miércoles, 15 de marzo de 2017

INTERNACIONAL





“NADA DE COLATERAL”

Ante las continuas masacres que comete la aviación de la Coalición Internacional, para los iraquíes en general y los de Mosul en particular queda claro que sus bombardeos no son obra del error




Por Dany Smith
A partir de la primera etapa de la guerra del Golfo Pérsico en 1991, los bombardeos sobre blancos civiles se fueron incrementando en cantidad y proporción llegando a que hoy día esos episodios de brutalidad inhumana lleguen a ser casi una anécdota o parte del panorama normal de la vida de los iraquíes, canallescamente normalizado por los multimedios occidentales.
La tragedia del pueblo iraquí no tiene parangón –al menos no para su historia como nación árabe- y sin dudas, menos aún tiene una explicación plausible que pueda argumentar tanta saña focalizada contra su gente.

Hasta antes de aquellas jornadas quién podría haberse imaginado que con la sofisticada tecnología de sistemas de misiles guiados, rastreo por satélite y visores nocturnos era posible que un avión pudiera lanzar sus cargas letales contra hospitales, escuelas o una simple casa de una familia anónima en algún barrio de Bagdad; poco creíble ¿no lo cree? En esos años, el Pentágono y la Casa Blanca presentaban videos de sus misiles “Hell-fire” que mostraban los edificios o emplazamientos unos segundos antes de que los alcanzaran, argumentando con ello que sus operaciones eran de una “precisión quirúrgica”, que en realidad nunca fue.  Quede claro que en este artículo solo tratamos el aspecto meramente militar dejando de lado las operaciones sucias que las acompañan.

Durante la segunda guerra mundial las barbaridades como estas fueron maquilladas por los triunfadores y pasaron como una consecuencia involuntaria de aquella lucha. Más cerca en el tiempo, Corea en 1950 y mucho más Vietnam en 1969 trajeron a la palestra la moralidad de las tropas estadounidenses que entre otros crímenes registrados por muy pocos periodistas fue el uso de elementos químicos como el “agente naranja”, del Napalm sobre aldeas y el bombardeo indiscriminado con bombas de racimo sobre nada menos que Hanoi, capital de aquel Vietnam del norte.

En esta ocasión los historiadores a sueldo de Washington, no pudieron tapar tanto como hubieran querido los personeros que formaban parte del Stablishment político-militar y financiero de esos momentos. Para intentar hacer digerir esa tragedia que fue soportada en carne viva por sus propios soldados quienes en su mayoría regresaron con traumas que jamás superaron, la maquinaria de propaganda llamada “Hollywood” lanzo todo tipo de películas para matizar convenientemente esas desastrosas guerras y de ese modo, lavar las culpas focalizando el origen de aquellas guerras en un “peligro maligno” encarnado en el Comunismo.

Muchos se preguntaban ¿Qué había pasado con los Convenios de Ginebra, los Protocolos y las Convenciones sobre el trato humanitario? Aparentemente estas cuestiones, solo eran detalles para los elucubradores de estos enormes crímenes de guerra. Solo son “detalles administrativos”  habría dicho Robert Mc Namara en una reunión con nada menos que el Consejero de Seguridad Nacional Henry Kissinger en momentos que la impopularidad de la guerra estaba creciendo.

Hay una clara mentalidad siniestra y psicopática en estas elaboraciones. Lo peor de todo es que no surgen de una sola o de un grupo de personas; o mejor dicho, no pueden funcionar sin la colaboración de una estructura colectiva que les avalen. Y sino ¿Cómo podría creerse usted, que una familia estadounidense promedio, enviara a sus hijos a guerras a miles de millas de su patria que terminara participando en masacres masivas, torturas y quién sabe cuántas cosas más? Con esto todo parece demostrar que EEUU en un gran rebaño de ovejas pastoreada por lobos.

Actualmente siguen saliendo a la luz muchas de esas “inconfesables atrocidades” que los gobiernos estadounidenses  amparados por las estridentes palabras “democracia y libertad” barrieron bajo la alfombra de la historia. Precisamente estas revelaciones nos llevan a los años ochentas, sin dudas una de las décadas más particulares y excitantes de la historia política contemporánea. Fue en esa década que Washington movía sus fichas en el Medio Oriente para tratar de contener la influencia soviética y el surgimiento de la amenaza de la revolución iraní que podía contagiar a las masas pobres de los países árabes.

Pero detrás de ese supuesto horror que despertaba el Ayatolá Komeini y su revolución Islámica, susurraban al unísono los intereses sauditas e israelíes de frenar a como diera lugar a esa “endemoniada ideología” que ya había prendido en los chiitas libaneses y que traían a mal traer a los planes de Tel Aviv para con el Líbano.

Fueron los años en que Ronald Reagan y Cía le dieron a Iraq y en especial al gobierno de Saddam Hussein, todas las armas convencionales que les fuera posible comprar e incluso, para no quedar comprometido directamente, autorizó a varios países –entre ellos Chile y Argentina- a venderles a los iraquíes todo lo que aquellos necesitaran. Y no solo eso. Bajo la mayor discreción y tercerizando sus operaciones no dudo en orquestar la provisión de las letales y prohibidas armas químicas y biológicas que los EEUU había venido desarrollando para utilizarlas en un hipotético conflicto con la URSS ( SPUTNIK. https://mundo.sputniknews.com/defensa/201703131067550733-armas-quimicas-eeuu/  ).

Incluso recordemos y para no olvidar de que se trataba todo aquello, Washington vendía al mismo tiempo y clandestinamente armas a Irán lo que la historia recuerda como el “Iran-gate”, escándalo que fue puesto a la luz pública  tras haberse capturado in fraganti al oficial de la marina estadounidense Oliver North” como el contacto para estas operaciones. Eso comprobó el negocio que había detrás de esa guerra pero con un condimento extra como era la islamofobia que alimentaba la matanza entre musulmanes.

En 1991 y en 2003 las fuerzas angloestadounidenses se despacharon sin misericordia contra las poblaciones y aunque se ha tratado de encubrir con variados argumentos y documentales claramente sesgados, esos hechos son parte de la historia de los iraquíes y del mundo. Desde que la “Coalición Internacional” comenzó sus bombardeos por el 2014 las mismas aberraciones se han vuelto a registrar sin pausa contra las regiones donde se instaló el “Daesh” sin que Washington acusara recibo.

Desde Faluja hasta Tikrit y de allí hasta Ramadi, los aviones norteamericanos y británicos no tuvieron el menor escrúpulo que volar manzanas enteras para eliminar a un solo francotirador, utilizando como de costumbre sus bombas con cabezas de uranio empobrecido que dejarán en el sector donde ha impactado, los vestigios venenosos de la radiación.

Incluso muchos de estos ataques fueron dirigidos contra posiciones de milicias chiitas que estaban apoyando las operaciones contra el “Daesh”, que curiosamente pertenecían a una de las agrupaciones de la resistencia más letales de la época de la ocupación.

Las últimas masacres en barrios de Mosul han sacado una vez más a la luz, ésta detestable e inhumana costumbre de convertir a zonas urbanas en polígonos de tiro y práctica de sus nuevos artilugios de muerte. Es entonces que usted puede preguntarse ¿A quién diablos pretender convencer con eso del daños colateral?