miércoles, 29 de marzo de 2017








EN DEBATE




“FINAL DEL GRAN EMBUSTE?”

Las promesas de Trump para combatir y derrotar al terrorismo yihadista, ¿alcanzara al ISIS y Al Qaeda?



Por Charles H. Slim
Lejos de los noticieros y de los grandes conglomerados mediáticos occidentales, la
Cumbre que se debía realizar en Washington este 22 de marzo pasado en la cual el presidente Donald Trump debía realizar el anuncio sobre cómo se combatiría al “Yihadismo” encontró fuertes resistencias internas ya que, éste denominado “fenómeno terrorista” tiene una raíz en la cual Washington, Riad y Londres tienen directa implicancia. Para Trump era muy difícil que hubiera podido tirar al traste con esta oscura y secreta alianza que viene desde 1962, cuando se creó la denominada “Liga Islámica Mundial”, una organización para-militar que con el paso de las décadas y alimentada por las continuas operaciones que EEUU ha impulsado en el Medio Oriente, parece haberse sobredimensionado a niveles inmanejables.

Ante este brevísimo prolegómeno, queda claro que muchos podrán preguntarse ¿Podrá Trump cumplir con su promesa de derrotar a éste yihadismo que se presenta con las máscaras de “Al Qaeda” y el “ISIS” que son funcionales a los planes del estado profundo?  La respuesta es clara. No. Y ello por el simple hecho de que ese terrorismo ha sido una de las armas secretas que Arabia Saudita le hubo provisto a los arsenales de Washington y por medio de la cual –entre otras- ayudo a la OTAN a expulsar a los soviéticos de Afganistán en 1989, a  formar grupos insurgentes en Bosnia Herzegovina, a preparar y apoyar a las milicias “Wahabi” chechenas en 1994 y más cerca en el tiempo, crear esas “Primaveras árabes” que no fueron más que un calco de la llamada “Rebelión árabe” orquestada por el Imperio Británico en 1916, insuflando en las tribus de la península arábiga el ideario independentista e insurreccional contra el imperio Otomano.

Ante todo hay que señalar que tanto Riad como Londres se hallan muy disconformes con esta posibilidad ya que si Trump logra vencer las reticencias que existen dentro de su propio entorno en el Pentágono y especialmente en la Comunidad de inteligencia, la perpetuidad del terrorismo desgastante que horada a Iraq y busca devorarse a Siria puede terminar abruptamente y causar un efecto indeseable que se materializaría con la migración de todos esos elementos a sus propias tierras.

De este modo, intelectuales e investigadores de la talla de Therry Meyssan se han hecho esta pregunta y que sin rodeos ha puesto de manifiesto cual es el trasfondo del llamado “terrorismo islámico” develando que además de ser una estructura preconcebida por organismos estatales sauditas como occidentales, tiene más de cincuenta años de existencia. A tal grado de desarrollo ha llegado esta organización que Meyssan identifica como la “Liga Islámica Mundial”  como el “primer ejército privado del mundo, superando incluso a la empresa “Academi/BlackWater” (http://www.voltairenet.org/article195670.html)  

Todavía podemos recordar como la Casa Blanca bajo el liderazgo de Barak Obama allá por el 2010 le daba un cheque en blanco a la Hermandad Musulmana para que se lograse derrocar al gobierno egipcio de Hosni Mubarak y tras una clara manipulación de la situación creada, en 2012 se encumbrara en el poder a Mohamed Morsi quien tras dejar de ser útil a los planes de Washington fue removido por el golpe militar a cargo del general Abdelfatah Al Sissi quien a su vez, era bien visto en el Pentágono. Este sería uno de los tantos episodios en los que la Casa Blanca dejaría en evidencia el llamado doble rasero de sus políticas que fue continuamente reprochado por los egipcios que apoyaron a Morsi.

