domingo, 8 de enero de 2017

NACIONAL





“ESTRATEGIA DE LA IMPREVISIÓN”

Cómo décadas de desguace de las estructuras estratégicas del estado y la corrupción política han sido responsables del desastre que sacude a gran parte del país




Por Pepe Beru
Solo cuando ocurren las cosas es cuando reaccionan los ineptos solía decir un jefe que tuve alguna vez.  A pesar de que han cambiado los tiempos y la tecnología proporciona muchas comodidades lo cierto es que las conductas previsoras nunca pasan de moda y mucho menos en lo que hace a los recursos que el estado debe tener alistados para previsiones que amenacen sus intereses tanto internos como externos. Esto a cuento de los impresionantes incendios que se desde el mes de noviembre se han propagado por tres provincias argentinas sin que las autoridades hubieran podido combatirlos con eficacia.

La labor de los bomberos locales y de grupos de voluntarios ha sido encomiable pero no suficiente para combatir este tipo de incendios de amplisimos frentes que se han visto agravados por la aparición de vientos rápidos que cambian de dirección en pocos minutos. Incluso varios rescatistas que se veían visitados por periodistas y políticos exclamaban “no necesitamos cámaras de fotos y políticos, necesitamos aviones hidrantes”.

Detrás de esta tragedia propiciada por una inusitada inclemencia del clima hay el relato de una larga política de abandono, corrupción y desestructuración de los principales recursos provinciales y en especial los nacionales, que de haber existido hubieran evitado en un alto grado, los  daños que aún se siguen registrando. Los políticos argentinos una vez más demuestran hasta donde llega su ineptitud y su clara falta de vocación de gobierno, al menos así se desprende de las improvisadas políticas que se han desplegado para tratar de combatir frentes de fuego que sin pausa avanzan  desde el oeste por la provincia de la Pampa y desde el suroeste por la provincia de Río Negro, que por efecto de los vientos están llegando al sur de la provincia de Buenos Aires en cercanía de la localidad de Bahía Blanca.

Las pérdidas registradas en campos, cosechas, ganado y hasta propiedades incineradas son parte de un gasto que la imprevisión gubernamental deberá afrontar pero, sin lugar a dudas de que se hace urgente que el gobierno nacional comience a reestructurar y en serio, sus estructuras estratégicas que de haber estado en pie, pudieron haber sofocado estos violentos incendios en un tiempo mucho más reducido que lo que está costando aún.

Lo que para la realidad de otros países puede ser un tema atendido y hasta de segundo nivel en importancia, para la Argentina la corrupción que ha desestructurado amplios sectores del estado es un tema que aún no ha sido profundizado y esta contingencia natural lo ha puesto en evidencia. En este sentido algunos se han preguntado ¿Dónde están los aviones hidrantes especialmente diseñados para intervenir en este tipo de eventos o los aviones de la Fuerza Aérea que pueden ser adaptados para llevar tanques de agua en sus bodegas?
Fumigadores que se usan como hisdrantes

En otro país éste tipo de cuestionamientos no tiene asidero y se da como un hecho, de que estarán los recursos disponibles para hacer frente a una contingencia semejante.

Si esa pregunta fuera realizada a alguno de los políticos que suelen aparecer en los circos mediáticos televisivos y que son conducidos por muñecos de alta voz con buenos salarios, seguramente que lo único que vería el espectador serían muecas de desconocimiento y hasta tal vez alguno de ellos, se atreva a estructurar alguna respuesta con argumentos delirantes que tiren la pelota a décadas antes y si fuera posible, a la “época de los militares”.  Pero en medio de este rumiar de todos estos políticos, está la historia de uno de tantos actos de corrupción de la “década ganada” que se cobraron con los fondos públicos y que además causó ingentes daños en la provincia del Chubut por allá en 2015.

En ese entonces la provincia sufrió uno de los incendios más grandes que se podía recordar y el entonces gobierno kirchnerista había anunciado que se habían comprado uno 27 aviones hidrantes con los cuales –de haber existido- se hubiera podido hacer frente a esta contingencia. La provincia solo contaba con aviones monomotor turbo que fueron readaptados de fumigadores a insinuados hidrantes que no pueden cubrir mínimamente las necesidades que demanda un incendio como el que arrasó miles de hectáreas chubutenses.
C-130. avión de transporte

La supuesta compra de esos aviones habían costado unos 57 millones de pesos que obviamente, salieron del erario público. Pero para cuando se presento la ocasión para combatir estos incendios, los aviones nunca aparecieron y por supuesto, los 57 millones tampoco volvieron a las arcas del estado.

