RETORICAS VACIAS
¿Por qué el
discurso nacionalista de Javier Milei sobre las islas Malvinas es una mera
cortina de humo para cubrir los intereses geopolíticos de Washington?
Por Javier B. Dal
La súbita y atolondrada retorica “malvinista” del presidente argentino Javier Milei no solo no era creíble, sino que ha demostrado ser tan inocua y anodina para Londres como para sus aliados regionales. Las expectativas de La Casa Rosada nacidas a la sombra de una ambiguas e inestables declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump (irritado con Londres por la situación de Irán) sobre la situación de las islas Malvinas ya pueden darse por despejadas y no van para nada en el rumbo de una soberanía plena para la Argentina. La respuesta del gabinete de Downing Street 10 lo ha dejado bien claro. Incluso podríamos suponer que los británicos jamás se tomaron enserio las bravuconadas de Milei no solo por lo que dice sino, porque no tiene para respaldarlo.
Nadie en Buenos
Aires podía tragarse la maniobra oportunista de Milei. No solo por su tendencia
ideológica (que lo liga a exponentes como Netanyahu y Zelensky) y a los
intereses geopolíticos (claramente rusofobos e islamófobos) que se han alineado
(dispuestos a aniquilar a los pueblos), sino porque hay una situación de
realidad militar que no podría respaldar en sueños las reivindicaciones con
amenazas de sanciones. Ni Londres y mucho menos las empresas británicas y sus
socios israelíes se han conmovido o atemorizado por esas manifestaciones y
tienen razones de sobra para ello. Tal vez la mejor prueba de ello sea que los
cuatro aviones Thypoon FGR4 que la RAF tiene en su base de Mount Pleasant,
serán enviados a desguace para proveer de repuestos a sus escuadras en Gran
Bretaña con lo cual, al parecer, no hay mucho temor a lo que digan en Buenos
Aires o a los viejos F-16 dinamarqueses.
Los veteranos han
sido los grandes ausentes en el tema y ciertamente no asombra. Lo mismo que la
sociedad a la que pertenecen, su unidad se halla fragmentada en una variedad de
asociaciones teñidas por corrientes ideológicas y partidistas irreconciliables
que les lleva a no hacer causa común.
La llamada
“batalla jurídico-comercial” por algunos de los operadores y editorialistas de
medios en Buenos Aires que suponen las amenazas de sancionar a las empresas que
participen en el proyecto “Sea Lion”, no es más que otra cortina de humo que
sirve para el consumo de la opinión pública de los argentinos pero que no
afecta en nada ni a las empresas extranjeras ni a los intereses británicos allí
involucrados. Incluso habría que ilustrar a los crédulos argentinos de estos
gazapos explicándoles que los británicos no necesitan mover sus FFAA para proteger
sus intereses de ultramar. Los medios y la determinación que tienen son tan
variados y mucho más importantes y reales que las amenazas de un gobierno sin
peso político.
El panorama
geopolítico actual es muy complicado y los argentinos pueden volver a caer en
las torpezas de sus aficionados políticos como ya lo hicieron en 1991 con la
participación en la guerra contra Iraq sin que ello le hubiere redituado en
algún beneficio.
Hoy ese escenario
podría repetirse, pero las consecuencias serán muy cruentas. EEUU se ve
prácticamente arrinconado en Asia occidental y esta comenzando a sentir las
consecuencias de haber perdido el control sobre los estrechos de Ormuz y Bab Al
Mandeb aunque la propaganda diga lo contrario. En este contexto tenemos a un
Donald Trump que tras ser engañado por Netanyahu y arrastrado a una guerra
inútil contra Irán, mientras pretendería escalar a una guerra terrestre al
mismo tiempo planea hacerse con el control de todo el cono sur y en especial el
acceso a la Antártida con lo cual controlar el archipiélago en el atlántico sur
es estratégicamente vital.
En este contexto,
Milei es apenas una anécdota, pero pone a la Argentina en la mira por alinearse
a un eje bestial que ha hecho de la guerra (la limpieza étnica, el genocidio y
la violación de los derechos humanos) un gran negocio y que al parecer no
estarían dispuestos a frenar.
Para algunos, Milei se dejo llevar por las sugerencias de algunos de sus asesores muy cercanos a la embajada de EEUU y al mismo embajador Peter Lamelas, digno representante de la administración MAGA. Para otros, esto bajo directamente desde Washington para que Milei activara todo este circo nacionalista que en realidad es una pantalla para allanar la instalación de infraestructura militar y de inteligencia sin tener que sortear problemas políticos internos. Otra señal que refuerza esta tesis es la apertura del consulado israelí en Ushuaia lo que implica la instauración de una base de inteligencia propia.
Otros que ven las declamaciones de Milei como humo son los chilenos y en particular los de Punta Arenas en el sur del país, punto desde donde y de forma ininterrumpida a través del pasaje de Magallanes Chile viene llevando a cabo negocios con las autoridades de las islas Malvinas en clara cooperación con Gran Bretaña. A pesar de lo estratégico de dicho corredor y de la amenaza que supone este flujo comercial marítimo que beneficia a los ocupantes de las islas ningún gobierno en Buenos Aires ha hecho nada por remediarlo. Incluso hace un mes atrás el jefe de la Fuerza Aérea Argentina al hacer un comentario sobre la importancia de controlar dicha vía, su propio gobierno y los operadores de los medios adeptos en capital, salieron a defenestrarlo.
El problema del
discurso de Milei y su gobierno sobre su intensión por restringir con medidas
judiciales la actividad petrolera de las empresas británica e israelíes que
explotaran el petróleo en la cuenca de “Sea Lion”, es que (y suponiendo que le
dieran la razón) no tiene los medios materiales -entiéndase buques, aviones
y la logística- para ejecutar ninguna de las medidas con la que ha
amenazado.







