EL AUXILIADOR ESTRATEGICO
¿Por qué Donald
Trump llamó por teléfono a Vladimir Putin?
Por Javier B. Dal
Era inevitable, solo había que esperar un poco para que la desesperación comenzara a hacer su trabajo. Me refiero a Donald Trump y su sequito de sionistas neoconservadores que le alentaron a seguir los cantos de sirena de Netanyahu para atacar a Irán y sacar al molesto (para sus planes) gobierno de los ayatolas. Los planes no salieron ni remotamente a lo esperado e incluso el propio Netanyahu esta siendo el centro de fuertes críticas dentro de su bloque de seguidores por no haber logrado comprometer aún más Washington.
¿Qué era lo
inevitable entonces? Levantar el teléfono para llamar a Moscú y suplicar la
intervención del malvado ocupante del Kremlin.
Mientras el bocazas
de Donald Trump seguía por los medios complacientes hablando y alardeando de
“ataques extraordinarios” y del “increíble poder de las fuerzas
estadounidenses” (y que los editorialistas en el hemisferio repiten), las cosas
van por un carril muy diferente. Las CGRI han anulado con éxito casi todos los costosos
radares de alerta temprana THAAD que EEUU mantenía en la región del golfo y por el uso de una tecnología
radioeléctrica ultraavanzada también logra interferir los radares navales del
grupo de tareas en la boca del golfo de Omán y del CENTCOM que está
dificultando los ataques. Como consecuencia de esto último, los centros de
mando y control de las FDI ya no pueden ver venir los misiles iraníes ni los de
Hesbolá desde el sur del Líbano dejando como margen de tiempo para que los israelíes
solo tengan 15 segundos para ir a un refugio.
Al mismo tiempo,
Trump tiene sus propios problemas. Descontado su interés y aprecio por la vida
humana incluida la de sus propias tropas, los costos por insumos en armamento,
daños y pérdidas materiales por la destrucción de 28 bases militares en toda la
región que el Pentágono trata por todas las vías de ocultar se suma el impacto
inexorable para la economía global que está teniendo el cierre del estrecho de
Ormuz.
Los precios del
petróleo se están disparando generando una crisis energética creando una
presión psicológica inocultable no solo en todo occidente sino dentro del
propio EEUU que impacta en la ya muy complicada economía doméstica y que
también afecta a los negociados financieros que se tejen en Wall Street, la
City de Londres y el resto de las bolsas en Asia en especial la de Corea del
Sur.
Con este panorama
aquellos que aplaudían de pie la política abiertamente agresiva e islamófoba contra
Irán, se han silenciado y apenas quieren hablar de lo que esta pasando.
Y no es para
menos. Trump, Kushner, Witkoff y Rubio se jactaban que deshacerse del “régimen
iraní” tomaría unos días, claramente influidos por el triunfalismo que les dio
la incursión relámpago sobre Venezuela en enero pasado. Claramente el cálculo
fue horrible y ante el atasco que le esta significando el asunto Irán, no hubo
otra salida que hablar con quien puede influir en distender la situación:
Vladimir Putin.
El llamado se hizo
público, pero no todo lo que se trató en esa conversación. En más de una hora de
charla es cierto que trataron el asunto de Venezuela y cómo tratar de retomar
las conversaciones sobre la guerra en Ucrania, pero ciertamente que el tema
central y el que motivo esa llamada fue Irán y cómo Rusia puede buscar que
Teherán desescale.
La posibilidad que
Putin pueda influir o al menos pueda establecer conversaciones con Teherán no
solo es un hecho probable sino una posibilidad que los iraníes pueden
aprovechar. No lo va hacer para salvarle el cuello a su imprudente colega norteamericano
ni menos aún restaurar la credibilidad de los EEUU allí. Vladimir Putin hará
valer los intereses de la Federación en la región e incluso, ampliarlos a la
vista del desmantelamiento de la infraestructura militar en el golfo que EEUU
había tardado cuarenta años en montar.
Ahora bien y
considerando todo esto ¿Por qué Vladimir Putin ayudaría a un socio tan díscolo
y mañoso que repetidamente ha desilucionado a Moscú? Primero, porque tiene el
poder para hacerlo. Segundo porque si bien todo esto ha incrementado las ventas
del crudo y el gas ruso ganando la clientela que se surtía (como la India y la
UE) de los recursos energéticos del golfo Pérsico, hay un interés estratégico
en proteger a uno de los miembros estratégicos del BRICS como es la república
Islámica de Irán.
El interés de la
Federación de Rusia no es auxiliar a Donald Trump ante semejante desastre
causado por su amateurismo y servilismo a Netanyahu, menos aún busca hacerle un
favor personal, se trata de formular un acuerdo geopolítico en el cual, además
de un alto al fuego ayude a proteger y reforzar los intereses estratégicos
rusos con dirección a tomar un protagonismo decisivo en la región.
Podemos intuir que
las gestiones de Vladimir Putin serán exitosas, pero al mismo tiempo es
consciente de tener que maniobrar con mucho cuidado, dada la circunstancialidad
en la que Donald Trump se encuentra. Recordemos que quien se halla detrás de
todo esto está el mismo primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y el
sionismo revisionista que tiene sus tentáculos dentro del propio estado
profundo norteamericano, en buena parte del Commonwealth y especialmente dentro
de la Unión Europea -incluido la OTAN-, actores principales y claramente
hostiles a la Federación de Rusia.
La situación se ha
complejizado a tal punto para los anglosionistas y para la elite del propio
estado de Israel, que no se esperaban la reacción y el poder de respuesta sostenida
de Irán. Por ello es muy posible que los sectores dialoguistas de estos sectores
alberguen expectativas en las gestiones de Putin y así evitar que los
extremistas talmúdicos, claramente desesperados y en pánico traten de poner en
marcha la llamada “Opción Sansón” que sería el uso de las bombas nucleares que
Israel esconde -y que el argentino Rafael Grossi no ve- en sus arsenales
en el desierto del Negev.

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