sábado, 3 de enero de 2026

 

DE PANAMA A CARACAS

La agresión tan esperada a Venezuela y el secuestro del presidente Maduro y su esposa reedita el papel de los EEUU en el concierto internacional

 

Por Charles H. Slim

La madrugada del 3 de enero de 2026 pasará a ser otro de los mojones en la historia de las violentas intervenciones militares estadounidenses solo que en este caso con un detalle: El regreso estadounidense a Latinoamérica 36 años después de la invasión a Panamá. Según algunas fuentes siendo las 2 de la madrugada se comenzaron a escuchar explosiones en las afueras de Caracas desatando la conmoción entre los habitantes que dormían y sirviendo como distracción para que una unidad especial estadounidense asaltara el palacio presidencial secuestrando al presidente Maduro y a su esposa ¿Habrán sido traicionados? o ¿Se habrán entregado voluntariamente?

Este último cuestionamiento surge por la pasividad de las defensas aéreas venezolanas que no hicieron nada con los helicópteros yanquis que entraron al cielo caraqueño y se retiraron volando a baja altura sin que un solo fúsil o un MANPAD en tierra les disparara, muy extraño ¿No? Tal vez, ¿Estaba pactado de antemano? Y de ser así ¿Quiénes hicieron los arreglos?

Según lo que se ha informado barcos y los aviones estadounidenses atacaron puntos estratégicos de la defensa venezolana en especial contra el fuerte Tiuna y la base aérea de La Carlota causando un número de muertos y heridos que no se han precisado. También se registraron bombardeos sobre Aragua, Miranda y La Guaira donde también hubo gran destrucción en la infraestructura y bajas en el personal militar y civiles.

En Argentina y en especial los medios capitalinos no han tenido escrúpulos en mostrar su particular sesgo en las acciones estadounidenses plegándose así y sin ningún empacho a la posición del presidente Javier Milei de “apoyo total” por lo realizado con lo cual, entramos en una nueva grieta regional ya que no todos han aceptado semejante acciones, que además de violentas, son contrarias a la ley internacional y que como el caso del presidente brasileño Lula Da Silva no ha dudado en condenar.

Obviamente y como simples repetidoras del Departamento de Estado norteamericano desde estos medios y algunos de sus periodistas se ha tratado de justificar esta agresión apelando a la “democracia” y “el respeto a los derechos humanos”, los mismos que usaron las administraciones de Bush, Obama y Biden para tratar de lavar la cara a las intervenciones que dirigieron y sostuvieron en otras latitudes.  

Nada nuevo bajo el sol, eso es lo que deberíamos decir. La carta de Naciones Unidas una vez más, pintada. Lo que si es cierto es que este episodio cuenta con sus propias características ya que somo testigos de una nueva argumentación (ciertamente estrafalaria) para justificar esta agresión militar. Ahora (e irónicamente) es el Departamento de Justicia y en especial la Fiscal general Pam Bondi quien juega el papel central tratando de hacerle creer a la opinión pública de que todo esto se trató “de una acción de la justicia estadounidense” ¿Enserio?, ¿En suelo extranjero? 

No solo suena tirado de los pelos este argumento, sino que además de un proceder absolutamente ilegal, parece una tomadura de pelo presentarse como una acción de legalidad cuando dentro de EEUU cunde la consternación ante la escandalosa manipulación a cargo de la propia fiscal Pam Bondi del asunto Epstein y su intento de engaño ventilando solo una pequeña parte de los archivos con la evidente intención de proteger a importantes e influyentes implicados en las fiestas pederastas.

Sin dudas que esta impactante acción distrae de la vista del público aquel asunto tan escabroso. Igualmente, el público norteamericano ya no cae en estos gazapos y suman esto a la larga lista de arbitrariedades y contradicciones del líder de MAGA, con lo cual será cuestión de días para que los cuestionamientos internos vuelvan a estar en danza.

La acusación de narcotráfico y terrorismo contra Maduro es ciertamente una argucia carente de pruebas tangibles y que solo se halla sostenida por prejuicios extensamente plantados por los medios pro-estadounidenses, sesgos meramente geopolíticos un innegable interés comercial-financiero.

El accionar ilegal de EEUU es innegable y ante los hechos consumados lo más preocupante es la incertidumbre de sus paraderos y lo que podrían hacerles a sus humanidades en sus ya conocidas cárceles y campos de concentración donde (especialistas con mucha experiencia) realizan toda clase de torturas. La foto de Maduro esposado en las manos y los pies, con gafas ciegas y sordinas en sus oídos nos recuerda cómo la CIA trasladaba a los secuestrados en los vuelos secretos a cárceles secretas y Guantánamo donde eran torturados y abusados. A propósito ¿Dónde esta su esposa Cilia Flores?, ¿Acaso también fue tratada de misma manera tan humillante?

Seguramente Donald Trump y sus asesores esperaban que el gobierno de Caracas se viniera abajo ante el secuestro de su presidente, mientras la CIA con algunos sectores internos causaría la fractura en la cadena de mando de las fuerzas armadas. Bombardear Caracas no representó ni volverlo a hacer representaría una objeción moral. Y es que más allá que a Trump le importa un comino la vida de cualquier venezolano (como la de cualquier extranjero) sus asesores y en particular Marco Rubio saben que causar más bajas y destrucción en la población no les ayudara a la campaña psicológica que ya han comenzado los medios en el continente.

Los hechos y los acontecimientos aún se están desarrollando y es temprano para sacar conclusiones. Lo que es cierto, es que Donald Trump y su administración desde donde se lo mire han violado (una vez más) la ley internacional y han abierto una puerta para traer la inestabilidad al continente.

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