Para ese entonces, la Hermandad Musulmana solo era una organización política que con oficinas en Londres y en apariencias representaba los intereses de los egipcios que “luchaban por la democracia”. Incluso el descarado gobierno de Cameron lo justificaba como un “aliado contra otros grupos extremistas”. Cuando comenzaron a salir a la luz los lazos entre esta organización y los actos de violencia que los llevaba a vincularse con los grupos armados que estaban despedazando a Libia y a su vez, los conectaba con las agencias de inteligencia británicas, francesas, qataríes y algunos observadores de la CIA, Washington comenzó a tomar distancia, al menos en público encargándose de esta faceta algunos conspicuos medios digitales (Foreing Affairs. https://www.foreignaffairs.com/articles/2017-03-24/o-brotherhood-what-art-thou?cid=int-lea&pgtype=hpg ).

Cuando estas relaciones fructificaron con la creación de una confederación de grupos armados en Libia –armados, reclutados y apoyados por occidente- que solo terminaron por despedazar al país y retrotraerlo a las épocas previas del colonialismo del siglo XIX, pusieron en marcha su próximo objetivo, Siria, a la cual pese a la avanzada de agitadores que ya estaban operando dentro y que se encargaron de crear los actos de violencia que provocaran confusión mediática, advirtieron que la realidad era muy diferente a la Libia.

Al final Siria fue ese pantano que Obama deseó para Rusia cuando supo que Vladimir Putin había ordenado la intervención en ayuda del legítimo gobierno de Damasco. A partir de ese momento, los planes de Washington comenzaron a complicarse y fue casualmente en esos momentos que se darían las primeras señales de la aparición de un “Daesh” recargado, que se revelaría masivamente ante el público en junio del 2014 con su incursión sobre Iraq.

Con el correr de los meses y mucho más aún con el primer año de presencia del “Daesh” como fuerza preponderante en control del norte de Ira, quedo en claro para muchos que algo no estaba muy claro en ese asunto. Peor aún para los norteamericanos y sus colegas turcos, quienes tras la intervención aérea de los rusos fueron recurrentemente atrapados  in fraganti en algunos casos colaborando, en otros haciendo la vista a otra parte y lo más inexplicable, en otros casos comprobando que los bombardeos de los aviones estadounidenses eran realizados  en cualquier otro lugar menos donde estaban los puestos de los mercenarios.

Al día de hoy los mismos iraquíes han abandonado sus reticencias y no dudan en denunciar abiertamente que los norteamericanos son quienes –secundando a Tel Aviv- están detrás del “Daesh” y que es una herramienta en beneficio de Israel. Pero a su vez, los militares iraquíes no cuentan –y hay extensos fundamentos para ello- con la confianza de la población sunita del norte quienes habían sido intensamente reprimidos desde que los invasores angloestadounidenses entraron al país. Mucho menos tras las incontables masacres que se realizaron mucho antes de que los medios se sensibilizaran con lo que ocurre actualmente en Mosul.

En lo que respecta a Iraq, la situación que se puede ver sobre el terreno actualmente, deja en evidencia que la herramienta del terrorismo táctico empleado por EEUU se ha salido de control y ha inflamado los ánimos de todos los actores en la región dejando a sus propios hombres, bajo la mira de los mismos “Daesh” como de los grupos chiitas que detestan tanto a los americanos como a sus “empleados wahabí”. Incluso la actual situación en Mosul está llevando a refriegas entre los diversos grupos armados del gobierno colaboracionista de Bagdad que están causando un desastre en la ofensiva.

Estas son y muchas otras serían las consecuencias si Trump se anima a terminar con el uso de este “terrorismo” ingenierizado en los laboratorios de sus centrales de inteligencia. Sin dudas, sería resistido por ese bajo fondo que maneja todo lo que hace a la política exterior norteamericana.


Es por ello, que no solamente significaría abandonar al terrorismo como táctica de guerra sucia endilgándoselo rastreramente al Islam (como se vino haciendo desde hace 16 años hasta la fecha), sino también conllevaría a un enfrentamiento directo con las oscuras políticas de Londres para mantener la estrategia del caos controlado –que viene compartiendo con Washington- en el Medio Oriente y especialmente un fastidio para Riad y Ankara, ejecutores principales de estas tácticas contra los enemigos de Washington.

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