sábado, 7 de diciembre de 2019




“EL LIMBO DE LA INJUSTICIA
¿Puede ser considerada democrática una nación que ha violado y viola sistemáticamente los derechos humanos más elementales bajo argumentos probadamente falsos e inexistentes? ¿Por qué no pueden ser procesados con todas las garantías estos casos?

Por Charles H. Slim
Los eventos del 11 de Septiembre de 2001 además de los daños y el sufrimiento causados, le dieron a la administración federal estadounidense un cúmulo de poderes que hundió el sistema constitucional basado en los derechos y garantías individuales, en favor y nombre de una “seguridad nacional” amenazada por una supuesta conjura terrorista islamista. El impacto sorpresivo de aquellos hechos, supo ser bien aprovechada por George W. Bush y sus secuaces quienes, asistidos –entre otros- por la Corporación de medios que se alinearon por la derecha con el relato oficial, lograron en ese momento manipular la rabia y la impotencia de una población atemorizada que buscaba venganza.

El paso del tiempo y lo visto hasta hoy, demuestran esta criminal inconsecuencia y la desvergonzada maquinación que se indujo y aún pretenden justificar bajo el rotulo artificioso de “Lucha contra el terrorismo” que en realidad escondía –y hoy se ve harto revelada- una campaña geoestratégica planificada por un grupúsculo de neoconservadores y sionistas cinco años antes y la cual, además de los fines políticos, generaría una catarata de multimillonarios negocios privados en sociedad con el estado federal. Parte de esa muy bien planificada empresa[1], preveía como parte de su operatividad, colocar un  chivo expiatorio y el montaje de una infraestructura de supresión y silenciamiento de una parte especifica de la población global con un objetivo claro: “Silenciar a la disidencia”.

En este último sentido, la creación otras agencias federales con el consiguiente incremento astronómico del presupuesto federal para seguridad y defensa, obligo a la “comunidad de inteligencia producir información acorde al nuevo enemigo”: El Islam.

Para Washington la “Seguridad nacional” esta por encima del respeto a los derechos humanos y prueba de ello son las incontables arbitrariedades  constatadas en crímenes de guerra y lesa humanidad cometidos en parte, por sus agencias de inteligencia y los cuales aún siguen impunes. Cuando estos hechos quedaron expuestos al conocimiento de la opinión los abogados de la CIA (principal implicada en muchos de aquellos hechos), trazaron estrategias legales para no quedar implicados en los aberrantes hechos que ejecutaron o encargaron ejecutar.

Las principales tretas fueron, permitir a la prensa difundir algunas historias de Guantánamo y realizar algunas entrevistas en Abu-Graib obviamente controlado.

En su tarea de agencia de inteligencia, la CIA debe supuestamente obtener información que sea útil y conducente a la seguridad de su país pero nada se ha dicho que se avoquen a “crearla y/o producirla” en base a mentiras y falsedades las cuales obtienen con métodos cruentos y deleznables como los usados por los nazis y la vieja KGB de Stalin en la Unión Soviética o las extensamente utilizadas por  sus aliados israelíes contra los palestinos. Eso obviamente es la teoría.

traslado de prisionero de Guantánamo

El cumulo de arbitrariedades se estaba incrementando y las filtraciones conspiraban contra el secretismo de Washington. Las realidades de los campos de concentración de Guantánamo en Cuba, Abu-Graib en Iraq y Bagram en Afganistán solo eran la punta de un iceberg negro de la infraestructura de terror que habían desplegado los militares y las agencias federales estadounidenses y de sus colaboradores extranjeros. Los secuestros y las detenciones sin orden judicial ni indicio alguno[2], fue una de las tácticas que EEUU comenzó a implementar usando como modelo de procedimiento a las “detenciones administrativas” que ya aplicaban y siguen aplicando sus aliados israelíes contra la población palestina.  La ventilación de pruebas gráficas de las torturas, los abusos, violaciones y humillaciones a los prisioneros fue demasiado para la elite en Washington que necesitaba limpiar la imagen del país ante un mundo que observaba horrorizado.

