domingo, 25 de marzo de 2018

EN LA MIRA



“EL CUENTO DE PATCHER”

A tres años de la muerte de Nisman ¿Cómo puede llamarse la versión del agente israelí que se fugo alegremente del país?




Por Charles H. Slim
A tres años de haberse  producido la sospechosa muerte del fiscal especial Natalio Alberto Nisman, todo tipo de versiones se han dejado entrever sin que ninguna, haya sido lo suficientemente convincente como para cerrar las especulaciones mediáticas sobre las reales causas de ello. Haciendo un poco de retrospectiva no hay que olvidar cuales fueron las circunstancias puntuales que rodearon el hallazgo sin vida del funcionario federal argentino y mucho menos, cuáles fueron las primeras suspicacias en torno a la motivación que llevo a que fuera víctima de una bala en su cabeza.
En aquel momento cuando se filtro la noticia, los medios locales y los periodistas que juegan a ser imparciales y buscadores de la verdad, se ajustaban a lo que señalaban las primeras pesquisas policiales dirigidas por la fiscal Dra. Fein. Aunque para algunos la muerte resultaba ciertamente muy sospechosa, no se atrevían a conjeturar que aquello había sido una ejecución por encargo, pero la pregunta era ¿Encargo de quién? Adelanto que, la pregunta sigue siendo muy molesta y dificultosa de responder para ciertos sectores del poder y curiosamente, de la “grey” del fiscal.

En este enredo aparece la figura de un joven y oscuro periodista llamado Damián Patcher que trabajando para el periódico “Buenos Aires Herald” (entre muchos otros) twitearía unos minutos después de la hora en que fue ejecutado Nisman, que algo había pasado en la casa del Nisman. Más precisamente ese Twit decía “Me acaban de informar sobre un incidente en la casa del fiscal Alberto Nisman”. Aparentemente éste periodista tenía muy buenas fuentes, muy buenas para ser un simple freelance a sueldo. Incluso dos días antes de “huir”, fue protagonista de una entrevista en un programa capitalino donde Patcher se vio seriamente expuesto por algunas preguntas de los panelistas que, hay que decirlo, pusieron en un apriete al camaleónico conductor.

Allí pudo verse que Damián Patcher era algo más que un afortunado mensajero de primicias. En aquel programa aseguró que se había tratado de un asesinato y que seguramente estaba el gobierno de Cristina Fernández detrás del asunto. También y como era de esperar, relaciono indirectamente el memorándum con Irán como el supuesto motivo del asesinato. Un tiempo después muy distendido y acompañado de “camaradas” se dirigió al Aeropuerto de Ezéiza y abandono el país rumbo a Israel porque según él, “lo estaba siguiendo” lo cual sugería que su vida corría peligro y acusaba a los servicios argentinos de esas tareas.

Esta última aseveración resulta ciertamente inverosímil no solo por la situación institucional de la entonces SIDE controlada por un pivote de la CIA como Jaime Stiusso sino más bien, por la condición real de Patcher, un agente de una de las agencias que junto a la CIA, en realidad desde hace décadas, controlan virtualmente el espectro de la “inteligencia” en el país. Tal como lo han señalado otras fuentes, las amenazas a su integridad personal que denunció Patcher son tan inmateriales como cualquier película de suspenso. 

Pero aquel muchacho que despertó mucha curiosidad ante semejante comentario y que jamás fue convocado por las autoridades que investigaban el hecho, no era un simple corresponsal con doble nacionalidad. Según salió a la luz inmediatamente a su huida, se supo que había revestido en las temibles FDI israelíes y más precisamente en el “Tshal” perteneciente al área de inteligencia militar. Como era de suponer, jamás dejó la estructura de la comunidad de inteligencia israelí y actualmente revestiría como un agente del Mossad[1] usando la cubierta de periodista como forma de ingresar a los países.

Con estos antecedentes se hace muy improbable que el “periodista” se haya visto espantado por un par de llamadas o la visión de un hombre que –supuestamente y según él- lo seguía con una campera gruesa cuando hacía mucho calor (detalle que advirtió para señalarlo como sospechoso).

Pero según él, a “Nisman lo mataron” y nunca –y menos aún le preguntaron los sagaces periodistas argentinos-  quién le había dicho o explico cómo lo supo. Como aquel comentario fue imposible de eludir de las preguntas que muchos se siguen haciendo sobre qué era lo que estaba haciendo Patcher realmente en torno a la vida de Nisman y más precisamente en el lugar de los hechos, ante la ineludible y harto sospechosa situación del “periodista”, el fiscal Taiana viajo a Tel Aviv para tomarle declaración testimonial en la cual aseveró públicamente que en la muerte del Nisman había estado involucrado el gobierno anterior; igualmente se abstuvo de revelar su fuente haciendo valer la reserva constitucional. Nada nuevo bajo el sol, de los que tratan de ligar esto a una cuestión geopolítica para intereses ajenos al país. Pero ¿Qué quiere decir ligarlo a una cuestión geopolítica? Han pasado dos décadas y media de los atentados en Buenos Aires y siempre (amplificado por los medios locales) se estuvo señalando como autores a supuestos “radicales islámicos” identificados en primera instancia a grupos noenazis locales, de los palestinos, luego a los sirios y desde comienzos del 2000 cuando éstos no era útiles, a los iraníes.

