miércoles, 31 de enero de 2018

DEFENSA Y SEGURIDAD




“POROSIDAD MARITIMA”


La desaparición del submarino ARA San Juan y las revelaciones de documentos clasificados de la Armada dejan en evidencia la indefensión




Por Javier B. Dal
El miércoles 15 de noviembre de 2017 ha pasado a ser una fecha negra para la historia argentina y el comienzo de un largo debate sobre cuál debe ser el papel de las Fuerzas Armadas dentro de las actuales circunstancias internacionales y a que delineamiento geoestratégico de país deben responder. 

La inaceptable desaparición del submarino “ARA San Juan” a la altura de las circunstancias y en vista de varios hechos que no terminan de explicarse, debiera desatar en el gobierno un interés por reestructurar en forma cabal a la Armada.

Más allá de discurrir si el submarino fue atacado por navíos británicos o se hundió por un colapso estructural vinculado a los años de desidia política en el área, lo cierto es que ello ha servido para mostrar hasta donde ha llegado el desarme del sistema de defensa argentino que no puede ni siquiera auxiliar a sus propias unidades. Sin dudas, que algo fallo garrafalmente y no ha sido precisamente el submarino ni su tripulación.

En los países que se toma en serio la seguridad territorial para la custodia de sus intereses y su patrimonio nacional,  hay una variedad de dispositivos que se activan ante una amenaza, tanto al territorio como a cualquiera de sus unidades que se hallan en operaciones dentro de su jurisdicción. Pero en la Argentina desde hace 35 años hasta esta parte, el desguace de las tres armas ha sido metódico, paulatino y lo peor de todo, consentido.  En ese sentido, es tarde para lamentaciones y hoy han costado 44 vidas, pero de seguir con la misma inercia política y de vacilación en el tema de la defensa, al país puede costarle mucho más caro.

Los argumentos que corrientemente suelen escucharse de sectores que poco y nada saben –y menos aún les interesa- sobre las posibilidades de la estructuración de Fuerzas Armadas operativas y eficientes es que no hay dinero para ello. Falso. El país como un ente político dentro del concierto internacional, cuenta con un PBI por el cual se financian varios sectores estratégicos de sus funciones, y la defensa es uno de ellos. Esto es una obligación del estado, si quiere jugar el rol de tal. Pese a ello, no faltan ganas en un sector del actual gobierno, de prácticamente privatizar el área comenzando con las fabricaciones militares y que podría llegar a la implementación incluso, de empresas privadas de seguridad como “Xe” o “Constellis” (entre muchas otras) para que se hagan cargo de la defensa, algo inaceptable desde todo punto de vista.

Pero volviendo a lo que hace a la custodia de los espacios acuáticos y los mares territoriales argentinos, vemos que para emprender una tarea semejante, el país carece de equipo, naves y hombres para cubrir con verdadera efectividad todo lo que ocurre dentro de sus aguas y del espacio aéreo que lo cubre.  Si hacemos un pequeño ejercicio y nos imaginamos por un momento que el submarino “ARA San Juan” al momento de haber sufrido el “incidente” que lo condeno a muerte, de haber habido una planificación de defensa coordinada y de respuesta inmediata ante semejante evento,  no solo habría sido posible ubicar inmediatamente el lugar preciso del siniestro sino también, tomar por sorpresa a los agresores que tratarían de retirarse a aguas internacionales cuanto antes. Pero ¿Qué aviones tiene la Armada para un propósito semejante? O mejor pregúntense ¿Qué habría sucedido si Argentina hubiera tenido una pareja de aviones “MIG-31M” de guardia ante un evento semejante? La cuestión suena a ciencia ficción ¿no? Pues, de haber existido estos recursos operativos, es muy probable que el episodio hubiera tenido una inmediata represalia sobre los intrusos. Es más, si Argentina hubiera tenido esa mínima potencialidad, los británicos lo hubieran pensado dos veces y hubieran dejado pasar pacíficamente al “ARA San Juan”.

Pero incluso si la Armada hubiera estado actualizada con los sistemas de inteligencia electrónica contemporánea complementados con misiles costeros multipropósito  y vigilancia aérea pasiva, no hubiera ni siquiera sido necesario que dos interceptores hubieran tenido que salir al encuentro de buques agresores. Ni hablemos si contara con aviones de exploración e inteligencia electrónica avanzada. Obviamente hablamos de modernos aviones de guerra electrónica tipo “AWACS”  para tareas navales que obviamente superen a los dos viejos “P-38 Orión” entregados en 1997; incluso con una pareja de “EA-18G” de fabricación norteamericana hubiera sido suficiente para disuadir una amenaza naval.

Pero hay otras opciones. La sola operatividad de un avión ruso “II-60” de guerra electrónica que barriera la costa patagónica hasta desde Bahía Blanca hasta el cabo de Hornos habría bastado para alertar movimientos irregulares de cualquier barco sospechoso como los movimientos de la flota británica y chilena que merodean a gusto por los mares argentinos, aunque ello cabe señalarlo, representa una decisión política que éste gobierno no estaría en posición de tomar.
BASTION K300-P 

Un sistema en red de defensa costera como el que ofrece el sistema ruso “Bastion K300P”, es una muy buena opción para vigilar y prevenir incursiones navales tanto de superficie como sumergidas que actualmente se prueba con éxito en algunos escenarios bélicos reales (Armadni Noviny. http://www.armadninoviny.cz/syrie-uvedla-do-provozu-dve-baterie-protilodniho-systemu-bastion.html )

Otra opción  muy eficaz y accesible a los costos operativos, es una flota de Drones para observación y guerra electrónica, como parte de una guardia pasiva de los mares argentinos que incluso podrían ser operados desde unidades navales con helipuerto o artefactos navales adaptados a dichos propósitos.  En este sentido,  la variedad de modelos existentes para tales propósitos es extensa pero, sería estratégicamente recomendable que los aparatos de transporte fuesen de ingeniería nacional y los equipos de guerra electrónica ajenos a la tecnología de la OTAN ya que (y no es necesario decirlo), la misma opera en las islas Malvinas.  

La operatividad de Drones  marinos clase “Sea Hunter” podría ser una de esas opciones pero no para la Argentina.

Lo que Argentina no puede seguir postergando y menos aún a la vista de lo ocurrido, es la adquisición de material naval óptimo y de alta tecnología que haga presencia en el extenso litoral marítimo incluyendo sus aguas insulares. Recuperar una capacidad naval movible y disuasoria no solo es posible sino que se hace evidentemente necesaria  ante los hechos consumados (Pensamiento Estratégico y Político. “Alternativas para mejorar la defensa naval”. https://pensamientoestraegico.blogspot.com.ar/2016/01/defensa-y-seguridad-alternativas-para.html )

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