viernes, 26 de enero de 2018


VETERANOS DE AYER




“LA BATALLA DE AMERIA”

La historia de un veterano iraquí tras la invasión de 2003 contada en primera persona




Por Horace Husseini
Cuando los americanos y los británicos cayeron sobre Iraq en marzo del 2003, el soldado Ali Kadra H. tenía solo 22 años de edad y se había criado bajo el cruento embargo anglo estadounidense que había matado a varios de sus pequeños hermanos, primos y vecinos. “Cualquier cosa antes que permitir que los enemigos invadan el país” era su lema, cuando pequeño jugaba a la guerra con sus amigos en las polvorientas calles de su barrio. Un año antes de que la guerra volviera a asomar por el horizonte, había ingresado al ejército como voluntario y a pesar del dolor de su madre y de sus hermanas, Ali dejo su natal Naserillah para ir a Bagdad.

Tras ingresar al ejército demostró tener una excelente puntería y muy buen pulso para usar el lanza cohetes autopropulsado incluso contra blancos móviles. Con una muy buena conducta y con esas capacidades innatas, sus jefes lo destinaron al 2º Regimiento de Combate de la Guardia Republicana y unos meses más tarde terminaría sirviendo para las Fuerzas Especiales “Al Saiqa”, todo un logro que no era para muchos.  

Cuando los angloestadounidenses lanzaron el 20 de marzo de 2002 su llamada “Operación Libertad Iraquí”, fue movilizado junto a una pequeña unidad de su comando a la zona del Aeropuerto de Bagdad donde debían establecer varios puntos de referencia y colocar minas y trampas explosivas en la carretera de ingreso y accesos secundarios. El aeropuerto era un punto estratégico controlar la ciudad. Sabían muy bien que los agresores necesitaban un acceso en condiciones para ingresar y para salir en caso de que el sector cayera en sus manos, por lo cual había que dejar plantadas muchas sorpresas que quedarían activas si debían retroceder. “Cuando llegamos el ánimo de la tropa regular era muy optimista y las posiciones defensivas se veían muy solidas para resistir una embestida de blindados”, comenta Ali mientras enciende un cigarrillo.

Tras dar una profunda pitada y lanzar una espesa bocanada de humo y un sorbo de café, nos comenta la llegada de las primeras bombas enemigas diciendo: “Recuerdo que estábamos a punto de subirnos a nuestra pick up artillada para volver a nuestra posición inicial en el distrito de Amiriyah, cuando escuchamos el primer estampido sobre nuestros pies y luego vimos como se iluminó a nuestras espaldas el cielo a la altura del centro de la capital…fue una inyección de adrenalina y una mezcla de emociones que no se pueden explicar”, comento enfervorizado. “En ese momento habíamos terminado de minar el cruce de la ruta 1 y 92 en “Abu Graib” así que cuanto vimos lo que sucedía nuestro comandante el capitán Sajid, ordenó subirnos al vehículo y marcha rápida al aeropuerto. Moviéndonos con miras de noche (NigthScope) y sin luces para evitar ser el blanco de alguna bomba inteligente, comenzamos a escuchar entre medio del fuego de los cañones antiaéreos el sonido de los aviones enemigos que volaban muy alto pero podías escuchar el zumbido de sus turbinas”.

Los estadounidenses tardarían unos diez días en cruzar el desierto por donde creían que no encontrarían obstáculos, algo de lo cual se equivocaron garrafalmente.  Las vicisitudes a las que se vieron inmersos fueron de toda índole nos comenta Ali. No solo hubo resistencia de las tropas regulares y de los comités del Fedayín de Saddam sino también de las tribus nómadas que salieron al cruce de los invasores.  Pero también hubo claros oscuros en la entrada de los invasores, nos comenta con rabia Ali. “Cuando llegaron los primeros reportes de inteligencia a mediados de finales de marzo que nos decía que los americanos estaban en las orillas de Bagdad, no podía creerlo, pero si nuestro comandante quien además de ser un hombre valeroso, era muy inteligente y tenía mucha experiencia en esas cosas de la política”.

