EN DEBATE
“DESDE ADENTRO”
Un artículo del New York Times pondría sobre la mesa la supuesta existencia de una resistencia política dentro de la misma administración del presidente Trump ¿Realidad o una mera operación de prensa?
Por Charles H. Slim
Hace unos días
atrás el influyente periódico “The New York Times” publicó una escandalosa
historia de un funcionario “anónimo” trabajando dentro de la Casa Blanca que
revelo estar operando para la desestabilización del presidente Donald Trump y
su agenda gubernamental. Según surgen de
las declaraciones de este “insurgente” existe una resistencia dentro del seno
mismo del gobierno estadounidense que hará todo lo posible para lanzar de la
Casa Blanca a quien califico como “amoral” y “traidor”.
Sin dudas que la primicia causó estupor entre el público
norteamericano que viene siendo testigo de la larga telenovela del
“Russia-gate” y las supuestas conexiones de Trump con el Kremlin. La afrenta es
sin lugar a dudas muy grave para la investidura presidencial y ello pone de
manifiesto el grado de fisuras y de intrigas que existen dentro de los círculos
políticos de los EEUU.
Desde hace tiempo que se sabe de las irreconciliables diferencias
que siguen habiendo en cuestiones raciales y de derechos civiles dentro de la
autoproclamada “gran democracia”, aunque se haga mucho por disimularlo,
agravado por una política racista de las últimas dos décadas dedicadas y
deliberadamente dirigidas a la impulsión de la “arabofobia” y la “islamofobia”
que sea expandido como reguero en toda
la UE y que los actuales cerebros del Departamento de Estado y sus aliados
lobistas tratan de anclar en el Cono sur con tétricas historias sobre supuestas
células del “ISIS” y “Hesbolla” operando en la Triple Frontera entre Argentina,
Brasil y Paraguay.
En este mismo tema no hay que olvidar que Trump ha sido un
consecuente adepto a este racismo con sus odiosas políticas restrictivas contra
los musulmanes y sus vecinos mejicanos que quieren migrar a los EEUU. Un típico
W.A.S.P. podría decirse a simple vista.
Si bien Donald Trump ha tocado las fibras más sensibles de lo que
se conoce como el Deep State frenándoles muchos negocios vinculados a las
trasnacionales que se alimentan de la economía de guerra, precisamente
creándolas en otras regiones, el presidente norteamericano no es mejor sujeto
que sus predecesores. El dinero sigue yéndose a las mismas áreas de siempre.
Al
igual que Obama, sigue incrementando el gasto militar a niveles exorbitantes
aunque –según él- para la defensa de América, además continúa permitiendo
el juego sucio en Siria mediante el apoyo a grupos terroristas calificados por
Washington como “rebeldes moderados”, trama vías para una intervención militar a
Venezuela y pretende aislar a Irán con los planes elaborados en Tel Aviv. Sus
políticas económicas y financieras claramente han estado apuntando a mejorar la
situación interior de su país desgajando los contubernios que existían entre
las grandes trasnacionales, la banca y la clase política establecida
concentradas en las guerras sin fin.
Pero en lo externo, (aunque volátil) Trump sigue siendo una
herramienta fiel a los intereses sionistas con su incondicional compromiso con los
intereses del estado de Israel cada vez más acorralado por sus políticas
inhumanas y de continuas apropiaciones territoriales en Palestina. Muestra de
ello fue la arbitraria e ilegal proclamación de Jerusalén como capital del
estado judío cuando ello –además de falso- viola un expreso mandato de
Naciones Unidas sobre su internacionalidad. En este punto no hay discrepancias
ni las habrá con estos sectores que se le oponen ya que en ambos lados, están
los mismos lobbies pro-israelies a la zaga de quien salga victorioso (sean
demócratas, republicanos o independientes).
Pero volviendo a la publicación de éste supuesto alto funcionario impostando la jugada de un “insurgente”,
debemos decir que ello no puede sino demostrarnos que hay una gran turbulencia
en los sótanos del poder estadounidense y no porque les preocupe la humanidad,
la paz o la libertad sino porque hay mucha furia en la forma en que Trump ha
encarado temas cruciales como Corea del norte, Siria e Irán y los recortes en
los lazos con la OTAN no llenan sus expectativas. Tampoco podemos ignorar que el diario que le
hace el espacio para esta catarsis insurreccional es una clara demostración de
cuál es el papel de los medios hegemónicos dentro de la política doméstica y
externa de la unión. En este sentido ¿Alguien puede creer que un funcionario de
la Casa Blanca puede ir a un periódico como el citado y decir suelto de cuerpo
“el presidente es un amoral y estoy trabajo para desbancarlo”? Eso en EEUU se llama conspiración y tengo
entendido es un delito. Si alguien se cree esos cuentos de la libertad de
prensa y las películas hollywoodenses como “Los archivos del Pentágono”, no
puede menos que considéraselo un cándido que cree en los cuentos de hadas.
Lo cierto es que Trump sin dudas está rodeado de enemigos y no
debería de extrañarse por ello. Desde el primer momento de su asunción, fue
objeto de pequeños sabotajes que ya preanunciaban que el enemigo estaba en
casa.
Recordemos que desde antes de acceder al gobierno provocada escozor entre
sus rivales al ventilarles en la cara muy molestos asuntos a los cuales no
podían rebatir. Su prédica de una nueva política con alguien de afuera
(outsider) llego a los oídos de sus interlocutores y de un amplio espectro de
la ciudadanía estadounidense causando dos efectos al unísono como fueron, la
desconfianza hacia el sistema bipartidista dominado por republicanos y
demócratas (los cuales tienen los mismos objetivos) y la idea de que drenaría
el pantano en el que esta clase política conservadora y corrupta convirtió a
los EEUU.
Como maquinar algún mal contra el presidente puede ser demasiado
riesgoso a la altura de las circunstancias (con un público altamente informado
y la diversidad de medios alternativos –pese a los intentos de censurarlos- ),
estos sectores que responden a los intereses neocon y sus multifacéticos
aliados sionistas, han optado por charadas más histriónicas y más elaboradas
echando mano a estrategias mediáticas poco esperadas emulando a las proclamas
revolucionarias de células subversivas marxistas de viejas épocas (de la década
de los setentas) o a las que realizaba la resistencia iraquí por la cadena qatarí “Al Jazeera” en épocas de la
ocupación.
Igualmente hay que dejar en claro algo, Trump es solo un fusible
dentro del sistema de poder estadounidense, una figura decorativa que cumple
con una función meramente representativa. Aunque estridente y muy payasesco,
sirve a los cerebros que manejan todos los asuntos por detrás. Cuando él se
marche sea por las cuestiones o las vías que lo haga, el poder detrás de las
cortinas de la Casa Blanca seguirá con la misma agenda que siempre ha tenido
desde finales de la II guerra mundial y que se ha venido perfeccionando desde
entonces, destinada a cumplir objetivos que poco tienen que ver con los
intereses propios.
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