viernes, 7 de diciembre de 2018


VETERANOS DE AYER





QUILOMBOS AJENOS”

Cuál era el marco geopolítico del Medio Oriente cuando el gobierno de Carlos Saúl Menem y Cia decidió participar en la guerra contra Iraq de 1991 ¿Estaban en conocimiento y a la altura de aquellas circunstancias?




Por Charles H. Slim
Cuando el gobierno de la Argentina se involucró en la guerra contra Iraq en 1991, no tenían ni idea en la que se estaban metiendo; esto obviamente está referido a los gobernantes y mandos militares de ese entonces que no midieron en ningún momento las consecuencias de aventurarse en un conflicto como el que se desato en aquel momento y huelga decirlo, no ha terminado.

La ausencia de estudios e informes concienzudos sobre las raíces del conflicto, las posiciones  y los argumentos políticos e históricos de las partes involucradas, demostraría ese aventurerismo improvisado del cual se destacaba –y aún continua destacándose- la planificación de los sucedáneos gobiernos argentinos. Así como un sector del peronismo nacional mantenía una prosapia y encendida simpatía por las causas árabes y algunos de sus más destacados líderes, estaban (y continúan) los antagonistas situados en la vereda del frente alineados a Israel y su relato victimizante.

Tanto unos como otros, carecían de conocimiento acabado de las causas que decían apoyar  y fuere por ignorancia o por interés, recortaban a gusto las partes de la historia que mejor se acomodara a sus discursos. De esta manera, aquellos que reivindicaban al egipcio Abdel Gamal Al Nasser, al líder palestino Yasser Arafat o al libio Gadafy poco o nada conocían de las diferencias y las particularidades existentes entre los gobiernos y sociedades árabes más allá de las generalizaciones tan comunes entre los argentinos.

Lo mismo se aplica a los activistas y simpatizantes de Israel, quienes cerrándose en un discurso mesiánico y engañoso tratando de ocultar sus propias miserias, pretendían acusar de todo lo malo a los vecinos del estado implantado. En este grupo se hallaban los pro estadounidenses o quienes se autodenominan como “liberales”, un término que adorna muy bien pero que en realidad no dice nada.

Como ha quedado bien en claro por esta época, es que nada de lo que se decía era tan cierto como se suponía y existían aberraciones políticas en la región creadas deliberadamente por la interferencia de Washington, que jamás fueron conocidas y estudiadas por los responsables del área de exteriores y menos aún de la defensa argentina. A la complejidad de las relaciones sociales dentro del mundo árabe islámico se agregaba las inextricables  ambigüedades e inconfesables conexiones políticas dentro de este mundo que en apariencias mostraban o decían una cosa pero en la realidad representaban otras. Allí de que, ni todos los árabes son musulmanes ni todos los gobiernos de dicha región, tenían un compromiso firme con la resistencia “árabe-islámica” nacida del llamado “conflicto palestino-israelí”. Es más, varios de esos gobiernos trabajaban clandestina (y hoy quedaron expuestos) y activamente contra los intereses de aquel compromiso a tal punto de traicionar a sus propios hermanos.

La política es el arte de hacer las cosas posible podría decirse, y aquí en el Medio Oriente ese dicho se lleva a los extremos. Para ese entonces, la política exterior de los EEUU y de sus aliados europeos dentro de la región era en apariencias, moderada y de tratar solamente con los “árabes buenos” (como solían distinguir algunos en Washington) encarnados en las petromonarquías del Golfo Pérsico, la ambivalente monarquía del Rey Hussein de Jordania y los gobiernos laicos como el entonces Iraq, Yemen y Egipto.

Este solo es un somero bosquejo de las relaciones existentes allá desde la década de los setentas hasta entrado finales del siglo XX. Dentro de este, existía un entramado de relaciones secretas y subterráneas que se mantenían absolutamente fuera del alcance de la opinión pública y aún más lejos de los medios informativos que quisieran husmear en este campo. Y es que por aquel entonces y con el trasfondo de la “guerra fría” y el cuco del “comunismo”, haber sacado a la luz infidencias que hubieran complicado los objetivos estratégicos de Washington en la región, sin dudas habría sido pagado con la vida o la cárcel demostrando hasta donde llegaba la paranoia del autoproclamado “mundo libre”.

