sábado, 18 de julio de 2026

 

¿OCCIDENTE

SIONISTA-CRISTIANO?

¿Cómo Israel, sus organizaciones internacionales y su militancia religiosa enrolada en el sionismo cristiano buscan cooptar el continente?

 

Por Javier B. Dal 

Una muletilla que acompaño a todas las declaraciones de los gobiernos en occidente durante la Guerra fría, especialmente de las dictaduras latinoamericanas (de los sesentas y setenas) fue el término “judeo-cristiano” -recurrentemente invocado por Jorge Rafael Videla- por como una forma de legitimar sus poderes de facto como parte de su alineamiento y cohesión con la política del “mundo libre” dirigido por los EEUU contra la atea URSS.

En esa época el papel de la iglesia católica y de los ministerios protestantes (con mayor poder en EEUU y Reino unido), eran trascendentales al momento de justificar los peligros del demonio comunista que había abolido las religiones y el culto dentro del bloque oriental. Mientras el lema de Stalin “la religión es el opio de los pueblos” paso a ser política de estado en la URSS, en occidente la religión era un aliado político crucial para sus planes geopolíticos, eso hasta que ya no le sirvió más.

Pero entendamos bien el contexto y qué representaba aquella muletilla. No se trataba de espiritualidad ni mucho menos. La iglesia católica proveía de una pátina moralista a las políticas de ese “mundo libre” mayormente “cristiano” pero controlado por anglosajones protestantes. La importancia del clero pasaba más por la influencia y extensión de su estructura y su disciplina que por el dogma (con perdón a Jesús) estrictamente espiritual. Esto solo era parte de una geopolítica tendiente a contener y de ser posible doblegar el ideario bolchevique que amenazaba extenderse por occidente. Aquí la religión, como institución organizada, era la que importaba y sumaba peso político estratégico a esa geopolítica imbuida de bipolaridad.

En aquel contexto para Washington DC los obispos y en especial el Papa de Roma eran tan importantes como cualquiera de los generales que egresaban de La Escuela de las Américas. En ese sentido el Vaticano paso ser un agente más (discreto) de la geopolítica de Washington.

Esa misma lógica, dentro del mismo contexto pero con otro dogma (el Islam), EEUU y sus socios usaron y manipularon la estructura religiosa islámica (con la ayuda de Arabia Saudita) para crear ese contrapeso geopolítico en Asia occidental y central contra la misma influencia soviética. Pero en este escenario y a diferencia de aquel marco regido por el centralismo católico, manipular a los musulmanes -por sus variadas corrientes e interpretaciones tribales- fue mucho más complicado por no tener un representante similar a un Papa que les bajara líneas unificadoras. Por eso alentaron el sectarismo y la militancia religiosa financiando madrazas en Pakistán como nidos de reclutamiento para la CIA. Pero lograr ese control no pudo hacerse tan ampliamente máxime cuando la revolución Islámica del Ayatolá Khomeini subió al poder en Irán en 1979.

En occidente y más precisamente en América Latina, ese latiguillo del mundo “judeo-cristiano” fue más funcional para aquellos fines que para una señalar una identidad monoteísta de los pueblos.

Hoy ese latiguillo sigue vigente pero con una reforma subrepticia, otra finalidad geopolítica y dentro de un contexto contemporáneo mucho más complejo. La iglesia en todo Latinoamérica ha sido corrida a un costado para abrirle el paso a sectas judías como Chabad Lubavitcher y a una constelación de pastores e iglesias evangelistas enroladas en la teología del sionismo cristiano quienes mezclan teología con el ideario político sionista con una clara determinación: Legitimar el estado de Israel.   

Desde octubre del 2023 los departamentos de relaciones públicas de Tel Aviv como parte del engranaje de la inteligencia, comenzaron a trabajar a todo vapor con estos sectores y es que había que convencer a Occidente que Hamas, los palestinos y los musulmanes en general, habían agredido al pueblo israelí sin motivos ni fundamentos y por ello, todo valía incluso el genocidio. Igualmente, ya hemos visto como también los israelíes persiguen y asesinan cristianos tanto en Palestina como el Líbano donde sus iglesias han sido profanadas y demolidas. Poner a los incautos de la región del lado de Israel era y es el objetivo. En pocas palabras, se buscaba resucitar esa muletilla del mundo “judeo-cristiano” pero con una significación muy diferente y ajeno a la religiosidad que se traduce en “sionista-cristiano”.

Para ello la iglesia católica ya no importa. El avance de los grupos evangelistas y los pentecostales en todo el continente y especialmente en Sudamérica ha ganado terreno sobre la feligresía católica que en algunos países como Argentina, es bastante variable tanto en su ánimo de carácter como en cuanto a sus lealtades a la fe. En este último sentido el presidente Milei relega a la iglesia del marco institucional y promueve con mucha discreción, la filiación pro-Israel (pro Netanyahu y el extremismo Talmúdico) bajo ese fundamentalismo que trae entrelazado, negocios, finanzas y radicación de empresas.

Es allí aprovechando esas características como las grietas de la propia iglesia católica muy desgastada en su imagen por los casos de corrupción y pederastia, que la teología sionista se viene colando de a mano de interpretaciones notablemente sesgadas, artificiosas y hasta fantasiosas de ministros y líderes evangelistas más comprometidos con Tel Aviv que con el “reino de los cielos”. 

Una de sus principales actividades es la de dibujar teologías como dispensionalismo basadas en interpretaciones de dogmas creados en el siglo XIX por puritanos británicos como John Nelson Darby y luego seguido por estadounidenses como Cyrus Ingerson Scofield quienes a su vez influenciaron a los ideólogos sionistas del siglo XX para ir enhebrar esa escatología al nacionalismo judío secular creado por Theodor Herzl. Así vimos y seguimos viendo a charlatanes estadounidenses como Pat Robertson (Club 700), Billy Graham, su hijo Linsay Graham, Mike Huckabee, Dante Gebel y la lista sigue, de argumentadores del “por qué” en 1948 el estado de Israel se metió en Palestina y desde entonces ha sido el factor de conflicto y horrores inhumanos que llega a nuestros días.   

Los actuales gobiernos derechistas que copan el poder en la región, como el de Javier Milei y Cía se hallan en esa sintonía y usando formulismos narrativos ciertamente imaginativos como la “batalla cultural” o eslóganes altisonantes como “fuerzas del cielo”, están tratando de formatear la cultura y en el trayecto estigmatizando (según Israel) a quienes considera hostiles y al mismo tiempo, intentando penetrar en el sistema educativo y la “religiosidad” para impulsar formas de pensar mediante narrativas engañosas que disfrazadas de judaísmo solo son políticas ideológicas que forman parte de un proyecto netamente político y geopolítico sionista.   

 

  

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