miércoles, 31 de diciembre de 2025

 

METASTASIS DEL TERRORISMO

¿De dónde vienen los activos de la inteligencia atlantista que asisten a las SBU y al GUR ucranianos para sus ataques dentro de Rusia? Las cosas como son

 

Dany Smith

Cuando un avión estallaba en el aire sobre una localidad en Escocia o un edificio volaba por los aires en Damasco, Siria, la palabra terrorismo surgía de inmediato como la obra de grupos “terroristas” sin dar mayores abundamientos del tema total, los culpables ya estaban (sin pruebas) públicamente identificados. Las últimas décadas en este siglo nos han revelado que quienes decían luchar contra el terrorismo, lo creaban y lo financiaban en parte usando los recursos de sus respectivos estados. A partir de esas revelaciones y considerando los últimos acontecimientos surge el interrogante ¿Quiénes realmente están detrás de estos atentados terroristas?

Obviamente cada caso responderá a la situación particular de los involucrados y de otras variables complementarias. Esto viene a cuento del ataque terrorista contra otro funcionario ruso en pleno Moscú. En la mañana del lunes el general Fanil Sarvarov tras subir a su automóvil, encenderlo y desplazarse unos metros muere instantáneamente por la detonación de un explosivo colocado debajo del motor frente al conductor. A primera vista, la obra de un profesional en colocar bombas lapa caracterizada por una explosión dirigida a matar al conductor cuando le da contacto al motor. Aquí parece que hubo mayor sofisticación ya que la detonación fue posterior y en movimiento.  

Más allá de la importancia de Sarvarov como funcionario de gobierno y de que no es el primero en ser asesinado, lo que deberíamos atender es al método, el origen de los autores y los objetivos esperados.

El terrorismo no es una ideología o una doctrina ligada a una religión como engañosa y maliciosamente presentaron desde occidente. Es una táctica, un proceder sucio en la guerra que en el siglo pasado usaron organizaciones y agrupaciones no estatales para golpear tanto a oponentes símiles como a las autoridades estatales. Con el paso del tiempo estos últimos fueron adoptando los mismos procedimientos y en algunos casos pasaron de ser organizaciones terroristas a formar estados.

Muchos creen que el terrorismo se inició en 2001 por los eventos del 9/11 y que sus mentores eran árabes-islámicos. Obviamente es una falacia deliberada y maliciosa desperdigada por las redes sionistas en EEUU con propósitos ya conocidos. Si nos centramos desde aquel entonces veremos una potenciación del fenómeno y no fue por casualidad. Siguiendo una planificación estratégica trazada por sectores neocon y sionistas en Washington DC, la CIA y sus aliados árabes (monarquías petroleras) e israelíes pusieron a rodar estructuras secretas irregulares como Al Qaeda (creada a comienzos de 1980), Al Nusra y el ISIS para visualizar ante el público un “terrorismo islámico” de alcance global como único responsable. Pero este juego sucio ya había sido desplegado por el MI6 apenas se derrumbó la URSS y así lo vimos en la ex Yugoslavia y casi inmediatamente en el Cáucaso prestando apoyo a los grupos chechenos con sus horribles consecuencias en los ataques al teatro de Moscú en 2002 y el colegio en Beslán 2004.

Estos activos sin dudas son las herramientas de ese gobierno en la sombra muy influenciado por las redes sionistas -leales a Israel- enquistadas tanto en Washington como en New York con indudables ramificaciones en VauxHall, Londres. Situaciones que revelaron hasta donde los gobiernos estadounidenses se hallan implicados en el negocio del terrorismo lo vimos con el Plan Cóndor en los setentas, el escándalo Irán-Contras (con implicancias israelíes) en los ochentas y más cerca en el tiempo en 2020 con la muerte de Michael D´Andrea, un agente de la CIA convertido al Islam que se encargaba de reclutar y conectar redes extremistas para usarlas contra el Talibán y contra Irán pero también, contra cualquier otro oponente que los intereses ameriten.  

De esta reseña vemos como protagonistas a EEUU, Gran Bretaña e Israel responsables de toda esa red criminal creada en principio para tratar de contra restar la oposición a las ocupaciones en Iraq y Afganistán y como contrapeso al bloque de la resistencia islámica que apoya la causa palestina.   

Así estos actores convirtieron al terrorismo en una política operativa para extorsionar o simplemente eliminar a sus adversarios y a los de Tel Aviv. Ejemplo de esto lo vimos en la limpieza de científicos y académicos en Iraq durante la ocupación, el asesinato de Soleimani y Muhandis en Bagdad en 2020, los atentados terroristas cometidos contra científicos e ingenieros nucleares iraníes, el bombazo que mato al líder palestino Ismael Haniyé en Teherán y así podríamos seguir. Para sus argumentadores en los medios occidentales se trata de “ataques quirúrgicos” pero no son más que simples actos terroristas ejecutados con recursos estatales.

Esa misma matriz (obviamente con otros activos) es la que ha estado operando contra Rusia y que bajo la máscara de las SBU se ha cobrado la vida del teniente general Fanil Sarvarov con el evidente propósito de sembrar el caos y la inestabilidad, pero Putin y sus asesores de inteligencia son conscientes de esto y saben a dónde mirar.

La Federación de Rusia tiene experiencia en lidiar con esta táctica sucia y sufrir por ella, e incluso ha sabido llegar al fondo para desarticular a sus instigadores intelectuales en Londres. Por ello no es casual que los británicos estén ligados y muy comprometidos a toda aquella arquitectura del terror que podría ser tan extensa y enmarañada que ni siquiera sus gobiernos (especialmente EEUU y Gran Bretaña) saben dónde empieza y donde termina la madeja.

Hoy no es un secreto la lucha de poder dentro del “Deep State” que implican a grupos dentro de la inteligencia (CIA, NSA, DIA etcetc) con agendas propias involucrados -entre otros negocios negros- con el terrorismo fuera del control gubernamental. Incluso podríamos sospechar que los propios gobernantes incluido Trump son rehenes de estos poderes en la sombra y una prueba de ello son los intentos de asesinar al propio Trump.

Por supuesto que esto último no excusa las responsabilidades de cada gobierno involucrado. Si varios de esos programas secretos o de sus activos, creados por ellos mismos están generando atentados terroristas, manejando el tráfico de armas y drogas, creando sus propias guerras, alguien en Washington, Londres o de donde sea deberían dar las explicaciones del caso. La fábula del terrorismo islámico como epitome de todos los males ya no se la traga nadie y menos aun cuando el propio Trump va a Damasco -donde EEUU abrirá una base- y se saca una foto sonriente con el líder de “Al Qaeda” en Siria, el mismo que la CIA y el Mossad apoyaron para derrocar al gobierno de Al Assad.  

Es por eso que a modo de conclusión, quienes se animen a pensar con libertad sobre este atentado terrorista que mato al general Fanil Sarvarov deberían preguntarse ¿Continuarán estos atentados?, ¿Fue encargado por los gobiernos que patrocinan a Kiev o fue una acción facciosa e independiente de alguna red sin control de la CIA y el MI6? Y si esto último fue así ¿Quiénes son sus directores en la sombra?

 

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