jueves, 20 de diciembre de 2018


EN DEBATE



“EL EQUILIBRIO INEVITABLE”

La situación en la que se encuentra la Argentina hace que muchas cosas no tengan una solución inmediata. Una de ellas es su debilidad y continuo proceso de fragmentación social que la ha permeado a todo tipo de intereses externos ¿Hay algún factor para contrabalancear esta situación?




Por Pepe Beru
Aunque la Argentina continúe con el mismo ciclo de indefiniciones y vueltas al pasado el mundo sigue adelante y progresa –sea para bien o para mal-  en la conformación de una realidad cada vez más compleja y riesgosa. Como acostumbra suceder en este extraño país sudamericano, los asuntos más sensibles y trascendentes para la supervivencia del estado y que afectaran tarde o temprano directa e irremisiblemente a sus habitantes, son abandonados o relegados a un segundo plano para dedicar sus energías a la contingencia de problemas inferiores y a las banalidades que solo debieran ocupar y a resolver por los simples estadios de la burocracia estatal (que insume el 50% de las fuentes laborales en el país).

Con ello se puede advertir que hay una profunda crisis sistémica sobre lo que es gobernar con conciencia y peor aún en lo que hace al ejercicio de la autoridad (claramente inexistente en este país). Un ejército de burócratas de todos los ramos y niveles jurisdiccionales sigue siendo el “factor” que consume parte de los dineros públicos. Sumado a ello claro, la insulsa y corrupta partidocracia que solo sirve para salir en programas de TV donde son ensalzados por periodistas de minúscula credibilidad.  Y si ello no fuera suficiente, hay una problemática inflacionaria y cambiaria que además de estar destruyendo el consumo básico de la población,  ya no distingue clases.

Y es que si bien se hallan sometidos a una severa crisis económica que sacude a todas las clases sociales y ha sumido a la economía productiva del país bajo una terrible recesión, ello no debería obstar a dejar de lado los temas que influirán y con mucha fuerza en el futuro inmediato. Este es un problema endémico de la clase política de este país. Nada es atendido hasta que el problema se cierne sobre ellos y para cuando pretenden implementar una solución ya es muy tarde o aplican apósitos a entuertos que debieron  haber sido previstos décadas antes.

Es por ello que más allá de la suba de precios y de los impuestos que agitan los ánimos de los ciudadanos, no tendría que mezclarse con los macro problemas que un estado debe atender y solucionar si tiene pretensiones de mantener su independencia política la cual le posibilitaría gozar de una aceptable libertad en el área económica y financiera. Al parecer el actual gobierno reedita la vieja fórmula de todos sus predecesores y más, escondiendo los problemas bajo la alfombra.

Uno de los aspectos que éste gobierno pretende esconder es el referido a la situación real de la Argentina en la región y de cara al resto del mundo. En particular a la situación geopolítica y sus objetivos para llevar adelante el emprendimiento de importantes tareas de explotación y exploración de los recursos energéticos, ictícolas y de desarrollo industrial para la defensa. 
Contrario a esto, ha creído que la mejor solución es entregarles a los enemigos del país las llaves en mano de los intereses petrolíferos, de gas y la riqueza del extenso litoral marítimo confundiéndolo con un “acuerdo estratégico”.  Esto aunque hoy sirva para ganar algunas bolsas de dinero y la congratulación de Londres y de Washington, no calmara la voracidad de estos actores por tenerlo todo.

Si esta es una política de estado, parte de la misma ya se está viendo con las declaraciones de algunos funcionarios que sin tapujos otorgan la soberanía de Malvinas y de sus aguas adyacentes a Gran Bretaña e incluso con la tolerancia a informes que señalan que algunas familias británicas han puesto a la venta algunos islotes del archipiélago. A la par de esto, la amenazante presencia militar de la OTAN en las islas (con una importante antena y un sistema de misiles) no ha sido contemplada por los cerebros del gobierno simplemente, porque no hay intensiones de desagradar al Foreign Office.

Para la clase gobernante en éste país hacerse la pregunta ¿Por qué y para qué está la OTAN en sus islas?, es un tabú, un cuestionamiento que les da carraspera  y es por ello que guardan silencio. En esta sintonía esta la 
Corporación mediática, siempre lista para distraer a la opinión pública con sus cortinas de humo.   Tal vez por este motivo, el gobierno ha optado por dejarse cooptar aceptando lo inaceptable e incluso permitiendo (ahora) el establecimiento de una base estadounidense en Neuquén, que se suma al emplazamiento chino de “Bajada del Agrio”.

Ahora bien. Si estos gobiernos (tanto Kirchneristas y Macristas) han convertido al territorio argentino en un tablero de ajedrez para dirimir los asuntos estratégicos y las cuentas pendientes de las grandes potencias, cabe agregar que aún falta la participación de nada menos que Rusia. A la altura de las circunstancias una mancha más al tigre no le hace nada. En este sentido, si el gobierno cobrara valor y acudiera a un mínimo de sentido común, permitiría a Rusia establecer un punto de apoyo en el territorio, compensando la actual y desventajosa situación estratégica en la que se halla la Argentina, sometida absolutamente a los designios de las embajadas anglosajonas.

Sin dudas que para compensar esta situación, la instalación de una base insular rusa en la Patagonia tendría un impacto innegable en la política nacional, regional y global del país. Aunque no hay que pecar de ilusos y ver también que la clase política de izquierda a derecha es tan abúlica como floja de nervios para poder sostener una decisión como esta. Este sería un punto que el gobierno podría explotar en su favor pero, sus intereses son encontrados. Entonces, si el gobierno argentino desmintiera esto último y pretendiera ser independiente de sus decisiones  y acciones ¿Por qué no toma una decisión tan crucial como la propuesta? La respuesta es muy clara y aunque el gobierno mantenga un silencio sordo, ello acrecienta aún más la suspicacia.

La idea de permitir la instalación de una base naval de la Federación rusa en las costas patagónicas representaría una medida política trascendental que catapultaría al país a un nivel que lo obligaría a reestructurar seriamente el sector de la infraestructura de comunicaciones, de la navegación, de sus instituciones vitales para la defensa y la producción, creando fuentes de trabajo imprescindibles para concretar el marco necesario haciendo a su vez, revitalizar su brazo diplomático como vía para negociar en otra dimensión y bajo nuevos términos, con quienes han estado durante casi cuarenta años, manteniendo en estado de coma al país.

La dependencia tecnológica y en especial en lo referente al campo cibernético es otra área fundamental en la que Argentina está inmersa (especialmente en comunicaciones e instalaciones de centrales eléctricas). 
Lograr la autosuficiencia y el desarrollo propio evitara que el país siga siendo un cliente dependiente del software y hardware estadounidense y europeo, los cuales (y está muy probado) insertan virus maliciosos en las terminales de los países donde intervienen como una forma más de retaliación política; sin duda ellos es muy democrático.

Con todo este panorama queda claro que hay mucho para hacer en la Argentina y una forma de comenzar sería proponer una nueva jugada en la que la Federación rusa tenga un papel estelar

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