¿OCCIDENTE
SIONISTA-CRISTIANO?
¿Cómo Israel, sus
organizaciones internacionales y su militancia religiosa enrolada en el
sionismo cristiano buscan cooptar el continente?
Por Javier B. Dal
Una muletilla que
acompaño a todas las declaraciones de los gobiernos en occidente durante la
Guerra fría, especialmente de las dictaduras latinoamericanas (de los sesentas
y setenas) fue el término “judeo-cristiano” -recurrentemente invocado por Jorge
Rafael Videla- por como una forma de legitimar sus poderes de facto como
parte de su alineamiento y cohesión con la política del “mundo libre” dirigido
por los EEUU contra la atea URSS.
En esa época el
papel de la iglesia católica y de los ministerios protestantes (con mayor poder
en EEUU y Reino unido), eran trascendentales al momento de justificar los
peligros del demonio comunista que había abolido las religiones y el culto
dentro del bloque oriental. Mientras el lema de Stalin “la religión es el opio
de los pueblos” paso a ser política de estado en la URSS, en occidente la
religión era un aliado político crucial para sus planes geopolíticos, eso hasta
que ya no le sirvió más.
Pero entendamos
bien el contexto y qué representaba aquella muletilla. No se trataba de
espiritualidad ni mucho menos. La iglesia católica proveía de una pátina
moralista a las políticas de ese “mundo libre” mayormente “cristiano” pero
controlado por anglosajones protestantes. La importancia del clero pasaba más
por la influencia y extensión de su estructura y su disciplina que por el dogma
(con perdón a Jesús) estrictamente espiritual. Esto solo era parte de una geopolítica
tendiente a contener y de ser posible doblegar el ideario bolchevique que
amenazaba extenderse por occidente. Aquí la religión, como institución
organizada, era la que importaba y sumaba peso político estratégico a esa
geopolítica imbuida de bipolaridad.
En aquel contexto
para Washington DC los obispos y en especial el Papa de Roma eran tan
importantes como cualquiera de los generales que egresaban de La Escuela de las
Américas. En ese sentido el Vaticano paso ser un agente más (discreto) de la
geopolítica de Washington.
Esa misma lógica,
dentro del mismo contexto pero con otro dogma (el Islam), EEUU y sus socios
usaron y manipularon la estructura religiosa islámica (con la ayuda de Arabia
Saudita) para crear ese contrapeso geopolítico en Asia occidental y central
contra la misma influencia soviética. Pero en este escenario y a diferencia de
aquel marco regido por el centralismo católico, manipular a los musulmanes -por
sus variadas corrientes e interpretaciones tribales- fue mucho más
complicado por no tener un representante similar a un Papa que les bajara líneas
unificadoras. Por eso alentaron el sectarismo y la militancia religiosa
financiando madrazas en Pakistán como nidos de reclutamiento para la CIA. Pero
lograr ese control no pudo hacerse tan ampliamente máxime cuando la revolución
Islámica del Ayatolá Khomeini subió al poder en Irán en 1979.
En occidente y más
precisamente en América Latina, ese latiguillo del mundo “judeo-cristiano” fue
más funcional para aquellos fines que para una señalar una identidad monoteísta
de los pueblos.
Hoy ese latiguillo
sigue vigente pero con una reforma subrepticia, otra finalidad geopolítica y
dentro de un contexto contemporáneo mucho más complejo. La iglesia en todo Latinoamérica
ha sido corrida a un costado para abrirle el paso a sectas judías como Chabad Lubavitcher
y a una constelación de pastores e iglesias evangelistas enroladas en la teología
del sionismo cristiano quienes mezclan teología con el ideario político sionista
con una clara determinación: Legitimar el estado de Israel.
Desde octubre del
2023 los departamentos de relaciones públicas de Tel Aviv como parte del
engranaje de la inteligencia, comenzaron a trabajar a todo vapor con estos
sectores y es que había que convencer a Occidente que Hamas, los palestinos y
los musulmanes en general, habían agredido al pueblo israelí sin motivos ni
fundamentos y por ello, todo valía incluso el genocidio. Igualmente, ya hemos
visto como también los israelíes persiguen y asesinan cristianos tanto en
Palestina como el Líbano donde sus iglesias han sido profanadas y demolidas. Poner
a los incautos de la región del lado de Israel era y es el objetivo. En pocas
palabras, se buscaba resucitar esa muletilla del mundo “judeo-cristiano” pero
con una significación muy diferente y ajeno a la religiosidad que se traduce en
“sionista-cristiano”.
Para ello la
iglesia católica ya no importa. El avance de los grupos evangelistas y los
pentecostales en todo el continente y especialmente en Sudamérica ha ganado
terreno sobre la feligresía católica que en algunos países como Argentina, es
bastante variable tanto en su ánimo de carácter como en cuanto a sus lealtades
a la fe. En este último sentido el presidente Milei relega a la iglesia del
marco institucional y promueve con mucha discreción, la filiación pro-Israel
(pro Netanyahu y el extremismo Talmúdico) bajo ese fundamentalismo que trae
entrelazado, negocios, finanzas y radicación de empresas.
Es allí
aprovechando esas características como las grietas de la propia iglesia
católica muy desgastada en su imagen por los casos de corrupción y pederastia,
que la teología sionista se viene colando de a mano de interpretaciones
notablemente sesgadas, artificiosas y hasta fantasiosas de ministros y líderes
evangelistas más comprometidos con Tel Aviv que con el “reino de los
cielos”.
Una de sus
principales actividades es la de dibujar teologías como dispensionalismo
basadas en interpretaciones de dogmas creados en el siglo XIX por puritanos
británicos como John Nelson Darby y luego seguido por estadounidenses como
Cyrus Ingerson Scofield quienes a su vez influenciaron a los ideólogos
sionistas del siglo XX para ir enhebrar esa escatología al nacionalismo judío secular
creado por Theodor Herzl. Así vimos y seguimos viendo a charlatanes estadounidenses
como Pat Robertson (Club 700), Billy Graham, su hijo Linsay Graham, Mike Huckabee,
Dante Gebel y la lista sigue, de argumentadores del “por qué” en 1948 el estado
de Israel se metió en Palestina y desde entonces ha sido el factor de conflicto
y horrores inhumanos que llega a nuestros días.
Los actuales
gobiernos derechistas que copan el poder en la región, como el de Javier Milei
y Cía se hallan en esa sintonía y usando formulismos narrativos ciertamente
imaginativos como la “batalla cultural” o eslóganes altisonantes como “fuerzas
del cielo”, están tratando de formatear la cultura y en el trayecto estigmatizando
(según Israel) a quienes considera hostiles y al mismo tiempo, intentando
penetrar en el sistema educativo y la “religiosidad” para impulsar formas de
pensar mediante narrativas engañosas que disfrazadas de judaísmo solo son
políticas ideológicas que forman parte de un proyecto netamente político y
geopolítico sionista.

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