lunes, 27 de abril de 2026

 


EL POSTULANTE GROSSI

¿Por qué la candidatura al puesto de Secretario General de la ONU del actual director de la AIEA es una estafa?

 

Por Javier B. Dal 

Somos testigos privilegiados de un caos global que se ha creado por el abuso constante del poder angloestadounidense y de la impunidad que les ha prestado a sus satélites estratégicos como son el estado de Israel en Asia occidental y la actual Ucrania neonazi en Eurasia. En ese menester las últimas administraciones norteamericanas se han llevado por delante la seguridad y la paz con las consiguientes calamidades que ello trae. En realidad, no es algo nuevo. La crisis que hoy se está registrando a nivel global, proviene del atropello continuo y descarado a la Carta y resoluciones de Naciones Unidas y ello tiene un extenso catálogo de precedentes que muchas veces no parece considerarse. 

Hoy como nunca, incluso mucho más que en la era de la “guerra fría”, el peligro de una escalada nuclear se halla más presente que nunca. Al menos en aquellas épocas existía un Status Quo basado en el terror nuclear estaba limitado entre dos superpotencias y no como actualmente, disperso entre varios actores con potencialidad nuclear para su uso en ciernes. Esta última se potencia aún más por la excepción que se hace con algunos para no ser escrutados en cuanto a su potencial.

Si ha crecido la proliferación del armamento nuclear ello se debe a ese constante atropello por parte de EEUU y sus aliados a las soberanías de los estados que no se quieren sujetar a sus caprichos geopolíticos. Así Iraq, Siria, Libia y Venezuela son los ejemplos más crudos y gráficos de aquello. Claro que el mundo se volvió más inseguro y no por la aparición repentina de farsas como Al Qaeda, ISIS. Jabbat Al Nusra y otros espantajos que ya sabemos fueron creados por ellos mismos.

La AIEA o Agencia Internacional de Energía Atómica es la encargada de velar por la seguridad en el uso y desarrollo en este campo que similar a Naciones Unidas, viene cosechando una credibilidad bastante magullada por ciertos manejos y desmanejos de situaciones que se entremezclan con intereses geopolíticos de ciertos actores y que se han expuesto a la luz pública.

Durante la funesta era de la administración republicana de George H. Bush el trabajo de esta agencia fue cuando menos lamentable y lejos de aplicar una política aséptica de control en el desarrollo de todos los programas nucleares existentes, tomo parte y muy clara en las políticas de La Casa Blanca para desmantelar cualquier iniciativa de desarrollo nuclear que hiciera sombra a Israel. En ese plan fue que tras la guerra contra Iraq en 1991, desmantelo el programa nuclear que los iraquíes venían desarrollando desde la década de los ochentas.

Contemporáneamente a eso, Israel en sus instalaciones nucleares secretas de Dimona ubicadas en el desierto del Negev, los científicos e ingenieros israelíes continuaba (como siguen haciéndolo al presente) desarrollando ojivas militares y otros dispositivos con la misma finalidad sin que la AIEA hubiera movido un dedo para inspeccionar la situación ¿Por qué? Porque así bajaba desde Washington como línea política.

Esa excepcionalidad con el caso israelí no ha cambiado y en las actuales circunstancias eso se presenta muy preocupante. Los recambios de autoridades en la agencia atómica no han significado un recambio en sus políticas. Desde hace unos años bajo la dirección el argentino Rafael Grossi la AIEA ha dejado mucho que desear, en el aspecto operativo de sus funciones dado que, y como los objetivos de la agencia a la que dirige lo exige, debería obrar con imparcialidad y sin sesgos que pongan en dudas su función. Al decir esto ya se advierte que en el caso de Grossi esa no ha sido la regla. 

Durante el año pasado los indicios de que la ilegal y afuncional cooperación de Grossi con los planes geopolíticos de EEUU e Israel quedó muy claro con sus falsas afirmaciones sobre los peligros del programa nuclear iraní sustanciado sobre viejos informes de la inteligencia israelí (2018) volcados en un informe hecho a la medida para justificar la primera agresión en la madrugada del 13 de junio del 2025. Tan alevosa fue la maniobra que para cuando se exponía las conclusiones de Grossi, los aviones israelíes ya estaban atacando Teherán. 

Estaba más que claro que Grossi no se prestaba a esto por simple simpatía ideológica o una remuneración dineraria. Con la mentalidad de esos burócratas que gustan de lucir trajes caros y salir en las tapas de los medios más influyentes de occidente, parecía suficiente y sin dudas que el ofrecimiento de su candidatura a la secretaría de la ONU es parte de esa recompensa para un burócrata como él, después de todo, seguiría siendo muy útil para los intereses de Washington y especialmente de Tel Aviv. 

Actualmente el señor Grossi es presentado como el candidato favorito para el puesto y como suele suceder con argentinos que trascienden sus fronteras, es sobrevalorado en sus reales capacidades de función. De los medios ni hablemos que ya sabemos, solo son una caja de resonancia de la corporación de medios angloestadounidense. En esto poco importa que Juan Gabriel Tokatlian, académico de la Universidad Torcuato di Tella en Buenos Aires haya expresado que “Su experiencia abarca temas de guerra y seguridad” sin especificar el resultado final de su experiencia en el campo de la realidad. Tampoco que medios como Foreign Policy y otros tanques de pensamiento dediquen artículos para resaltar su figura. Mucho menos puede valorarse la venia del propio Javier Milei quien además de apoyar a Grossi por su condescendiente apoyo anti iraní (nacido de su islamofobia y su militancia sionista), responde política e ideológicamente a los mismos amos que desde Washington y Tel Aviv le apoyan en su candidatura.

En conclusión, el argentino Rafael Grossi que descaradamente ha servido como un activo para favorecer los intereses geopolíticos israelíes usando su posición en la AIEA podría ser el nuevo secretario general de una ONU que ya está muy degradada en su credibilidad. No hay duda que si este personaje argentino, tan grotesco como su presidente logra el cargo de secretario general, la poca credibilidad de Naciones Unidas simplemente se hará humo.