sábado, 2 de enero de 2016

NACIONAL


“LA NOVELA DE LOS TRES FUGITIVOS”

Cómo los medios, periodistas y algunos funcionarios argentinos buscan maquillar ante la opinión pública una fuga insólita


Por Javier B. Dall


Sin dudas, en Argentina hay muchas cosas que deberán ser resueltas si sus gobernantes pretender escalar al país a un sitial más reconocido en el mundo. Y esto no quiere decir que no exista corrupción en otros países, incluso en los más desarrollados como suelen ser los escandinavos pero es que al menos, se lo combate seriamente.

Este es el prólogo para la novela mediática que se ha tejido en rededor de la “fuga” de los hermanos Cristian y Martín Lanatta, junto al socio Víctor Schillaci del penal de General Alvear en la provincia de Buenos Aires que tomo álgida relevancia, cuando tres hombres que viajaban en una flamante camioneta “Hilux” color gris, fueron detenidos en un control de ruta y como respuesta abrieron fuego con armas de guerra que el ejército envidiaría.

Demostrando una verdadera impiedad y sangre fría, dos hombres descendieron por las puertas de atrás de aquella camioneta y con evidente profesionalismo abrieron fuego en una forma que solo profesionales lo harían. La escena fue tomada por una cámara de vigilancia urbana y registro con claridad el momento del hecho. A pesar de la pésima calidad de la imagen, los medios no dudaron –y en especial algunos periodistas- en decir que se trataba de los “tres prófugos”, que mágicamente, habían cambiado aquella misteriosa y costosa camioneta negra que los esperaba a las afueras del penal, por éste flamante vehículo.
captura de cam-ruta 20

Igualmente y pese a la borrosa calidad de la imagen, el ministro de Seguridad provincial Cristián Ritondo afirmó que esos eran los tres prófugos. Pero a pesar de la contundente aserción de las autoridades, muchas cosas seguían sin encajar. El actuar de estos sujetos, no parecía ajustarse a las cualidades de los detenidos. 

Su reacción ante control policial y su posterior actuación habla más de hombres con mucha experiencia con armas de guerra que la de los presuntos sicarios como se los sindica.  Realmente y acudiendo a un razonamiento medio se puede oler algo raro en todo esto. Desde el inicio, cualquiera se podría preguntar ¿Quiénes proveyeron los medios para sacarles del presidio? O ¿Quién o quienes les esperaban a las afueras del penal? O, ¿quiénes son los que dejaron el vehículo, teléfonos, las armas y el dinero para poder moverse? Seguramente no cayeron del cielo ni menos aún, hayan sido provistos por exóticos carteles de la droga.

Durante horas, los medios noticiosos, los foros televisivos de charlatanes y opinologos capitalinos llenaron las pantallas con versiones espectaculares y especulaciones tan alucinantes como inverosímiles. Claramente, el objetivo era decirle a la gran masa de borregos que se comen lo que éstos le dicen, que “la búsqueda de fugitivos continuaba” mientras se mostraba una camioneta de la policía bloqueando la ruta aledaña a los Ranchos.

Y si a toda esta cadena de inconsecuencias agregábamos que, por algún extraño misterio, los “supuestos prófugos” habían logrado saltar el cerco policial de la zona donde habían sido presuntamente individualizados, apareció la “Hilux” ardiendo con lo cual, todo posible vestigio de rastrear la identidad de los verdaderos ocupantes de la misma, se habían perdido. Por la situación que se encontraban estos, el incinerar la camioneta además de demostrar una técnica eficaz para encubrir huellas, revela una incongruencia notable: Si ya conocen sus identidades ¿para qué molestarse en quemar este vehículo?

No sería nada extraño que estemos ante una operación montada desde sectores del estado provincial, vinculados con estas mafias y tal vez, con una apoyatura que trascienda las fronteras.
Siendo directos y objetivos, estos tres prófugos no solo habrían sido forzados a salir de aquel penal de máxima seguridad sino que además, apenas estuvieron fuera, fueron eliminados y seguramente –y de acuerdo a como se den las circunstancias- podrían no aparecer jamás o si la presión pública se vuelve insostenible, lo harán pero sin vida.

Este “extraño hecho” sirvió para acomodar la situación de estos tres presos, que además de haber denunciado a importantes personeros de la política bonaerense, se presentaban como potenciales e importantes testigos, ante los nuevos aire políticos que están empujando la reapertura de investigaciones que la era K enterró judicialmente bajo las argucias más diversas. Especialmente interesados por que estos señores “desaparezcan” son los sucios y ramificados  intereses del narcotráfico, que habían venido fructificando durante la última “década ganada” para la cual, personajes como el ex ministro Aníbal Fernández  y un entramado de otros ex funcionarios de épocas pretéritas de la gobernación provincial, fueron  -y siguen siendo- preponderantes para su impunidad. 


Sea cual fuere el desenlace de este hecho, es una oportunidad y un caliente desafío para que el gobierno ensaye sus políticas de seguridad en donde pueda demostrar, que ha venido para combatir, tanto a nivel de seguridad como del judicial, el cáncer de la corrupción.

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