domingo, 8 de enero de 2017

NACIONAL





“ESTRATEGIA DE LA IMPREVISIÓN”

Cómo décadas de desguace de las estructuras estratégicas del estado y la corrupción política han sido responsables del desastre que sacude a gran parte del país




Por Pepe Beru
Solo cuando ocurren las cosas es cuando reaccionan los ineptos solía decir un jefe que tuve alguna vez.  A pesar de que han cambiado los tiempos y la tecnología proporciona muchas comodidades lo cierto es que las conductas previsoras nunca pasan de moda y mucho menos en lo que hace a los recursos que el estado debe tener alistados para previsiones que amenacen sus intereses tanto internos como externos. Esto a cuento de los impresionantes incendios que se desde el mes de noviembre se han propagado por tres provincias argentinas sin que las autoridades hubieran podido combatirlos con eficacia.

La labor de los bomberos locales y de grupos de voluntarios ha sido encomiable pero no suficiente para combatir este tipo de incendios de amplisimos frentes que se han visto agravados por la aparición de vientos rápidos que cambian de dirección en pocos minutos. Incluso varios rescatistas que se veían visitados por periodistas y políticos exclamaban “no necesitamos cámaras de fotos y políticos, necesitamos aviones hidrantes”.

Detrás de esta tragedia propiciada por una inusitada inclemencia del clima hay el relato de una larga política de abandono, corrupción y desestructuración de los principales recursos provinciales y en especial los nacionales, que de haber existido hubieran evitado en un alto grado, los  daños que aún se siguen registrando. Los políticos argentinos una vez más demuestran hasta donde llega su ineptitud y su clara falta de vocación de gobierno, al menos así se desprende de las improvisadas políticas que se han desplegado para tratar de combatir frentes de fuego que sin pausa avanzan  desde el oeste por la provincia de la Pampa y desde el suroeste por la provincia de Río Negro, que por efecto de los vientos están llegando al sur de la provincia de Buenos Aires en cercanía de la localidad de Bahía Blanca.

Las pérdidas registradas en campos, cosechas, ganado y hasta propiedades incineradas son parte de un gasto que la imprevisión gubernamental deberá afrontar pero, sin lugar a dudas de que se hace urgente que el gobierno nacional comience a reestructurar y en serio, sus estructuras estratégicas que de haber estado en pie, pudieron haber sofocado estos violentos incendios en un tiempo mucho más reducido que lo que está costando aún.

Lo que para la realidad de otros países puede ser un tema atendido y hasta de segundo nivel en importancia, para la Argentina la corrupción que ha desestructurado amplios sectores del estado es un tema que aún no ha sido profundizado y esta contingencia natural lo ha puesto en evidencia. En este sentido algunos se han preguntado ¿Dónde están los aviones hidrantes especialmente diseñados para intervenir en este tipo de eventos o los aviones de la Fuerza Aérea que pueden ser adaptados para llevar tanques de agua en sus bodegas?
Fumigadores que se usan como hisdrantes

En otro país éste tipo de cuestionamientos no tiene asidero y se da como un hecho, de que estarán los recursos disponibles para hacer frente a una contingencia semejante.

Si esa pregunta fuera realizada a alguno de los políticos que suelen aparecer en los circos mediáticos televisivos y que son conducidos por muñecos de alta voz con buenos salarios, seguramente que lo único que vería el espectador serían muecas de desconocimiento y hasta tal vez alguno de ellos, se atreva a estructurar alguna respuesta con argumentos delirantes que tiren la pelota a décadas antes y si fuera posible, a la “época de los militares”.  Pero en medio de este rumiar de todos estos políticos, está la historia de uno de tantos actos de corrupción de la “década ganada” que se cobraron con los fondos públicos y que además causó ingentes daños en la provincia del Chubut por allá en 2015.

En ese entonces la provincia sufrió uno de los incendios más grandes que se podía recordar y el entonces gobierno kirchnerista había anunciado que se habían comprado uno 27 aviones hidrantes con los cuales –de haber existido- se hubiera podido hacer frente a esta contingencia. La provincia solo contaba con aviones monomotor turbo que fueron readaptados de fumigadores a insinuados hidrantes que no pueden cubrir mínimamente las necesidades que demanda un incendio como el que arrasó miles de hectáreas chubutenses.
C-130. avión de transporte

La supuesta compra de esos aviones habían costado unos 57 millones de pesos que obviamente, salieron del erario público. Pero para cuando se presento la ocasión para combatir estos incendios, los aviones nunca aparecieron y por supuesto, los 57 millones tampoco volvieron a las arcas del estado.

