miércoles, 17 de abril de 2024

 

UN DIBUJO JUDICIAL

¿Por qué es muy sospechosa y a la vez conveniente la repentina resolución de la Cámara de Casación federal sobre los atentados de la embajada y la AMIA?

 

Por Charles H. Slim y Yossi Tevi


Si hay algo en la Argentina que no cambia con el paso del tiempo, es la administración de justicia que dicho sea de paso, no es lo mismo que el valor justicia. Una es el conjunto de edificios y burócratas que conforman este poder del estado y otro, el propender a impartir justicia. Acostumbrada a moverse al ton de la administración política de turno, la “justicia federal argentina” no ha dejado de lado este reprochable hábito, que en las actuales y muy complejas circunstancias geopolíticas en las que los Milei insertan al país, debiera primar la prudencia y el verdadero ejercicio de ese valor.

El jueves 11 de abril una noticia puso en autos sobre lo que menciono. La repentina (y muy conveniente) resolución expedida por la Cámara de Casación sobre las causas embajada de Israel y AMIA difundida a bombo y platillo por los medios de la capital, me dio una sensación extraña, tanto como los aparentes fundamentos de lo resuelto. En realidad, más que informar la conclusión fundada de dos causas que estuvieron por años frizadas en “letra”, se trató de un golpe mediático ajustado a la nueva sintonía política en “La Rosada” con finalidades estrictamente geopolíticas.

Sin más fundamentos que las apariencias plantadas por operadores al servicio de las agencias de inteligencia Mossad y la CIA, los camaristas han entendido muy convenientemente que los responsables de aquellos ataques fueron la República Islámica de Irán y (por supuesto) Hesbollah. “Fin”.

Con ello, Buenos Aires se pone a tono con la geopolítica estadounidense y a la vez trata de lavarle la cara al estado de Israel que ya causado un genocidio de más de 33.000 palestinos asesinados y contando más el ataque terrorista a la embajada iraní en Damasco perpetrado el 1º de abril último que abrió la puerta para que Irán ejerciera su legítimo derecho a una respuesta la cual (y aunque los medios israelíes y locales no mencionan) fue dura y muy precisa[1].

Si tenemos en consideración este último evento, pareciera que Tel Aviv esperaba la réplica iraní para usarla como argumento político con el cual influir en esta repentina decisión judicial.

Pero, aunque ese sería el plan del actual gobierno argentino, no debería de entrometerse e influir en las decisiones de la justicia, si es que en realidad fuese independiente ¿Acaso es una sorpresa esta clase de intrusiones intrapoderes? Tan escandalosa es esta conclusión, que a la secuencia procesal, histórico-temporal y los elementos que debieran probar su argumentación, simplemente no existen.

Tanto el atentado de la embajada de 1992 y el de la AMIA de 1994 presentan inconsistencias, contradicciones y hechos que han sido pasados por alto desde el inicio de las investigaciones. Ambas son grandes ejemplos de lo que es “dormir” causas judiciales cuando hay involucrados muy influyentes que no deben ser expuestos en el expediente judicial. Lo único que se mostró en cada una de estas causas fue la imperiosa necesidad de desviar las pesquisas a hipotesis bien limitadas y estereotipadas. Así, en el inicio se achacaron estos ataques a una célula de neonazis, luego a los palestinos de la “Yihad Islámica”, luego a los sirios y ya dos años después tras el segundo atentado y rodeado por un gran interés geopolítico, se decidieron por centrarse en Irán y el Hesbollah libanes.

Nadie al parecer reparó en esta veleidosa y maniquea propuesta de candidatos a culpar y que incluso más tarde fue desmentida por el mismo Mossad desde Tel Aviv.  El público en general menos aún ha estado al tanto del contenido de dichos expedientes y las incongruencias documentadas de algunos periodistas que en los micrófonos decían (o notas) una cosa y sus declaraciones entre las cuatro paredes del despacho del juez, todo lo contrario. Con esto y durante treinta años los intereses que se esconden detrás de los medios pudieron manipular a la opinión pública planteando un relato islamófobo y a los posibles y convenientes autores de ambos ataques ¿Es normal que esto ocurra?

A pesar de algunas medidas políticas y designaciones para reactivar ambas causas (como la del Dr. Alberto Nisman), nunca se sumó un solo elemento comprobable que ayudara a ello. En este sentido, la famosa denuncia del Dr. Nisman implicando elípticamente a Irán como el autor de esos ataques no solo estuvo huérfana de pruebas sino, que y que por dicho motivo fue desestimada en siete instancias. Incluso hasta la sospechosa muerte de éste fiscal en 2015 (y de la cual el agente Pacher estuvo al tanto) ha estado sometida bajo un halo de total incertidumbre, meras suspicacias y operaciones judiciales que demuestran que alguien muy influyente se esconde detrás del telón y que no es precisamente CFK y su pandilla de revoltosos setentistas.

Se puede decir con mucho, que los interesados en encubrir a los verdaderos autores responden a un poder que está más allá de la famélica influencia estatal argentina o de una organización terrorista.

Siguiendo con esta mirada crítica, podemos ver que a la artificiosa lista de sospechosos para colgarles este crimen, se les escaparon algunos sin argumentar por qué. Por ejemplo, hay quienes señalan que se dejó de lado la pista siria por el estrecho lazo que existía con la familia Menem, pero también se dejó de lado otra hipotesis conducente pero muy incómoda (en especial para las autoridades políticas de la comunidad) como es la pista del extremismo judío -sucesores del grupo Leji[2]-  ligado a los colonos ilegales que no solo operaba en los territorios ocupados sino, que en ese preciso momento estaba en pie de guerra contra el primer ministro Rabin[3].

El actual y obsecuente alineamiento del gobierno de los Milei con Israel y Washington es el motivo por el cual la Cámara de Casación sacó este engendro jurídico que tiene como claro fin, convertir a Irán en la cabeza de turco de estos crímenes. Pero ¿Por qué ahora?

Sin dudas que la motivación se apoya en la espiralización de la violencia en Oriente medio especialmente tras el ataque israelí contra la embajada de Irán en Damasco, un acto terrorista que ha representado una declaración de guerra y que dio lugar a la captura del portacontenedores israelí “MSC Aries” en el estrecho de Ormuz y la respuesta del 14 de abril en la que los misiles y Drones del El Cuerpo de Guardias de la Revolución Islámica de Irán (CGRI) golpearon entre otros puntos, el aeropuerto internacional Ramón, la base aérea Nevatim (desde donde salió el F-35 que bombardeo el consulado iraní en Damasco) y la base de misiles en el Monte Hermón.

Queda esperar y más allá de la sobreactuación, que la obsecuencia del gobierno de los Milei y su posicionamiento ante esta crisis no implique actos de irresponsabilidad con participaciones militares o implicaciones en operaciones de inteligencia que arrastren al país a un punto de no retorno, salvo que (como se advirtió en la reunión de gabinete de su gobierno) sean otros quienes conducen la política exterior del país.



[1] Según fuentes dentro de Palestina, varios misiles cayeron sobre bases militares israelíes causando grandes explosiones. Entre los blancos golpeados estuvieron el aeropuerto Ramón, la base en el monte Hermón, la base Nevtim y otros emplazamientos no precisados. Parte de esos golpes fueron filmados y pueden verse aquí: https://spanish.almanar.com.lb/955055 

[3] El Primer ministro Yizack Rabin fue asesinado el 4 de noviembre de 1995 por uno de los colonos extremistas de la misma rama. https://es.wikipedia.org/wiki/Asesinato_de_Isaac_Rabin

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