martes, 29 de agosto de 2017

EN LA MIRA




 “IR A NINGUNA PARTE”
       (Crónica de una guerra inganable)

Cuál será la nueva estrategia de la administración Trump para resolver el problema heredado de la era Bush referente a la guerra en Afganistán




Por Charles H. Slim
Cuando Donald Trump llegó a la Academia militar en Fort Myer, Arlington, Virginia, fiel a su histriónico carácter que se refleja en sus mil y un gestos faciales, algunos se atrevieron a pronosticar que el mandatario se traía algo escondido bajo su manga. En realidad no hay que ser un brujo para interpretar las reacciones faciales del presidente norteamericano ya que, era sabido que las cosas vienen saliendo muy mal y que desde el estado profundo, se están produciendo fuertes temblores telúricos que han obligado a la Casa Blanca a retomar la agenda preescrita dos décadas antes por los arquitectos del caos controlado.

Como se ha venido viendo, las cosas en Afganistán no están para nada bien para los EEUU y nada parece que vayan a mejorar. Con cada año que pasa, pierden no solo efectivos y costosos equipos de combate sino también el apoyo de sus otroras aliados incondicionales. Uno a uno se han ido retirando los incondicionales de Washington, de esa aventura dejando en claro que es una zona demasiado peligrosa para continuar cooperando con las ambiciones de Washington.

Pero desde que Trump ingreso a la presidencia, lo que más le ha preocupado ha sido la parte económica y los gastos que han venido demandado mantener a las tropas estadounidenses en la región. Y en realidad su punto de vista no es para nada desatinado. Si analizamos cuánto cuesta a las arcas de los EEUU la pérdida de un tanque M1 Abrahams por una trampa bomba del Taliban o los vehículos Humer y Humvis que cotidianamente son blancos de emboscadas en lo profundo del territorio afgano, Trump tiene argumentos para preocuparse.  Según algunos cálculos conservadores, actualmente el coste en el mercado de una unidad blindada “M1-Abrahams” le cuesta al “Tío Sam” unos 9,5 millones de dólares, sin contar los costes operativos y el combustible. Si hacemos un estimativo de cinco tanques perdidos por mes eleva la suma a 50 millones de dólares hechos chatarra.

Los vehículos Humvi que han pasado por una exhaustiva prueba en los campos de batalla como Iraq y obviamente Afganistán, ha llevado a que los EEUU invirtiera varios cientos de millones de dólares en nuevos modelos reforzados para soportar los impactos directos de los llamados IED (Improvised Explosives Devices) lo que ha elevado el costo por unidad a unos 20.000 dólares sin contar con los gastos operativos, armamento montable y el combustible.  Lo mismo para el fracasado Hummer que actualmente ha sido sacado de servicio. Si también hacemos un estimativo de pérdidas mensuales a cinco vehículos, nos da 100.000 dólares.

También ha venido siendo un dolor de cabeza para los militares estadounidenses, los derribos de aparatos tan costosos como son los “UH-60 Black Hawk” que en el mercado se cotizan a unos 14.159.900 dólares estadounidenses, también sin contar con sus equipamientos de armas, combustible y personal.  Por último, si consideramos que se derriban dos helicópteros mensualmente, la cifra por su pérdida arroja nada menos que 29 millones de dólares.

Esta breve cuenta de pérdidas estimativas arroja la escalofriante suma mensual de pérdidas solo en estos vehículos unos 79.100.000 dólares.

A lo largo de estos 16 años de guerra intermitente, ha resultado ser un agujero negro para las arcas estadounidenses por donde se van por día  millones de dólares y al año miles de millones sin poderse justificar. Y si a todo ello se le agrega la creciente aversión popular tanto de los afganos como de los estadounidenses por esto, ha hecho que la Casa Blanca se replantee darle un corte a tantos gastos.