Haciendo un pequeño ejercicio de deducción, veremos que con aquella suma solo se podrían haber comprado una determinada clase de avión que  precisamente no reúne las condiciones óptimas para el combate de fuegos de alta intensidad.  Lo que supuestamente habrían tenido en vista para la adquisición fueron pequeñas avionetas con una cantidad limitada de carga hídrica, totalmente inoperantes para el tamaño y extensión del territorio argentino.

Pero si no habían estos equipos a la mano de la defensa civil, ¿por qué no coopera la Fuerza Aérea? Se sabe bien que en otros países, incluso vecinos, la asistencia militar para catástrofes naturales es casi un recurso que se da por inherente a la batería de recursos que el estado puede acudir para solucionar problemas en los que la movilización de equipos, personal, resguardo de bienes y personas  se haga necesario. 

En el caso de Argentina esto no sucede. El motivo de ello está en la carencia de este tipo de aviones o incluso helicópteros de gran porte que también podrían ser adaptados para albergar tanques de agua provisorios.

Según algunos precios de mercado, los aviones de transporte como “Hércules C-130” en sus versiones clásicas rondan actualmente unos 25 millones de dólares la unidad pudiendo hallarse otras alternativas tan loables como asequibles.  El avión ruso “Beriev B-200”  sería una de las alternativas más acertadas para combates de incendios de grandes proporciones. Su tamaño y su diseño hacen que pueda albergar varias toneladas en peso de agua mediante recogida de agua de lagos, ríos o incluso el mar.

También existen en vidriera aviones como el “Antonov” de fabricación rusa que además de ser mucho más amplio y con mayor capacidad de carga, tendría un costo menor  en su precio algo que no es poco para economías enfermas como la argentina. 

Con éste ejemplar el país resolvería dos problemas a la vez: dotaría a su Fuerza Aérea de una movilidad operativa de la cual actualmente carece y un recurso alternativo para atender un problema extraordinario como son los incendios tan vastos.
Y-8 chino

Otra alternativa no apta para “anglófilos” es la adquisición de aviones de transporte “Shaanxi-Y-8” de fabricación china. Con un porte similar al C-130 y con cuatro motores a hélice que le proporciona mayor maniobrabilidad a baja cota, ésta versión china de un avión multipropósito podría resolver los problemas logísticos de las FFAA y en especial, atender en situaciones de emergencia como actualmente debe lidiar el país.

Si bien el problema de fondo –como acostumbradamente se argumenta- es la continua falta de fondos que los gobiernos suelen acusar por sus malas políticas administrativas y la galopante corrupción existente en el país, haciendo un pequeño ejercicio de la lógica y el sentido común nos mostrara que en solo dos años Argentina puede adquirir una flota respetable de aviones que puedan resolver estos problemas. Veamos, si durante la era K, se crearon ciento de miles de puestos públicos para esconder el gran problema de la desocupación,  si hacemos algunas cuentas veremos cómo se puede reestructurar una fuerza aérea polivalente con solo un manejo transparente de las cuentas.
Canadian CL125T

Si tan solo consideramos que en promedio estos ñoquis K cobraban en puestos administrativos de bajo rango unos 13.500 a 14.000 pesos mensuales, otra franja de ñoquis de más alta graduación y con mayor compromiso político como eran los de la “Campora” que se enquistaban en puestos y empresas clave, se alzaban con sueldos de entre 80.000 a 150.000 pesos mensuales (para ser conservadores). Si tan solo tomáramos doscientos de estos parásitos y sumamos lo que cobraban por mes la cuenta nos daría la friolera suma de 16 millones de pesos mensuales; si a esto lo multiplicamos por un año esta suma nos da 192 a 200 millones de pesos y solo por un puñado de “empleados públicos” que solo tenían como mérito, ser chupamedias del poder de  turno. Está claro que esta obsecuencia rentada no puede existir sin un oferente que pague por aquella por lo que, quedará en manos de la tan discutida justicia revisar todas estás incongruencias que hoy le cuesta al país, estar sin una infraestructura real para cumplir con los objetivos de proteger el interés general.

Según las estadísticas de pérdidas que tuvo Aerolíneas Argentinas hasta noviembre del 2014, la empresa intervenida por el gobierno K perdió la friolera suma de 984 millones de dólares estadounidenses que se fueron por las grietas sin fondo de la corrupción. 

Con este dato, podemos ver que además de que la Argentina pudo haber adquirido cómodamente cinco aviones hidrantes canadienses como el CL215T o diez C-130 J que traerían un alivio a la famélica Fuerza Aérea, hubiera prevenido todos los daños que se están produciendo por la imposibilidad de atacar los frentes de fuego.  

Sin lugar a dudas que con un ahorro semejante, el problema logístico y de material para combatir a desastres naturales como los que actualmente están azotando al país, se verían ampliamente paliados pero ¿Existe voluntad política para ello?

