miércoles, 13 de septiembre de 2017

OPINION



“LA MENTIRA SABIDA”

A dieciséis años de los ataques contra las Torres Gemelas y el Pentágono, todas las evidencias  apuntan a una gran mentira ¿Habrá una revisión histórico-judicial?



Por Pepe Beru
Han pasado nada menos que 16 años de aquella mañana trágica pero a su vez, siniestra y bien planeada, que dio el argumento preciso para que la administración de George W. Bush y su ala neoconservadora,   pusieran a rodar sus intervenciones armadas en el exterior con especial blanco en los países árabes islámicos.

Pese a la espectacularidad de los hechos del 11 de septiembre del 2001 y de la paranoia que se monto a partir de ese día, muchos estadounidenses no se creyeron la versión oficial de la administración Bush-Cheney y pronto –demasiado para los poderes detrás- comenzaron a cuestionarla con sus propias preguntas e investigaciones.

La mejor forma de instalar una verdad oficial, es ocultar la verdad de los hechos y eso fue lo que claramente la administración de George W. Bush hizo para justificar la suma del poder público que prosiguió a ese presunto ataque terrorista. Para ello y como lo hemos venido viendo a lo largo de todos estos años, la colaboración de los conglomerados de medios y sus obsecuentes repetidoras alrededor del globo, fue un  factor vital para tratar de instaurar no solo a los supuestos responsables de todo ello sino también, los argumentos para lanzarse contra la soberanía de Afganistán e Iraq y perseguir alrededor del mundo, a quienes ellos considerasen una molestia bajo el mote de “terrorista”.

Y bien decimos “trataron” ya que a pesar de toda la espectacularidad montada en rededor de estos hechos y de la mediática victimización difundida alrededor del mundo, muchos advirtieron las notables incongruencias de todo ese relato.  

Recordemos como en forma inmediata, el gobierno señaló con notable precisión al culpable. Desde la Casa Blanca, Bush acusaría a la organización “Al Qaeda” y a su líder “Osama Bin Ladem” de ser los autores de los ataques contra las torres de New York y el Pentágono. En apariencias la infalibilidad de la CIA y el FBI estaban demostradas y como un paquete para regalo, estaba listo para ser entregado. Era demasiado prolijo para ser cierto. Casi de inmediato, esta historia a muchos no les cuadró y comenzaron a investigar la solidez de esta versión.

Aquello significó el comienzo de una era oscura, en la cual encarcelar o asesinar a los disidentes de la “verdad oficial” era legítimo. ¡Como alguien puede atreverse a dudar de su gobierno en momentos que ha sido atacado!...¡Traidores! gritarían muchos estadounidenses enceguecidos por la ira y la búsqueda de venganza.

Pero muchos otros norteamericanos a pesar de sus pérdidas y sus tragedias personales, no se dejaron tomar por esas manipulaciones mediáticas que arengaban las políticas oscurantistas y opresivas de esos sectores conservadores del congreso estadounidense, que pronto se harían públicas y que más tarde avergonzarían al mundo.

Más allá de que este evento fue el argumento por el cual se justificaron las intervenciones contra Afganistán e Iraq, los sectores recalcitrantes del Neocon y los sionistas trataron de crear un relato victimizante que perdurara en la historia por medio del cual, además de justificar sus velado planes de expander sus intervenciones a más países,  se cubrirían sus propios latrocinios e inhumanidades. A la vista de las circunstancias y de las consecuencias  de todo aquello queda claro que fallaron y cada año que pasa, son más los cuestionamientos sobre aquel 11/S.

Con el paso de los años, las incongruencias expuestas por muchos testigos presenciales y por investigadores independientes se han ido multiplicando a punto tal que han ido dejando en claro que todo lo que Bush y su staff habían dicho, era una absoluta mentira. Desde las incongruencias físico-estructurales denunciadas por ingenieros y expertos en estructuras como las que sostenían a las Torres Gemelas, pasando por peritos en explosivos que notaron y denunciaron señales de cortes realizados con “Termita” en los pilares principales de aquellas estructuras, hasta la aparición con vida unos años después de los supuestos suicidas, han servido para hacer temblar toda la estructura de mentiras montada para convencer al público, de que “había que ir por los culpables”.

Uno de estos investigadores, es el profesor canadiense Michel Chossudovsky quien en varios de sus artículos, ha venido pesquisando minuciosamente los entretelones que rodearon la fabricación de aquel evento bisagra en la historia contemporánea. En uno de sus artículos, pone su centro en el personaje Osama Bin Ladem, aparentemente elegido al azar por el entonces gobierno estadounidense y protagonista mediático de lo que se llamaría “la guerra contra el terror”.