Pero ¿Qué fue lo que paso para que se fueran cambiando en forma tan arbitraria los supuestos culpables de esos ataques? Sin más rodeos, la explicación hay que buscarla en el complejo mundo de los intereses geopolíticos irradiados desde las embajadas de Israel y EEUU en Buenos Aires. La motivación central surge de la constante pugna entre Teherán y Tel Aviv no solo por cuestiones ideológicas sino más bien, por los temores de Israel de verse desbancado como potencia nuclear regional. En ese sentido los desarrollos iraníes de su programa nuclear ha sido blanco de ataques tanto diplomáticos como terroristas originados desde Tel Aviv sin que haya habido por parte de Naciones Unidas, la debida reciprocidad en el trato por indagar cuales son las capacidades nucleares almacenadas en los silos nucleares de Dimona y sus instalaciones submarinas frente a la costa de Haifa.

Con estos cambios arbitrarios en las hipótesis para culpar por esos ataques, dejan en evidencia que ninguno de ellos tuvo nada que ver y sin dudas que los más interesados en encubrir son quienes tratan de desviar las investigaciones con estos infundios.

El momento en que se produjo el asesinato de Nisman, era muy particular. Unos meses antes de que ello sucediera, Washington y Teherán en julio de 2014 llegaron a un acuerdo casualmente mediante un “memorándum de entendimiento” sobre la cuestión nuclear que desbarranco con los planes de Tel Aviv por buscar los argumentos para lanzar un ataque contra Irán. Netanyahu enfureció de tal modo, que hizo una visita al Congreso estadounidense donde entre otros argumentos para buscar el apoyo para un ataque contra Irán afirmó que “Irán había atacado en Buenos Aires”, entre otras acusaciones. Pese a éste desagradable contratiempo puesto a rodar por Barak Obama, el gabinete de Benjamín Netanyahu no se cruzo de brazos para seguir en la búsqueda de incidentes que justifiquen su intervención.

Volviendo a la situación de éste agente israelí en el lugar y enterándose de lo sucedido casi inmediatamente del hecho, con esto a la vista surge muy sospechosa su historia. Nadie a estas alturas puede negar la operatividad de ambos actores (la CIA y el Mossad) dentro de la política interna del país y en especial en lo sucedido en sendos atentados. Tal como lo señala desde hace una década el periodista Juan Salinas[2], Nisman se metió en callejón sin salida al pasar a ser el rostro de un acuerdo oscuro tramado en los 90`s entre Argentina, Israel y EEUU orientado a que nunca se supiera quiénes fueron realmente los perpetradores de dichos atentados. El memorándum firmado entre Buenos Aires y Teherán fue un golpe demoledor para ese acuerdo y para Nisman, quien ya venía siendo cuestionado por el escándalo del insustancial pedido de extradición del ex embajador iraní en Buenos Aires Hadi Soleimanpour, quien además de ser liberado por Londres, se condeno a la Argentina a pagar las costas por el infundado pedido[3].

A la par de esto, tanto los gobiernos como la misma justicia argentina se han visto muy renuentes a buscar pistas e indagar en torno a las actividades de las agencias de inteligencia israelíes en el país y mucho menos, los nexos que vinculaban al fiscal Alberto Nisman con aquellos como también, con organismos como la DAIA y organizaciones militantes sionistas (incluidos a los fondos buitres) muy ligadas a las actividades del Mossad en la región.

La libertad con la que pudo salir Patcher del país, no se condice con su presunto temor a los servicios argentinos, simplemente por su inexistencia. Hoy desde la lejanía con una cansina respuesta, pretende redireccionar las sospechas de una conjura compuesta por un “eje del mal” compuesto por el Kirchnerismo, Teherán y Caracas. Una respuesta coherente ante una actuación tan sospechosa e increíble  sería PATCHER, NO WAY!



[1] ARGENTINA TODAY.ORG. “Damián Patcher, el periodista del Mossad vuelve a acusar a Cristina  de la muerte de Nisman”. Publicado el 13 de agosto de 2016. http://argentinatoday.org/2016/08/13/damian-patcher-el-periodista-del-mossad-vuelve-a-acusar-a-cristina-de-la-muerte-de-nisman/ 
[2] PAJAROROJO. “AMIA-NISMAN. La espantada del vocero Patcher, el papel de Levinas y la zarpa peluda de la CIA y el Mossad”. Por Juan Salinas. Publicado el 26 de enero de 2015. http://pajarorojo.com.ar/?p=12693
[3] L NACION. “Gran Bretaña al x embajador iraní”. Publicado el 13 de septiembre de 2003. https://www.lanacion.com.ar/527191-gran-bretana-libero-al-ex-embajador-irani