lunes, 19 de febrero de 2018

EN DEBATE




“CHURCHILL EL FRAUDE”

La propaganda, la farsa de los medios y la real cara de un criminal




Por Sir Charlattam
Últimamente se ha estado viendo como los manejadores de la imagen política y social de los Estados Unidos y Gran Bretaña, tratan de hallar la fórmula, la vía o el camino para tratar de encender en una juventud remanida, apática y sin los horizontes que a la clase dominante le gustaría ver, la chispa para luchar por un sistema que se está derrumbando a pedazos.

En la búsqueda de este propósito Hollywood,  el centro de la propaganda de los EEUU y occidente ha lanzado una producción de características épicas en donde se busca conmover a un cada vez más desconfiado pueblo que no cree en su clase política.  La película “Las horas más oscuras” no es más que eso; un panfleto disfrazado de documental biográfico de Winston Churchill, el primer ministro británico durante la segunda guerra mundial. Una ridícula caricatura que busca recrear algo así como “el Che” británico, un idealista incansable que no se detendría hasta la victoria final.  Sin lugar a dudas, una película muy esperada por la anglofilia sudamericana.

Pero más allá del contenido de la película en sí misma, lo que debemos ver qué es lo que se quiere trasmitir con estas  producciones donde se ensalzan a personajes siniestros de la historia contemporánea. Pero un momento. Usted  que medianamente alguna vez estudio la historia que le dieron en la preparatoria, en la universidad  o aquella que veíamos en las películas en blanco y negro de aquellos lejanos años del siglo XX en las que pintaban a Churchill como un pro-hombre del liberalismo político, nada tienen que ver con la realidad y si usted no quiere que sus hijos o sus nietos sean embaucados de la misma forma, solo preste atención tan solo a este artículo.

Winston Churchill fue algo más que el héroe democrático que los medios actualmente tratan de vender. Sin dudas que para los británicos conservadores y los anglófilos, fue un prócer. Fue un astuto político que supo aprovechar los momentos de debilidad de sus contrincantes tanto internos como los externos y no vacilo un momento en causar más mismas indecibles masacres que las que los alemanes cometían contra sus ciudades. Pero incluso, tampoco tenía nada que envidiar a los “Nazis” en lo referente al uso de armas químicas o de gasear a la gente, o de implementar políticas racistas que le costaría la muerte a más de cuatro millones de bengalíes, uno de los genocidios del Imperio británico más ocultados de la historia.  Para quienes se pregunten que son los Bengalíes, les informamos que ellos eran personas de carne y hueso que en 1943 bajo la colonia británica y por orden de Churchill se vieron privados de sus cultivos  y por ende de su alimento( Crimes of Britain. “The crimes of Winston Churchill”. https://crimesofbritain.com/2016/09/13/the-trial-of-winston-churchill/) .  

El imperio británico que Churchill protegía era eso, una potencia colonialista, brutal y subyugadora que no podía envidiarle nada a la Alemania de Hitler.  Menos aún al Fürer alemán a quién muy ligera y convenientemente se le endilgaron todos los males de aquella gran guerra para cubrir las infamias de los vencedores ¿Qué hay de cierto de la imagen democrática pintada de Churchill?  Ello es una falacia. Churchill además de haber ordenado la participación de la aviación británica en el brutal bombardeo de Dresden el 14 de febrero de 1945 que masacro a más de 35.000 civiles, era un maldito mal nacido, que vivía de la intriga y que de joven se había manchado las manos con la sangre de miles de inocentes.

Cuando la India pugnaba por una identidad propia y liberada de las brutales garras del imperio británico el Primer Ministro Churchill murmuraba con sus cercanos “prefiero verlos tener una buena guerra civil”, como parte de un deseo de ver a la India partida en diversos sectores políticos y religiosos, algo que trataron de realizar muy astutamente sembrando las inquinas entre musulmanes e induistas y que tiempo después desembocaría en la creación de Pakistán.

Su racismo era tan grande como su regordete ego enfermo. Odiaba a los indios por que los “consideraba bestiales con religiones bestiales”. Similar desprecio profesaba por los árabes y los musulmanes que se vio concretado con sus estrechos esfuerzos para colaborar con el movimiento sionista que por entonces ya operaba violentamente en Palestina.

Detestaba a los gobiernos que no se posternaban ante la corona. El mito de su carácter u orientación democrática es un fraude absoluto. Fue el artífice de los derrocamientos de gobiernos y saqueo de recursos de los países árabes y en particular contra Irán, cuando en agosto de 1953 colaboro con los planes de la CIA para orquestar el golpe de estado y derrocar al presidente Mossadeg.
Elisa Carrio 

Churchill también detestaba a Juan Domingo Perón, a quien vio en el y la creación de ese movimiento llamado “justicialismo” una seria amenaza para la extensión de los planes británicos en el hemisferio. Fue Churchill quien dijo “No dejen que la Argentina se convierta en potencia. Arrastrará tras ella a toda América Latina”. Cuando Perón fue derrocado en 1955, Winston Churchill dio un encendido discurso ante la Cámara de los Comunes en donde elogio el evento como una “reparación al orgullo del imperio”. Cuesta creer que haya políticos argentinos que han expresado su profunda admiración a tan vil enemigo. 

Fue quizá en Afganistán donde Churchill y las tropas británicas de ocupación, causaron las primeras masacres colectivas que nunca fueron externalizadas en las biografía de este maniático y alcohólico consuetudinario. Según algunos documentos revisionistas que abordan sus propias notas en la campaña contra la tribu “Pashtun” demostraba su orgullo por el terror que infringía sobre los nativos de Afganistán, los mismos que desde 2001 siguen resistiendo la invasión de la OTAN.

Cuando los británicos con la ayuda de los grupos de la resistencia griega desembarcaron en Grecia en 1944, Churchill en búsqueda de establecer un gobierno a su modo y con políticos locales maleables, ordeno a los grupos ELAS y EAM que entregaran sus armas. Esto sorprendió desagradablemente a los griegos quienes habían recibido de muy buen agrado a los británicos y esperaban que no fueran peores que los alemanes. Churchill alegaba que la resistencia griega como un rejunte de “bandidos miserables” por lo cual, cuando se negaron a entregar sus armas y pese al apoyo popular de miles de atenienses, las tropas británicas reprimieron a fuego limpio  matando a 28 personas e hiriendo a otros 128 sin que ello hubiera sido parte de alguna columna en el Washington post o el The New York Times.


En un muy resumido pasaje, ese fue Winston Churchill, un monstruo glorificado por los vencedores de aquella época, elogiado por los borregos que se dejaron arrastrar por la falsa cara que los historiadores pagos hicieron  de él y un crápula que no tiene nada que envidiar a los criminales políticos actuales.