  




   

jueves, 5 de enero de 2017

VETERANOS DE AYER




“RECONOCER EL SERVICIO”

Cómo evadir la situación de los combatientes del Golfo Pérsico de 1991 y su correspondiente reconocimiento compromete sus derechos




Por Charles H. Slim
Se dice que para que algo no se olvide, debemos conocer un poco la historia. Han pasado largos veintisiete años desde que el gobierno argentino tomo la inédita decisión política de ordenar el envió de la fuerza naval de batalla “G.T.88” que representó una bisagra tanto en las operaciones navales como en la vida política del país. Ambas fases de esto no son poca cosa.  La llamada crisis del Golfo Pérsico y su posterior conflagración en 1991 fue una cuestión tan destacable para la geopolítica internacional como peligrosa.  

Aquel acontecimiento que sacudió al mundo y que sigue manteniendo actualidad geoestratégica y militar demuestra que aún sigue habiendo un entendimiento “amateur” de lo que significó y significa, el tema de aquella guerra y sus posteriores consecuencias.

Cuando hablamos de “Amateur”, nos estamos refiriendo al manejo político de un caso particular y hasta disonante que hallamos en el grupo de países que participo de la llamada Coalición Aliada coordinada y comandada por un Comando de Operaciones angloestadounidense.  Nos referimos al caso argentino y su grupo de tareas “G.T.88” que dio una valiosa cooperación en las operaciones militares dentro del radio del Teatro de Operaciones que se había trazado. Cada país que participo en estas operaciones reconoció a sus grupos de tareas y a los hombres que los componían los derechos que sus legislaciones y  ley internacional les otorga el haber participado en semejante guerra.

Con variaciones en las interpretaciones que cada país le dio a la participación de sus unidades militares  todos les concedieron un reconocimiento generalizado a sus hombres que abarca desde las condecoraciones oficiales y el otorgamiento de beneficios compensatorios y previsionales que en la actualidad son indiscutibles (https://gobierno.usa.gov/beneficios-familias-militares#item-35707 ).  Para citar tan solo a uno de los casos más estrafalarios en comparación a la situación de aquella delegación argentina, veamos el caso de Bangladesh, un país asiático musulmán lindero con Pakistán que envió nada menos que unos 2.150 hombres de infantería para resguardar  previo al lanzamiento y luego de las operaciones militares las zonas fronterizas con Arabia Saudita y Kuwait.

Prácticamente no hubo contacto con los iraquíes y tras vencer el plazo del ultimátum se replegaron por órdenes del USCENTCOM para cuidar las espaldas de las unidades de los US marines que ingresaron a Kuwait por el flanco fronterizo saudita. Jugaron el papel de custodios del terreno ganado y cuando regresaron a su país, el gobierno de la primera ministra Jaleda Zia  les reconoció su condición veterana con los beneficios que dicha situación les accede.

El caso de Australia es más cercano a la realidad militar argentina –al menos en aquel momento- y en él también se cumplió con creces la deuda con sus miembros enviados al Golfo Pérsico que participaron con parte de las dotaciones del “HMAS” Sidney”, “HMAS Adelaide” y “HMAS Darwin” en la llamada “Operación Damasco” y que se extendieron luego de aquella guerra. Solo un pequeño grupo de hombres de su Armada participó con los británicos en operaciones del S.A.S. en la primera línea pero ello no resto mérito a sus colegas embarcados.  Lo cierto fue que el gobierno del primer ministro Bob Hawke quien tras el recambio de los hombres que habían participado en la llamada operación “Tormenta del Desierto” recibieron el correspondiente reconocimiento como veteranos de aquella campaña.

Igualmente esta breve reseña a dos ejemplos tan distantes como incompatibles, nos muestran que la ausencia de tratamiento para el caso de los marinos argentinos que participaron en aquellas operaciones de combate, evidencian un destrato, una arbitraria discriminación que evidencia a su vez una violación al derecho al trato igualitario que se halla expresamente previsto en la Carta magna de la república Argentina. Incluso esta situación inentendible, tiene una extensa cobertura legal en el llamado derecho internacional, que por el grado de legislación que esta representa para el sistema constitucional argentino, tiene validez dentro las situaciones en el que aquel se halle involucrado.

Claramente el gobierno argentino se hubo saltado constate y convenientemente el cumplimiento de estas preceptivas que obligan al estado, como miembro adherente a los pactos y tratados, a respetar estos derechos y garantías de jurisdicción internacional.

Esta rama del derecho internacional es nada menos que el llamado “Derecho Humanitario” que en el marco de Naciones Unidas, tiene como objeto de estudio y aplicación, al respeto de los derechos de los principales actores dentro de una conflagración sea esta de grado local, regional o internacional.  La regulación de estos derechos incluyen tanto a los combatientes regulares (Fuerzas armadas), irregulares (mercenarios), civiles y terceros que puedan participar en alguno de los bandos. Si vemos lo que sucede con los argentinos claramente los “mercenarios”  que actualmente actúan en Yemen, Siria e Iraq tienen más posibilidad de ser compensados por sus servicios que aquellos.