Aquella propaganda que incluso fue explotada hasta el cansancio por las peliculejas de Hollywood  en la que se veían a los árabes (sin distinción de nacionalidades) poniendo bombas a los pobres occidentales o a los atormentados judíos de Israel, enmascaraba una realidad tan contradictoria como siniestra en la que las lealtades solo pasaban por el dinero, los negocios sucios y claro, el poder. ¿Quién hubiera podido creer en los años setentas o incluso en los ochentas que los sauditas mantenían contacto con los supuestos enemigos israelíes? O incluso ¿Quién habría podido entender que la CIA trabajaba codo a codo con algunas agencias de inteligencia árabes quienes a su vez, tenían contacto con el odiado Mossad israelí?

Mucho menos existía en la forma como lo pintaban en occidente, esa “lealtad religiosa” que separaba con tanta claridad a los pueblos árabes islámicos de una cultura occidental encarnada en los valores “democráticos” de los EEUU y la entonces llamada “Europa libre”. Más allá de que caudillos árabes como Nasser, Arafat y Gadafy instauraron gobiernos nacionalistas abiertamente antiimperialistas, existían zonas grises por donde se movían los intereses inconfesables que traicionaban a sus bases ideológicas que terminaban traicionando a sus propios hermanos. Esto se vio con mayor profundidad con Arabia Saudita, un ente monárquico creado por Gran Bretaña en el periodo de entreguerras y que en la década de los setentas fue “él” aliado árabe contra el comunismo y el nacionalismo árabe. 
El caso de Kuwait no difiere mucho de su vecino ya que nació en 1960 tras haberse descubierto los riquísimos yacimientos petrolíferos del sur de Iraq para lo cual –y estafa mediante- se creó una secesión territorial con una población nómada que respondía a la corona británica.
Tras la segunda guerra mundial, EEUU hereda estos amigos con los cuales desplegaría sus diversos planes en la región. Acuerdos espurios, alianzas imposibles de creer y encargos sangrientos marcaron las relaciones de Washington con todos los actores de esta región (incluyendo a Israel por supuesto), como una forma de mantener a la URSS fuera del escenario.

Con el paso del tiempo muchas cosas fueron transparentándose y aquel halo de misterio que muchos investigadores e historiadores  supieron rodear a sucesos impactantes de la época, tenían en el fondo una explicación tan simple como humana. El caso del bombardeo israelí al reactor nuclear iraquí de “Osirak” en 1981, supuso una acción brillante de las FDI israelíes que –que desde la versión fantástica para consumo público- logro burlar las defensas aéreas de Jordania y Arabia Saudita, gracias en parte, a la pericia de los pilotos hebreos. Pero en realidad, aquello pudo ser realizado gracias a la colaboración de la monarquía hachemita que, trabajando en secreto con Washington, apago los sistemas de radar y dejo pasar impunes a los aviones israelíes. De ese modo los aviones F-16 A Netz y sus escoltas, pasaron sin problemas ida y vuelta sobre el desierto saudita.

A pesar de que la Casa real de Fahd se mostraba al mundo como el mediador en el conflicto árabe-israelí y mantenía buenas relaciones con el Iraq de Saddam Hussein, su servicio de inteligencia o mukhabarat colaboraba en el más absoluto secreto con la CIA y éste a su vez interactuaba al mismo tiempo con el Mossad israelí y con el “Iraqi Intelligence Service” (IIS) iraquí. A la palestra y por aquellas fechas, el Departamento de Estado, el Pentágono y por supuesto la CIA, empujaban al partido Baas iraquí para poner a raya a la revolución islámica de Khomeini en Irán no porque representara una amenaza ideológica para la geopolítica de EEUU y los árabes sunitas del golfo, sino por la amenaza económica que representaba la capacidad de producción petrolera iraní a los negocios de las compañías petroleras norteamericanas y británicas asociados –casualmente- los corruptos jeques de la península arábiga y también, para garantizar la estabilidad política de Israel.  

Todo era muy difícil de explicar y nadie podría haberlo creído en esos momentos. Recuerden que mientras Tel Aviv cancelaba el progreso nuclear iraquí, Washington estrechaba lazos con Bagdad de cara a encargarle el tema iraní. Incluso para cuando Israel invade el Líbano en junio de 1982 (días antes de que Argentina se rindiera en Malvinas),  el Consejo del 
Comando Revolucionario de Iraq presentó a Teherán una propuesta de alto al fuego para retirar sus tropas y dirigir los esfuerzos contra la agresión sionista. En ese momento en Washington creyeron que sus planes se vendrían abajo y buscaron la manera de mantener a Iraq en el frente de batalla contra Irán a como fuera y como primera medida lo sacaron de la lista negra de los países que apoyaban al terrorismo permitiendo que Bagdad obtuviera un crédito por 300 millones de dólares de la Commodity Credit Corporation (CCC) de la Secretaría de Agricultura de los EEUU, con el cual compraría granos y en caso de que Bagdad no pagase sus deudas por la compras, Washington respondería.

