domingo, 12 de febrero de 2017

NACIONAL



“ESTRATEGIAS SIN JUNTAS”

A pesar de las intensiones de Buenos Aires por establecer fuertes lazos con Washington parece que no habrá correspondencia, al menos en lo que la economía se refiere



Por Javier B. Dal
La presente situación económica global no perdona a nadie e incluso ha pillado a los EEUU en uno de los momentos de mayor incertidumbre política que la historia pueda recordar. Agregado a todo esto, Donald Trump sigue siendo una incógnita sobre si es realmente el personaje que imposta, es un gran estafador o simplemente un ingenuo total. Para la Argentina como era de suponer, las consecuencias son tan o más imprevisibles que lo que sus tecnócratas económicos puedan augurar y ello por la simple razón de que el país ha estado continua y obsecuentemente detrás de la cola de los acontecimientos que se digitan en el norte.

El gobierno de Mauricio Macri tiene una tarea compleja y muy delicada por arreglar en el campo económico. Tras doce años de un despilfarro sin igual en la historia del país, su gobierno trata de poner las cuentas en orden y ello está causando muchas bajas entre la opinión pública e incluso entre sus propios partidarios de “Cambiemos” que esperaban seguramente, la mano salvadora de Hillary Clinton. Igualmente y para el desconsuelo de estos liberales argentos no hay que dejar de recordarles que  a los demócratas les importa un rábano la Argentina como socia para algunos negocios bilaterales –salvo aquellos que sirvan para no mancharse las manos- y para muestra de ello, solo miren la administración Obama.

Otro de los grandes problemas que el gobierno de Macri no define es su “política monetaria” la cual se puede asegurar, es claramente inexistente en el país y ello a su vez refleja el crítico estado de su soberanía.

Es un momento histórico; no solo por la crítica situación socio-económico y financiera que sacude a todo el mundo sino porque nunca la Argentina como país y el Cono sur como región y bloque económico, ha tenido la oportunidad de hacer la suya sin depender de los cuestionamientos políticos y venías diplomáticas que recurrentemente venían desde Washington. Hay demasiada confusión en Washington e incluso más bien hay que decirlo, dentro de la misma Casa Blanca donde el presidente Donald Trump debe lidiar con las travesuras de sectores dentro de su propia administración que claramente están ligados a sectores de la comunidad de inteligencia que brega por complicarle su gestión.

Agregado a esto, según algunos especialistas y economistas agrupados en  consultoras privadas, existiría en una “guerra de divisas” a nivel mundial que podría terminar con una caída abrupta del dólar causando una catástrofe financiera que literalmente derrumbaría “Wall Street” y como un efecto dominó tumbaría la City londinense y por supuesto, a la Argentina.

Pero los políticos argentinos tienen un serio problema que se relaciona con la idiosincrasia de su pueblo o más bien cabe aclararlo, de los “porteños” quienes sufren de una patología nativa que se llama “cholulismo mediático” , arraigado en su comunidad artística –que se ha visto recurrentemente mezclada con el ambiente político- y tan utilizado por sus agraciadas mujeres para escalar en mejores posiciones, se ve reflejado en sus políticos que tratan de congraciarse con la elite anglosajona a costa de su propia dignidad. Nada nuevo en  eso, no?

Pero a pesar de los esfuerzos por agradar, a Trump no le llama la atención la región. Y la razón es simple, a ninguno de sus predecesores le interesó nunca. Además, si ha echado un vistazo no ha podido ver más que problemas por corrupción estructural, desmanejos financieros, especulación financiera, en fin nada nuevo en el horizonte de la “Sudamérica” pintada en el imaginario externo. Pero ¿Eso significa que Trump o los EEUU sean mejor que Macri o la Argentina? No nada de eso, solo que el mandatario norteamericano tiene tantos y más agudos problemas en casa que no tiene tiempo en tratar de ir a resolvérselos a otros. Lo que claramente busca Trump son socios que le sean leales, útiles y le ayuden a engrandecer a su país, es todo.

Sobre ello y por lo que se ha visto hasta el momento, Trump no considera a la Argentina como un candidato para esas aspiraciones. Prueba de ello es que Macri no fue llamado telefónicamente por el mismo Trump y solo ha recibido una llamada de consuelo del vicepresidente Mike Pence quien le ha prometido a Buenos Aires que se comprometerán en redoblar esfuerzos para mejorar las economías de ambos países y crear fuentes de empleo. Como aliciente para subir el ánimo de Macri, Pence resalto la decisión del gobierno argentino para que se lleve a cabo la cumbre del G-20 en Buenos Aires en el 2018, lo que le dará al país una oportunidad de oro para mejorar el papel del país dentro de la economía global.

Traducido al castellano argento, “muchachos están por las suyas”; algo así como si tenemos estrategias, estás se harán por separado y cada cual con lo suyo.

Lo cierto es que dicha llamada no dijo nada y Macri deberá arreglárselas por sí mismo. Nada nuevo bajo el sol. Es sin dudas un momento de grandes desafíos para el gobierno y de altos riesgos para tomar en cuenta ya que, visto como están las cosas, el ideario de los “liberales” y obsecuentes argentinos que esperaban ansiosos los dólares yanquis entrando al país para invertir en el circuito económico, solo es humo en la noche.

Lo peligroso de estos deseos, es que se caiga nuevamente en la trampa que cayó Menem y Cía allá por la década de los noventas, creyendo que involucrándose en la guerra del Golfo Pérsico de 1991, le garantizaría inversiones y la llegada de capitales contantes y sonantes para los bolsillos propios y de sus allegados. Fatal error y hoy día, ello podría ser la diferencia entre la paz que estamos acostumbrados a respirar o la instauración de una atmosfera de terror que los creadores del actual terrorismo son expertos en recrear (GLOBALRESEARCH.ca.  http://www.globalresearch.ca/the-cia-trump-and-his-war-on-terrorism/5571722 )

A su vez representa un momento de grandes oportunidades para que este mismo gobierno acuda a los principios que el mismo Macri hizo bandera en su campaña electoral y es ellos son, el uso de la imaginación para el desarrollo pero que sin dudas, no estará exenta de sacrificios y privaciones por lo cual habría que preguntarse ¿Hay voluntad en el pueblo argentino en emprender una lucha por una verdadera independencia política y de su economía?; ¿Lo soportara el pueblo sin dejarse tentar por sectores que buscan por todas las vías, derribar la gestión de Macri?