Los documentos de Abu-Graib no solo demostraron que EEUU violaba en secreto todas las convenciones del derecho internacional humanitario sino que también, lo hacía sistemática y planificadamente en todas partes. Y no solo eso, sino que también para tratar de cubrir su participación (y la de aliados como Israel) subcontrataba a sujetos y empresas privadas para que llevaran adelante estos hechos aberrantes. Era demasiado brutal e injustificable para que alguien sintiera simpatía hacia lo que estaba haciendo EEUU.

A partir de allí se fabricó toda una charada mediatica que aparentaría respetar los derechos de los “detenidos” acusados –sin pruebas certeras- o sospechados de terrorismo, estando entre estos últimos todo aquel musulmán que criticara las atrocidades que se estaban cometiendo en Afganistán e Iraq. Para ello, Bush logro hacerse de una legislación invasiva y contraria a los principios constitucionales que tras ser implementada por el FBI[3],  más tarde exportaría a cada uno de los países que invadiría (USA Patriotic Act).

Los representantes demócratas más honestos del Congreso no daban crédito a las arbitrariedades que se estaban cometiendo y de las cuales tomaron conocimiento tras haberse filtrado por canales extraoficiales como el internet y de los testimonios de muchos veteranos que regresaban de Iraq y Afganistán.

A la par de esto y con intenciones contrarias a la transparencia de los actos gubernamentales, los neoconservadores y sus aliados sionistas buscaron todas las vías mediáticas y legislativas posibles para encubrir estos hechos. Parte de este encubrimiento se lleva a cabo dentro de la misma infraestructura gubernamental, especialmente de sus agencias federales de inteligencia quienes siguen demostrando renuencias en publicar los informes sobre estos hechos. Incluso más. Cuando se ha solicitado conocer los antecedentes de algunos funcionarios implicados en actos inhumanos y criminales como los referidos, las demoras y el silencio prevalecen.

Según se ha comprobado por fiscales federales, pese a lo requerimientos de desarchivo cursados a la CIA por parte de abogados independientes y sociedades civiles, en la mayoría de los casos son desoídos quedando los criterios y demás elementos que conforman esos informes cerrada al conocimiento público en general (Como fue el caso la designación de Gina Haspel como Jefe de la CIA). Incluso los jueces militares que abordan el caso del sospechado del ataque al “USS-Cole” en 2000, han corroborado que la CIA les ha proveido informes falsificados que obstruyen las investigaciones[4].

Cuando acceden a publicar alguna pieza informativa que tiene fines judiciales, se ha observado que sus contenidos están adulterados, mutilados o no responden a los requerimientos de transparencia haciendo que poco o nada valga dicha información.

Ello llevo a que se produjeran grandes choques internos entre los sectores que buscaban mantener vigente los principios de la constitución y quienes apoyaban esta verdadera cacería confesional instigada desde ciertos sectores influyentes del Congreso, los medios y las finanzas. Y para cerrar este escenario de terror estatal, los detenidos en el mejor de los casos, luego de recorrer un circuito siniestro de prisiones secretas de la CIA quedaban a disposición de tribunales militares ¿Eso es democracia?

Para tratar de escapar a las recriminaciones y el repudio internacional, Washington comenzó desde finales de 2006 a teatralizar un aparente respeto al derecho de defensa permitiéndoles a los detenidos ser asistidos por abogados.  De esta manera,  los detenidos tendrían el derecho a la defensa y sus abogados podrían investigar y recopilar material a los fines de verificar si existían elementos verídicos que sustentaran la prisión de sus clientes. Fue allí cuando encontraron reparos y presiones para lograr conocer los informes de inteligencia que involucraban supuestas actividades terroristas de aquellos.

Pero la reticente conducta de la CIA a proporcionar los informes que se le requería y aún se les requiere suele escudarse bajo el argumento de verse comprometida la “seguridad nacional”, justificando con ello las negativas o las mutilaciones de documentos que terminan siendo meros papeles manchados con tinta negra.