En tanto, las relaciones entre la CIA y la IIS de Saddam eran inmejorables, pero ello no era obstáculo para que al mismo tiempo aquella agencia no cortara sus lazos con los israelíes y los mukhabarat de las monarquías del golfo (en especial con Arabia Saudita) que en esos momentos apoyaban entusiastamente a Iraq. Para 1984 las relaciones con Iraq eran tan estrechas y positivas que la CIA obtenía valiosa información del armamento soviético que nutría los arsenales iraquíes e incluso cooperaban con el entrenamiento de células terroristas (con la cooperación saudita y paquistaní) que luego operaban en Afganistán, Irán y el Líbano.

Como contraprestación, Washington además de catalogar a Iraq como “aliado regional”, facilito a través de la CIA el acceso a las armas de destrucción masiva, entre las cuales se hallaban los agentes químicos “Sarín”, “Tabún” y “Cloro” que (además de usarlas contra los kurdos) servirían para frenar a los iraníes y que luego quince años después George W. Bush bajo falsos argumentos esgrimiría como justificación para invadir Iraq en 2003.

A todo ello y mientras la opinión pública se comía el relato oficial que los medios le vendía una lucha de los “buenos árabes” contra los “malos chiitas iraníes”, los israelíes metían la uña llevando adelante operaciones multimillonarias en contrabando de armas tanto para Iraq como para Irán. 
Además de obtener muy buenas ganancias, Tel Aviv se quería asegurar que ambas partes extendieran la contienda y se dañaran mutuamente. En el mismo plan estaba la CIA y fue en esas circunstancias que en 1985 se produjo el escándalo “Irán-Contras” que revelo el doble rasero de la política exterior norteamericana que involucró al Cnel Oliver North, dejando expuesto a la opinión pública, el involucramiento de oficiales militares y de inteligencia estadounidenses en la venta de armas a nada menos que a Irán.

Cuando se desato la crisis entre Iraq y Kuwait en agosto de 1990, EEUU estaba tanto del lado iraquí como de los kuwaitíes; incluso estuvo atento y manipulo el conflicto existente entre las partes por los campos petroleros de Rumaillah. Mientras a Saddam le susurraban al oído que los desagradecidos  kuwaitíes le estaban robando el petróleo del sur, otra delegación de la agencia le mostraba al jeque Al Sabah supuestas fotos aéreas que mostraban actividades iraquíes en su territorio. Como se ve, Washington jugo con ambas partes y se encargó de que las tratativas de Jeddah fracasaran propiciando la crisis que se desataría el 2 de agosto de 1990. Ahora bien ¿Acaso alguien en Buenos Aires y más precisamente dentro de la Casa Rosada conocía algo de todo esto por aquel entonces?



martes, 4 de diciembre de 2018


EN LA MIRA



“LAS ALTERNATIVAS GEOESTRATEGICAS DE MACRI”


Mientras los medios oficiales del gobierno de Macri festejan un supuesto triunfo de la diplomacia argentina en la cumbre celebrada en Buenos Aires, los hechos demuestran que las únicas alternativas viables para una salida medianamente soberana están en oriente


Por Charles H. Slim
La cumbre en Buenos Aires ha concluido y ya no quedan mandatarios de los países participes. Con cada uno de ellos se han ido también sus equipos de seguridad y servicios secretos. La seguridad en torno a la ciudad Autónoma y el Gran Buenos Aires se ha relejado y las diversas agencias y fuerzas de seguridad extranjeras que se hallaban dispersas a la espera de cualquier contingencia se han diezmado sin claro está, haber tomado nota de las características particulares del terreno, sus instalaciones y sus habitantes, como un cumulo de información extra y  valiosa para sus archivos de inteligencia.

¿Pero que ha dejado esta cumbre a la Argentina, además de estas situaciones anecdóticas? Desde una mirada positiva, el gobierno argentino ha logrado establecer muy buenos acuerdos de variada índole con varios de los países asistentes, especialmente con aquellos que el sector anglófilo del Establishment local no esperaba que se iba a lograr. Al mismo tiempo estos que esperaban acercarse aún más los interese de Washington y Londres, terminaron por encontrar que las delegaciones dichos polos de poder no estaban a la altura de las expectativas del mismo presidente Mauricio Macri y su gobierno.