Este derecho se nutre de los Protocolos y Convenciones internacionales que a su vez se han desarrollado por la experiencia fáctica de las terribles guerras que se han llevado a cabo en Europa especialmente en lo que fue de finales del siglo XIX y el transcurso del siglo XX (I Guerra y II Guerra). Pero también y por el avance de la tecnología y de las implicancias que ello conllevo para la seguridad y la integridad de los habitantes civiles que un conflicto podían afectar, se fueron estudiando la perfectibilidad de cómo operar con dichos protocolos en una realidad tan mutable que han convertido a las ciudades en campos de batalla.

Sin lugar a dudas que el Convenio de Ginebra es el centro y la fuente para el reconocimiento de éstos derechos, que originados por la CICR ha sido la plataforma ineludible para el respeto de los lineamientos que hacen, en cuanto a los combatientes (Estatuto del Combatiente http://www.un.org/es/about-un/    ), el respeto a sus derechos cuando ellos han cumplido con misiones que se enmarcan en acciones que hacen en última instancia a una “guerra”.  

Según se conoce en la experiencia de Argentina en cuestiones de conflictos bélicos modernos –en especial el de Malvinas- es bastante amplia en comparación con los demás países de la región; pero pese a ello, su situación jurídica en lo que hace al reconocimiento de los derechos de sus combatientes ha sido lamentable –especialmente desde 1983- siendo recientemente reconocida tras años de ingente lucha. Esto no hace más que confirmar los pésimos antecedentes de discrecionalidad política que los gobiernos argentinos han tenido para con sus propios hombres de servicio.

Precisamente han sido esos actos de servicio que cumplidos en interés y beneficio de las políticas del entonces gobierno argentino, son los que han sido raleados acudiendo a todo tipo de excusas baladí (ej. Cascos azules; Misión de paz; Mandato de la ONU etc). 

Pero más allá de las pretendidas excusas políticas en las que se han amparado cada uno de los gobiernos pasatistas que fueron postergando estos derechos,  los combatientes claramente estuvieron y aún parecen estar totalmente desinformados de que esta batería de derechos y las herramientas legales para que se cumplan los mismos, estaban a su disposición.

Y solo nos estamos refiriendo a la parte estrictamente básica y primordial de los derechos que nacen de un combatiente que ha participado en una conflagración internacional. En este punto podemos intuir que es muy posible que el gobierno argentino y sus legisladores crean que con algunas leyes locales como la ley 23.848 y sus respectivas reglamentaciones, puedan aplicarlas a la situación de los hombres del golfo pérsico mediante el uso de la analogía. De ser ese el razonamiento claramente están en un error.

La guerra del “Golfo Pérsico” fue un conflicto con especiales características, desarrollado en un teatro de operaciones de ultramar y bajo el comando militar operacional extranjero, no es posible que sea tratado con aquellas legislaciones que claramente fueron proyectadas para una guerra diferente. El único elemento que podría aportar la experiencia legislativa que regula la situación de los combatientes en Malvinas es sin dudas, el elemento técnico y la reglamentación para determinar el involucramiento de las unidades navales dentro del área operacional que se denomina como Teatro de Operaciones.

La fuerza de tareas G.T.88 de la Armada Argentina ingresó al área del Teatro en Diciembre de 1990 e inmediatamente comenzó su tarea conjunta con las armadas de otras naciones, todas bajo el comando norteamericano con su Cuartel general en Dahram, Arabia Saudita. Cabe recordar que más allá de las implicancias políticas y los equivocados argumentos esgrimidos por algunos funcionarios argentinos para desentenderse de esta misión, las resoluciones emitidas por Naciones Unidas tras la invasión del 2 de agosto,  las mismas eran de carácter no vinculante para los miembros del foro y no constituyeron –como erróneamente lo han señalado algunos- un mandato o autorización para participar en campaña bélica alguna. Incluso –y cabe remarcar- el accionar que las naves argentinas que participaron en las operaciones bajo la denominación “Alfil I” realizaron claros y reconocidos actos hostiles contra Iraq como fueron el bloqueo marítimo y comercial que requiere el uso de la fuerza suficiente para que sea efectivo ( Declaración relativa al Derecho de la Guerra Marítima  de 1909)