Si los argumentos para detener a una persona constaban en informes de la CIA, la misma agencia que había mentido descaradamente –entre otras- en sus informes sobre las armas de destrucción que supuestamente tenía Iraq ¿Qué garantías había de que no fabricarían los argumentos convenientes para justificar la detención de un simple sujeto? De no haber existido el activismo civil para la transparencia de los actos de gobierno que impulsan sujetos independientes y entes como la Freedom Of Information Act (FOIA) la suerte de todo lo ocurrido desde 2001 y la de estos desgraciados  sometidos a la detención clandestina en la red global de cárceles  de la CIA nunca habría salido a la luz y Washington habría logrado consolidar su relato victimzante y legitimizante en pro de justificar las aberraciones, que pese a la condena mundial, continua ejecutando en sitios como Siria, Yemen y Afganistán.


[1] Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense (PNAC en sus siglas en inglés)
[2] Caso del supuesto atacante de USS-Cole Abdel Al Rahim Al Nashiri.
[3] Formas y comunicados del FBI sobre intervenciones y espionaje a ciudadanos https://www.epic.org/privacy/terrorism/usapatriot/foia/field_rpt5.pdf

miércoles, 4 de diciembre de 2019


“CALMA RUIDOSA”
Hacía donde se dirige la Argentina desde el 10 de diciembre de 2019
Por Javier B. Dal
Un viejo amigo solía decirme, que mientras más calmado este un lugar más debes abrir los ojos y mucho más cuando ese lugar es una población inmersa en una crisis.  La suspicacia de mi amigo proviene de su veteranía tras años de haber intervenido en tres guerras y haber recibido varias heridas que le quedaron grabadas a fuego en la carne y también en su mente. Pero más allá de esto, hay situaciones que son análogas y pueden ser miradas con esta particular forma de ver las cosas.

Faltan pocos días para que en Argentina asuma un nuevo gobierno que además de contradicciones, se trae consigo un cajón lleno de incertidumbres.  A pesar de ello, la quietud social –en comparación a situaciones de Chile, Ecuador y Bolivia- es desconcertante.  Pero se sabe que por debajo hay un movimiento incesante que podría  estallar como un volcán.

Argentina es un escenario de estos. Alli todo parece apacible y las reacciones de la población ante una crisis socio económica que no termina nunca, parecen lentas y hasta en cierta manera demasiado tolerantes para las arbitrariedades que soportan. Entonces muchos se preguntan ¿Realmente existe esa crisis en Argentina? Ciertamente que si pero, ha sido desde hace décadas alimentada, mantenida y hoy reconducida por intereses sectoriales que favorecen a quienes manejan en último sentido al país. En un estado de cosas como el que se vive allí, es muy poco factible avance alguno. Es una sociedad de quejosos inactivos y de obsecuentes en la cual quienes han sobresalido han sido son los profesionales de la protesta como son los sindicatos, los piqueteros y sus lideres.

En Argentina la crisis engloba a una serie de otras microcrisis que poco a poco y a lo largo de los años, han disgregado el contrato social que la mantuvo hasta en algún momento, con algún grado de cohesión a la sociedad. Algunas de ellas son: la ausencia de transparencia en el ámbito público que ha propiciado una corrupción galopante tolerada y hasta festejada por la misma población y la falta de vocación por generar un destino común y definido para el país.

Hay una situación de anarquía burocratica y también política que afecta tanto al estado en sus tres estadios (nacional, provincial y municipal) como a la vida política partidaria.  

La ausencia de autoridad y la perdida de credibilidad en las instituciones públicas no solo pone en peligro cierto la existencia misma del país como un ente regional e internacional sino que reafirma la sensación ante el mundo de la falta de seguridad jurídica y con ello, de credibilidad que puede ofrecer el país.