En este sentido las posturas de los mandatarios  Trump y May poco o nada agregaron a los intereses argentinos en esta cumbre. Por el contrario quienes –como de costumbre-han obtenido ventajas estratégicas han sido estos dos visitantes, en especial la británica a la cual los obsecuentes medios locales calificaron de “histórica” pese a las históricas circunstancias que la rodean. 
De este modo, además de cerrar acuerdos con empresas de tecnología de comunicaciones como “Vodafone” y sugerir el interés de Londres de que su empresa de trenes se haga cargo de la concesión de los trenes de Buenos Aires que hoy por hoy explota Metrovías, Teresa May logro mantener el tema de la soberanía de Malvinas y la explotación ilegal de las aguas circundantes bajo la alfombra y acordar que haya un vuelo comercial que haciendo escala en Córdoba se dirija a las islas.

La importancia que le dio May al gobierno argentino se visualizó en su brevísima entrevista con Macri (solo 15 minutos), que similar a una charla de pasillo,  solo sirvió para demostrarle lo bien que el presidente argentino habla el inglés.

Las prometidas inversiones en comunicaciones digitales británicas no demuestran mucha inteligencia del gobierno argentino, claramente no. Es más; con semejante actitud se visualiza más como un amateurismo político que una actitud conciliadora.  Actuando una vez más como el avestruz, Macri hizo como si no pasara nada en torno a las conflictivas relaciones que perduran con Londres y que se mantienen vigentes con sus ilegitimas actividades en el Atlántico sur y la sospechada participación de la Armada Real en lo ocurrido al submarino “ARA San Juan” en noviembre de 2017, que ha venido siendo encubierta de forma escandalosa[1] por su gobierno. Asimismo darle a empresas británicas la concesión de un área estratégica y sensible como son las comunicaciones es como poner al GCHQ y al MI-6 al frente de la telefonía argentina, una medida poco inteligente.  

Sobre las pretensiones de Teresa May de establecer relaciones directas entre Londres y el Mercosur, las mismas adolecen de dos fundamentales problemas. Primero, que Argentina mantiene una buena y larga relación con la Unión Europea (por acuerdos comerciales), ente del cual Londres pretende desprenderse mediante el llamado BREXIT y segundo que la funcionalidad del Mercosur es prácticamente nula. En resumen, como era de esperar poco o nada aportan los británicos a los intereses argentinos y como ha sido una constante en estos 37 años, la relación entre Buenos Aires y Londres ha sido de mera subalternidad.

Igualmente y como una forma de refrendar esta adhesión a la política de estado de los países del norte, los principales medios del país anfitrión no se ahorraron los elogios y ese obsecuente ensalzamiento que manifiestan algunos de sus periodistas más notables de sus staff, haciendo que muchos colegas del periodismo británico se sonrojen de vergüenza ajena.
Macron merece un comentario aparte. Otro de los mandatarios mimados por la corporación mediática local y avenido en un maestro ciruela sobre la supuesta diferencia entre el nacionalismo y el patriotismo, mientras jugaba el papel de estadista del primer mundo Francia se incendiaba en medio de virulentas revueltas populares por su espantosa política económica.    

En lo que respecta a Donald Trump, poco más se puede decir. Solo basta recordar las infantiles actitudes demostradas por el mandatario en los primeros momentos de la cumbre para dejar en claro que Washington le dará a Buenos Aires lo que le parezca conveniente y nada más. El arrojar el auricular al suelo tras el recibimiento de Macri y su bochornoso desplante para la foto lo dijo todo. Si bien se dejó entrever que habrían llegado a un acuerdo sobre el aprovisionamiento de material bélico para las famélicas FFAA argentinas lo cierto es que ello no innova en nada en la acostumbrada  provisión de chatarra inservible que no podría soportar –atento al actual teatro internacional- un día de combate.

Como no podía ser de otra manera, Trump no dejo pasar la oportunidad para hacer sus típicos y torpes comentarios, que de haber sido atendidos, en particular por la comitiva china, la cumbre pudo haber  fracasado antes de que comenzara. Por suerte Xinji Pin fue más inteligente y como dice el refrán “el Cóndor no baja a cazar moscas”.