A todo ello, la preparación constante a una posible reacción aérea o misilistica desde las costas kuwaitíes contra cualquiera de las unidades que navegaban dentro del Teatro, dejan en claro que las dotaciones de los buques “ARA Ate Brown” y “ARA Spiro” no solo cumplieron prolijamente con sus asignaciones establecidas por el Comando Naval aliado (USNAVCENT) sino que, tal como lo indican los abundantes testimonios documentales, gráficos y fílmicos de la época, las tareas implementadas nada tuvieron que ver con la denominación “dotaciones regulares en tiempo de paz” no solamente por la calidad de lo cumplido sino también, por las circunstancias que rodearon las operaciones “Escudo del Desierto” y “Tormenta del Desierto”, signadas por una tensión previa efectivizada con el bloqueo y escalada bélica que situaron al conflicto como el más destructivo y de “alta intensidad” de finales de siglo.



miércoles, 4 de enero de 2017

INTERNACIONAL





“CABEZA DE TURCO”

Qué fue lo que realmente ocurrió en Estambul en la primera hora del nuevo año y quiénes son los posibles autores?





Por Charles H. Slim
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El último ataque terrorista que sacudió a Turquía justo a comienzo del año nuevo, vino a despertar más sospechas de que todo lo que se ha venido discursando sobre el terrorismo y su dinámica,  es más bien  una gran charada dirigida desde un lugar muy distinto al que la corporación mediática sionista ha tratado de instalar en el imaginario colectivo mundial. Pasadas la 1:18 de la madrugada hora de Estambul, un sujeto disfrazado presuntamente como “Santa Claus” entro a un elegante y exclusivo night club “Reina de Estambul” concurrido por la selecta clase rica turca y por los turistas adinerados que suelen llegar de Europa.

El ataque fue tan sorpresivo como shockeante. Armado con un fusil de asalto “AK-47”, aquel hombre enmascarado comenzó su raid de muerte disparando desde la calle, matando a varias personas que se hallaban en la entrada. Tras penetrar a fuego limpio en el interior y recambiar los cargadores de su arma, terminó fríamente con la vida de 39 personas y más de sesenta heridas entre las que se hallaban ciudadanos turcos y muchos turistas extranjeros. Culminada su faena se acomodo la ropa  y salió raudo de allí para perderse en la lluviosa noche de año nuevo.

Un detalle que se debe señalar, es el comportamiento y los movimientos de este sujeto y que fueron  tomados por una cámara de vigilancia de la entrada de la discoteca. 

Claramente calmado, caminando  apuntaba y abría  fuego en ráfagas cortas contra sus blancos de oportunidad; eso no lo haría un demente o un loco improvisado.  La versión oficial difundida por los medios “había sido ISIS”, “el Estado Islámico” o publicaban titulares tales como “El Estado Islámico reivindico el ataque en Estambul”.
secuencia de la cam de la entrada

Toda esta psicosis innegable ante tanta locura, pretendía ser explicada con el gastado argumento de que “había sido ISIS” y hasta allí llegaría la noticia.  Los movimientos ejecutados y su forma de emplear el arma delatan una profesionalidad que escaparía a un supuesto loco aislado fanatizado por la dialéctica del “Daesh”.  Otro detalle era la misma arma y las municiones empleadas, que desde que aquella franquicia comenzó a ser la supuesta autora de ataques en suelo europeo, los controles para detectar armas de contrabando habrían hecho muy difícil pasearla por territorio turco.  Pero las pasadas filtraciones informativas, los documentos y testimonios recopilados en Siria e Iraq que revelaban la real naturaleza de esa “franquicia” obligaba a que muchos comenzaran a profundizar en quienes realmente pudieron haber sido los verdaderos orquestadores de estos golpes como el llevado en Estambul.  

Lo visto no era nuevo. Si nos retrotraíamos a ocho años antes, aquel extraño ataque de supuestos integristas islámicos de “Al Qaeda” –la vedette del momento- en Bombay, India, dejó al descubierto varias pistas que evidenciaron que los perpetradores no eran aficionados y además, sus mentores estaban relacionados con agencias de inteligencia entre ellas la CIA.

Su complejidad en la ejecución solo se comparaba con la de su planificación para la cual debieron contar con un importante soporte de inteligencia y una clara apoyatura de terceras agencias que tienen acostumbradas conexiones con grupos radicales en Asia como el ISI pakistaní, un antiguo aliado de Washington en la creación de “Brigadas Islámicas” y del mismo programa “Al Qaeda”  (Globalresearch.ca. “Al Qaeda and the war on terrorism”. http://www.globalresearch.ca/al-qaeda-and-the-war-on-terrorism/7718 )

Lo orquestado en Bombay en aquel momento fue en el marco de las disputas que existen entre la India y Pakistán por el territorio de Cachemira, un enclave conflictivo que ha venido siendo foco de intrigas y manipulaciones por propios y ajenos, especialmente de EEUU que trata de usufructuarlo para concretar sus planes geoestratégicos que, usando a la India como un pivote regional, busca como objetivos prioritarios  rodear a China y a la Federación Rusa.
Epilogo del ataque en Bombay

Con ese episodio de Bombay, Washington y la corporación de medios angloestadounidenses, proyectaron el peligro de “Al Qaeda” sobre una nación multiconfesional y con fuertes antagonismos étnicos religiosos que nunca fueron saldados. Pero el tiempo demostró que ese peligro era tan falso como el Islam de “Al Qaeda”.

