sábado, 27 de enero de 2018

EN DEBATE.



“UNA FLOJA IMPRESIÓN”

Claroscuros de la visita de Mauricio Macri a Rusia y las posibilidades que pueden dar un giro notable en la política exterior argentina




Por Charles H. Slim
Había llegado la noche anterior a la llegada del avión presidencial argentino a Moscú y tras acomodarme en mi habitación del hotel me prepare para tomar todas las impresiones que se presentaran con la llegada de Mauricio Macri y toda su comitiva presidencial. Había en el ambiente una buena expectativa. Los rusos aprecian con sinceridad a los argentinos, hay una especie de admiración por ese carácter tan voluble y encendido que nos caracteriza. Pero en lo que hace a la política, esas características no sientan y no se ven muy bien al momento de tomar decisiones de estado y mucho menos en lo que hace a la geopolítica.

Macri representaba una chance de tratar con algo nuevo en el país, una nueva visión política que pueda allanar una fluidez en las relaciones bilaterales que durante décadas se vieron condicionadas por el Departamento de Estado norteamericano y Londres. Muchos en Argentina siguen viendo a Rusia como un país comunista, algo que es una total falacia que surge por una clara ignorancia producto de la típica abulia y dejadez de una parte de la población, que  en vez de molestarse por indagar de qué se tratan las cosas, se cree lo que los grandes medios (Clarín; Nación; Radio Mitre etc) les venden.  Por otra parte, muchos de lo que así opinan, lo hacen adrede a sabiendas de que ello es falso ya que están inspirados por sus filiaciones o simplemente convicciones políticas que se basan en la ciega admiración al unilateralismo estadounidense.

Otros detestan a Vladimir Putin, porque ha sido el freno inesperado a lo que se había plantado en Siria y que a su vez, ha interrumpido en forma permanente y decidida, los planes para que ese odioso eje de la resistencia árabe-islámica que conforman precisamente Siria e Irán (y que el sionismo falsamente llama terrorista) y del cual Venezuela ha pasado a ser un miembro latino, sea finalmente aniquilado.  Dentro de esta franja se puede intuir que están los sectores sionistas argentinos, muy presentes dentro de los medios nacionales y que se han visto repotenciados con el ascenso del presidente Macri.

Y por último, están esos que ayer habían dicho una cosa y luego se dieron vuelta para decir otra. Estos personajes vienen desde épocas remotas y que en plena dictadura militar, no tuvieron ningún problema para desempeñar sus labores en los medios. Son esos que en la década de los noventas se habían apegado lealmente al neoliberalismo político y económico de la era menemista, luego a principios del dos mil  se hicieron los populistas “pro-setentistas” con el gobierno de los Kirchner y hoy desde los medios de comunicación (donde laboran algunos de estos especímenes) se disfrazan de moralistas políticos vociferando con estridencia argumentos socialistas demodé que en realidad esconden sus verdaderas intensiones.

La pretendida aspiración a ser o más bien de mostrarse como un referente regional, llevó a Macri a hacer comentarios inconducentes y claramente fuera de lugar, tal como el señalar que en Venezuela no hay democracia y hacer señalamientos indebidos que se parecen más a los que surgen del Departamento de Estado Norteamericano que los que el mismo presidente pudo haber pergeñado. Fue por ello que cuando realizo tales comentarios, no encontró reacción alguna en Putin, que sabe muy bien cómo manejar los tiempos de una conversación y el lenguaje gestual.

Pero estas niñedades no son de la importancia ni menos aún de una mínima atención por parte del Kremlin, menos aún para el presidente Vladimir Putin quién como estadista,  lidia con problemas realmente importantes.  Es por ello, que en lo que respectaba  a la visita del mandatario argentino, más allá de su ideología o de sus orientaciones pro-estadounidenses, Putin esperaba encontrar un sujeto político pragmático y realista que volviera a ilusionar a Rusia, luego del soporífero y desilusionante gobierno de humo de Cristina Fernández que se presentaba como una alternativa multilateral más dentro de la región.

Y sobre éste último comentario, no podemos dejar pasar las oportunidades que tuvo el gobierno de  dicha mandataria, para concretar una relación bilateral mucho más osada y ligada a objetivos geoestratégicos comunes y determinante que Argentina viene postergando desde el final de la guerra de 1982. Pese a la oportunidad de pasar a la historia y realizar una verdadera revolución en la política exterior como lo hizo el presidente venezolano Hugo César Chávez, a “Cristina” simplemente le falto valor o tal vez, la sustancia política suficiente para pararse al lado de Rusia.  En resumen, el gobierno de Fernández y su partido FPV eran un simple petardo y para peor, con pólvora mojada.

He ahí una de las claras señales de la falacia política de ese gobierno, que se pintaba como independiente, de izquierdas y revolucionario y termino haciendo todo lo que los poderes centrales, en especial Londres, le pedían que tenía que hacer. Fueron un claro embuste político y ello era bien sabido por Putin, al menos así lo pudo advertir cuando a pesar de que le ofreció la posibilidad de adquirir material bélico de importancia para reequipar sus maltrechas fuerzas armadas, Buenos Aires lo rechazo, no porque tuvieran aspiraciones pacifistas –lo que de por sí, es un terrible estupidez- o blandieran las banderas de los derechos humanos que les impidiera moralmente un rearme, sino más bien para ajustarse a lo que autorizaría el Foreign Office británico.
Familiares del submarino con la bandera rusa

Pero Putin también sabe que su visitante se encuentra bajo los mismos condicionamientos aunque, también da la chance de que éste pueda saber maniobrar con ese problema y tal vez pueda llegar a saber resolver dichos inconvenientes, allí donde sus predecesores no supieron o no se atrevieron hacerlo. El incidente del submarino “ARA San Juan” ha sido una muestra real de la buena voluntad rusa por asistir a la Argentina para obtener resultados positivos en el hallazgo de la nave y sus tripulantes, algo que parte de los familiares han agradecido públicamente.

Argentina puede ofrecer mucho a Rusia y a la región euroasiática y viceversa. Rusia puede darle a la Argentina varias soluciones a los serios problemas de infraestructura del país en especial, a lo referente a la defensa y el reequipamiento de sistemas de armas poniendo al país a la altura de las necesidades actuales y salir de ese modo, del circulo vicioso de los condicionamientos externos (Londres) que bregan desde 1982 por mantener el actual Status Quo de completa indefensión, maquillada con la adquisición de algún que otro cargamento de chatarra que solo sirve para decorar.


Hay una complementariedad entre ambos países que los “neocon” nacionales quieren de todas formas obviar y que los medios actuales comulgan en tapar. Igualmente, aunque solo haya sido una visita protocolar, el gesto ha sido bastante importante y vemos en esto, una movida inteligente del presidente argentino que ya ha caído duramente en cuentas que los que él creía como los “aliados” naturales de la Argentina, no están dispuestos a dar nada sin –y como ha sido su larga costumbre- recibir todo lo que ellos quieran.