Y sobre el asunto Khashoggi, nada de nada. Trump ni May aludieron al tema y muy lejos estuvieron de condenar la presencia de MBS en la cumbre. Un rasgo de la hipocresía a la cual occidente ya tiene acostumbrado al mundo. Y que nadie se engañe por aquel gesticular saludo entre Putin y Mohamed Bin Salman, ello no significa que Rusia respalda las políticas pro estadounidenses en el Medio Oriente ni mucho menos.

Tal vez lo único positivo para este gobierno haya sido las auspiciosas entrevistas que tuvo Macri con los homólogos de Rusia y China, mandatarios que suelen ser pasto de los maliciosos comentarios de los medios oficialistas anglofilos. El listado de acuerdos que se firmaron con estos países, marcaron sin lugar a dudas el lado positivo a la cumbre, a lo menos para la Argentina que no se haya en el mejor de sus momentos económicos y políticos.


[1] El buque “Ocean Infinity” no solo tenía otros propósitos para su operatividad en el Atlántico sur, tampoco es de origen estadounidense sino británico, según revela la investigación de Javier Llorens. Trabajo publicado en el sitio: Pájarojo.com. http://pajarorojo.com.ar/?p=40810  

domingo, 2 de diciembre de 2018


EN DEBATE



CIA,  TRUMP, EL ASESINATO DE KHASHOGGI Y OTRAS INFIDENCIAS”

Cómo dice el dicho “cuando el gato no está en casa los ratones bailan”. Así podríamos resumir lo que los senadores republicanos y el socialista Bernie Sanders están haciendo para promover un impeachment contra Trump.  


Por Charles H. Slim
Para muchos, el asesinato del periodista saudita Jamal Khashoggi no pudo hacerse sin la complicidad de nada menos que de la CIA. El servicio de inteligencia saudita es un estrecho socio en las actividades de EEUU en la región y no hay ninguna novedad en ello. Esto a su vez revela que, para que la “Agencia” autorizara este deleznable crimen, tenía que contar con la autorización de la Casa Blanca, salvo que hubiera sectores que se manejaran con independencia de las directivas presidenciales. Pero ¿Por qué en esta oportunidad hay un revuelo en el Congreso norteamericano acusando al mismo presidente Donald Trump de haber autorizado la realización de este crimen? Antes que nada, descartemos cualquier sesgo legalista en ello. Sin lugar a errar se puede intuir que ello se vincula a las internas políticas que existen dentro del Establishment en Washington que aprovechan la ausencia de Trump para agilizar un impeachment en momentos que se hallaba participando en la cumbre del G-20 en Buenos Aires.

Más allá de las respuestas ambiguas y hasta torpes de Trump sobre la presunta implicancia de Mohamed Bin Salman en este crimen, su postura de mantener –a cualquier costo- la férrea alianza con Riad no lo diferencia en nada de sus predecesores.

Con ello se puede intuir que más bien habría una clara intensión de usar a Trump como “cabeza de turco” y exponerlo ante el público de casa y el externo como un energúmeno peligroso. Un argumento más para tratar de desbancarlo de la Casa Blanca. Pero ¿Hay asidero en esto? Aunque Trump no sea un político brillante –incluso es mucho colocarlo en  la categoría de político- sus maquinaciones de financista y estafador mediático no alcanza para manejar asuntos sucios como el secuestro, tortura y descuartizamiento de un periodista.  Ahora bien; si es posible que con su acostumbrada petulancia y sin haber atendido a consejos o por el contrario, haya sido pesimamente aconsejado, haya sido informado por arriba de los planes de Mohamed Bin Salman (MBS) y de su mukhabarat y para no quedar como un principiante, dio el visto bueno sin saber lo que realmente iban a realizar.

No se trata de lavarle la cara a Trump; para nada. Sus acciones pasadas demuestran con creces que es tan vil como inhumano y prueba de ello son los ataques en 2016 y 2017 y el apoyo solapado a las bandas como “Al Nusra” e “ISIS” en Siria, la misma política de guerra sucia sobre Yemen, el irreductible apoyo a Israel para declarar a Jerusalén como capital del estado judío (sin decir nada de las masacres que comete) y continuar con una política inmigratoria abiertamente racista que se ha agudizado con las caravanas de migrantes etcetc; pero en este alboroto ampliamente mediatizado en los medios estadounidenses, hay claras intenciones de cargarle un muerto que en realidad no es de él. Y en este sentido habría que preguntarse ¿por qué? Sin dudas, con ello se busca encubrir las ineludibles incumbencias de la CIA.

