lunes, 15 de febrero de 2021

 

“EL DELFIN DE OCCIDENTE”

¿Cómo Washington y sus aliados de la UE buscaran desestabilizar a Rusia?

 

Por Charles H. Slim

El año comenzó con agitación e intrigas para el continente euroasiático revelando una agenda movida con objetivos concretos y dirigidos a estrechar las presiones contra China (iniciadas por Trump) y una evidente intensión de cambiar el Status Quo en Rusia que buscara desbancar al odiado Vladimir Putin. A nadie le es ajeno que desde el recambio en la Casa Blanca en enero pasado, Rusia ha pasado a ser una de las prioridades centrales para la política externa de la administración Biden-Harris, planes que comparte y acompaña Londres y para lo cual aprovecharan cualquier situación doméstica que concite criticas a la gestión de Putin.

Pese a que los medios occidentales supieron sugerir una relación bajo cuerdas entre Donald Trump y el Kremlin o más bien, una admiración de aquel a la personalidad de su homólogo Vladimir Putin lo cierto es que las sanciones económicas contra ciudadanos y empresas rusas siguieron imponiéndose sin ningún escrúpulo. Si Trump hubiera sido beneficiado por el Kremlin -como los medios han difundido de forma frenética- para ganar las elecciones de 2016 esto no sería muy coherente de entende ¿No lo cree usted?

El problema es que Rusia no es un país pequeño cualquiera al cual Washington puede estrangular con la imposición de bloqueos económicos y comerciales que lo obligue a arrodillarse simulando un consenso acordado. Aquí la “magia de la democracia” no funciona por el simple hecho de que ya conocen el truco. Aún con la vergonzante cooperación de funcionarios de la UE como el Alto Comisionado Josep Borrell (salido de las filas del PSOE español), EEUU no podría desestabilizar a la Federación rusa.  A diferencia de un pequeño estado, Rusia no solo puede resistir estos embates sino que puede replicarlos creándose una espiral sin término que al fin y al cabo, golpearan a EEUU. Sumado a ello, la UE (especialmente el Parlamento Europeo) que ha sido un acostumbrado obsecuente y prolongador de las políticas norteamericanas en Eurasia, últimamente se ve entrampado entre acatar a Washington o tratar de hacer la suya para no dañar sus ya delicadas relaciones con su mayor proveedor de gas (GAZPROM rusa).

Los líderes europeos lo saben bien y en especial uno de sus más pragmáticos lideres como Angela Merkel quien entiende que entrar en controversias sucias con Moscú puede significar el cierre del grifo y con ello, que los europeos se congelen en el invierno algo que de por si representaría –ante todo- una catástrofe política para su partido la Unión Demócrata Cristiana (CDU).

Como contraparte a esto, Moscú ha venido teniendo una política de acercamiento y cooperación con los principales miembros de la Unión Europea, principalmente con sus potencias económicas como Alemania y Francia quienes han demostrado su pragmática reciprocidad buscando la obtención de beneficios mutuos, algo que a Washington le disgusta en grado sumo y por supuesto, no permitirá que fructifique.

Para los Think Tanks americanos, la Federación rusa es un problema pero lo es mucho más aún, si sigue bajo la conducción de Vladimir Putin para lo cual no han dudado en hacer pronósticos –que más bien son expresiones de deseos- de cómo sería el mundo sin su liderazgo.

Así mismo, los anuncios del Departamento de Estado de Biden dejan claro que la política de estado de Washington no ha variado en grado alguno dejando demostrado que los cambios en la administración de la Casa Blanca, no condicionaran los objetivos estratégicos de su política exterior. El injerencismo y los planes de extender la hegemonía estadounidense pospuestos –en parte- durante la administración de Trump, se verán revitalizados con esta administración y prueba de ello es la reforma del Consejo de Seguridad Nacional (CSN) que reestableció en su composición a la representación de la CIA y los militares lo que evidencia, el regreso de las tácticas y operaciones sucias para respaldar la diplomacia de Washington.

En conclusión, las tácticas de guerra comercial que Donald Trump continuó de su predecesor,  no han funcionado como lo esperaban. Ello no significa que este tipo de acciones mermen o se detengan menos aún si consideramos cual es el posicionamiento de Joe Biden. Por el contrario, permitirá el regreso de los juegos sucios de la CIA como punta de lanza de sus despliegues en el exterior. En síntesis, su administración complementara esto continuando con la tarea que Barak Obama había implementado con el velado e ilegitimo fomento (puesto en evidencia con la llamada telefónica entre Victoria Nuland y Geoffry Pyatt) de las revueltas callejeras –encabezadas por bandas ultraderechistas apoyados por mercenarios extranjeros dirigidos por agencias de inteligencia- en Ucrania que llevó en febrero de 2014 al derrocamiento del gobierno pro-ruso de  Viktor Yarnucovich y el fallido intento de la OTAN por penetrar en Crimea.

