroso el momento en el cual se producen estas pruebas y mucho menos el anuncio del presidente ruso. Ese mismo 12 de mayo mientras Trump arribaba a Pekín, Vladimir Putin anunciaba el éxito de las pruebas. Tanto Trump como Xi tienen mucho que atender a esto, obviamente con un sentido diferente para cada uno de ellos.

Para Donald Trump y el Establishment en Washington dc esto representa una advertencia muy clara y gráfica que se traduciría en: Un intento por crear una amenaza similar como la que vemos contra Irán, la respuesta será devastadora. Los motivos que tiene Moscú para hacerlo están ampliamente fundados no solo por el papel que han jugado en el desencadenamiento de la actual guerra en Ucrania (que incluye las acciones terroristas en territorio ruso) sino también por las continuas baterías de sanciones económicas contra empresas, bancos y personas físicas de origen ruso y los actos de piratería que vienen cometiendo los buques de la armada estadunidense contra la flota rusa en la sombra.

Obviamente y por descontado que este mensaje es también dirigido a los personeros de la OTAN en Bruselas (en particular a Kaja Kallas y Mark Rutte) y muy especialmente a miembros como son Gran Bretaña y Francia muy implicados en prestar apoyo a los neonazis ucranianos quienes al mismo tiempo están cooperando con las filiales de “Al Qaeda” en Mali, África. Con respecto a estos últimos actores europeos la advertencia supone agregarles un potente lastre a sus ya complicadas realidades internas, signadas por graves problemas domésticos tanto para Keir Starmer como para el galo Emanuel Macron.

El anuncio de las pruebas con este misil implica una advertencia muy seria y que EEUU no puede ignorar más allá de las bravuconadas de su encargado de la defensa Pete Hegseth y del propio Trump. Como bien se advierte las circunstancias en las que se halla el país y en las cuales fue su propia administración quien las ha creado, lo condicionan seriamente a ser muy cauto y dejar de lado la fanfarronería para enviar mensajes a sus homólogos y en particular a Vladimir Putin.

Es cierto que Trump es un viejo taimado animal político y como dice el refrán ya no aprende mañas nuevas (y creo que no quiere aprender nada) y mucho menos creemos que a estas alturas vaya a adquirir el don de la franqueza y la honorabilidad que provienen de una conducta educada y gentil. Tal como su socio israelí Bibi Netanyahu, Trump solo respeta el dialecto de la violencia, el cinismo prepotente y el ultimátum como herramientas de dialogo con un oponente. En ese sentido implica un claro mensaje subliminal para que no cometa el error de buscar poner a China en contra de la Federación o convertirla en una mera moneda de cambio para concretar algún negocio en común. En resumen, el mensaje para Trump y su administración de psicópatas grafica una posibilidad muy cierta de que seguir por el camino de los dobles raseros y jugarretas sucias, Rusia podría llevarles el holocausto nuclear a su propio territorio en solo diez minutos.

Para China y en particular la Xi Jinping, el mensaje es diferente y no pasa por una severa advertencia como si lo es para los socios occidentales. Este sería más bien una invitación para que su vecino considere más allá de sus intereses que pueda tener con EEUU, que hay un socio con una fuerza estratégica determinante no solo para defender su seguridad estratégica sino también disponible para desplegarla en beneficio mutuo. En esto se incluye la disposición de Moscú para que se mantenga la beneficiosa cooperación estratégica que han logrado tejer durante estos años y como un respaldo tácito de la Federación de Rusia ante las probables amenazas que (más allá de los dichos de Trump) siguen operando en torno a Taiwán.

 

viernes, 15 de mayo de 2026

 

ESTRATEGIA DE LA DECAPITACION

¿Qué significa y cuál es la finalidad buscada por Washington en la ejecución de este tipo de estrategias y dónde está la legalidad en ello?

