martes, 25 de abril de 2017

EN DEBATE

                             


“PRIMAVERA LATINA”

El derrumbe de los gobiernos progresistas en la región y la actual situación de caos en Venezuela ¿Revela un plan bien trazado de Washington?




Por Charles H. Slim
Lo que muchos vaticinaban hace unos años atrás y que fue menospreciado por los llamados “politólogos” nacionales, comienza a mostrar sus primeras señales de lo que Washington y Londres han venido preparando para toda la región. Más allá de la distancia y de los intereses particulares que occidente persiguió para el norte de África y el Medio Oriente con el montaje de la llamada Primavera árabe en 2010, queda claro que se trata de una estrategia reutilizable y aplicable a otras regiones adaptadas a las idiosincrasias latinoamericanas. Nada ocurre por casualidad se suele decir muy seguido y en política ello es una regla de hierro que no se puede ignorar. La primera etapa de estos planes ha sido cumplida y hoy estamos siendo testigos de la segunda fase, que no es ni más ni menos que la limpieza de la primera.

Tras una década y media de surgimiento de gobiernos “progresistas” en América Latina hoy podemos ver como quedan tan solo los restos humeantes de aquellas pantomimas políticas que sin lugar a dudas y salvo honrosas excepciones, fueron escenografías de cartón aprovechadas por bribones de poca monta que llegaron al poder para hacerse de cuanto podían guardar en sus bolsas. En ésta última categoría encaja el gobierno de los Kirchner, que además de corrupto, demostró ser ideológicamente indefinido.

Como bien señalaba, la primera etapa de los planes de Washington se cumplió con la instalación de gobiernos con tendencias izquierdistas ocupando el mapa de casi toda América Latina. Fue un “dejar hacer” bien calculado que lejos estaba de la ineptitud o el desinterés de las pasadas administraciones de Bush y Obama. Para los planificadores y los “Think Tanks” era necesario dejar que las semillas del populismo crecieran sin ningún tipo de interferencias e incluso si era necesario, había que regarlas.

Egipto, 2010

Se trata de una gimnasia política común para Washington que va variando de acuerdo a las circunstancias geopolíticas imperantes en el mundo. Recordemos sino como cuando en medio de la “guerra fría”, EEUU bendijo y apoyo los gobiernos militares los cuales a su vez y cuando las circunstancias geopolíticas, económicas y financieras lo ameritaban, abandonaron por mediados de los ochentas a estos colaboradores y fomentaron la  “democracia” como nueva estrategia para arrinconar los vestigios de un comunismo que desaparecería a comienzos de los noventas.

En Washington sabían que esos gobiernos civiles que se floreaban con la palabra democracia eran absolutamente insípidos y carentes de vocación por implementar crecimientos propios y estratégicos que pudieran amenazar a la Unión. Pero eso no era lo que motivo el dejar hacer y dejar pasar de estos, sino que gracias a las administraciones corruptas y partidocraticas que se erigieron a partir de entonces, darían el combustible para la degradación de las instituciones de cada país, en especial sus fuerzas políticas y militares, volviéndolas más dependientes de las sugerencias e intervenciones voluntarias de tecnócratas y asesores estadounidenses.

Es la vieja y breve fórmula del éxito, “crear el problema, dejar que progrese y ofrecer la solución”. Así es como ha trabajado –y continua trabajando- Washington indistintamente de las administraciones que han pasado por la Casa Blanca. Aunque ello parezca una simpleza, se trata de una compleja trama de planificación que involucra a varias agencias federales, especialistas y “pensadores” que entre otras cosas deben prever como evolucionaran las situaciones a las diversas fórmulas que empleen contra ciertas situaciones y países en particular.

Una de las funciones de estos “caucus” es la creación de “ideologías” que subviertan el orden instituido de los países que desean dominar. Para ello, no se requieren de objetivos altruistas o apoyarse en minorías políticas y/o religiosas presuntamente oprimidas por el gobierno enemigo; solo basta hallar un elemento disociador en dichas sociedades para que, por medio de entes pantalla como son las ONG, las agencias federales de inteligencia se filtren y comiencen sus tareas desde dentro.

En el mundo árabe-islámico, sembrar la discordia sectaria dentro del islam ha sido una de estas estrategias para debilitar a los gobiernos que entorpecen el acceso a regiones de importancia geopolítica y estratégica sin parangón, siendo el Mossad israelí allá por la década de los sesentas uno de los primeros en crear e inyectar el furor del “islamismo militante” dentro de la sociedad palestina, alentando la creación de la “Jihad Islámica” con la intensión de destruir la militancia nacionalista que lideraba Yasser Arafat con la OLP.

En el marco de la guerra fría en la década de los ochentas, “Al Qaeda” el recurrente cuco del terrorismo internacional fue una creación de la CIA para fastidiar los planes de la URSS en Afganistán que usada en Iraq en 2004 al 2006 y evolucionar a lo que hoy es “ISIS”,  pretenden mostrarla como algo salido de la nada.
Venezuela Hoy

En América Latina tras algunos fracasados intentos solapados a comienzos del 2000 por derrocar a los gobiernos de Venezuela y Bolivia, se le dio la espalda a la región y Washington dejó gestar y desarrollar los liderazgos carismáticos y populares como el de Hugo César Chávez en Venezuela, el de Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia siendo el resto de los gobiernos regionales (entre ellos Argentina), meras consecuencias de estos centros del nuevo populismo latinoamericanista que volvería a ensalzar el ideario antimperialista que a su vez crearía intimas rispideces con La Habana castrista por las ambiciones de extender sus proyecto de la “Gran Cuba Socialista”.

Con la muerte de Chávez en 2013, murió la mística que solo su persona encarnaba y que Maduro jamás pudo igualar. A partir de allí todo comenzó a desmoronarse ya que sus colegas Morales y Correa pese a ser los más cercanos al ideario chavista, no estaban del todo comprometidos con la base ideológica de Chávez. Ni hablemos de los mandatarios socialistas de Brasil enlodados en casos fastuosos de corrupción y menos aún, del desopilante circo de variedades del corrupto gobierno argentino de Cristina Fernández.

Hoy con un gobierno de extrema derecha en Washington que se refleja en sus acciones internacionales, no deberían haber dudas de hasta dónde podría llegar La Casa Blanca para cumplimentar las sugerencias de Henry Kissinger.

En estas horas Venezuela se incendia, el que supo ser el faro de una verdadera revolución realmente opuesta a EEUU, parece que nadará en sangre. Ciertamente el gobierno de Maduro es responsable en parte, pero también hay una muy copiosa ayuda externa para que los insumos médicos, alimentos, medicamentos y materias prima vitales para ciertas industrias no lleguen. La labor de agitadores profesionales llegados de afuera es innegable. Y también hay muy buenas recompensas dinerarias para quienes, desde dentro y jugando de opositores políticos, ayuden a derrocar la revolución Bolivariana, ¿Ha llegado la primavera latina?