viernes, 15 de marzo de 2024

GEOPOLITICA E IMPUNIDAD

¿Ha comenzado el principio del fin de la impunidad de los gobiernos anglosajones?

 

Por Charles H. Slim

¿Cuántos serán los crímenes cometidos por el autoproclamado “mundo libre”, que se hallan enterrados en los archivos de los oscuros sótanos de sus agencias de inteligencia? Hace poco leí un interesante artículo en el sitio Vtforeingpolicy.com[1] que precisamente me llevó a formular esa simple pregunta.

Tanto EEUU como su gran colega y mentor Gran Bretaña tienen un extensísimo prontuario en crímenes de guerra y lesa humanidad que no hace falta que se vayan a escudriñar en los recovecos de la burocracia gubernamental de la cual se valen para tapar sus responsabilidades. La historia contemporánea nos da ejemplos claros y descarnados de eso en Iraq, Afganistán, Libia, Siria, Yemen y por supuesto en los cometidos por extensión desde hace 75 años hasta el presente por su protegido el estado de Israel.

Pero estos señeros exponentes de la farsa democrática, también eliminan personas de manera oculta y bien disimulada usando entre otras tácticas el terrorismo. Solo cuando ya no pueden ocultarlo, sus medios matizaran el relato de los hechos tratando de aislar a sus responsables. El caso de Dag Hammarskjöld es uno de ellos y que por décadas quedó sepultado bajo el olvido de un supuesto accidente aéreo en septiembre de 1961.

En su cargo de Secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, Hammarskjöld estaba abocado a mediar en el conflicto que se había desatado en la provincia de Katanga en el Zaire o Congo Belga. Al parecer, por su particular carácter y compromiso en el cargo que revestía, Hammarskjöld no solo se limitaría a tareas de mediación sino a profundizar en las causas reales que habían desatado el conflicto. Ello le conduciría a investigar varias irregularidades y negociados en la África post colonial en especial en aquellos países donde se explotan minerales preciosos y la provincia de Katanga estaba en ese cuadro en especial por sus diamantes.

Pero como es muy fácil de advertir, que quienes se enfrentaban a muerte eran africanos, pero quienes estaban detrás de esa guerra vendiendo armas, instigando (con la intromisión de agencias de inteligencia y/o mercenarios) y haciendo negocios indiscriminadamente con rebeldes y gobiernos, eran europeos. En esa trama se movían muchos negocios e intereses que podrían verse en riesgo si aquel alto funcionario de Naciones Unidas metía las narices.  

Su trabajo se vería convenientemente truncado por la caída del avión DC-6 en el que viajaba muriendo en el acto junto con las catorce personas que lo acompañaban. Las causas acusadas fueron un supuesto “error del piloto” dado que -supuestamente- no se hallaron evidencias de fallas mecánicas, eléctricas o de la estructura visibles al momento de hallar los restos del aparato. Pero ya en ese entonces hubo muchas sospechas de la veracidad de este “accidente” y fue por eso que las dudas dejaron pendiente muchas preguntas.

Motivos para sospechar de esto no solo provinieron de las incumbencias y el compromiso que Hammarskjöld mostraba sobre el tema, sino también por las características topográficas de la región donde cayó el avión, muy cerca de la frontera sur del Congo (cerca de Dnola, hoy Zambia). La desolación de la zona donde cayó el avión y la espesa vegetación pudo haber ocultado a los perpetradores o una parte de ellos que pudieron haber llegado antes que el equipo de rescate para levantar cualquier rastro que incriminara un atentado.

Precisamente la investigación independiente de Susan Williams que arrojo su libro “¿Quién mató a Hammarskjöld?” publicado en 2011 fue el puntapie junto a otros elementos que más tarde se han ido sumando como el arrimado por el periodista francés Maurin Picard en su libro “Ils ont tué Monsieur” publicado en 2019 (en el cual implica a la organización terrorista OAS) llevaron a que se reabran las investigaciones sobre la muerte del entonces Secretario General y de los otros catorce pasajeros que iban en el avión.

El compromiso por determinar la verdad de lo que paso el 18 de septiembre de 1961 ha llevado a que se comenzara a pedir formalmente información a los gobiernos de EEUU y Gran Bretaña para que por su conducto, instruyan a sus agencias de inteligencia a que abran sus archivos a los fines de indagar en busca de elementos tendientes a dilucidar la verdad material de aquel hecho ¿Por qué son conducentes estos pedidos?

Tanto las agencias de inteligencia de EEUU como Gran Bretaña operaban en la región y no hay que olvidar que en ese entonces tenían pleno conocimiento de todas las actividades (tanto gubernamentales como de insurgentes) bajo las circunstancias del enfrentamiento existente denominado Guerra fría. Especial atención tenía (y sigue teniendo) la operatividad de la NSA (National Security Agency) que llevaba adelante actividades de inteligencia electrónica con la cual podía interceptar y recabar toda clase de comunicaciones radiales (públicas y privadas) incluidas, las de los aviones en las rutas aéreas del día del hecho.

Igualmente y a pesar de los formales pedidos los anglosajones han sido renuentes en proporcionar la información solicitada arrojando fuertes sospechas de un encubrimiento.

Según algunos elementos que surgen de la información reunida por el juez tanzano Mohamed Chande Othman, el avión donde viajaba  Hammarskjöld podría haber sido abatido por un jet “Fouga” que tenían los rebeldes de Katanga y cuyo origen de fábrica es rastreable en Francia. Si vemos un mapa de la zona donde cayo el avión, advertimos que bien pudo haber sido interceptado en el aire por un jet y tras ser ametrallado en los cielos del sur Congo Belga termino cayendo del otro lado de la frontera en la por entonces Rhodesia hoy Zambia. Informes solicitados a los gobiernos de Rusia y Francia y que fueron entregados para su investigación, arrojaron algunos elementos que dan lugar a sospechar que existió una operación tramada para asesinarlo.

Si bien han pasado varias décadas desde este hecho, la continuidad en las investigaciones y la determinación por arribar a la verdad son una esperanza de que aún es posible construir poco a poco, una justicia internacional que por estos días se haya rodeada de sospechas de parcialidad y complicidad política.



[1] https://www.vtforeignpolicy.com/2024/03/hammarskjold-case-intel-ongoing-occulting-on-international-massacre/ 

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