sábado, 8 de julio de 2017


DEFENSA Y SEGURIDAD



“INTELIGENCIA Y FUERZA”

Dos elementos imprescindibles para un planeamiento defensivo eficaz





Por Pepe Beru
La historia política está plagada de ejemplos de lo que significa el uso de la inteligencia por sobre la fuerza bruta. También existen muchos ejemplos de lo efectivo y dañino es el uso preciso y sorpresivo de ésta última sobre sujetos inteligentes. Como sea, ambos elementos son determinantes para el ejercicio del poder gubernamental de cualquier estado que pretenda serlo.

En el ejercicio de la vida política de las naciones, el brazo armado es determinante para poder concretar objetivos que salen del margen de la política doméstico deliberativa y deben ser ejecutados por  hechos concretos y la acción coherente.  Dijo el ilustre autor alemán Von Clausewitz  que “la guerra es un instrumento, la extensión de las relaciones políticas, pero por otros medios”; una conclusión que horroriza a clases políticas acomodaticias y sumidas en el sopor de la mediocridad.

Como dice un magnifico refrán “hay que sufrir en la paz para reír en la guerra”.

En la actual y cambiante situación geopolítica internacional, las necesidades de una defensa efectiva y precisa se han hecho una cuestión de vital importancia para casi todos los países que buscan proteger y conservar sus intereses de las acechanzas y de amenazas foráneas a sus fronteras.

La reciente historia y si se quiere, la de los últimos 100 años hasta la fecha, ha demostrado que el que tiene más fuerza termina por abusar de ella para avasallar a los más débiles y cuando ésta se combina con inteligencia, termina en un dominio absoluto.  Eso ha llevado a que entre otras cosas, se fuera creando una atmosfera de desconfianza y hostilidades que terminaría en guerras terribles y lucrativas carreras armamentísticas.  En este sentido, el avance de la industria bélica ha precedido a los avances en otras áreas de la vida y así hoy día, podemos ver como un niño puede adquirir un “Drone” para jugar controlándolo con su teléfono móvil.

Si bien la tecnología militar puede dar en gran medida, un salto cualitativo al momento de afrontar amenazas como lo son las intrusiones aéreas para espionaje, transporte de sustancias ilegales o simplemente para llevar adelante ataques sorpresa, el elemento humano sigue siendo irremplazable al momento de dirigir coherentemente los sistemas más sofisticados.  

En el comienzo de los noventas (siglo XX), las fuerzas armadas estadounidenses mostraban al mundo como sus novedosos misiles crucero teledirigidos “TomaHawk”, podían volar cientos de kilómetros mostrando el recorrido hasta llega al objetivo a los operadores en sus consolas de comando.

En ese momento muchos se jactaron que se habían acabado para siempre, las luchas y los combates personalizados; había nacido la guerra por TV, donde un botón terminaba con el enemigo. Tal simplismo llevo a que inmediatamente y en la experiencia más cruda en las que pudieron probar estos ingenios,   se dieran cuenta que pese a tan magnificas novedades, aún no podían distinguir entre combatientes y civiles.

Pero ese no era el único problema. Hasta los más sofisticados vectores y sus potentes radares, eran burlables; la guerra del golfo pérsico en 1991 y su secuela con la invasión a Iraq de 2003, quedo claro para los estadounidenses que la tecnología no resolvía todo.

Se vio que los hombres además de una capacidad física óptima, requerían de una capacidad mental acorde, a las necesidades imperiosas de la batalla que cambian en unos instantes la suerte de sus vidas y la del objetivo encomendado. Pensar sobre la marcha requiere de un entrenamiento permanente y eso pudieron verlo y comprobarlo tanto estadounidense como rusos cuando se toparon con rivales que pese a no poseer tecnología sofisticada, eran imaginativos y decididos.

Un ejército en la actualidad no requiere tanto de cantidad, sino más bien de calidad pero no solo por el equipamiento tecnológico sino quizá lo más importante para los años que están por venir, es la inteligencia e la individualidad de sus hombres para resolver problemas más variados en forma inmediata. Un solo hombre debe ser una unidad que reúna las calidades de una unidad de diez hombres, tan radical como eso.

Aunque parezca un contrasentido, los norteamericanos luego de Vietnam comprendieron que un enemigo implacable y persistente podía pese, a sus más letales represalias colectivas como eran los bombardeos con los B-52, o incluso con el uso de armas químicas como era el “agente naranja”, “el fósforo blanco” y el “Napalm”, presentarle batalla con pocos elementos e ingenio.

No se podía degradar la moral de semejantes combatientes y menos aún detenerlos, con brutalidades masivas. Incluso, sus tácticas de inteligencia electrónica enfocadas a detectar los movimientos en la espesura de la selva se volvieron un sinsentido ante los falsos ecos y la desactivación de los sensores por parte de los mismos guerrilleros. Los “monos” (como solían llamarles despectivamente) eran más inteligentes y motivados de lo que esperaban.

El ingenio y la improvisación pueden llegar a ser factores invalorables en situaciones críticas, mucho más cuando un hombre se halla ante una desventaja con un enemigo más grandes y poderoso.  La no consideración de estos factores llevó a que los estadounidenses (Vietnam, Afganistán e Iraq) y británicos (en la guerra de Malvinas) se llevaran sorpresas muy desagradables.
Tanques inflables

Lo mismo sucedería en el Golfo Pérsico en 1991. En esos momentos EEUU se hallaba en la cumbre de su poderío militar y su arsenal tenía una variedad de ingenios y armas listos para ensayar. Nuevamente y pese a los terribles daños ocasionados en la población civil y una cuestionable degradación del ejército de Saddam Hussein, no contaron con que sus misiles inteligentes y “Drones” no distinguían entre un tanque real y uno de cartón.

Tras la invasión en 2003, los estadounidenses creían que los iraquíes se rendirían luego de sus monstruosos bombardeos bautizado como “operación conmoción y pavor”. En la comodidad de sus carros de asalto y tanques Abrhams, las primeras puntas de la invasión tocaron el suelo iraquí con la seguridad de que no habría una oposición considerable.  A medida que se fueron adentrando en el terreno, fueron hallando la más variada e imaginativa oposición que fue desgastando tanto a la maquinaria como a la moral de los estadounidenses y que luego, una vez afincados allí se perpetuaría con una resistencia implacable.
Proyectil de bajo costo de Hesbolá

En julio de 2006, Israel tuvo su escarmiento militar cuando sus FDI creyeron erróneamente que podrían entrar al Líbano como lo habían hecho en 1978 y 1982, topándose con una muy bien organizada resistencia de la milicia chiita Hesbolá que causó daños y bajas que le costaron al gobierno de Olmert su salida.

Actualmente, otro ejemplo de esto es lo que se ve en Yemen, donde la moderna Armada de Arabia Saudita y sus aliados regionales, pese al sofisticado armamento surtido por EEUU e Israel, no han podido doblegar a las guerrillas “Hutie” y a los combatientes de “Ansar Alha” (Espada de Dios) que, usando muy bien sus pocos recursos y igual a los combatientes de “Hamas” palestino, golpean con letal precisión a sus enemigos. 


Pero más allá de estos ejemplos, hay en ellos una clara enseñanza para los países que no toman enserio el área de la defensa y es que, si quienes no toman la responsabilidad de ella, otros se harán cargo de ejercerla.