 

Por Dany Smith

No hace falta decir que en Washington hay una total ausencia de cordura y del necesario estado deliberativo para tomar decisiones razonables. La cacería de inmigrantes con los grupos de ICE y el avance de un estado policiaco digital sobre el pensamiento ordenados y digitados desde el poder ya escandaliza a los propios estadounidenses. Si ahora nos centramos en la política exterior existe la misma carencia potenciada con la sumisión a Israel y ni hablemos del respeto por algún rasgo democrático y menos aún legal en los procederes. Seamos sinceros, Donald Trump no es el originador de estas políticas draconianas y sanguinarias más dignas de la mafia que de un estado, al menos que pretenda decirse democrático. La matriz que lo controla terminará por hundirlo definitivamente.

La decapitación la hemos visto como una táctica de terror usada por grupos como “Al Qaeda” y el “ISIS” pero, ya sabemos quiénes crearon a estos. Sus creadores le han dado un rango de estrategia.   

La llamada estrategia de decapitación no es algo nuevo en EEUU. Su aplicación viene desde 1945 y que tras el fiasco en Venezuela (donde todo fue arreglado), la ejecutaron brutalmente -calcando lo hecho en 2024 en el Líbano por Israel-, pero sin éxito contra el gobierno de la república Islámica de Irán. Según esperan las administraciones que la utilizan (especialmente las neoconservadoras), eliminando los liderazgos de un enemigo se destruye toda la organización y se la reemplaza con una amistosa pero las estadísticas demuestran todo lo contrario. Uno de los casos contemporáneos más claros fue la invasión de Iraq en 2003 que implico una carnicería para reemplazar a Saddam Hussein y colocar un régimen adicto que administrara para ellos la ocupación. El resultado de esta experiencia, un país arruinado convertido en un estado fallido, desgarrado internamente y hoy parte del eje de la resistencia árabe-islámica.

Esta táctica que no difiere en nada con el accionar criminal de asesinos privados, los norteamericanos la usan desde hace décadas para asesinar a líderes de cárteles de droga, de la industria armamentística y de grupos extremistas que no responden a sus órdenes, en los últimos tiempos la han estado implementando sin corta piza para eliminar a líderes políticos, militares y mandatarios. La equiparación entre simples criminales de un cartel de droga con mandatarios de otros estados (indeseables por su ideología o religión) además de injustificable es ciertamente inaceptable.

Incluso los estadounidenses van un paso más allá de esta flagrante ilegalidad cuando sin la menor prueba, bombardean lanchas de pescadores caribeños bajo el cargo inverificable de ser narcotraficantes ¿Cuál ha sido el juez de circuito que ha ordenado las ejecuciones?

Esa linealidad en tratar de equiparar a simples criminales con líderes políticos que rechazan la injerencia estadounidense en sus países, es un artificio que lo presentan ante la opinión pública como una normalidad. Irónicamente y a la vista de gravísimos delitos como son los crímenes de guerra, el genocidio y la limpieza étnica esos mismos medios no tienen empacho en realizar entrevistas a criminales con pedido de captura internacional como lo es Benjamín “Mileikowsky” Netanyahu. 

Precisamente la tarea por crear justificaciones y narrativas que expliquen esta aberración pasa por los medios corporativos, caja de resonancia obligada de las políticas que cada administración en Washington busca desplegar para manipular a las masas que aún les den algo de credibilidad.

Precursor de esta política sucia sin dudas es el estado de Israel quien mediante sus asesinatos selectivos (sin importar los medios y los daños colaterales) ha tratado de erradicar a los líderes de la resistencia palestina y con eso las reivindicaciones políticas de la población. Sobre esto, Israel ha sido (vale recalcarlo también) el precursor en la planificación y asesinato de líderes políticos y de mandatarios extranjeros con sus ataques al Líbano, Siria, Dubai y por supuesto, su extensa participación en atentados terroristas dentro de Irán.

Las conclusiones de un resultado adverso y calamitoso en el uso de esta estrategia lo revelan los estudios de investigadores como Alexander Downes de la Universidad George Washington quien en un trabajo titulado “Éxito Catastrófico” y de Ben Denison del Instituto Cato concluyen que esto termina siendo contraproducente tanto para los países intervenidos como para lo esperado por Washington.

