sábado, 14 de marzo de 2026

 

EL AUXILIADOR ESTRATEGICO

¿Por qué Donald Trump llamó por teléfono a Vladimir Putin?

 

Por Javier B. Dal

Era inevitable, solo había que esperar un poco para que la desesperación comenzara a hacer su trabajo. Me refiero a Donald Trump y su sequito de sionistas neoconservadores que le alentaron a seguir los cantos de sirena de Netanyahu para atacar a Irán y sacar al molesto (para sus planes) gobierno de los ayatolas. Los planes no salieron ni remotamente a lo esperado e incluso el propio Netanyahu esta siendo el centro de fuertes críticas dentro de su bloque de seguidores por no haber logrado comprometer aún más Washington.

¿Qué era lo inevitable entonces? Levantar el teléfono para llamar a Moscú y suplicar la intervención del malvado ocupante del Kremlin.

Mientras el bocazas de Donald Trump seguía por los medios complacientes hablando y alardeando de “ataques extraordinarios” y del “increíble poder de las fuerzas estadounidenses” (y que los editorialistas en el hemisferio repiten), las cosas van por un carril muy diferente. Las CGRI han anulado con éxito casi todos los costosos radares de alerta temprana THAAD que EEUU mantenía en la región  del golfo y por el uso de una tecnología radioeléctrica ultraavanzada también logra interferir los radares navales del grupo de tareas en la boca del golfo de Omán y del CENTCOM que está dificultando los ataques. Como consecuencia de esto último, los centros de mando y control de las FDI ya no pueden ver venir los misiles iraníes ni los de Hesbolá desde el sur del Líbano dejando como margen de tiempo para que los israelíes solo tengan 15 segundos para ir a un refugio.

Al mismo tiempo, Trump tiene sus propios problemas. Descontado su interés y aprecio por la vida humana incluida la de sus propias tropas, los costos por insumos en armamento, daños y pérdidas materiales por la destrucción de 28 bases militares en toda la región que el Pentágono trata por todas las vías de ocultar se suma el impacto inexorable para la economía global que está teniendo el cierre del estrecho de Ormuz.

Los precios del petróleo se están disparando generando una crisis energética creando una presión psicológica inocultable no solo en todo occidente sino dentro del propio EEUU que impacta en la ya muy complicada economía doméstica y que también afecta a los negociados financieros que se tejen en Wall Street, la City de Londres y el resto de las bolsas en Asia en especial la de Corea del Sur.

Con este panorama aquellos que aplaudían de pie la política abiertamente agresiva e islamófoba contra Irán, se han silenciado y apenas quieren hablar de lo que esta pasando.

Y no es para menos. Trump, Kushner, Witkoff y Rubio se jactaban que deshacerse del “régimen iraní” tomaría unos días, claramente influidos por el triunfalismo que les dio la incursión relámpago sobre Venezuela en enero pasado. Claramente el cálculo fue horrible y ante el atasco que le esta significando el asunto Irán, no hubo otra salida que hablar con quien puede influir en distender la situación: Vladimir Putin.

El llamado se hizo público, pero no todo lo que se trató en esa conversación. En más de una hora de charla es cierto que trataron el asunto de Venezuela y cómo tratar de retomar las conversaciones sobre la guerra en Ucrania, pero ciertamente que el tema central y el que motivo esa llamada fue Irán y cómo Rusia puede buscar que Teherán desescale.

La posibilidad que Putin pueda influir o al menos pueda establecer conversaciones con Teherán no solo es un hecho probable sino una posibilidad que los iraníes pueden aprovechar. No lo va hacer para salvarle el cuello a su imprudente colega norteamericano ni menos aún restaurar la credibilidad de los EEUU allí. Vladimir Putin hará valer los intereses de la Federación en la región e incluso, ampliarlos a la vista del desmantelamiento de la infraestructura militar en el golfo que EEUU había tardado cuarenta años en montar.

Ahora bien y considerando todo esto ¿Por qué Vladimir Putin ayudaría a un socio tan díscolo y mañoso que repetidamente ha desilucionado a Moscú? Primero, porque tiene el poder para hacerlo. Segundo porque si bien todo esto ha incrementado las ventas del crudo y el gas ruso ganando la clientela que se surtía (como la India y la UE) de los recursos energéticos del golfo Pérsico, hay un interés estratégico en proteger a uno de los miembros estratégicos del BRICS como es la república Islámica de Irán.

El interés de la Federación de Rusia no es auxiliar a Donald Trump ante semejante desastre causado por su amateurismo y servilismo a Netanyahu, menos aún busca hacerle un favor personal, se trata de formular un acuerdo geopolítico en el cual, además de un alto al fuego ayude a proteger y reforzar los intereses estratégicos rusos con dirección a tomar un protagonismo decisivo en la región.

Podemos intuir que las gestiones de Vladimir Putin serán exitosas, pero al mismo tiempo es consciente de tener que maniobrar con mucho cuidado, dada la circunstancialidad en la que Donald Trump se encuentra. Recordemos que quien se halla detrás de todo esto está el mismo primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y el sionismo revisionista que tiene sus tentáculos dentro del propio estado profundo norteamericano, en buena parte del Commonwealth y especialmente dentro de la Unión Europea -incluido la OTAN-, actores principales y claramente hostiles a la Federación de Rusia. 

La situación se ha complejizado a tal punto para los anglosionistas y para la elite del propio estado de Israel, que no se esperaban la reacción y el poder de respuesta sostenida de Irán. Por ello es muy posible que los sectores dialoguistas de estos sectores alberguen expectativas en las gestiones de Putin y así evitar que los extremistas talmúdicos, claramente desesperados y en pánico traten de poner en marcha la llamada “Opción Sansón” que sería el uso de las bombas nucleares que Israel esconde -y que el argentino Rafael Grossi no ve- en sus arsenales en el desierto del Negev.

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