miércoles, 8 de marzo de 2017

EN DEBATE





“MASSAJ”

La visita programada del candidato del Frente Renovador Sergio Massa a Israel y sus propósitos.



Por Javier B. Dal
La semana pasada Tierra Santa tuvo una visita no anunciada; no al menos al conocimiento público masivo. El líder del Frente Renovador, Sergio Massa y su esposa, quienes fueron acompañados por una comitiva de trabajo visitaron el estado de Israel en donde tuvo el recibimiento de un huésped de honor. Massa había sido invitado por el gobierno de Netanyahu para que se interiorice en sus novedosos implementos de vigilancia e interceptación de comunicaciones electrónicas con los cuales Tel Aviv mantiene un paso delante de sus contrincantes árabes.

Como el buen demagogo que es, Massa se convirtió en un judío más y como buen actor, no tardó en asimilar con agrado la arenga ideológica que acompaña a los visitantes que llegan a ese estado. Son casi pasajes obligados, que los personajes políticos visiten el Muro de los Lamentos y el Museo del Holocausto como una forma de legitimar al estado que debe lidiar con una creciente oposición en la opinión pública internacional por sus aberrantes crímenes contra la humanidad.

Pese a que Massa es cristiano, no le interesó ir a Belén donde tuvo su lugar de nacimiento Jesús. No, claro que no. Jesús no reporta ningún beneficio mediático y menos aún económico para los intereses del candidato camaleónico. Massa como un perro de presa, tiene el olfato para rastrear la mejor pieza y sabe muy bien que Israel y sus poderosas influencias en la Argentina tienen el dinero y las conexiones para subirlo hasta la cima del poder.

Massa e Israel comparten intereses y cada uno por su lado trata de obtener lo que quieren. El demagogo busca el apoyo económico y buenas migas políticas que lo sustenten en sus ambiciones por llegar a la Casa Rosada. Israel, poder tener una presencia más acomodada en Argentina, despejada de grupos que apoyan a la causa palestina y exenta de posibles reclamaciones judiciales cuando sus funcionarios lleguen por Ezeiza.

Como buen político y demostrando cómo se manejan los asuntos en la política internacional, Massa sabe que en los EEUU pese a la llegada de un supuesto “nacionalista” como Trump, quienes manejan los asuntos de trascendencia en lo que hace a la política de aquel país, pasa por los estrados y mostradores de los Lobbies pro-israelíes. En ese sentido queda claro que el tigrense trata de crear las condiciones para que ese “poder”  se instale definitivamente en el país y a cambio de buenas recompensas, pueda desplegar con seguridad su activismo sionista.

En realidad lo que hace Massa no es nuevo y no ha estado exento de lo que han venido realizando los demás políticos del Stablishment argentino que, aunque se rasguen los vestidos diciendo que lo combaten –como lo hace “Santa Lilita”- reciben el buen cobijo de esos sectores.

Se trata de un juego, hipócrita, pero es solo eso. Es un canje en el que los politiquillos como Massa venden las pelusas que le quedan de dignidad para que demostrando su adhesión al estado de Israel, éste le conceda algunos beneficios para su trepidante carrera.  Aunque para los israelíes que se jactan de que se la saben todas y que los demás están por debajo de sus zapatos, los políticos argentinos no tendrían el valor de reflejar tan solo una sola de las aberraciones que se diariamente cometen traspasando ese muro inmundo que tipos como Massa, hacen como si no existiera.

Massa es agradable a Tel Aviv por sus antecedentes. Durante su gestión en Tigre, el entonces funcionario “K” y obsecuente incondicional de Cristina celebró contratos de compra con empresas israelíes de equipos y sistemas de vigilancia con cámaras en la vía pública, las mismas que sirven a las fuerzas militares y policiales en sus “operaciones” contra la población palestina, la cual dicho sea de paso, sigue soportando la “picadora de carne” a la que la maquinaria sionista los somete.

En este mismo sentido y haciendo un poco de “ciencia ficción”, si Massa hubiera estado realmente interesado en el mejoramiento de la calidad de vida y en los avances que la tecnología israelí proporciona para sus propios ciudadanos –excluyendo a los palestino claros-  no habría aceptado la invitación. Si en realidad es un ser preocupado por la justicia y los “valores humanos”, no debería haber avalado las monstruosidades que las fuerzas de “seguridad e inteligencia” israelíes llevan a cabo a diario contra la población árabe.

¿Acaso usted podría imaginarse a un Massa increpando a Netanyahu o al nada amigable Avidgor Lieberman por la desaparición de miles de bebes judíos de origen yemení en los comienzos de los cincuentas? O de la brutalidad e impunidad con la que la maquinaria represiva israelí arrasa contra los pobladores árabes palestinos. O incluso, solicitar alguna explicación ante la aberrante causa del soldado israelí Elor Azaria que tras herir a un joven palestino y a plena luz del día le voló los sesos con disparo a la cabeza? (http://www.veteranstoday.com/2017/03/04/elor-azaria-and-the-myth-of-jewish-universal-values/). Por supuesto que no. Ni en mil años se podría haber producido tal situación y si por alguna rara razón eso se hubiera producido, que no le quede dudas a nadie que allí se habría terminado la carrera política de éste ilustre política argentino.  

Igualmente y aunque Massa crea que esto es una jugada maestra para arrimarse las simpatías de estos poderosos –especialmente en lo económico- sectores sionistas, ellos le marcaran el paso y solo le darán migajas. Al mismo tiempo algún que otro lector podría preguntarse ¿Es qué acaso estos sectores no han encontrado su lugar en el gobierno de CAMBIEMOS? Y la respuesta estridente es ¡Por supuesto!!, pero ellos nunca se quedan de un solo lado e incluso mantienen contactos con todos los niveles de la vida política.


Mientras lisonjean a Massa tienen sus dedos en el gobierno actual, solo se trata de momentos de oportunidad y sujetos que pueden ofrecerles los pasadizos para colarse en los asuntos políticos y económicos financieros del estado sin interesar quienes son ni de que partidos sean los gobernantes. Después de todo, para ellos los políticos argentinos son como los preservativos, una vez que se usan luego se descartan.