Con solo este antecedente, veremos que hay un pequeño salto en el relato mediático –léase de Washington-  y ese es, el conveniente cambio de villano ante los ojos de la opinión pública. En esa oportunidad “Al Qaeda” era el cuco y Bin Ladem era su cara visible, un embuste que quedo comprobado con los pésimos videos elaborados por la CIA durante la administración de Bush y que muy convenientemente en mayo del 2011, en medio de fuertes controversias sobre la veracidad de la lucha contra esa franquicia,  la administración Obama pretendió cerrar cualquier cuestionamiento haciendo público la supuesta ejecución de Osama Bin Ladem en una villa de Pakistán.

Para tratar de entender que es lo que ocurre en Turquía, debemos considerar algunas cuestiones. Primero, no caben dudas de que existen fanáticos islamistas que han sido una constante fuente de problemas para los mismos partidos islamistas (AKP) que tratan de ayornarse a las nuevas circunstancias,  pero no son los únicos fanáticos que existen en Turquía, esto a cuento de desmitificar algunos convenientes artículos que tratan de volcar las culpas de lo ocurrido a y solo a los turcos (Foreing Affair. https://www.foreignaffairs.com/articles/turkey/2015-10-28/turkeys-politics-terrorism. ) 

Hay una gran variedad de tendencias extremas que van desde aquellos pasando por facciones kurdas marxistas (PKK), kurdos nacionalistas, turcos marxistas, izquierdistas turcomanos, nacionalistas laicos (MHP) y podríamos continuar.    Una verdadera constelación de grupos celulares extremistas que no vacilarían en poder acometer sus acciones cuando la oportunidad lo hiciese posible. Y entonces es allí donde comienzan las preguntas ¿Quién puede tirar de los hilos para utilizar a algunos de estos grupos para concretar alguna operación sucia que cubra la verdadera autoría intelectual? O también ¿Cuáles pueden ser los motivos para generar estos brutales atentados que dañan a inocentes?

Respondiendo con algún grado de laxitud, solo invitamos a los lectores a rever los sucesos violentos más destacados acaecidos en el año que se había ido.  Enumerar los atentados que se realizaron en suelo turco solo sería una simple reedición de noticias pasadas; lo que aquí importa es determinar quienes estaban en condiciones de ejecutar estos ataques y sus motivaciones. Haciendo una breve reseña veremos que ya para el 2013 Washington ya no veía a  Erdogan como un aliado confiable en la región.  En este plan, la CIA comienza a operar con partidos minoritarios tratando de contrarestar el poder de Erdogan e incluso organiza el movimiento de protesta en el parque Taskim Gezi. Más tarde en junio del  2015, la agencia financia las operaciones del partido de las minorías “HDP” para tratar de alterar las elecciones legislativas, una maniobra que intentaría nuevamente por el mes de noviembre del mismo año sin conseguir sus objetivos.

Las operaciones blandas de la CIA habían fracasado por lo que pasaron a tomar medidas más drásticas contra el gobierno de Erdogan. Según fuentes bien informadas, en el 2016 trataron de asesinarlo cuatro veces fracasando en forma definitiva tras el fallido golpe de estado apoyado por el sector “Kemalista”  de las Fuerzas Armadas que desató una purga interna que ha generado ingentes condenas internacionales por la brutalidad y la arbitrariedad con la que se conducen los partidarios de Tiyip Erdogan  (Red Voltaire.org.  http://www.voltairenet.org/article194810.html )
Pero, Erdogan tiene mucho que ver con lo que ha ocurrido en este comienzo de año. 

Las familias turcas y extranjeras que han visto perder a sus familiares no pueden culpar solo a un atacante que ha salido de un programa financiado por los países petroleros del golfo,  que a su vez fueron apoyados por la CIA –y colegas occidentales y regionales- que prepararon con la venia de Erdogan y Cía a los grupos como “Al Qaeda” y el “Daesh” que además de sembrar la muerte y la desolación en las poblaciones de Siria e Iraq, se encargaron de abrirle el camino al zaqueo descarado que beneficio a los bolsillos de toda su familia.