Pese a lo logrado, el gobierno ucraniano que lo sustituyó no logró imponer su voluntad  causado por su desconocimiento y desobediencia en un  importante sector de la población ruso parlante, especialmente la del este en la denominada región del “Donbass” que dio lugar a una cruenta lucha que de no haber intervenido Rusia podría haber terminado en una masacre de los opositores al régimen pro-atlantista. Aquí el juego sucio de infiltrar equipos especiales y mercenarios enmascarados (como lo han hecho en Oriente Medio) tampoco pudo con la astucia y maniobrabilidad política de Putin que dejó en un impas lo planes de Washington por tener una puerta directa a Rusia. Es por ello que el mandatario ruso es un obstáculo para remover.

Ahora bien ¿Cómo llevaran adelante sus planes? La punta de flecha para esto es tener un lema, un eslogan rimbombante que de fundamento político para injerir dentro de la política de un país. Así como se uso a los derechos humanos en las décadas pasadas para justificar el intervencionismo bélico y las ocupaciones, hoy Washington apuesta a obtener algo de credibilidad respaldando de la boca para afuera a ciertos valores éticos. En el caso de Rusia la “anticorrupción” es la palabra clave y para ello se necesita una cara visible que le de a la lucha, una referencia personificada que ayude a juntar adhesiones dentro de la población.  Como se podrá ver, nada ha cambiado bajo el sol. Washington sin importar sus propias inconsecuencias y quien ocupe transitoriamente la Casa Blanca, no pedirá permiso para inmiscuirse en los asuntos ajenos para sacar ventajas estratégicas que crea convenientes. Fabricar un relato con personajes pintorescos y una mística que enmarque la situación, es uno de los trabajos que el Departamento de Estado encarga desde hace setenta años hasta hoy  a sus agencias de inteligencia como la CIA para penetrar en una nación y desorganizarla.  

¿Acaso se olvida usted lo que se fabricó en Bielorusia por mediados del 2020? Mientras se llevaban a cabo las supuestas manifestaciones espontaneas y democráticas lideradas por mujeres como Svetlana Tikhanouskaya y Veronika Tsepkalo que pedían una renovación en la política y la salida del presidente Lukashenko del poder, del otro lado las fronteras se movilizaban con preocupante premura tropas y equipamiento de la OTAN, mientras células de agitadores a sueldo  fogoneaban a los jóvenes en la capital  ¿Casualidad o subversión planificada? Ciertamente, la respuesta estaba a la vista.  

La misma formula se ha lanzado ahora contra Putin. Alguien de Rusia debía tomar la posta y clamar a los cuatro vientos una imagen negra del mandatario ruso. El elegido se llama Alexey Navalny, un abogado de nacionalidad rusa y activista opositor al gobierno de Vladimir Putin a quien lo acusa públicamente  de ser corrupto, situación que había venido denunciando desde su Blog y su cuenta de Facebook. Sobre como lleva adelante estas actividades, algunas fuentes extraoficiales habían señalado que Navalny contaba con el apoyo tecnológico estratégico de alguna agencia de inteligencia a fin de evadir los contrafuegos de seguridad cibernética existentes, que le permitiera colgar sus artículos acusatorios en la internet dentro de la Federación.  Esto se vino a confirmar en octubre  2020 tras las declaraciones del portavoz del Kremlin Dimitri Pezkov acusando de forma directa de que Navalny trabajaba para la CIA dejando en claro que, era la agencia la que se valía de él para conseguir sus propósitos ¿Algo inesperado para Rusia?

Navalny salto a la fama pública el año pasado tras ser presuntamente envenenado por los servicios secretos rusos (FSB) en un viaje que realizo a Siberia. La base para acusar a Moscú por este acto fue el tipo de veneno utilizado, el “Novichok” el mismo que había sido usado en marzo de 2018 contra el doble agente Skripal y su hija en un parque de Salisbury,  Reino Unido y el cual se determino que ese mismo veneno no era exclusivamente producido por Rusia, sino que también se elaboraba y almacenaba en los laboratorios militares de “Porton Down” en –causalmente- Salisbury.

Pese a que Londres y en particular el gobierno de Teresa May inflo mediáticamente el hecho tratando de crear un incidente internacional que buscara la condena pública contra Rusia por el presunto uso de “armas químicas” de su exclusiva fabricación, puestas a la luz estas incoherencias –que trataron de refutar con informes de sus expertos- hicieron que sus planes se vieran prontamente aguados y por ende, fracasado el intento de promover la condena esperada y el incremento de tropas de la OTAN en Europa del este.

Con el caso Navalny pasó algo parecido. Pese a que lo habrían envenenado con el mismo agente “Novichok”, sus perpetradores fallaron en su cometido ya que, como es sabido tras ser hospitalizado, siguió con vida y con suficiente fuerza para continuar desde Alemania con sus actividades políticas. Su arresto el 17 de enero pasado se dio en el marco del intento de organizar y encabezar las movilizaciones en Moscú, hecho que no tardo en ser magnificado por los medios anglosajones que siguen los lineamientos políticos de Washington. Tal como lo señaló el mismo Putin en una entrevista de haber sido real la autoría de los servicios secretos en el hecho “no habríamos fallado” sentenció.