En ese plan, las administraciones en Washington se han envalentonado a tal punto que las líneas rojas que en alguna época se respetaron como no tocar a altos dignatarios, jefes militares y mucho menos a mandatarios, en las últimas administraciones se han esforzado por demostrar que pueden violarlas y pisotearlas a plena luz del día sin la menor preocupación por la legalidad. En algunos casos lo hacen de forma abierta y otras como de costumbre de forma encubierta mediante las operaciones de la CIA y sus aliados alrededor del globo.

Esa política abusiva, criminal y mafiosa halló un inesperado freno con Irán, guste no les guste a los oídos de los fervientes sionistas en La Casa Blanca y el Establishment norteamericano.

 

 

 

miércoles, 13 de mayo de 2026

 

LA PELIGROSA VERDAD

Así como el 11/S en 2001 fue la excusa para fomentar el temor y la fobia contra el islam sunita ¿Cuál fue el plan para crear lo mismo contra el islam chiita con centro en Irán?

 

Por Charles H. Slim

No importa cuánto tiempo pase ni todo lo que hagan para tapar la verdad, tarde o temprano sale a la luz. Eso no significa dejar de reconocer a quienes arriesgando su propia vida y la de sus familias han sacado a la luz verdades oscuras y grandes mentiras de narrativas falaces puestas a rodar por gobiernos supuestamente transparentes. Así hombres como Kurt Sonnenfeld, Julian Assange, Eduard Snowden, Chelsea Manning y muchos otros de los que no conocemos, han echado algo de luz ante los abusos criminales que en nombre de la seguridad nacional van más allá de los intereses creados de una administración determinada.

Las actuales circunstancias bélicas en torno a la ilegal agresión contra la república Islámica de Irán se vinculan mucho con aquel axioma. Washington había estado años buscando la oportunidad para lanzarse sobre el país persa, pero no lo hacía por un interés de seguridad nacional o de una amenaza real a su política exterior. El gran interesado -como era de suponer- que instigaba tras bambalinas era y sigue siendo Israel.

Afortunadamente al presente y tras resistir la embestida artera del 28 de febrero pasado, las autoridades iraníes tras mantenerse firmes y posteriormente hacerlo ante las amenazas e intentos de extorsión de la administración Trump, han tomado la determinación de no ceder a los 10 puntos propuestos entre los que se halla, controlar de forma efectiva y decidida el estrecho de Ormuz.

Obviamente todos esos intentos fracasaron, pero uno de ellos, quizá uno de una magnitud similar a la actual agresión ocurrido casi veinte años antes, fue obstruido por la inesperada denuncia de una funcionaria que se hallaba en el centro del poder neocon en Washington.

Fue allá por mediados del 2006 en pleno de la segunda administración neocon a cargo de George W. Bush y Dick Cheney y en momentos que lidiaban con la resistencia a la ocupación en Iraq, los neoconservadores partidarios de la guerra conectados con Bibi Netanyahu y la elite israelí (por intermedio de AIPAC) tenían planes para dar el próximo paso y ese era, derrocar a la revolución islámica en Teherán. Para ello había que justificar un golpe directo, un ataque terrorista espectacular (al estilo 11/S) y para ello la Quinta flota anclada en Bahrein y la base aérea Al Udeid en Qatar serian indispensables para esos planes.

Gwenyth Todd con 42 años era por entonces una exitosa asesora de seguridad nacional en Washington y su extensa currícula descollaba por haber servido tanto para la administración demócrata de Bill Clinton para luego trabajar para la neoconservadora de Bush-Cheney. Como erudita en su campo, el sentido agudo y capacidad de análisis eran parte de su diario vivir. En momentos que estaba trabajando como asesora para la Quinta flota en Bahrein tropezó con un complot urdido por un grupo de almirantes obviamente, planificado y políticamente autorizado por los neocon.

Según se sabía en Washington, los neoconservadores constantemente buscaban influenciar a los almirantes que estaban a cargo de la Quinta flota para que buscaran una oportunidad para darle una lección a Teherán. La llegada en 2007 del vicealmirante Kevin J. Cosgriff para hacerse cargo de la flota trajo consigo la posibilidad de materializar los planes neocon que implícitamente involucraba a los israelíes. En su extenso historial contaba el haber sido parte de la Agencia de Inteligencia de la Defensa y de haber estado a cargo como director de la Sala de Situaciones de la Casa Blanca durante la administración Clinton.