El asesinato del embajador ruso Andrei Karlov es una clara señal de quienes se hallan detrás de todo esto. El joven policía que supuestamente era un islamista enojado por el asesinato de musulmanes, trató de justificar el hecho por “las muertes que Rusia causaba en Alepo” pero, ¿Qué había de los millones que EEUU ha masacrado desde hace dos décadas y media en la región?

Con esto podemos ver que Erdogan no es un pobre mandatario asediado por la injusticia; para nada. Es un mafioso que tras años de haberse congraciado con los deseos de Washington y sacar partido a lo que ayudo a crear en Siria, tras verse traicionado por sus amigos occidentales y sabiendo que no podría sobrevivir a un quinto intento de sacarlo del poder, como primera medida se paso al bando de Rusia y hoy clama con el fervor de un converso que tiene las pruebas de que EEUU había venido apoyando a las bandas como el “Daesh” tanto en Siria como en Iraq, algo que él mismo ya conocía desde que todo este circo se puso en marcha y del cual, aprovecho para llenarse los bolsillos con activos y dinero robado en Siria.


Sin dudas, esta masacre en Estambul ha sido un mensaje a su persona y el mismo parece recordarle que “ellos” está allí, agazapados y preparados para acabarlo cuando la oportunidad lo amerite.

domingo, 1 de enero de 2017

EN LA MIRA





“ARGENTINA Y LA REALIDAD INTERNACIONAL”

¿Hay chances de que Argentina tome un camino propio para recuperar su propia agenda nacional?




Por Charles H. Slim
No es una novedad que Argentina trata de pasar inadvertida en todas las incidencias que se producen en la vida de una agitada y cada vez más compleja realidad internacional.  No sorprende para nada. Es una característica de la idiosincrasia de su clase política que solo ha demostrado tener vocación de llenarse los bolsillos tan rápido como  puedan mover sus manos. Pero bueno, hoy día la corrupción es un tema mundial y no puede endilgársele tan solo a los afamados argentinos, pero si hay algo que sin dudas fueron, fue el ser pioneros en delitos financieros a altos niveles del estado. Una deuda externa generada privadamente para convertirla en pública y el “corralito financiero” que dejó al país al borde del remate son las obras cumbre de los tecnocratas de traje y corbata.

En lo estrictamente político si podemos decir mucho, tal vez demasiado.  Pero antes debemos preguntarnos ¿qué ha hecho Argentina para tratar de salir de su histórico atolladero político? E incluso, ¿qué clase de política ha manejado ese país en los últimos cincuenta años y cuál parece ser la que se orienta actualmente desde la Casa Rosada? Como se puede ver, son solo dos cuestiones que encierran una parte de la respuesta que podría sacar adelante a una nación en decadencia.

Para darle un orden a estas cuestiones, debemos ver como se ha parado Argentina en el concierto internacional y cuáles han sido sus consecuencias.

Por principio de cuentas, al país no lo manejan argentinos o más bien, intereses auténticamente nacionales y es allí la madre del borrego. Con una histórica burguesía conservadora ligada al campo y la producción agropecuaria que se enlazaba con Londres, tras la segunda guerra mundial, el Imperio Británico desgastado y en retirada había perdido su peso específico y los admiradores de la política anglosajona no dudaron un minuto en redireccionar sus miradas a Washington, el nuevo rector y autoproclamado “líder del mundo libre”.  

La aparición de Juan Domingo Perón y de su  movimiento popular Justicialista allá por mediados de los años cuarenta, llamo tempranamente a la atención al Departamento de Estado Norteamericano que tras realizar un exhaustivo estudio de la dinámica de masas que convocaba aquel líder militar, no dudaron en colocarle un sello de “sospechoso”  y para nada conveniente para los planes que Washington preparaba desplegar en América del Sur y el Caribe.

Fue precisamente desde EEUU donde se promovieron las “operaciones de propaganda” para subvertir al insolente gobierno de Perón para lo cual  contó con la inestimable ayuda Británica que a su vez contaron con la colaboración de un sector selecto de la ciudadanía argentina que veía en Perón, el detestable defensor de los llamados despectivamente “cabecitas negras”.

Pero lo que más preocupaba a Washington y Londres era la política de desarrollo industrial que había diseñado y estaba implementando el gobierno peronista y que de la mano de hombres como el general Manuel  Nicolás Aristobulo Savio, amenazaban con desplazar a la industria pesada estadounidense que pretendía –de acuerdo a los planes del Departamento de Estado- mantener cautiva a la región obligándola a comprar la manofactura pesada estadounidense, relegando a la en particular Argentina a ser un territorio para el cultivo y la ganadería.