Haciendo un pequeño ejercicio de deducción, veremos que con aquella suma solo se podrían haber comprado una determinada clase de avión que  precisamente no reúne las condiciones óptimas para el combate de fuegos de alta intensidad.  Lo que supuestamente habrían tenido en vista para la adquisición fueron pequeñas avionetas con una cantidad limitada de carga hídrica, totalmente inoperantes para el tamaño y extensión del territorio argentino.

Pero si no habían estos equipos a la mano de la defensa civil, ¿por qué no coopera la Fuerza Aérea? Se sabe bien que en otros países, incluso vecinos, la asistencia militar para catástrofes naturales es casi un recurso que se da por inherente a la batería de recursos que el estado puede acudir para solucionar problemas en los que la movilización de equipos, personal, resguardo de bienes y personas  se haga necesario. 

En el caso de Argentina esto no sucede. El motivo de ello está en la carencia de este tipo de aviones o incluso helicópteros de gran porte que también podrían ser adaptados para albergar tanques de agua provisorios.

Según algunos precios de mercado, los aviones de transporte como “Hércules C-130” en sus versiones clásicas rondan actualmente unos 25 millones de dólares la unidad pudiendo hallarse otras alternativas tan loables como asequibles.  El avión ruso “Beriev B-200”  sería una de las alternativas más acertadas para combates de incendios de grandes proporciones. Su tamaño y su diseño hacen que pueda albergar varias toneladas en peso de agua mediante recogida de agua de lagos, ríos o incluso el mar.

También existen en vidriera aviones como el “Antonov” de fabricación rusa que además de ser mucho más amplio y con mayor capacidad de carga, tendría un costo menor  en su precio algo que no es poco para economías enfermas como la argentina. 

Con éste ejemplar el país resolvería dos problemas a la vez: dotaría a su Fuerza Aérea de una movilidad operativa de la cual actualmente carece y un recurso alternativo para atender un problema extraordinario como son los incendios tan vastos.
Y-8 chino

Otra alternativa no apta para “anglófilos” es la adquisición de aviones de transporte “Shaanxi-Y-8” de fabricación china. Con un porte similar al C-130 y con cuatro motores a hélice que le proporciona mayor maniobrabilidad a baja cota, ésta versión china de un avión multipropósito podría resolver los problemas logísticos de las FFAA y en especial, atender en situaciones de emergencia como actualmente debe lidiar el país.

Si bien el problema de fondo –como acostumbradamente se argumenta- es la continua falta de fondos que los gobiernos suelen acusar por sus malas políticas administrativas y la galopante corrupción existente en el país, haciendo un pequeño ejercicio de la lógica y el sentido común nos mostrara que en solo dos años Argentina puede adquirir una flota respetable de aviones que puedan resolver estos problemas. Veamos, si durante la era K, se crearon ciento de miles de puestos públicos para esconder el gran problema de la desocupación,  si hacemos algunas cuentas veremos cómo se puede reestructurar una fuerza aérea polivalente con solo un manejo transparente de las cuentas.
Canadian CL125T

Si tan solo consideramos que en promedio estos ñoquis K cobraban en puestos administrativos de bajo rango unos 13.500 a 14.000 pesos mensuales, otra franja de ñoquis de más alta graduación y con mayor compromiso político como eran los de la “Campora” que se enquistaban en puestos y empresas clave, se alzaban con sueldos de entre 80.000 a 150.000 pesos mensuales (para ser conservadores). Si tan solo tomáramos doscientos de estos parásitos y sumamos lo que cobraban por mes la cuenta nos daría la friolera suma de 16 millones de pesos mensuales; si a esto lo multiplicamos por un año esta suma nos da 192 a 200 millones de pesos y solo por un puñado de “empleados públicos” que solo tenían como mérito, ser chupamedias del poder de  turno. Está claro que esta obsecuencia rentada no puede existir sin un oferente que pague por aquella por lo que, quedará en manos de la tan discutida justicia revisar todas estás incongruencias que hoy le cuesta al país, estar sin una infraestructura real para cumplir con los objetivos de proteger el interés general.

Según las estadísticas de pérdidas que tuvo Aerolíneas Argentinas hasta noviembre del 2014, la empresa intervenida por el gobierno K perdió la friolera suma de 984 millones de dólares estadounidenses que se fueron por las grietas sin fondo de la corrupción. 

Con este dato, podemos ver que además de que la Argentina pudo haber adquirido cómodamente cinco aviones hidrantes canadienses como el CL215T o diez C-130 J que traerían un alivio a la famélica Fuerza Aérea, hubiera prevenido todos los daños que se están produciendo por la imposibilidad de atacar los frentes de fuego.  

Sin lugar a dudas que con un ahorro semejante, el problema logístico y de material para combatir a desastres naturales como los que actualmente están azotando al país, se verían ampliamente paliados pero ¿Existe voluntad política para ello?

  




   

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