Sumado a esto, Cosgriff contaba con el apoyo del almirante William J. “Fox” Fallon quien por aquel entonces era el jefe del CENTCOM y como simpatizante neoconservador, muy dispuesto a posibilitar una elucubración que provocara a una reacción contra Teherán. Aclaremos que Todd y algunos almirantes que respaldaron su posición eran tan pro-israelíes como los propios burócratas neoconservadores que por entonces capitaneaba George W. Bush, solo que la diferencia era que unos no buscaban una guerra con Irán y los otros sí. 

Según denunciaría Todd se preparaba la ejecución de una operación entre las que se barajó incitar una respuesta iraní con la incursión de una fragata por el canal “Shatt Al Arab” (para lo cual, contarían con la anuencia del régimen títere iraquí), hasta ingresar -sin aviso- un grupo de ataque con tres portaaviones por el estrecho de Ormuz o directamente una de falsa bandera contra las instalaciones de la base naval de Bahrein para aparentar un presunto ataque iraní. En dicho atentado morirían muchos efectivos y una parte de las instalaciones se verían seriamente dañadas, como un justificativo de peso para sostener las acusaciones contra Teherán. Esta última posibilidad se asemejaría curiosamente a los eventos del 11/S.

Todd entendió que semejantes planes iban a incendiar la región, aunque realmente no se sabe si hubo un apoyo de sectores políticos en Washington que la impulsaron a tal determinación.

La presentación que Todd curso por los canales administrativos gubernamentales, al ser advertida por los complotadores (tanto estadounidenses como israelíes) fue decididamente lo que obligó a cancelar los planes y obviamente, sentencio a la funcionaria a una esperable acción de retaliación en su contra. Si bien la ex asesora obro con la ley en la mano y apelando a una honestidad política que como de costumbre los neoconservadores y sus socios israelíes aborrecen, fue catalogada como mínimo de traidora y de manera tácita condenada de por vida a cuidarse de la “irá democrática”.

Desde entonces Todd debió refugiarse y permanecer en Australia donde debió reiniciar su vida sin que ello le libre de peligros para su integridad física ya que Washington ha pedido su captura por intermedio del FBI.

Esta situación nunca fue conocida en Argentina simplemente porque los medios acatan con fidelidad lo que la embajada de Avenida Colombia al 4000 les baja como editorial, nos informa de la extendida gestación en los planes de agresión contra Irán y la intrincada maquinación para que (como paso con Iraq y Afganistán) aparecieran como culpables de algo que no habían hecho. De no haber estado Todd, seguramente habríamos sido testigos de un complot similar al orquestado en 2001.

 

domingo, 10 de mayo de 2026

 

REFLEXIONES LOGICAS

El alineamiento del gobierno argentino con EEUU e Israel ¿Abre la posibilidad de una participación en la guerra del estrecho de Ormuz? Y así fuese ¿Con qué justificativo legal?, ¿Está la Armada a la altura de las actuales amenazas navales?

 

Por Dr. Carlos Castia

Ya han pasado 36 años de aquella zarpada del grupo de tareas 88.1 (GT-88) rumbo a las lejanas aguas del Golfo Pérsico cuando en el marco de la crisis por la invasión iraquí al emirato de Kuwait, el gobierno argentino decidió tomar parte de la Coalición Multinacional Aliada organizada por los EEUU con el fin anticipado de una intervención bélica. Los hechos plasmados en la historia dan cuenta de una de las guerras más terribles de finales del siglo XX y el germen de la constante inestabilidad en la región.

En la propia Argentina el tema sigue siendo muy desconocido e incluso en los propios claustros de la Armada, una experiencia desaprovechada como sucedió con lo aprendido en 1982 tras la guerra de Malvinas contra los británicos y sus aliados de la OTAN. Hoy ante la nueva guerra en la puerta de entrada de aquel golfo, es decir en el estrecho de Ormuz y ante la posición geopolítica que adopta el gobierno argentino, se hace necesario detenerse y hacer varias consideraciones antes de involucrar nuevamente al estado argentino.