Cuando Bush y sus funcionarios como el jefe de la CIA George Tenet y el entonces Secretario de Estado Collin Powell anunciaron que Bin Ladem había sido el responsable sin agregar más detalles, en todo momento y ante los cuestionamientos de los periodistas alegaron que no se sabía dónde se encontraba pero que sospechaban que el “Taliban” lo estaba protegiendo en Afganistán, argumentos que les sirvió para crear aquella escenografía hollywoodense de “el terrorista escondido en una caverna” desde donde digitaba las acciones.

Aunque a la vista ello era muy pintoresco y hasta llamativo, a muchos eso no les convenció.

Tal como lo señalaron varios, la repentina aparición de pruebas vinculándole a los ataques, tenían un olor muy sospechoso. Desde la aparición de un  mensaje islamista en un automóvil aparcado en las cercanías de las torres gemelas, la recopilación de pasaportes sauditas intactos en los escombros con los nombres de los atacantes y la estructura de la organización que Washington acusaba como responsable (AL Qaeda), era demasiado perfecto para ser verdad.
Quizá el dato más sospechoso y que tuvo sus consecuencias, por la inverosímil historia de los pasaportes, que fue inmediatamente desenmascarada sin quererlo por un funcionario gubernamental.

Sobre esto, uno de los testigos peligrosamente privilegiados que corroboró varias de éstas irregularidades en el mismo lugar de los hechos, fue Kurt Sonnenfeld un agente del FEMA que al filmar la zona en la que constató todo aquello y tras advertir que había captado demasiados datos “inconvenientes” para el gobierno, debió huir de los EEUU y abandonar su vida y a toda su familia ante un riesgo muy cierto de muerte. 

El caso del ataque al Pentágono, por el grado de embuste y de inconsistencias que presenta se ha vuelto una de las mayores evidencias de que todo el evento, que además de mendaz, estuvo movido por otros autores muy diferentes a los señalados por el gobierno. Tal como se puedo rescatar de las pocas cámaras activas en las cercanías del Pentágono (y de fotos satelitales), no solo no hubo ningún avión que se estrelló contra sino que incluso, algo mucho más pequeño y rápido impacto contra el edificio.

Este evento al ser rápidamente puesto en evidencia como un embuste y advirtiéndose que lo que realmente golpeo al Pentágono habría sido un misil, surgieron más interrogantes: ¿Por qué no se activó el sistema de defensa aérea que protege al complejo? ¿Alguien lo desactivo? Y si así fue, obviamente conocían la clave para su acceso.

En aquel momento el profesor canadiense fue uno de los primeros valientes investigadores, junto a Therry Meyssan, en sacar artículos críticos analizando sobre lo que había sucedido, algo que al revelarse como comprometedor para la administración estadounidense,  cayó bajo la censura discreta que los buscadores en internet han implementado en cooperación con Washington (http://www.globalresearch.ca/articles/CHO109C.html )

Como se puede leer en aquel artículo, la historia de “Al Qaeda” y la CIA venía desde hacía muchos años y las relaciones entre Osama Bin Ladem con la “agencia” eran más estrechas de lo que EEUU podía reconocer en público.

Chossudovsky viene a confirmar lo que fuentes de inteligencia disidentes habían informado tras aquellos ataques, señalando como primer hecho de que Osama Bin Ladem era un agente (un activo) de la CIA y que su paradero real no era en una cueva e las montañas afganas o coordinando los ataques como tan cinematográficamente habían esbozado los funcionarios norteamericanos y sus medios informativos.  Lejos de ello, Bin Ladem estaba muy grave de salud, por lo cual fue internado en un hospital militar de Pakistán bajo la vigilancia de asesores norteamericanos. 

De este modo, el artículo de investigación del profesor canadiense concluye que Bin Ladem fue simplemente usado como “cabeza de turco”, usado para cubrir esta “operación de Bandera falsa” sino también para justificar todo lo que vendría después (https://www.globalresearch.ca/where-was-osama-bin-laden-on-september-10-2001-one-day-before-911-he-was-in-a-pakistani-military-hospital/5607143 )


No caben dudas de que si investigadores como Chossudovski no hubieran hurgado durante años en la historia detrás de estos eventos y seguir las consecuencias que se desprendieron de ellos, está claro que hoy EEUU habría aplastado a todo el Medio Oriente e incluso, hubiera profundizado su política de censura mediática a niveles inimaginables tal vez, oficializando la cárcel o la muerte como pagaron muchos durante la era “Bush-Cheney” por haber cuestionado todo este embuste.