PARADOJA
GEOPOLITICA
¿Por qué la fuerza
militar de una nación es un factor preponderante en la geopolítica actual? Nada
en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez
concienzuda (Martin Luther King)
Por Charles H. Slim
Aunque los medios en occidente siguen con su política de diseccionar y reinterpretar situaciones geopolíticas a medida y conveniencia de sus gobiernos, el mundo actual se halla lo suficientemente interconectado para que cada individuo, usando su razonamiento y el sentido crítico advierta la naturaleza real de un evento. Los ejemplos de esto sobran. Pero hoy vamos a comparar dos situaciones que aunque disimiles en sus causas y contexto histórico, tienen varios aspectos comunes: China y sus reclamos sobre la isla de Taiwán y las declaraciones del presidente argentino Milei sobre las islas Malvinas.
Como vemos, dos
situaciones en principio distantes en lo geográfico pero muy cercanas en lo
jurídico. En las últimas horas dos eventos muy importantes se han superpuesto
en la información internacional. La decisión de Pekín de lanzar una
ejercitación militar en torno a la isla de Taiwán y las declaraciones de Javier
Milei diciendo que no renuncia a la soberanía de las islas Malvinas, expone las
capacidades reales de unos y la ausencia de políticas realistas en otros para
tratar de resolver temas que afectan a sus soberanías.
En el caso chino,
la reacción de Pekín no fue un desborde exagerado e injustificado como tratan
de hacerlo parecer en occidente, se trata de una reacción ante hechos
provocativos de Washington que amenazan la seguridad estratégica de China. En
el caso de Argentina, las declaraciones de Milei se dan en un contexto bizarro
y hasta hilarante. En este último caso, su declaración de que la causa es
innegociable, que culmina con una inconsecuencia como es dejar a los Kelpers con
la última palabra en el tema, deja en claro lo engañoso de su discurso.
Ciertamente que en
la situación jurídica de la isla de Taiwán es diferente y allí sus habitantes,
de origen chino y tras el refugio de las fuerzas nacionalistas chinas en 1949 proclamaron
la existencia de su propio estado separado del continente y por ende del
gobierno de Pekín. Desde entonces Taipei se ha comportado como un estado independiente
y bajo la asistencia de EEUU y Gran Bretaña ha fortalecido militarmente la isla
con la adquisición (no gratuitita) de sus armamentos.
En el caso de las
islas Malvinas la situación es diferente. Sus habitantes que apenas son un
puñado de isleños -insertados en 1833- denominados por los británicos como
“Kelpers”, tras el final de la guerra en 1982 cuentan con los beneficios de la
explotación pesquera, turística y de recursos petrolíferos tanto en las islas
como en las aguas adyacentes bajo la tutela y custodia de la Real Armada
británica y de la OTAN. Bajo este paraguas los Kelpers pacientemente están
tratando de ganarse su propia independencia y de ser así con el paso del tiempo
las islas podrían llegar a tener el estatus de Taiwán.
Desde 1982 y aún
más desde los humillantes tratados de Madrid de 1990 firmados en la presidencia
del “peronista” Carlos Menem literalmente subordinó la reclamación bajo un
paraguas diseñado por el Foreign Office, los británicos mientras aseguraban que
los Kelpers serían quienes decidirían su destino, equipos enviados desde
Londres ya venían trabajando sin pausa con los representantes comunitarios de
la isla para confeccionar su sistema institucional e ir preparándolos para una
autodeterminación política bajo la condición de que la guarnición de Port
Stanley siga estando bajo su comando, facilitando sus despliegues y de continuar
bajo el Commonwealth es decir, como súbditos de la corona.
Precisamente esto
último es lo que el propio presidente Milei hizo incapie, dándole a los Kelpers
una legitimidad que los británicos aún no le han dado y contrariando a lo que
su propia constitución nacional prevé. Igualmente no hay dudas que sus palabras
vertidas en la prensa son parte de una mala actuación que intenta quedar bien
con los argentinos y al mismo tiempo con los británicos. A diferencia de los
chinos y la desafiante situación de Taiwán en la que también se ven
involucrados los amigos atlantistas (británicos entre ellos), los argentinos no
tienen con qué para demostrar o más bien darles sustancia y seriedad a sus
reclamos sobre las islas y mucho menos, limitar las acciones británicas en
torno a las aguas del atlántico sur. Milei podrá decir mucho de querer
recuperar las islas y forzar ante los medios un patriotismo que no siente, pero
no tiene base de sustentación de poder real para negociar o tomar decisiones y
los británicos lo saben.
Muy por el
contrario, China y particularmente su presidente Xi Jinping cuenta (además de
la voluntad y determinación política) con el respaldo de un poder real evidente
y que por estas horas despliega como parte del lenguaje político ante los continuos
intentos taiwaneses de medir su paciencia como parte de una sigilosa estratagema
que esconde a Washington y sus socios atlantistas.
Obviamente estamos
ante dos paradigmas muy dispares. China pese a grandes crisis internas sufridas
a lo largo de los años (revoluciones, ocupaciones, hambrunas y guerra civil) y
los cambios que ha debido llevar a cabo para resolverlas, nunca abandono sus
intereses estratégicos y entre ellos la isla de Taiwán y las aguas adyacentes
que implican además de una cuestión de soberanía, implican el control de importantes
rutas comerciales que los intereses angloestadounidenses quieren controlar a
través del régimen taiwanés.
Argentina sigue en
pañales. Aún no explota todas las capacidades productivas con las que cuenta y
mucho menos, controla sus propias rutas comerciales con las cuales podría ser ya
una potencia. Al contrario, les está entregando esa potestad a intereses
foráneos por promesas tan vanas y básicas como son meras sumas de dinero
¿Cuáles han sido sus crisis tan terribles para quedar postrados? Pese a que perdió
aquella guerra en 1982 tuvo tiempo para replanificar y desarrollar una política
(que incluyera un rediseño de sus FFAA) para las islas; aun así, simplemente (por
desidia, autocompadecimiento y su permeo a las operaciones psicológicas que sus
propios políticos desplegaron) tiro la toalla y hoy se ve enfrentada a estas
incoherencias políticas y geopolíticas.
Ciertamente son
dos situaciones disimiles, pero en ambas hay un problema con un intruso a pocos
kilómetros de sus costas que se aprovecha de sus “amistades” influyentes que
tienen garrotes grandes para imponer su voluntad. Ahora bien y mirando ambas
situaciones y considerando la posición en que cada uno de los afectados se
halla ¿Quién cree que tiene mayor posibilidad de negociar y hasta hacer
retroceder al matón del garrote grande?

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