Ante todo, el poder ejecutivo necesita la autorización del Congreso para involucrar fuerzas militares en una guerra[1] y con mucha más razón una que no tiene relación con los intereses de la nación.

En 1990 las circunstancias geopolíticas eran muy particulares. También lo eran los avances tecnológicos armamentísticos y lo más importante, el estado operativo de las fuerzas armadas argentinas era muy limitado por el escarnio político interno y las restricciones impuestas desde Londres. En ese orden, ante la inminente caída de la URSS[2], EEUU asumía el papel de superpotencia hegemónica, contando con un amplio abanico de recursos militares pero no suficientes para cubrir todo el teatro de operaciones. Fue en ese papel de “relleno” que el destructor “ARA Almirante Brown” (MEKO 360 H2) y la corbeta “ARA Spiro” (MEKO 140), junto a otras naciones tomaron intervención[3] y con éxito en las operaciones “Escudo del desierto”[4] y “Tormenta del Desierto”[5]. 

Afortunadamente el grupo regreso intacto pese a los peligros que se presentaron como potenciales amenazas letales sin que al presente se les haya reconocido a sus tripulantes la veteranía por esas acciones.

Aquello que se presentó como una forma de insertar al país en el concierto internacional, hoy parece volver a repetirse pero atención, las circunstancias son notablemente muy diferentes. Esta observación viene a cuento del posicionamiento geopolítico adoptado por Buenos Aires en torno la agresión contra la república Islámica de Irán y de apoyo incondicional a Israel.

Como se sabe, aquí Naciones Unidas no interviene y aunque lo hiciere de poco valdría. Incluso más, EEUU e Israel han actuado en violación la propia carta orgánica y de la ley internacional.

El desarrollo y consecuencias para la armada estadunidense en casi dos meses de hostilidades contra Irán han estado convenientemente fuera de los medios y eso no es una casualidad. Muchos de los eventos han sido puntillosamente censurados por el Pentágono (entre ellas las bajas) pero visibles ante la resistencia y primacía de las defensas navales de Irán. Tanto el secretario de defensa Pete Hegseth como el jefe del Estado Mayor Conjunto el general Dan Caine han estado siendo evasivos en revelar o incluso desmentir situaciones que revelan aquella situación. Las bajas y daños son reales y considerables. En este sentido el gobierno argentino debería ser consciente y responsable en sus posibles decisiones de involucrar a una misión naval o aeronaval en el “Proyecto Libertad” de Trump.

Apenas hace unos días una fragata estadounidense que adentrándose en las aguas del estrecho, trato de agredir a un carguero iraní fue obligada a retirarse luego de ser impactada con dos misiles antibuque. Pese a las desmentidas de Washington otras fuentes confirmaron el hecho. Pero la cadena de episodios similares que se fueron acumulando desde la agresión ilegal del 28 de febrero pasado han puesto en evidencia que hay un balance de fuerzas que Irán ha logrado imponer por un desarrollo y empleo de sistemas antibuque propios de altísima precisión y el aprovechamiento inteligente de la topografía de su terreno para volverse invisible o dificultando la respuesta de los estadunidenses e israelíes.

El ejemplo más claro y trascendente fue el duro ataque al portaaviones “USS Abraham Lincoln” (CVN 72) ocurrido en la segunda semana de marzo que lo obligo a retirarse a puertos indios en el Indico para reparaciones. La magnitud de los daños y con solo considerar la posibilidad de haber sido atacado el mismo centro de mando demuestra la capacidad, alcance y letalidad de los armamentos navales con los que cuenta Irán.