Estas reclamaciones son muy extrañas. Todos estos congresistas (salvo pocas excepciones) y sectores que hoy se rasgan las vestiduras por el brutal crimen de Khashoggi en territorio turco, se abstuvieron hasta ahora de muchos de los más injustos y horribles crímenes llevados adelante por las administraciones que pasaron por la Casa Blanca. Ninguno de estos por ejemplo han condenado la participación de sus tropas en Yemen, se callaron la boca ante las incumbencias de la CIA y demás agencias con el terrorismo de “Al Qaeda” y el “Daesh” ampliamente evidenciadas en Iraq y Siria  o, ayudaron a tapar las inconsecuencias de los ataques del 11/S o incluso gracias a éste último evento, aplaudieron de pie las falsas acusaciones contra Iraq lanzadas por el orate de George W. Bush.

Considerar esta actitud como un apoyo a las críticas de los mandatarios de la UE que no han creído en las versiones baladíes de Riad sobre la muerte de Khashoggi, no bastan para explicar esta postura.

De repente y en momentos que Trump se halla fuera del país, el senado promueve a bombo y platillo una resolución a los fines de cortar con la ayuda militar a la Coalición liderada por Arabia Saudita que, además de agredir ilegítimamente a un país soberano como Yemen, ha desatado una verdadera crisis humanitaria que la corporación mediática anglosajona ha tratado de silenciar. ¿Pero por qué se montó este ruidoso show en estos momentos? Más allá de que sea Bernie Sanders un político molesto para el sistema el senador que encabeza el proyecto de ley, suena muy raro que los republicanos, conocidos partidarios de la guerra y sustentadores de la farsa montada por Bush-Cheney  llamada “lucha contra el terrorismo” (implantada en Yemen en 2004), sean quienes lo secundan.

Todo parece ser una maniobra  a los fines de agregar un argumento más contra el odiado mandatario, pero nada más.

El único que pareciera ser sincero en sus reclamos es el sector que responde a Sanders ya que, no ha escatimado argumentos al momento de denunciar las injerencias de las Fuerzas armadas estadounidenses en las operaciones que se realizan contra Yemen con las horribles consecuencias humanitarias que en los EEUU nadie puede negar.

El involucramiento de Washington no solo pasa por la asistencia técnica y logística que (junto a Israel) le provee a las fuerzas regulares saudíes sino también, por la participación de fuerzas especiales, grupos irregulares compuestos de mercenarios de empresas privadas que sirviendo a la CIA, tratan de establecer el mismo patrón de guerra sucia como la instaurada en Iraq (con falsos insurgentes y bandas como el Daesh). Aunque los intentos han sido incesantes, la pericia de las fuerzas yemeníes (sin distinción entre Huties y fuerzas regulares) ha empantanado los intentos saudíes por ocupar el país.

Pero lo que más preocupa a los republicanos no son las matanzas en Yemen ni los abominables crímenes de guerra que aviones y fuerzas especiales estadounidenses –tanto de la CIA como militares- trabajando encubiertamente al servicio de Riad cometen desde hace años contra la población civil, no nada de eso. Lo que a ellos les interesa es resaltar las implicancias de la administración Trump en la autorización para llevar adelante el asesinato del periodista saudita Jamal Khashoggi, como si éste horroroso crimen tuviera mayor valor y entidad que la masacre de civiles inocentes como fue el de los cuarenta niños volados en pedazos por un misil “Hell-Fire” cuando viajaban en un bus.

Mucho menos creíble es, que estos senadores estén sinceramente preocupados por la legalidad internacional, la integridad física de los yemenitas o el respeto a los derechos humanos cuando nunca antes lo estuvieron.

Esta sorpresiva arremetida ha desatado una seria preocupación en los círculos de la administración presidencial, llevando a que el actual secretario de estado Mike Pompeo y el jefe del Pentágono James Mattis debieran pedir a los senadores que retiren inmediatamente el proyecto de ley acusando que el mismo va contra los intereses y atenta contra “la seguridad nacional” de los EEUU, argumentando la necesidad de “permanecer involucrados” en Yemen ¿Alguien necesita mayores aclaraciones?

Pero sobre las implicancias de la CIA en el siniestro evento en Turquía, no solo continua el mutismo al que acostumbra la agencia sino que su jefa Gina Haspel (la torturadora sonriente) hasta el momento ha brillado por su ausencia.