Juan Domingo Perón y su mujer Eva Duarte, eran un serio obstáculo a estos planes estratégicos y mucho más, cuando Perón ideó la alianza estratégica con Brasil y Chile que, de haber progresado, podría haber consolidado un triangulo estratégico que pudo haber cambiado el destino de la región.  A ello no hay que olvidar los tempranos proyectos de Perón por desarrollar la energía atómica y que se conocería como “Proyecto Huemul”, una idea admirablemente osada de su gobierno, pero intolerable para los intereses anglosajones que no permitirían que ello se concretara.

Con la masacre de Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955 montada con aviones pintados como los de la aviación naval argentina pilotados por británicos que habían partido desde Uruguay, se sembró la semilla de la discordia que promovió la desconfianza social y política en el país que  terminarían definitivamente el 16 de septiembre del mismo año con el gobierno peronista.

A partir de allí y como una esponja, poco a poco se fue absorbiendo la americanización política, cultural y hasta filosófica –si es que EEUU tiene alguna filosofía- que con algunas pausas, se estableció en la Argentina mediante una moderada relación bilateral entre Washington y Buenos Aires  que no estuvo exenta de idas y venidas e intromisiones indebidas por parte de EEUU.

Washington ha sido un constante castrador de las expectativas de progreso científico y desarrollo tecnológico independiente en varias áreas sensibles del país, especialmente en el tecnológico. Y aunque EEUU tenía un rango de potencia que la Argentina no podía negar, se puede asegurar que su clase dirigente –de haber tenido voluntad-  muy bien pudo haber resistido.  Lamentablemente la historia ha demostrado como por el contrario, sectores radicales, socialistas y hasta algunos peronistas colaboraron gustosamente para cumplir los designios norteamericanos que obviamente no eran ad honorem.

Los gobiernos militares de finales del sesenta y comienzos de los setentas, salvo honrosas excepciones fueron prolijos cumplidores de las directivas de Washington. En ese entonces lo que provenía de Washington era “palabra santa” y nadie se hubiera jugado el cuello por contradecirla. Y no olvidemos que cuando ello ocurría, muchos de los más importantes dirigentes –civiles- indistintamente de su color político, acompañaron aquel Status Quo y que como muestra de ello nunca faltaron a las fiestas de la embajada norteamericana.

Con el ascenso de la socialdemocracia de Raúl Alfonsín en 1983 y su comisariado político encarnado la “Coordinadora”, las distancias entre Washington y Buenos Aires se ampliaron pero, tal vez sin darse cuenta, terminó beneficiando con claridad a los norteamericanos. Su gobierno revanchista descalabro importantes áreas del estado, en especial la militar y de inteligencia, entregándola estúpidamente a una supuesta reestructuración a manos de agencias extranjeras (enemigas); una medida estratégica nada lúcida y rayana en la traición a la patria (art. 29 de la Const. Nac,)

La llegada de Carlos Saúl Menem a la Casa Rosada en 1989, fue la conclusión a décadas de idas y venidas con Washington, colaborando como pocos (envío de naves de guerra al Golfo Pérsico) y entregándole en forma obscena las pocas estructuras del desarrollo misilistico y aeronáutico de autoría plenamente nacional. Otra de las consecuencias que se arrastraba desde la administración de Alfonsín, fue la total permeabilidad en seguridad e inteligencia que in lugar a dudas  propició la ejecución de dos atentados terroristas en plena capital. Casi podríamos asegurar que la era Menem, fue un retroceso abismal en el ideario nacional para un desarrollo independiente y soberano.

La pasada gestión kirchnerista bajo el rótulo “Nacional y Popular”, además de constituir una burla a los verdaderos intereses nacionales fue más bien, la continuación de la  entusiasta política de desintegración de la poca estructura industrial de defensa que quedaba en pie. Más cómica fue su pretendida política de un nacionalismo mutante que además de no convencer a nadie, al tratar de usarla en el tema Malvinas, desató una oleada de carcajadas desde las islas hasta “Downing Street 10”. Curiosamente, sus políticas fueron tan dañinas como las impulsadas por Menen.

Actualmente la administración de Mauricio Macri parece orientada a restablecer una relación bilateral bien sintonizada con Washington aunque, sin caer en la prostibularia postura del “alineamiento automático” del menemismo de los noventas. Incluso logro buenas observaciones de la saliente administración Obama-Biden que vaticinaron la reinserción del país en el sistema financiero internacional. Igualmente,  algunas medidas tomadas por Macri causan preocupación; la instalación de dos bases militares en el territorio nacional y los estrechos contactos con las agencias de inteligencia que supuestamente ayudarían a las desarticuladas agencias locales (en especial a la AFI), dan indicios de una comprometida inserción en una geoestratégica mucho más compleja, ajena y peligrosa para la cual Argentina no se halla preparada.


En este marco ¿podrá el gobierno argentino, construir una política propia que se centre en los intereses nacionales o, terminara siendo un peón de los juegos de guerra de EEUU y sus aliados?