jueves, 24 de mayo de 2018


EN DEBATE



“PUNTO DE EQUILIBRIO”

Cómo Rusia y en particular el presidente Putin han logrado frenar la expansión del caos



Por Charles H. Slim
Sin lugar a dudas que el mundo no fue el mismo desde la caída de la URSS en 1991 y mucho menos desde aquellos extraños atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando EEUU aprovechando estas muy convenientes circunstancias se arrogó a base de golpes y guerras, el liderazgo de un mundo que comenzaba a ser impredecible. Desde aquellos momentos todo podía pasar y lo peor de todo, era que así sucedió. Las agresiones a otros estados, las descalificaciones a los mandatarios, las mentiras, las causas armadas para fabricar casus belli contra los selectos enemigos de la elite que manejaban Washington, fue solo el inicio de lo que vendría.

Fue un festival de la arbitrariedad. El mundo se dio vuelta patas para arriba y los crápulas más impresentables de los estamentos políticos dirigían las naciones más poderosas del momento, especialmente a los EEUU, donde los más infames representantes de la colectividad política –tanto republicanos como demócratas- pusieron su grano de arena para volver al mundo un lugar mucho más inseguro. Fue una conjunción maléfica en la que los ignorantes, los criminales oportunistas y los sádicos tuvieron su momento de gloria en los más altos puestos de la política internacional. Sin dudas, la era de los Bush y en especial del “orate” George W. Bush y Cia, fue providencial para crear todo ese siniestro ambiente de terror.

El mundo vio con asombro y estupor como la “democracia más importante del mundo”, llevaba adelante invasiones arbitrarias, masacres colectivas y la práctica comprobada de torturas, vejámenes y ejecuciones extrajudiciales para hacer desaparecer a miles de sus opositores en nombre de la democracia.  Iraq y Afganistán aún dan testimonio de todo esto.  Nadie podía sin riesgo de ser enviado a los campos de torturas secretos de la CIA o al mismo campo de concentración de “Guantánamo”, criticar todo este sórdido proceder sin ser tildado de ser “amigo de los terroristas”. Tan lejos llegaron con esto, que el mundo parecía ir camino a sumirse bajo ese unilateralismo cínico y brutal que adornado con formalidades legales y bajo la vergonzante pasividad de los gobiernos del hemisferio –salvo las honrosas excepciones de Venezuela y Bolivia- ya tenía preparada la sentencia.

La llegada de Obama no cambio nada, solo maquillo las intensiones de EEUU y de la OTAN, las cuales quedaron reveladas en la última de las aventuras registradas contra la soberanía de un estado como fue en Libia en 2010. Sin dudas que aquello fue demasiado bizarro para que aún a la distancia, pueda tratar de justificárselo con algún tipo de argumento político medianamente creíble. Sin lugar a dudas que todo aquello fue el producto de esa ebriedad de impunidad con la que contaban hasta ese momento, los EEUU y sus aliados regionales y de la alianza atlántica, tanta era, que allí se comenzó a ver como todo el tema del “terrorismo islamista de Al Qaeda” había sido una farsa montada por ellos mismos ¿Acaso alguien podrá olvidar el oscuro papel de la secretario de estado Hillary Clinton en todo esto y en particular, con el asesinato del embajador en Bengasi?

A pesar de lograr destruir a Libia, las cosas comenzaban a cambiar y ello se vería inmediatamente cuando estos mismos cerebros trasladaron sus planes a Siria y a Iraq con aquel embuste de las agrupaciones mercenarias disfrazadas de “yihadistas” y en especial con aquel monigote llamado “Daesh” puesto en escena en 2014, con el fin último de remodelar geopolíticamente la región. Y fue allí que reacciono Rusia, comenzando a tomar un papel paulatino y firme en toda la situación. O tal vez debamos decir, fue Vladimir Putin quien reaccionó con prudencia y una notable inteligencia ante un contexto altamente peligroso para su propia estabilidad y la de la misma Rusia. En ese último sentido no podemos dejar de poner en evidencia, la gran ventaja con la que cuenta el país asiático ya que, su mandatario ha demostrado con creces que su liderazgo está sentado en algo más que el simple carisma de un político.
Si Vladimir Putin se hubiera quedado en las meras palabras y no hubiera ordenado la participación gradual de sus fuerzas en Siria, hoy estaríamos hablando de otro desastre como el iraquí o el libio.

Fue sin dudas la intervención de Moscú, lo que pudo frenar un resultado como el libio. Si hoy podemos ver como el gobierno legitimo de Bashar Al Assad sigue en pie y con él la misma república árabe, ha sido por la astuta e inteligente posición del gobierno de Putin que a la par de estos logros estratégicos, pudo darle impulso a sus propios intereses y los de su país. No por casualidad arraso en las últimas elecciones ni tiene una alta estima entre las filas de las Fuerzas Armadas. Ello, aunque para las mediocres mentes de políticos que solo ven hasta donde les llega la nariz (especialmente en Argentina), es fundamental para sostener la integridad y la estabilidad de un estado soberano.

Igualmente y por estos logros, los popes occidentales, especialmente Gran Bretaña trato de arruinar la estabilidad y la reputación rusa con operaciones sucias como fue sin lugar a dudas la montada con el caso “Skripal y su hija” a comienzos de año, un fiasco que mando al ostracismo al gobierno de Theresa May y a su gabinete.

A la par de esta combinación de sesudo liderazgo, olfato político y determinación para usar el musculo militar cuando la ocasión lo demande, ha reflotado a Rusia de su letargo y ha conseguido a su vez contrabalancear el poder regional que desde los años noventas estaba siendo infestado por las injerencias de EEUU en principio y de la OTAN en general, tratando de crear bolsones de insurrección independentista bajo los auspicios de programas de supuestas ONG que dicen bregar por la “igualdad y la democracia” pero que ya han quedado en evidencia, de que no son más que una extensión del Departamento de Estado y la CIA norteamericana.


Actualmente, Rusia tiene una voz potente tanto en la región euroasiática como a nivel internacional y gracias a ella, se puede decir que ha logrado establecer un punto de equilibrio ante tantas arbitrariedades cometidas a lo largo de estos últimos 25 años que para peor, fueron realizadas –y aun continúan algunas- cometiéndose a la luz de la ley internacional y de la Carta de Naciones Unidas.