domingo, 9 de julio de 2017


EN LA MIRA



“VOLVER A LA LEGALIDAD”

A catorce años de la invasión de Iraq y de todas sus nefastas consecuencias investigadores y abogados británicos continúan su labor por llevar a los estrados de la justicia al entonces primer ministro Anthony Blair, teniendo como puntapié documental el llamado “informe Chilcot”. ¿Se trata acaso del regreso a la legalidad internacional?




Por Charles H. Slim
Hace ya un año que el consejero privado británico John Chilcot, presentó un informe lapidario y contundente sobre el papel del Reino Unido en todo lo que tuvo que ver con los planes, ejecución y posterior invasión a Iraq en 2003, poniendo al entonces primer ministro Anthony Blair en el centro de la escena como el principal responsable de los crímenes de guerra más atroces que la historia del siglo XXI ha registrado hasta el momento.

Las bases de aquel informe se basaron en el análisis de lo que el autor califico como un conjunto de mentiras y patrañas, como excusas para lograr el objetivo de convencer ante su parlamento y los ojos de la opinión pública, el movimiento de coprotagonista en lo que la administración de George W. Bush y Dick Cheney puso en danza como el argumento perfecto para lanzar su campaña bélica contra Iraq: “Las armas de destrucción masiva”.

Casi inmediatamente de perpetrar aquella acción, un año después en septiembre 15 del 2004 en una entrevista realizada por la cadena BBC de Londres al entonces Secretario de Naciones Unidas Coffi Annan, entre otras cuestiones se le pregunto, si la intervención a Iraq había respetado la legalidad y este en un momento de la entrevista confirmo que la invasión no estaba de acuerdo con lo previsto en la Carta de la ONU. 
A la par de este cuerpo legal,  el accionar de los gobiernos de George W. Bush como el de Anthony Blair  incurrieron en los tipos delictuales más graves que prevé el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, enumerados en el artículo 5º y que se describen con detalle en los subsiguientes (Cfr. Publicación de Naciones Unidas. http://www.un.org/spanish/law/icc/statute/spanish/rome_statute(s).pdf )

Pero Blair como parte de aquel cuarteto de criminales de alto nivel que compusieron aquel monumental crimen de agresión, que costó la vida de casi dos millones de iraquíes,  a la vista de las consecuencias que se han podido ver y comprobar ellas, llegan al nivel de encuadrar un claro crimen de lesa  humanidad. Pero para llegar a estas instancias ha sido menester y el trabajo de solo algunos investigadores y legalistas independientes que son a su vez, los indeseables elementos dentro del sistema los cuales no han podido ser absorbidos por el Stablishment y son catalogados como “radicales” (Globalresearch. “Irak: Se juzgará a Tony Blair por su parte en el crimen supremo internacional?” http://www.globalresearch.ca/iraq-will-tony-blair-finally-stand-trial-for-his-part-in-the-supreme-international-crime/5598074 )

Más allá de que sus defensores pudieran alegar que el principal y único responsable fuera George W. Bush y su administración, lo cierto es que y recordando lo que sucedían en aquellos momentos, Blair fue entusiasta en participar de los planes y prueba de ello fue el viaje que realizó junto a Sir David Manning (asesor de política exterior), el jefe de gabinete Jonathan Powell y su portavoz Alaister Campbell el 5 de abril de 2002 al rancho Crawford en Texas, donde se reuniría con Bush y su equipo de asesores donde ultimaron (tramaron con premeditación) detalles de cómo Londres debía proceder ante la ONU.

Hay muchas posibilidades de que Blair pueda ser citado ante la justicia internacional y ello, como precio por haber creído ciegamente en aquel liderazgo estadounidense, que los medios masivos de comunicación angloestadounidenses tanto tiempo impulsaron con sus fastuosas e intoxicantes propagandas que presentaban a Iraq como una amenaza para el mundo.  No hay que olvidar que otro de los argumentos que Bush y Blair desperdigaron ante sus conciudadanos era, la supuesta relación de “Al Qaeda” y Saddam Hussein, una mentira que no tardo en develarse apenas concretada la agresión. 
También ellos son parte importante de las injurias que difundieron para que las políticas de Blair pudieran ser creíbles ante la opinión pública de a pie, la misma que hoy es el “jamón del medio” en todo el embuste del “terrorismo de ISIS”.

Lo que tanto temió Brzezinski y que lamento más tarde Wolfwitz hoy es una realidad incontrastable y ella es que, la opinión pública se ha vuelto más lista y avispada, y ya no se traga lo que le venden los grandes periódicos ni las grandes cadenas de noticias poniendo en riesgo sus políticas de estado.

Al igual que lo hizo Bush con sus famosos informes de la CIA sobre la supuesta compra de Uranio y las armas químicas iraquíes, Blair también blandió como forma de argumentar el involucramiento en la intervención bélica, los informes de sus agencias de inteligencia y contrainteligencia MI-5 y MI-6 que eran un calco de los de sus colegas estadounidenses. 

Pero si bien Anthony Blair es responsable de aquella espantosa acción, ello no significa que sea el único británico que debiera responder por las muertes, los heridos, lisiados, daños y pérdidas materiales infringidas sobre la humanidad iraquí. La política de Blair permitió que sus reales fuerzas armadas participaran en las operaciones con sus aliados norteamericanos y dentro de toda esa estructura que involucra a los ministerios y ministros, mandos militares, jefes de inteligencia militar y por supuesto sus servicios de inteligencia, en especial el MI-6 siniestros protagonistas en todo lo que rodeo a la “guerra sucia” durante la ocupación.

Cuando los británicos se hicieron con el control de Basora, al sur del país, comenzaron a ocurrir misteriosas desapariciones, asesinatos y ejecuciones de personalidades locales. Esto se dio en medio de una creciente resistencia armada que fue creciendo con el paso de los años y que no se detendría hasta la definitiva salida.

En esos momentos los iraquíes sospechaban que detrás de todos estos crímenes estaba la mano de los británicos y de grupos aliados que, además de estar compuestos por árabes de otros países, se hospedaban secretamente en sus bases militares.  Los mismos ciudadanos de a pie fueron muchas veces los testigos privilegiados de estos engaños y que por el control informativo que establecieron los invasores, hacía imposible que se ventilara hacia el exterior.

Uno de los embustes relacionados con el fantasma de “Al Qaeda” fue el intento de colocar un camión cargado con explosivos en  medio de una manifestación callejera en Basora allá por el 2005, que al ser detectados por los manifestantes, fueron bajados del camión para ser apaleados y tras llegar la policía y detenerlos, se descubrió que además del cargamento que llevaban, bajo su enmascaramiento habían dos hombres caucásicos que fueron identificados como dos miembros del S.A.S. y que antes de que pudieran exponerlos ante algún medio independiente, fueron rescatados presurosamente por un asalto de tanques Bradley que entre otras cosas, se encargaron de destruir los archivos del edificio policial.


Un posible procesamiento de Blair solo sería un símbolo, una especie de fusible para calmar las expectativas de un público indignado con cada vez mayor información de lo que realmente ocurrió en aquellas jornadas. Desde los bombardeos indiscriminados contra las urbes, barrios y concentraciones de personas, pasando por los abusos y torturas que llevaron adelante las tropas británicas (especialmente en el sur), haría necesario que fuese el estado británico, el mismo que hoy sigue con sus juegos sucios en Siria y toda la región, y como tal el que debiera ser directamente sancionado.