Un navío de las características de un portaaviones y pese a la cuantía de sus modernos sistemas de defensa multicapa a los que se debe sumar la protección que le ofrecen las fragatas y destructores que lo escoltaban, pudo ser vulnerable a los misiles y drones de las CGRI, nos informa de la complejidad y letalidad del armamento en danza. Según se sabe, los buques argentinos disponibles siguen siendo los mismos de aquel entonces ¿Qué le puede esperar a una corbeta multipropósito clase MEKO 140[6] o a un destructor clase MEKO 360[7] argentino si se aventurase a provocar a las defensas navales iraníes?

Para saber eso habría que verificar si los sistemas informáticos y de guerra electrónica de estos viejos modelos han sido actualizados. Incluso cabe muy pertinente la pregunta ¿Cuentan con sistemas AEGIS[8] o alguno similar[9]?  Estas cuestiones no son menores, por el contrario, responden a una visión responsable y alejada de la improvisación con la que actúan los políticos.

En cuanto a lo jurídico aún hay un gran vacío legal sobre estas misiones, pese a la experiencia de la Tormenta del Desierto. Así al presente, no hay ninguna ley que trate puntualmente la situación de misiones semejantes, la de los tripulantes y el estatus que tendrían en las operaciones bélicas extraterritoriales[10]. Con ello, los hombres y mujeres que pudieran ser enviados a un escenario como vemos actualmente en el estrecho de Ormuz o cualquier otro, están en un virtual limbo que, sea a su regreso indemnes o tras haber sufrido daños y bajas, el estado nacional no les reconocerá derecho alguno pese a que genéricamente surgen de los tratados internacionales[11].

 

 



[1] Conforme lo dispone el artículo 75 incs. 25 y 28 de la Constitución nacioonal

[2] Si bien la Unión Soviética como país deja de existir en diciembre de 1991, paso por un estadio de descomposición progresiva que comienza a acelerarse en 1989 y con una atomización total representada con levantamientos, protestas y movimientos independentistas que anularon cualquier posibilidad de ejercer un contrapeso geopolítico como el que había jugado durante la Guerra fría. 

[3] Erróneamente se suele mencionar que la participación se dio en el marco de un mandato respaldado por resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU confundiendo la naturaleza y el desenlace de toda de la misión. Consultando con los registros de los mandatos históricos del Departamento de Mantenimiento de Paz de la ONU no figura la “Crisis/Guerra” de 1990/1991.

[4] Tras zarpar en septiembre el G.T.88 y tras arribar a principios de noviembre de 1990, fueron subordinados a la cadena de mando de la Coalición Aliada con sede en Riad, Arabia Saudita. Bajo dicho comando se le dio la designación ALFIL 1 cumpliendo tareas de defensa del reino saudita en el marco de la Operación Escudo del Desierto.

[5] Al cumplirse el ultimátum el 16 de enero de 1991 el grupo ALFIL 1 lejos de retirarse y tras la autorización del congreso continuó operando ya en el marco bélico de la Operación del Desierto.

[6] La Armada Argentina cuenta con seis de estas unidades que suele denominarse como “Clase Espora”. https://es.wikipedia.org/wiki/MEKO_140

[7] Esta es la denominación de las fragatas construidas por Alemania Occidental a mediados de la década de los 70s. https://es.wikipedia.org/wiki/MEKO_360

[8] Se trata del sistema integrado de combate desarrollado por la Lockheed Martin, montado en buques de guerra contra amenazas múltiples, tanto aéreas como de misiles que va modernizándose con el paso de los años. https://es.wikipedia.org/wiki/Sistema_de_combate_Aegis 

[9] Como podría ser el ARROW 3 israelí, el SCOMBA español, el S-400 Triunf o el KORTIK M estos dos de origen ruso.

[10] Este término exceptúa a las misiones de paz de los Cascos Azules de Naciones Unidas que se hallan enmarcadas en mandatos ordenados por resoluciones tanto de la Asamblea general, del Consejo de Seguridad como de cualquier órgano subsidiario.  

[11] Conforme al entendimiento armónico de los artículos 31 y 75 inc. 22 de la Constitución nacional referentes al derecho de gentes, las convenciones y protocolos internacionales sobre situaciones de guerra y los derechos reconocidos a sus participantes que son vigentes y operativos desde la reforma de 1994.