domingo, 26 de marzo de 2017

EN LA MIRA



“TRIUNFO NO TAN TRIUNFAL”

A 35 años de la recuperación de las islas del Atlántico sur por parte de Argentina, siguen las controversias sobre lo que significo para Londres aquel episodio



Por Charles H. Slim
La guerra de Malvinas de 1982 dejó un claro saldo de muerte y destrucción que es inherente a toda guerra pero, a pesar de que Gran Bretaña pudo prevalecer gracias al apoyo inestimable de la OTAN y de Washington, no fue una victoria que pudo saborear como lo esperaban sus propios políticos y militares. Los argentinos le dieron batalla y si hubieran pasado otras 24 horas de presión como la imprimida por las fuerzas argentinas antes de la capitulación la realidad hubiera sido otra.

Fuera de toda previsión, los comandantes británicos que fueron sorpresivamente comisionados a embarcarse rumbo a las aguas insulares del atlántico sur, no esperaban más que un acto de presencia o a lo sumo un despliegue de fuerzas para que los “argies” se vieran impresionados y como monos, salieran huyendo al continente. Nada de eso paso y para peor, muchas cosas salieron mal antes del desenlace.

Pero como reza el dicho “la historia la escriben los vencedores”, la guerra de Malvinas es una de las últimas guerras del siglo pasado que no puede cerrarse con dicho adagio. 
Demasiadas cosas sin explicar y mucha información ocultada de lo que ocurrió realmente en esa guerra ha desatado la curiosidad de muchos de los que se han interesado en buscar las reales causas de aquella conflagración y de los verdaderos alcances que tuvo para el Reino Unido.

Ante todo, no hay que olvidar que el Reino Unido es una potencia ocupante y miembro de la OTAN en plena época de la guerra fría. A pesar de ello, Argentina había suscripto con los EEUU un tratado de asistencia reciproca que causal e irónicamente obligaba a una asistencia continental cuando un país del continente americano sufriera una agresión militar de otra potencia externa. El TIAR fue sin dudas, el embuste jurídico político más evidente para la Casa Rosada en ese momento y pese a que no parece haberse considerado por los cerebros en Relaciones exteriores que Washington no dejaría de lado su histórica alianza con Londres, los argentinos estuvieron seguros de que a pesar de todo, el derecho les asistía.

Para ir directamente a los hechos de la guerra, todavía no hay precisiones sobre cuáles fueron y de que intensidad fueron las batallas que se desataron cuando los comandos argentinos llegaron a las islas. Todos conocen la historia oficial de los buzos tácticos argentinos llevando con las manos en alto a los marines británicos pero, al parecer hubieron replicas mucho más duras y con severas pérdidas para los británicos que jamás sacaron a la luz, pese a que oficiales argentinos fueron protagonistas y testigos en esos hechos. Tal vez y como se los sugirió Washington, “había que realizar una acción sin bajas” y si las había, ocultarlas.

Para esa época, el arma de contrainteligencia y desinformación era una especialidad que manejaban al dedillo los británicos y no cabían dudas de que usarían todos sus recursos no solo contra los argentinos sino también, para tapar sus propias desgracias y desaciertos.  En ese sentido, la versión que refiere a que el gobierno argentino había tomado esta decisión por la orden de un “general alcoholizado” ya no puede convencer a nadie o, aquella que reza que fue el producto de las “necesidades internas para perpetuar a la junta en el poder”, a la vista del tiempo transcurrido, queda claro que estos cuentos son un insulto a la inteligencia.

Buenos Aires cayó en una celada que Londres venía preparando junto a sus aliados de la OTAN en Bruselas, Bélgica con al menos un año de antelación. Para el Foreing Office y obviamente el circulo político en Westminster nada de lo que estaba por ocurrir sería una sorpresa y para asegurarse que esas tratativas queden sepultadas en el más estricto secreto, las mismas no podrán ser desclasificadas hasta el 2072 cuando ya no quede un solo testigo de lo que ocurrió. Incluso habría sido posible que la misma Margaret Thatcher no hubiera estado al tanto de estos planes.

Washington hizo su parte y por medio de tratativas secretas del Secretario de Estado Alexander Haig convenció al gobierno de Buenos Aires de que la movida, ayudaría a que Londres aceptara sentarse a negociar en una cumbre que se desarrollaría bajo sus auspicios en New York. Esto fue un embuste que tenía el propósito de que además que los argentinos creyeran en ese cuento, al verse traicionados –como lo fueron- Washington alegaría que lo que había hecho el gobierno de Galtieri había sido una locura.

