sábado, 10 de febrero de 2018

NACIONAL



“PAISES NORMALES”

Muchos de los medios y periodistas argentinos siguen jugando al gato y al ratón con la realidad, haciendo gala con su ambigüedad manipuladora y selectividad informativa ¿Alguien puede hoy creerles?





Por Pepe Beru
La Argentina es un país muy particular, no especial. Costumbrista y continuadamente ciclotímico, la población argenta no tiene límites al momento de pasar del exitismo infantil al derrotismo más deprimente hundiéndose en el pantano de sus propias acciones. Esto no parece haber cambiado pese a la continua sucesión de fracasos políticos y económicos a los que se han topado en los últimos 35 años hasta esta parte.

En el campo de la política, los argentinos han sido una y otra vez, objeto de estafas que van tanto desde la derecha pasando por el centro hasta la izquierda sin que al parecer hubieran aprendido que para rescatar las instituciones que hacen a la república  de la que tanto hablan sus políticos, deben arremangarse y meterse al barro para jalonar de la misma cuerda y en la misma dirección.  Se trata de una cuestión del sentido común, pero en Argentina eso no parece estar en el vocabulario de su uso.

Actualmente con un gobierno pragmático y que plantea una interesante agenda para levantar al país de la postración en la que se halla, debemos advertir como del otro lado de la orilla quienes lo sumieron en el desastre que perforo los muros de las instituciones y las contamino con la podredumbre de la corrupción, se levantan actualmente para “hacer sugerencias” e incluso lanzar críticas contra el gobierno por no saber controlar la situación económica. Pero como reza el dicho “no es la culpa del chancho sino quien le da de comer” el culpable de estos delirantes episodios, como el que se pudo ver hace una semana cuando en un programa donde se vende “la pura verdad”, Felisa Miceli quien siendo funcionaria del gobierno K, fue pillada in fraganti robándose un paquete de 100 mil pesos y otro de 32 mil dólares cuando cumplía (nada menos) como ministra de economía y condenada por la justicia a seis años de inhabilitación para ejercer cargos públicos, se daba el lujo de criticar la situación económica.

Demasiado abstracto para creerlo. Tal como lo hemos estado viendo hasta hace unas horas, en donde los traidores y los estafadores autoproclamados “peronistas” se abrazan al unísono como si jamás hubiera pasado nada. Como Alberto Fernández quien se había ido del gobierno de Cristina porque “no estaba de acuerdo con sus puntos de vista”, ahora la vuelve a las andadas junto a Cristina Fernández buscando para rascar algo en el negocio de la política. O que decir del sindicalismo mercenario que ha estado siempre alineado a los gobiernos de turno, con líderes como Hugo Moyano que al vérselas negras con sus negociados privados puede llegar a pactar con el “Diablo” si ello le conviene; y algo así ha hecho tras haber expresado que si se diera las circunstancias, volvería a estar con la “Cris”. 

Igualmente y ante los impresentables de ayer que (desde los medios) parecen ser la única alternativa en este circo llamada “oposición política”, no todo está perdido.

Igualmente no hay que dejar de lado el papel esquizofrénico de los medios conservadores y de algunos de sus periodistas que además de no agregar ninguna solución plausible, se avocan a dar diagnósticos tibios que pretendiendo neutralidad y sagacidad intelectual solo tapan sus remedados intereses.  Son los mismos que estuvieron ayer aplaudiendo a los neoliberales como Menem y a los populistas como Kirchner, hoy se tratan de convertirse en la voz de la conciencia nacional. Su papel preponderante es que no se levante otra fuerza política que no responda al Stablishment político y financiero que sostiene sus trabajos.

Su nerviosismo es patente. Actualmente y desde hace un tiempo atrás (tanto desde la gráfica como de los medios televisivos) vienen analizando con seria preocupación los grandes cambios políticos que se están dando en el mundo y en especial en lo que se refiere al renacimiento del nacionalismo, una palabra que para sus egos alquilados y sumidos al mejor postor, suena a repelente. He allí donde surge su “prudencia” más dirigida a no molestar a los sponsors que a involucrarse en una polémica política que aborde temas candentes de la realidad nacional e internacional ¿Qué sucedió con el submarino “ARA San Juan” o qué es lo que realmente se está cocinando con las causas de la Embajada y la AMIA; o de qué se trata el tema Mapuche? O en lo internacional ¿Ha visto usted algún debate por la situación en Palestina o por la causa de la niña Ahed Tamimi o de los crímenes de lesa humanidad que se cometen contra los palestinos? Claro que no.

Pero volviendo a la política doméstica, el dinero trasciende a entelequias de museo como el “radicalismo” y el “peronismo”. En Argentina las ideas se venden y los medios son sus intermediarios. Hoy el gobierno de Macri está incursionando por caminos sinuosos, aliándose a políticas foráneas que ya se han visto cuales son los resultados y mientras eso sucede, estos mismos medios, hacen la vista gorda o dan interpretaciones absurdas de las intensiones del presidente ¿Hubo algún debate televisivo sobre la visita de Tillerson a la Argentina y cuáles fueron sus propósitos?

Para apoyar las delirantes propuestas como son “intervenir militarmente en Venezuela” (como lo sugirió la actriz Catherine Fulop) para “restaurar la democracia” , estos mismos medios y algunos laureados periodistas echan leña al fuego hablando de la malignidad del Chavismo conchabado con “Irán”, el “Hesbolla” y el narcotráfico, proyecto al cual –según sus delirantes argumentos- se hallaba encaminado Cristina y la Campora, un análisis que no tiene ni pies ni cabeza.

Todo ello solo aclara aún más la tendencia ideológica a la que responden y que se enlaza con las discutidas políticas y relaciones que el gobierno ha establecido con Washington y Tel Aviv, políticas de “seguridad” que además de muy discutibles, son muy oscuras para el conocimiento general.  Según algunos periodistas esto llevara al país a la “inserción internacional” y a la creación de un país serio y “normal” como España, Alemania o Noruega (Risas).

Como se puede ver, sigue habiendo en la visión de estos sectores, una mirada muy europeísta y obtusa de lo que consideran progreso.