DE PANAMA A
CARACAS
La agresión tan
esperada a Venezuela y el secuestro del presidente Maduro y su esposa reedita
el papel de los EEUU en el concierto internacional
Por Charles H. Slim
La madrugada del 3 de enero de 2026 pasará a ser otro de los mojones en la historia de las violentas intervenciones militares estadounidenses solo que en este caso con un detalle: El regreso estadounidense a Latinoamérica 36 años después de la invasión a Panamá. Según algunas fuentes siendo las 2 de la madrugada se comenzaron a escuchar explosiones en las afueras de Caracas desatando la conmoción entre los habitantes que dormían y sirviendo como distracción para que una unidad especial estadounidense asaltara el palacio presidencial secuestrando al presidente Maduro y a su esposa ¿Habrán sido traicionados? o ¿Se habrán entregado voluntariamente?
Este último
cuestionamiento surge por la pasividad de las defensas aéreas venezolanas que
no hicieron nada con los helicópteros yanquis que entraron al cielo caraqueño y
se retiraron volando a baja altura sin que un solo fúsil o un MANPAD en tierra
les disparara, muy extraño ¿No? Tal vez, ¿Estaba pactado de antemano? Y de ser
así ¿Quiénes hicieron los arreglos?
Según lo que se ha
informado barcos y los aviones estadounidenses atacaron puntos estratégicos de
la defensa venezolana en especial contra el fuerte Tiuna y la base aérea de La
Carlota causando un número de muertos y heridos que no se han precisado.
También se registraron bombardeos sobre Aragua, Miranda y La Guaira donde
también hubo gran destrucción en la infraestructura y bajas en el personal
militar y civiles.
En Argentina y en
especial los medios capitalinos no han tenido escrúpulos en mostrar su
particular sesgo en las acciones estadounidenses plegándose así y sin ningún
empacho a la posición del presidente Javier Milei de “apoyo total” por lo
realizado con lo cual, entramos en una nueva grieta regional ya que no todos
han aceptado semejante acciones, que además de violentas, son contrarias a la
ley internacional y que como el caso del presidente brasileño Lula Da Silva no
ha dudado en condenar.
Obviamente y como
simples repetidoras del Departamento de Estado norteamericano desde estos
medios y algunos de sus periodistas se ha tratado de justificar esta agresión
apelando a la “democracia” y “el respeto a los derechos humanos”, los mismos
que usaron las administraciones de Bush, Obama y Biden para tratar de lavar la
cara a las intervenciones que dirigieron y sostuvieron en otras latitudes.
Nada nuevo bajo el
sol, eso es lo que deberíamos decir. La carta de Naciones Unidas una vez más,
pintada. Lo que si es cierto es que este episodio cuenta con sus propias
características ya que somo testigos de una nueva argumentación (ciertamente
estrafalaria) para justificar esta agresión militar. Ahora (e irónicamente) es
el Departamento de Justicia y en especial la Fiscal general Pam Bondi quien
juega el papel central tratando de hacerle creer a la opinión pública de que
todo esto se trató “de una acción de la justicia estadounidense” ¿Enserio?, ¿En
suelo extranjero?
No solo suena
tirado de los pelos este argumento, sino que además de un proceder
absolutamente ilegal, parece una tomadura de pelo presentarse como una acción
de legalidad cuando dentro de EEUU cunde la consternación ante la escandalosa
manipulación a cargo de la propia fiscal Pam Bondi del asunto Epstein y su
intento de engaño ventilando solo una pequeña parte de los archivos con la
evidente intención de proteger a importantes e influyentes implicados en las fiestas
pederastas.
Sin dudas que esta
impactante acción distrae de la vista del público aquel asunto tan escabroso.
Igualmente, el público norteamericano ya no cae en estos gazapos y suman esto a
la larga lista de arbitrariedades y contradicciones del líder de MAGA, con lo
cual será cuestión de días para que los cuestionamientos internos vuelvan a
estar en danza.
La acusación de
narcotráfico y terrorismo contra Maduro es ciertamente una argucia carente de
pruebas tangibles y que solo se halla sostenida por prejuicios extensamente
plantados por los medios pro-estadounidenses, sesgos meramente geopolíticos un
innegable interés comercial-financiero.
El accionar ilegal
de EEUU es innegable y ante los hechos consumados lo más preocupante es la
incertidumbre de sus paraderos y lo que podrían hacerles a sus humanidades en
sus ya conocidas cárceles y campos de concentración donde (especialistas con
mucha experiencia) realizan toda clase de torturas. La foto de Maduro esposado en
las manos y los pies, con gafas ciegas y sordinas en sus oídos nos recuerda
cómo la CIA trasladaba a los secuestrados en los vuelos secretos a cárceles
secretas y Guantánamo donde eran torturados y abusados. A propósito ¿Dónde esta
su esposa Cilia Flores?, ¿Acaso también fue tratada de misma manera tan humillante?
Seguramente Donald
Trump y sus asesores esperaban que el gobierno de Caracas se viniera
abajo ante el secuestro de su presidente, mientras la CIA con algunos sectores
internos causaría la fractura en la cadena de mando de las fuerzas armadas. Bombardear
Caracas no representó ni volverlo a hacer representaría una objeción moral. Y
es que más allá que a Trump le importa un comino la vida de cualquier
venezolano (como la de cualquier extranjero) sus asesores y en particular Marco
Rubio saben que causar más bajas y destrucción en la población no les ayudara a
la campaña psicológica que ya han comenzado los medios en el continente.
Los hechos y los
acontecimientos aún se están desarrollando y es temprano para sacar
conclusiones. Lo que es cierto, es que Donald Trump y su administración desde
donde se lo mire han violado (una vez más) la ley internacional y han abierto
una puerta para traer la inestabilidad al continente.



