viernes, 21 de abril de 2017


 EN DEBATE

“LA OFERTA”
Cuál será la oferta que Donald Trump le hará a Macri en su visita del próximo día 27 de abril y que no podrá rehusar?

Por Javier B. Dal

Sin lugar a dudas y para quienes han venido estudiando las relaciones internacionales en las últimas tres décadas, pueden afirmar que la actual situación de la geopolítica internacional es la más compleja y nada predecible que se haya visto. A las políticas de intervención permanente de los EEUU y la OTAN contra vastos sectores del globo  creando estados fallidos que a su vez crean bolsones de miseria que propician el ambiente perfecto para el desarrollo de una anomia social que favorece el reclutamiento de mano de obra para las tareas sucias de las agencias de inteligencia, se agrega el crecimiento de la desconfianza con los dos grandes actores de Oriente como son Rusia y China, reeditando las viejas épocas de la guerra fría.

En medio de esta turbia realidad está la Argentina, pretendiendo insertarse en un marco muy complicado. Víctima de una clase política – de derecha a izquierda- sin visión política más allá del Río de la Plata, el desarrollo de las industrias de todo tipo deberán tener paciencia para esperar algún golpe de suerte y como ha sucedido en el pasado, esperar que por efecto de las desgracias ajenas, puedan abrirse oportunidades para que florezca la economía nacional.

En lo que hace a la definición de su rol geoestratégico regional, pareciera estar realineandose en la égida política de Washington, lo que en las actuales circunstancias no es poca cosa.

Es así y no parece que haya visos de cambio en esta obtusa manera de ver el mundo.
Argentina sufre el mal de los países desgarrados, sin que haya sufrido desgarros de entidad para explicar esta situación. Algunos han encolumnado en esta categoría a países como Rusia, Turquía o incluso a México, cada uno en su propia realidad protagonistas de grandes y profundas tragedias colectivas que han amenazado con destruir definitivamente sus identidades.

En el caso argentino las calamidades que tanto han blandido las izquierdas locales, no llegan a un mínimo porcentual en comparación a las masivas purgas estatales, las guerras civiles o el cambio de filosofía del estado que llevó a matanzas colectivas en los países mencionados que no tienen parangón con la historia argentina. Entonces ¿Por dónde pasa el desgarro o el presunto desgarro de la entidad llamada Argentina?

El 27 de abril próximo, Mauricio Macri se reunirá con su homologo norteamericano y sinceramente nadie sabe bien qué es lo que planteara el mandatario argento y menos aún, con qué le saldrá un Donald Trump que ya ha mostrado sus cartas y de las cuales no tienen ninguna que se refiera a respetar a los demás.

Sin dudas es un momento muy difícil y peligroso para que Macri tenga esta entrevista, máxime si no interpreta que la política estadounidense esta más allá de personajes como Obama o Trump.

Encontrara a un Trump henchido de orgullo y con las ínfulas hasta las nubes, pese a que sus acciones contra Siria y Afganistán hayan sido demostraciones de fuerza con muy pocos efectos materiales, aunque muy estimulantes para sus aliados europeos. 

Igualmente y como quedo en claro tras la reunión en Moscú entre el secretario de estado norteamericano Ted Tillerson y Serguei Lavrov, EEUU y Rusia acordaron que no se atacaría al ejército árabe sirio, dejando en claro al inquilino de la Casa Blanca que no habrá lugar para más demostraciones de “Macho-man”.

Obviamente eso con Rusia, pero con un país como Argentina que apenas asoma con algún nivel de gravitancia internacional y que no termina de sentir los temblores que sacuden a sus instituciones (especialmente de la justicia), es muy posible que Trump llegue a exprimir como a un “limón”, la desesperación del acuciado gobierno argentino que en cierta medida ha retomado algún grado de cordura en lo que hace a sus políticas de infraestructura de reconstruir áreas estratégicas vitales, abandonadas por las anteriores gestiones.

Para peor no hay que ser ilusos y ver las cosas como son. Trump ha demostrado que jugara como lo manda el estado profundo estadounidense, dominado por los intereses financieros, políticos, militaro-industriales ligados al sionismo muy fuertemente representado por los poderosos lobbies en el Congreso estadounidense.

Pero eso no es lo peor. En el gobierno de Mauricio Macri abundan los partidarios del sionismo y los incondicionales de Washington por el mero hecho de recibir una recompensa. Con estos elementos gravitantes en ambos lados es muy posible que presionen para que, Buenos Aires entregue algo a cambio de lo que Macri irá a pedir.

La actual y crítica situación en Venezuela, no ha surgido solamente por la ineptitud de Maduro y la corrupción de la cual nadie es ajena; en ello tienen mucho que ver las operaciones que vienen realizando desde hace una década las agencias de inteligencias estadounidenses y colaboradores regionales con la finalidad de hacer colapsar la “revolución bolivariana” asegurándose de que una vez caída no pueda volverse a levantar.

Con éste contexto y sumado a la cercanía ideológica del gobierno de Macri con Washington, hace muy claro de que ya se estén dando estrechas colaboraciones de las agencias argentinas o al menos, algunos de sus elementos con los planes urdidos por la CIA y sus ONG que utiliza como pantalla para crear la subversión en países como Siria y Venezuela.

Y este no es el único asunto del cual Trump podría profundizar un pedido de colaboración a su par argentino. Se sabe que en Argentina existe una gran comunidad árabe especialmente “sirio-libanesa” la cual puede serle muy útil para sus revelados planes contra Siria. No olvidar tampoco, que en Argentina también existe la comunidad judía más importante del cono sur y junto a ella, esa fracción de fanáticos mesiánicos que –muchos de ellos no judíos- se denominan sionistas, que vienen bregando desde hace años por endilgarle los atentados en Buenos Aires a la república Islámica de Irán.


Con éstos asuntos en danza, es seguro que Trump escuche las súplicas de Macri y le haga una oferta, que como dijo Don Corleone en “El Padrino” sea una que no pueda rehusar.