Cuando algunos de nosotros nos dijimos ¿Cómo pudieron pasar varios cercos que estaban a cargo de la Guardia Republicana? Aquel viejo guerrero que había peleado en 1991 y que tenía contactos con el Partido Baath nos miró y nos dijo con esos ojos fulminantes…los dejaron pasar, eso es lo que ha sucedido!” Esas palabras calaron hondo en Ali y sus compañeros quienes encontraron mayor inspiración para luchar y de ser necesario, hasta morir antes de entregarse a los invasores y a esos traidores que habían sido comprados por la CIA como una forma de aliviar el ingreso de las tropas.

“No sé cuántos de esos perros nos traicionaron, traicionaron al pueblo y a Iraq, pero los que vi y estuvieron conmigo en Ameria lucharon como leones”, señalaba con énfasis mientras señalaba con su mano hacia el Tigris.  Según él, habían pasado el aeropuerto en la noche del 2 de abril cuando los norteamericanos lanzaron un feroz bombardeo en toda el área e incluso nos aseguró que una de las bombas usadas había sido algún tipo de ojiva táctica de carácter nuclear que tras detonar por encima del complejo aeroportuario, creo una especie de relámpago que luego se transformo en un hongo gigante que sacudió el pavimento de las calles en donde nos hallábamos apostados. “Las tripas se me sacudieron y parecía que se te iban a salir”, comentó.  
“Sostuvimos la posición cuanto pudimos”, comenta Ali, mientras me mostraba unas fotografías en las que podía verse unos tanques norteamericanos incinerados en las callejuelas del barrio de Ameria.

“Para el 4 de abril en momentos que estábamos patrullando al sureste de Ameria chocamos con las primeras tropas norteamericanas que venían por la autopista que venía desde el aeropuerto al centro. Las unidades eran parte de la III División de Infantería de marina con unos trescientos marines que venía montados en sus carros anfibios con algunos tanques Abrahams y Bradley en su columna. Una de las trampas explosivas que habían colocado los zapadores bajo una plancha de concreto de la carretera detono al paso de uno de esos BMP arrojándolo fuera de la carretera y matando casi en el acto a unos quince marines. Comenzamos a abrir fuego y a tirarles con todo lo que teníamos. Vimos la desesperación de los americanos que no sabían para donde correr y solo pudieron reponerse y abrirse camino cuando en unos minutos llegaron sus helicópteros artillados que barrieron con todo lo que vieron, entre ellos a muchos civiles que estaban en sus casas”.

Según continuo comentando Ali, los estadounidenses trataron de rodear el aeropuerto pasando por el barrio de Ameria, donde se hallaban unos cuarenta vehículos artillados, setecientos hombres del ejército y varios grupos de combate del Fedayín de Saddam. “Nosotros –comenta Ali- éramos diez y nuestra unidad de comando se encontraba en el Aeropuerto. Como teníamos libertad de movimiento pudimos realizar varias maniobras contra los tanques que intentaron pasar por las calles. Las minas lapa fueron útiles y logramos aniquilar un blindado que bloqueo una calle impidiendo el paso a la columna que lo seguía. Los RPG-7 funcionaron muy bien contra los transportes de tropas y sus `Hummer` pero eran inútiles contra los “Abrahams”. No teníamos tanques allí, pero si muchos morteros y ametralladoras pesadas con los cuales golpeamos duro a los americanos y se lo hicimos sentir”.  


Tras rechazar varios intentos de colarse por el barrio y dejar varios muertos y heridos entre los enemigos, los aviones artillados A-10 lanzaron una lluvia sobre nosotros y tuvimos muchas bajas. Solo pudimos soportar unas horas y cuando anocheció los que quedábamos, muerto nuestro comandante fuimos liberados a nuestra suerte y quienes pudimos retirarnos lo primero que hicimos fue sacarnos los uniformes y todo tipo de insignias. Desde ese día, la lucha contra los invasores paso a la clandestinidad bajo una resistencia celular y los únicos chalecos para protegernos fueron nuestros pechos”, recordó. Ali formo parte de varios grupos de la resistencia y cuando algunos transaron con el gobierno que colaboraba con los invasores decidió unirse a una de las unidades especiales del “Ejército Al Mahdi” y recién tras la retirada de los estadounidenses y tras haberse casado y con tres hijos volvió a Naserillah para reencontrar a lo que le quedaba de su familia.