martes, 22 de agosto de 2017

DEFENSA Y SEGURIDAD



“EL PODER DE LA PREVENCIÓN”

La defensa de un país es como sistema inmunológico de un organismo vivo, si no se toman medidas para reforzarlo mediante la prevención podría sucumbir ante una agresión externa



Por Dany Smith y Pepe Beru
Dentro de las actuales circunstancias de la compleja geopolítica internacional, se ha vuelto mucho más importante la prevención que la disuasión, o al menos mucho más necesario desarrollar nuevos mecanismos para evitar una agresión e incluso, el desarrollo subrepticio de ella.

Para la Argentina pese a las atinadas medidas que el actual gobierno ha venido tomando para devolverles la operatividad a sus Fuerzas Armadas, es cierto también que aún ni siquiera ha comenzado a desarrollar –y creemos que tampoco ha planificado- una doctrina de defensa geoestratégica coherente a la altura de las actuales circunstancias, cada vez más urgida ante los primeros síntomas de actividad irregular dentro del continente.


TAN LEJOS, PERO TAN CERCA


A lo largo de la lamentable y contemporánea historia de desguace de las fuerzas armadas y de sus estructuras de inteligencia, se ha podido notar y comprobar la falta de visión estratégica de los pasajeros encargados del área de defensa. En la mayoría de los casos y en especial en los últimos años, la ineptitud ha sido galopante.

La evolución de las formas de los conflictos y su continua extensión en los más impensados escenarios, ha hecho que todos los estados mayores de los países que toman con seriedad el tema, hayan estado en constante estudio, ensayo y error de las más variadas fórmulas de defensa para encarar los desafíos de tácticas –que aunque muy antiguas y usadas- están siendo implementadas sin piedad en medio de las poblaciones civiles.

En el caso de la Argentina y en particular su Patagonia, su posición en el mapa del globo terráqueo, se halla en una situación de importancia estratégica tanto para sus intereses como para terceros países e incluso, bloques regionales extra hemisféricos.  En este último sentido no hay que olvidar la presencia de dos bases estadounidenses y  de una base china en la provincia del Neuquén, lo que le agrega un factor adicional para tener en cuenta (La Nación. “La base china en la Patagonia”. http://www.lanacion.com.ar/2005170-la-base-china-en-la-patagonia )

A pesar de estarse recomponiendo la capacidad de defensa aérea de interdicción y un progresivo restructuramiento de las defensas pasivas de radares, aún está lejos de poder prestar un grado de eficiencia aceptable para las actuales amenazas. En la actualidad, para los planes de una nación o una organización hostil “el saber” es mucho más importante que el “tomar y poseer”. Las amenazas de un bombardeo aéreo masivo es una irrealidad en la actualidad pero a su vez, las incursiones aéreas tácticas de pocos aviones con propósitos varios o la infiltración con helicópteros (para transporte o inteligencia), son una realidad constante en los lugares más calientes del planeta.

Aviones Panavia de la RAF

¿Cómo podría Argentina prevenir incursiones aéreas de espionaje y reconocimiento si no sabe que las mismas se están realizando? Y si bien es cierto que la tecnología satelital de la que dispone Gran Bretaña –proporcionada por su membrecía en la OTAN- es una realidad objetiva ineludible, aún así sigue usando los aviones convencionales y Drones para reconocimiento de gran altitud (Paper. https://pendientedemigracion.ucm.es/info/nomadas/19/carlosanchezhernandez.pdf ) .

Estas molestias o mejor dicho el accionar intrusivo, demuestran la preocupación de Londres por un posible desarrollo de una geoestrategia argentina propia, que ineludiblemente algún gobierno deberá encarar. Incluso, el gasto que demande el desarrollo de una política de defensa acorde a los intereses nacionales será una inversión inteligente que le dará un valor agregado en las relaciones internacionales.

Argentina tiene motivos –y el derecho- más que evidentes para desarrollar una geoestrategia propia y para ello requiere que se halle acompañada de una estructura operativa acorde con las necesidades que dichas hipótesis le plantearían como un problema a solucionar. Un territorio  ocupado en el atlántico sur que alberga una base de la OTAN y la expoliación de las aguas adyacentes por una autoridad foránea (Kelper) solo reconocida por Londres, requiere de una política sólida, coherente y continua de la defensa, máxime cuando en dicha zona el ocupante tiene mayor capacidad tecnológica y de recursos para imponer sus regulaciones a costa y usurpando la soberanía argentina (Vaconfirmamendoza. “Malvinas, la fortaleza militar”.  http://vaconfirmamendoza.com.ar/?articulos_seccion_716/id_2882/que-estan-haciendo-los-britanicos-en-nuestras-islas- )

Sea Harrier derribado en Malvinas 1982

Con esta situación y con la desidia política argentina, ha hecho que simplemente no exista ninguna relación de fuerzas por el simple hecho de que para que ello exista, debe haber dos fuerzas. En ese sentido, lo británicos mantienen una superioridad operativa que incluso les permite realizar tareas de reconocimiento con total impunidad y en la mayoría de los casos sin que Buenos Aires se percate de ello, aprovechando la ausencia de la vital función del estado argentino como es, la vigilancia y la DISUACIÓN.

Igualmente, los planificadores argentinos pero en especial sus responsables políticos deben entender que actualmente las distancias no representarían un problema para que una amenaza desarrollada en un punto remoto del globo, desembarque en unos minutos en su territorio. Así como Argentina no podría detectar e interceptar una pareja de aviones “Panavia Tornado” que violen los cielos del continente, menos aún podría frenar la caída de un misil disparado desde varios miles de kilómetros.  O incluso mucho peor; un Drone armado podría desde gran altura –sin ser detectado por los radares- lanzar un misil (Operación negra) sobre algún punto urbano sin que jamás nadie supiera el origen de esa explosión y que seguramente sería atribuida al “terrorismo”.

Durante el anterior gobierno, el país perdió nada menos que 100 aviones de combate por el solo hecho de no mantenerlos en condiciones, es decir, su desidia fue más dañina que los ingleses durante la guerra de Malvinas. Esa fue la política de defensa de ese gobierno y que en apariencias está siendo enmendada actualmente.

La actual realidad internacional nos está mostrando como sin dificultades, un misil disparado desde el otro lado del mundo, puede alcanzar en unos minutos el continente. Pero no hay que ir tan lejos, pero ¿Qué haría Buenos Aires si la flota británica en el atlántico sur decide dar una demostración de fuerza con sus fragatas misilisticas sobre instalaciones en el continente? O ¿Cómo detener una incursión aérea táctica con un apoyo estratégico de Chile? No hay respuestas para estos interrogantes.

Por lo pronto, Argentina debería utilizar un razonamiento estratégico y no mezclar las necesidades contingentes con las prioridades geoestrategicas o incluso con las pasajeras simpatías ideológicas como son tan claras en éste gobierno. Sería inteligente el acercamiento profesional y bien planificado a sistemas de defensa aérea y  equipos de la Federación rusa que se hallan a la altura de los desafíos tecnológicos actuales y lo mejor de todo, es que son un enigma preocupante para los militares británicos.