Eso en lo político. Pero en los campos de batalla de ambas islas, también hubieron extrañas situaciones y curiosidades que ambos bandos  expresaron en forma escueta y dispersa. Del lado británico, los soldados y paracaidistas llegaron a denunciar el fusilamiento arbitrario de soldados que creyendo que eran argentinos,  pudieron corroborar que eran “mercenarios” de origen estadounidenses algo que no debería extrañar a nadie ya que, el que fueran mercenarios no significaba que pertenecían a las tropas regulares estadounidenses. Incluso esto quedo ratificado cuando los oficiales británicos se cercioraron de su origen y lo consultaron con el alto mando, rápidamente los apartaron de los prisioneros argentinos y los ejecutaron de un disparo en la nuca.

Sin rastros de esos mercenarios y enterrados en fosas comunes, las cosas seguirían bien entre Washington y Londres; después de todo ¿Quién preguntaría por un puñado de mercenarios estadounidenses en el fin del mundo?

A la par de ello, los británicos fueron conociendo del carácter y voluntad de los soldados argentinos a quienes les apodaban “argies” y sin dudas al ver lo que podían hacer, dejaron de lado sus preconceptos que tan erradamente les habían metido los políticos y las misma “Maggie” en Londres antes de zarpar.  Precisamente uno de los comentarios que realizó Thatcher tras hablar al pueblo británico fue que, “cuando los argentinos vean sus barcos hundirse, volverán a sus casas”, dando por sentado que Argentina era algo así como una banda de bandoleros que habían tomado por asalto una casa. Tal como lo dijo un sargento del 3º Batallón de paracaidistas que estuvo en Monte London, tras ver la dureza de sus oponentes exclamó  “paseo por la campiña… mi trasero!”, en clara alusión a lo que los soldados argentinos les hicieron pasar hasta que pudieron tomar esa cima.

Desde el mar hasta las operaciones en tierra, los ingleses fueron protagonistas de situaciones que debían quedar ocultas al conocimiento del público. Duros reveces en operaciones especiales como fue la fracasada “Operación Mikado” hasta las contingencias por falta de equipamiento y preparación que sufrieron secciones como la Guardia Galesa, son solo algunas de las dificultades que Londres barrió bajo la alfombra.  Recuerdan el incidente del “HMS Brillant” en el cual, el capitán John Francis Coward atacados de pánico por el supuesto acecho de los submarinos argentinos, terminó asesinando a dos ballenas y con ello, revelando su posición a la aviación de la Fuerza Aérea Argentina. O el “HMS Argonaut” (F56) que tras ser atacada por los aviones navales argentinos, recibió serias averías que lo inutilizo en sus operaciones de apoyo en San Carlos. Qué decir de la Fragata “HMS Antrim” que tras operar en la Bahía de San Carlos y pese a que lanzaron sus misiles de última generación “Sea Cat” además de ver cómo eran evadidos por los asombrosos pilotos argentinos, fue alcanzada por una bomba de 1000kg lanzada por un A-4Q argentino que tras atravesar todos los niveles del buque lo dejó fuera de combate.

Como se podrá ver, no hemos mencionado a las bajas infringidas y que son muy conocidas por la historia oficial de ambos países. Un último punto que también fue motivo de especulaciones y de muchas controversias fue, si realmente todos los combatientes enviados por Gran Bretaña eran mayoritariamente británicos. Todos conocen que entre la tropa inglesa, se desplegaron batallones y secciones de mercenarios nepaleses “Gurkas” pero lo que nunca se dijo fue, cuál fue el número de sus efectivos y menos aún, el número de bajas que recibieron. Tampoco se ha dicho, quienes eran los tripulantes de varios de los buques logísticos que fueron severamente dañados o hundidos en aquellas jornadas.

Algunas fuentes han revelado que Londres envío miles de “Gurkas” a Malvinas y unos miles más de ellos quedaron enterrados en fosas comunes tras fracasados intentos de tomar posiciones argentinas inexpugnables. Recién ablandadas las posiciones argentinas por falta de municiones, entraban en acción los “paras” británicos quienes recibieron igualmente lo suyo.  En lo referente a las tripulaciones de varios buques despachados al TOAS, fuentes de inteligencia de esa época revelaron que muchos de los heridos sacados de unidades navales averiadas eran “chinos” (o tal vez nepaleses?) 


Por lo pronto como lo hemos señalado, esto quedara en la nebulosa hasta que Londres desclasifique sus archivos que tienen como fecha de clausura hasta el 2072.