PALANTIR Y MILEI
¿Cuáles podrían
ser los motivos de la llegada de esta corporación de la industria tecnológica bélica
a la Argentina?
Por Charles H. Slim
La tecnocracia
belicista ha llegado a la Argentina y eso no es para dejarlo pasar. El arribo a
Buenos Aires de Alex Karp CEO y co-fundador de PALANTIR no es una señal de
buenos augurios ni para la Argentina ni para la región; si para el vendedor de
la casona Barrio Parque en la capital, empresarios y funcionarios del área de
seguridad que usufructuarán con los contratos que puedan cerrarse. Al parecer el
gobierno hiper reaccionario de los hermanos Milei ha convertido al país en el
nido de toda clase de pájaros oscuros de la misma pluma. Pero ¿Qué podría unir
a Javier Milei y su gobierno filo-sionista con el Alex Karp?
Si ponemos a estos
personajes en perspectiva veremos que en apariencias hay un choque
irreconciliable en cuanto a la filosofía política de cada uno, al menos en
apariencias. PALANTIR es nada menos que una poderosa corporación desarrolladora
de armas, sistemas de guerra electrónica y guerra cognitiva, vigilancia y
dispositivos novedosos para eliminar personas. Javier Milei se pregona como un
converso al judaísmo y en ese sentido, imbuido de alguna clase de moralidad
religiosa que no concuerda con una elaboradora de máquinas de la muerte. Pero,
si consideramos las simpatías de Javier Milei por Israel y sus eficaces
sistemas intervención, vigilancia y espionaje electrónica (invadiendo la
intimidad global) y del uso de la IA en la operatividad de sus sistemas de armas
para asesinar en masa a los civiles en Gaza, Cizjordania y el Líbano podemos
entender la simpatía mutua.
Se dice que Karp
es un seguidor, un cultor de la filosofía de Habermas y como tal, sus
desarrollos tecnológicos apuntan a consolidar a la “seguridad” como la base del
desarrollo económico de una democracia. Obviamente el entrecomillado de la
palabra seguridad no es casual, ya que somos testigos de cómo en nombre de esa
palabra -desde finales del siglo pasado hasta comienzos del actual- se
ha creado una billonaria industria policiaca-militar necesaria, ante la
sospechosa y ya advertida aparición de situaciones de inseguridad y caos en
ciertas regiones del globo que (casualmente y bajo ciertas doctrinas)[1] beneficiaron la
intervención de los estadounidenses. El negocio del señor Karp no es más que la
modernización de la industria de la seguridad privada de mercenarios como
BLACKWATER, Xe, Titan Security Europe, G4S, UCP Secure entre muchas otras tan
tristemente recordadas por los iraquíes, afganos, libios, palestinos y todo
aquel país que los ha soportado y siguen soportado.
Incluso esta
corporación es la que provee sistemas de seguimiento y herramientas de IA para
los infames grupos de ICE en los EEUU para literalmente cazar inmigrantes. Al
mismo tiempo ofrece programas predictivos de comportamiento social y posibles desarrollos
de conflictos como paso previo a su neutralización (entiéndase arresto o
eliminación física).
PALANTIR se
presenta como un sofisticado solucionador en estos temas, especialmente con el
desarrollo de IA para la toma de decisiones automatizadas, como las empleadas
por Israel para bombardear casa por casa la franja de Gaza bajo supuestos
cálculos automatizados que dirigían sus obuses y misiles a donde supuestamente estaban
combatientes de “Hamas”. La misma toma de decisiones que tomo la armada
estadounidense cuando lanzo sus tres ataques con misiles crucero Tomahawk
contra el colegio de niñas en Minab, Irán.
Ahora con la
llegada a la Argentina ¿Acaso el gobierno de los hermanitos Milei pretenden
insertar estas sofisticadas herramientas dentro del marco de la defensa y
seguridad del país? Y para el caso que así fuese ¿En beneficio de quién? Esta
última cuestión es la sazón de la evidente destrucción de los cuadros de las
fuerzas armadas que prácticamente se hallan en una situación ruinosa y que
dejémoslo bien claro, es un objetivo político deliberado que ha venido siendo
trabajado desde 1983 y que tiene como benefactores últimos a los intereses
geoestratégicos británicos en el atlántico sur.
Entonces y
considerando esto último, la inserción de estas tecnologías invasivas y que se
complementan con herramientas bélicas de alta sofisticación, se puede deducir
que no son precisamente para el mejoramiento de la defensa del país sino quizá
(tal vez), para crear un andamiaje tecnológico represivo para proteger los
intereses de quienes sostienen al gobierno de los Milei.
No es algo nuevo
que un poco de esta tecnología ya se emplea por los bancos para medir los
campos biométricos de sus clientes bajo el supuesto beneficio de la seguridad e
identificación instantánea. Sobre esta particular herramienta cabría recordar
que fue insertada y empleada por los batallones de inteligencia norteamericanos
tras la ocupación de Afganistán e Iraq (denominada HIIDE)[2] para conformar un censo
que (además de una identificación certera) posibilitaba a las fuerzas de
ocupación recopilar vastas bases de datos para determinar quiénes -a partir
de los rasgos y señas faciales- podían ser un peligro para su presencia y
en ese caso, tener precisiones de su ubicación para arrestarlos o eliminarlos.
Obviamente que
esta corporación no ofrece sus productos por altruismo o en interés de la
“libertad”, la “democracia” o la “seguridad para los derechos humanos”. Como
toda corporación es un negocio y Palantir es un negocio multimillonario y sus
productos no son para cualquier cliente. Si los Milei se hallan en tratativas
con su CEO y atendiendo a la cantinela “no hay plata” y que va dejando un
tendal en la vida económica de los argentinos ¿Pretende Milei incorporar sus
tecnologías en la seguridad (SIDE) y en las fuerzas armadas?, y de ser así ¿De
dónde saldrá el dinero para pagar los costosos productos de esta corporación?
Aquí para develar esta incógnita se debe aplicar el principio de “seguir el
dinero para ver quien se beneficia”.
Palantir es una
creación de una mente nihilista y en ello va el desprecio por el otro. La
sistematización de la vida y de la muerte es sin dudas el tema central de esta
corporación, una de las más importantes en el abastecimiento de tecnologías
bélicas y software de IA al Pentágono y también a Israel. Bajo el concepto de
eficiencia, ofrece una visión ultramoderna y extremista del liberalismo que
bajo una tecnocracia elitista, pretende clasificar a los seres humanos como si
fuésemos productos con etiquetas en una estantería.