La ilusión de una nueva realidad con un nuevo gobierno ya no engaña a una gran mayoría de los excepticos que no compran la polarización partidaria novelada entre el “Kirchnerismo” y los “macristas”. Solamente los medios y los periodistas serviles al Status Quo de turno, fabrican argumentos utilizando sus emporios y periodistas de lista, para mantener este supuesto antagonismo.  Incluso se esta viendo como muchos de los críticos y defenestradores del pasado kirchnerista con indisimulable obsecuencia y hasta desvergonzada hipocresía, se ponen la camiseta del gobierno entrante ante el temor a las prometidas represalias que se aplicaran a los colaboracionistas del Macrismo.

Pero a pesar del planteo de este “sistema de cosas”, un importante franja de la población ya están cansados del manoseo y no creen nada. Y es allí donde salen corriendo a tratar de que este pensamiento no se extienda.

Los intelectuales que sostienen todo esto suelen decir “dentro del sistema todo, fuera de él nada”, como una forma de condicionar e incluso frenar las protestas populares y los estallidos  violencia política que genera las injusticias de aquel;  pero ¿Qué es precisamente el sistema? Y es aquí los tonos grises se vuelven mucho más difuminados y pierden su distinción. 
Ellos (quienes se sirven del estado) tratan de alegar que el mismo representa la “democracia” y a cuento de ello, justifican entre otras, las arbitrariedades y la galopante corrupción. “El sistema” no es más que la infraestructura de un estado ineficiente y sobrepoblado de cual se valen estas mafias para hacer sus propios negocios. Dentro de él, no hay forma que ellos sean tocables consagrando la impunidad que el contubernio de la administración de justicia ha sabido consolidar. Es allí donde viene ese clamor hipócrita y conveniente que refiera “fuera del sistema nada”.  

El único gran problema del país no es socio económico o el hambre como descaradamente han mediatizado los denominados  “progresistas” y sectores de la desorganizada izquierda del país. La mala distribución y la inequidad  pasa por otro lado y es allí donde nadie quiere hacer algo. La venalidad en los cargos y los favoritismos personales sigue y seguirá siendo parte de la corrupción estructural que se enquista en el estado y que nadie esta ni estará dispuesto a erradicar.

La política partidaria, esa que juega dentro “del sistema”, sigue siendo un negocio redondo para los aventureros y los arribistas que buscan hacerse de cargos con salarios astronómicos en el área de los tres poderes quienes a su vez, llegados a sus cargos alimentan a sus propias huestes de obsecuentes y chupamedias que a su costa aspiran a un empleo en una secretaría, dependencia provincial o municipal a cambio de una lealtad vitalicia. Y ni hablemos de los negocios sucios que se vinculan a delitos que se dicen combatir pero que llenan los bolsillos de intendentes e intendentas de varios municipios. En este escenario ¿Quiénes deberían intervenir y mediar entre tanta trenza?

La administración de justicia es una de las instituciones más mal vistas por la población y ello no es una casualidad. Pese a que los argentinos suelen demostrar una abulia desesperante, el peso de la corrupción de este poder ha llegado a tal nivel y es tan visible que ya no parece ser tolerado por el común. Los repentinos cambios en los procesos de corrupción de los ex funcionarios del anterior gobierno de Cristina Fernández, entre los cuales ella también esta procesada por escandalosos casos de corrupción,  demuestra esa elasticidad y opacidad en la interpretación de la ley cuando se producen los cambios de gobierno. Una muestra de ello, son las manipulaciones que se han visto en las últimas horas en conformación de los tribunales que juzgaran a la ex presidente. En realidad no es una excepcionalidad argentina pero ello, no puede ser una excusa válida para ser tolerada.

Más allá de las supuestas ideologías de estos –supuestos- polos opuestos (Kirchnerismo vs Macrismo), ninguno plantea avances inmediatos para mejorar al país. La asunción de Fernández se ve envuelta en un tumulto de inconsistencias e incoherencias que tras los histéricos alegatos de “Cristina” ante la Cámara de Casación penal, ha dejado en claro que más allá de las apariencias, no habrá un gobierno tan solido y unido como se ha pretendido mostrar. El devenir de los meses revelara si estamos en lo cierto.