Sintéticamente, Trump ha anunciado una nueva estrategia para Afganistán y la región, que se basa en la ampliación de las hostilidades mediante un mayor incremento de tropas y extensión de las operaciones contra otros supuestos “enemigos”. Para algunos, nada nuevo bajo el sol. Para los neoconservadores ha sido motivo de felicitaciones y algarabía; pero para otros analistas estadounidenses, puede ser el comiendo de algo mucho peor (RT.com. “Por qué la nueva estrategia de Trump para Afganistán podría convertirse en lo peor de ambos mundos”. https://actualidad.rt.com/actualidad/247822-nueva-estrategia-trump-afganistan-desventajas )
¿Acaso ello significa una novedad en la política exterior norteamericana? Obviamente que no. Solo es la confirmación de que Trump debe ajustarse el cinturón a la medida de las expectativas de los sectores neocon y los lobbies sionistas que agitan constantemente las aguas turbias de la política.

En apariencias la nueva doctrina que pretende adoptar Trump y su estado mayor del Pentágono para tratar de controlar a la resistencia afgana, pasaría por una mayor inyección de recursos para fortalecer las fuerzas del gobierno de Kabul implicando entre algunas inversiones, la preparación de pilotos afganos para que sean ellos quienes se encarguen de los bombardeos sobre las poblaciones señaladas como refugio del Taliban.

Algunos detalles de lo que desearía Trump para todo ello, fue explicado por el General David Goldfein, jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea en una entrevista para la agencia Reuters, explicando en más o menos palabras que “habría que incrementar los bombardeos sobre Afganistán y para ello, ampliar el entrenamiento de pilotos afganos para que se hagan cargo de los bombardeos” ; con ello los norteamericanos se lavarían las manos por los daños colaterales y las continuas masacres contra civiles (https://ca.reuters.com/article/topNews/idCAKCN1B22GY-OCATP )

Pese a que durante dieciséis años se estuvo enviando incalculables sumas de dinero, equipos y vehículos de combate para pertrechar al ejército colaboracionista de Kabul, los resultados han sido negativos, mucho más de lo que el Pentágono está dispuesto a reconocer. Obviamente no se cuentan los fracasos de la CIA entre las que se cuentan, las fracasadas negociaciones directas con el Taliban en Doha, Qatar. Para paliar estos fracasos continuados, Trump ha anunciado que emprenderán una “gran ofensiva” para destruir a las fuerzas terroristas en territorio afgano, raleando –como se ha venido haciendo desde la invasión- el hecho de que EEUU ocupa militarmente el país. A ello, se agregaría una ampliación de las operaciones sobre Pakistán que desde que EEUU llegó a la región, no ha cesado en causar masacres colectivas con sus ataques preventivos.

Pero la novedad en ésta “nueva doctrina” pasa por otro lado. Al parecer, Trump y su Estado Mayor han tomado la decisión de “sovietizar” la política de información por lo que veremos un “muro” en torno a lo que de aquí en adelante suceda en aquella región. Tal como lo dejo en claro, esta nueva estrategia busca no adelantar detalles sobre en que se basaría dicho planeamiento bajo el argumento de que no permitirá que el enemigo saque ventajas de esas informaciones. 

Además de esconder la realidad de un conflicto que se ha vuelto tan impopular como imposible de ganar, ésta nueva política se ve enmarcada en sus políticas de control informativo de la red de internet llevando a que se legalice un control previo de la información y la negación clara del derecho a la libertad informativa de los ciudadanos.

Pero Trump no es un precursor en estas políticas. No olvidemos a la administración de George W. Bush y Dick Cheney que durante todo el período de inauguración de la llamada “guerra contra el terrorismo”, argumento con el cual abrió ésta guerra y la de Iraq en 2003, para cerciorarse el silencio de los hechos que realmente ocurrían en estos lugares, no dudo en perseguir a quienes se atrevieron a publicar los retorcidos entretelones y los testimonios de las cruentas consecuencias de sus intervenciones. En este sentido y como uno de los miles de ejemplos que demuestran aquella inescrupulosa e ilimitada política de censura férrea fue la orden de Bush para que bombardearan la sede de  “Al Jazeera” en Kabul, en momentos que la cadena qatarí era una fuente independiente.

Hoy Trump pretende ocultar en forma terminante todo lo que allí ocurra y sin lugar a dudas, autorizara a la CIA para que amplíe sus operaciones contra las fuentes indiscretas que desafíen este mandato.