jueves, 2 de noviembre de 2017

ILM-MIDDLE EAST



“CALIFATO FICTICIO”

Tras la masiva y espectacular presentación ante los medios de la instauración del Califato en 2014, tras años de lucha y de una extensa recopilación de los antecedentes sobre su verdadero origen, no caben dudas de “a quién” beneficiaba y “cuales” eran los objetivos de su presencia en la región.





Por Charles H. Slim y Ali Al Najafi

Apenas cuatro  años atrás, “ISIS” o el llamado por los iraquíes “Daesh”, no existía en la magnitud que supimos verlo desde junio de 2014.  Pero eso no quería decir que estuviera inactivo o que había sido creado recientemente; el origen de éste monstruo salido de la ingeniería de la contrainteligencia militar estadounidense se remonta al grupo denominado “Yamat Al Tawid Al Yihad”, un grupo armado que apareció unos meses después de que la resistencia iraquí comenzara con sus operaciones masivas contra la ocupación. Un sello identificatorio de esta célula fue las decapitaciones de sus rehenes.

El agente que se encargo de introducir esta célula fue el jordano Abu Musab Al Zarqawi quien poco a poco fue mutando en sus alianzas con agrupaciones sunitas iraquíes quienes, pese a aceptarse en un comienzo su llegada, inmediatamente notaron que sus operaciones resultaban ser descarnadamente crueles e indiscriminadas y muchas otras, claramente provocativas (como los ataques contra mezquitas chiitas) lo que alerto a los principales jefes de las agrupaciones de la resistencia iraquí que estaban indistintamente compuestas por sunitas, chiitas y cristianos.  Cuando no quedaron dudas de las intensiones de Zarqawi y sus células, los grupos iraquíes comenzaron a combatirlo, especialmente el llamado “Ejército Islámico de Iraq” agrupación de la resistencia sunita y laica que operaba con gran amplitud en las provincias de Al Anbar y Bagdad.

Las preguntas y los comentarios entre la población iraquí sobre la naturaleza real de “Al Qaeda” comenzaron a crecer con fuerza y ellos mismos se encargaron de discriminarlos de la verdadera resistencia.  

Esto fue notado y evaluado por los cerebros de la inteligencia angloestadounidense por lo cual y ante la conveniencia de enviar a la opinión pública “en casa” una buena noticia,  un avión caza F-16 norteamericano que fue directo a la localidad de Baquba donde se escondía aquel misterioso líder de “Al Qaeda-Iraq”, fijo su ruta a un área determinada de la localidad y lanzo con una precisión milimétrica un misil “Hell-Fire” que literalmente entro por la ventana de la casa donde se alojaba el jordano, pulverizando el lugar y matando a su mujer y a varios niños que allí se hallaban presentes. Pese a la más que curiosa precisión que hizo sospechar que en Washington siempre supieron donde estaba Zarqawi, los medios estadounidenses poco se preguntaron por este conveniente golpe contra “Al Qaeda”.

Tras la eliminación de Zarqawi en junio de 2006 y la supuesta erradicación de la franquicia iraquí de “Al Qaeda”, unos meses después el general David Petraeus y los cerebros de la inteligencia militar pusieron en marcha un nuevo embuste denominado “Estado Islámico de Iraq” como intento último por degradar la capacidad de lucha de la resistencia. Esta mejorada agrupación “yihadista” entraría en escena con un convincente hecho, el derribo de un helicóptero “Chinook” de la marina estadounidense que fue masivamente presentado en un video de propaganda.

Pero pese a que el ataque fue real, implicaba un pequeño sacrificio para maquillar el nuevo engaño. No paso mucho para que ésta nueva ilusión comenzara a perpetrar todo tipo de carnicerías contra la población chiita e incluso, contra sunitas a los que acusaba de apostatas. Uno de los golpes más provocadores fue la voladura de la cúpula de la Mezquita de Samarra en febrero de 2006. El objetivo era claro: Crear el odio inter religioso que anteriormente nunca había existido. Para los iraquíes no quedaba dudas de que “éstos tipos no eran iraquíes y menos aún, musulmanes”.

En esos momentos el gobierno estadounidense de George W. Bush y los medios masivos hacían esfuerzos titánicos por meter bajo la alfombra del olvido, la terrible verdad que revelaron los documentos ventilados en 2004 sobre  Abu-Graib y que se extendían a una veintena de campos de concentración secretos en los que militares, agentes de la CIA e incluso del MOSSAD ejercían todo tipo de torturas (con experimentos incluidos), vejaciones, asesinatos y tráfico de órganos contra ciudadanos iraquíes.  Había que hacer algo para tapar tanta basura y lo mejor era, tratar de convencer a la opinión pública de que lo que se presentaba como una resistencia legitima a los ojos de los iraquíes y de una gran parte del mundo, era simple terrorismo insurgente. 

Cabe recordar que el uso artificioso del lenguaje, es también una estrategia en la guerra psicológica para manipular a las masas y en la cual en el caso de Iraq, los medios masivos demostraron ser una parte más en el bando de la ocupación, tratando por medio de argumentos falsos y muchos otros distorsionados, intentaron descaradamente legitimar lo arbitrario e ilegal. 
Después de todo ¿Quién prestaría atención a un hombre o mujer que clamaba con angustiosa rabia y en árabe tras haber sido destruida su casa por una bomba de la Coalición?  Si la mayoría de los lectores y televidentes de estos medios no hablan árabe, “pues, traduzcamos lo que mejor nos parezca”. El objetivo de éste sector era el fabricar y consolidar ese “Choque de civilizaciones” que Samuel Huntington argumentaba para el nuevo siglo.

En esos momentos la cadena qatarí “Al Jazeera” era el único medio que se contraponía a la versión occidental y no por casualidad fue continuamente  hostigada por los EEUU y algunos de sus corresponsales asesinados en misteriosas circunstancias.

Pero las fechorías de estos criminales comenzaron a ser eclipsadas por una creciente resistencia de grupos chiitas como el “Jaysh Al Mahdi”, el “Kataib Hesbollah” y “Asaib Alhaq” que pusieron en problemas a las tropas de ocupación. Mientras aquellos simulaban algún que otro ataque aislado, las organizaciones chiitas salieron al encuentro para incluso chocar contra las fuerzas colaboracionistas de Nouri Al Maliki que respondían al partido “Dawa”, mafia que fue colocada en el poder por sugerencia de la entonces Secretario de estado Condoleezza Rice. Algo no estaba saliendo bien para los titiriteros del “EII” quienes (además de ser los que colocaron el gobierno en Bagdad) no lograron imponer la tan anhelada visión negativa contra la resistencia armada.

El EII solo era una minúscula célula que fue plantando con paciencia y mucha muerte la idea de un “Califato” en el cual no habría chiitas ni sunitas laicos (como los miembros del Baas) y que se basaría en la estricta interpretación de la letra de la ley islámica, interpretación por cierto que no compartían los eruditos sunitas de Iraq.

Al día de hoy se ha comprobado que el “Daesh” fue y sigue siendo una elucubración funcional a EEUU y que hoy sirve de excusa para que Rex Tillerson haya anunciado que “no se irán de Iraq hasta que lo hayan erradicado” ¿Qué conveniente no?