sábado, 23 de mayo de 2026

ENTUERTO EN BOLIVIA

¿Cuáles fueron las causales reales que dispararon la actual crisis que sacude al gobierno neoliberal boliviano?

 

Por Javier B. Dal 

Suena aburrido decirlo, pero es importante remarcarlo, las casualidades no existen. Esto viene a cuento de lo que sucede en Bolivia con los levantamientos populares contra el actual gobierno demócrata-cristiano de Rodrigo Paz que como de costumbre los medios de la región (especialmente los argentinos) tratan de presentarlo al son de la narrativa del poderoso de turno en Washington y que hoy es Donald Trump.

La llegada a la presidencia de Rodrigo Paz en las elecciones de octubre del año pasado significó un cambio rotundo en las políticas internas y en la orientación geopolítica boliviana de los últimos años muy signada por la afinidad ideológica con la revolución bolivariana de Venezuela, el respaldo a Cuba y su adhesión al eje de la multipolaridad global con China como locomotora comercial y atendiendo en sus temas más comprometidos como son la denuncia del genocidio en Palestina y su apoyo a la república Islámica de Irán.

Con el desandar de su incipiente gestión, Paz fue poniendo en evidencia una orientación ideológica muy similar a la de los hermanitos Milei en Argentina con todo lo que ello conlleva. A pocos meses de su inicio, el gobierno de Paz comenzó a evidenciar el cambio en ese sentido.

Precisamente ese cambio implicó la inmediata injerencia de los intereses de Israel y EEUU buscando (como lo hacen en toda la región) cortar cualquier lazo y borrar los rastros positivos de aquellas relaciones geopolíticas cosechadas durante la era del MAS bajo el liderazgo de Evo Morales. Justamente y a modo de escarmiento, habían planificado capturar al ex presidente en una maniobra encubierta similar a la que se aplicó para secuestrar Nicolás Maduro y su esposa solo que sin la aparatosa presencia de un grupo de tareas norteamericano. Al ser detectada, rápidamente se movilizaron partidarios y trabajadores del campo para impedir la ejecución de esa operación.

El trasfondo político que sustenta esta situación tiene una planificación surgida en el norte, de los despachos del Consejo de Seguridad Nacional (CSN) y más precisamente del funcionario trumpista y entusiasta militante sionista Sebastián Gorka diseñador de la nueva “Estrategia Antiterrorista” puesta en vigencia contra amenazas y garantizar la Seguridad Nacional. Precisamente entre sus objetivos a eliminar se hallan disidentes políticos, inmigrantes, manifestantes, activistas (en especial pro-palestinos), observadores legales y hasta periodistas.

Salvando las distancias y las circunstancias históricas esta planificación se asemeja al llamado Plan Cóndor del siglo pasado (década de los 70´s) ideado por la CIA (conformando la Unidad Teseo) para eliminar a las amenazas marxistas no solo en Francia sino también en el continente americano.

Como vemos la administración norteamericana tiene una planificación bien actualizada y afilada para erradicar a sus oponentes y potenciales adversarios a sus políticas en todo el hemisferio. Para encubrir esta finalidad ha puesto por delante la máscara de la lucha contra el narcotráfico que de ser real, debería comenzar por sus propias agencias caracterizadas por su opacidad. Esta política destaca por su evidente amoralidad y nada democrático proceder que ya tiene un extendido prontuario alrededor del mundo y que desde el ascenso de Trump se aplican ahora en todo el continente.

El ejercicio de estos operativos ha despertado gran preocupación en todos los círculos políticos vinculados y comprometidos al respeto de los derechos humanos y la institucionalidad política. Y no es para menos ya que ello implica el regreso al oscurantismo estadounidense de los años cincuenta con el llamado “Macartismo” como fundamento para señalar, perseguir e incluso eliminar a quienes eran tildados de marxistas; o más cerca en el tiempo con el descarado, masivo, deliberado y falso señalamiento desde Washington que sirvió para sembrar el miedo y odio contra los árabes y más genéricamente contra los musulmanes tras los ataques del 11 de septiembre de 2001.

Solo para recordar en que consistió esto último, la CIA durante la primera década del siglo además de vigilar y conformar listas negras de sospechosos de simpatizar con el “terrorismo” (por el simple hecho de protestar por la ilicitud en el proceder gubernamental) llevo a cabo operativos clandestinos de secuestros de ciudadanos musulmanes de cualquier nacionalidad quienes eran trasladados en vuelos secretos e insertados en un sistema de cárceles secretas dispersas en varios países como en buques de guerra en aguas internacionales donde (por no regir la ley de ningún estado) eran abusados, torturados y en algunos casos ejecutados.

En las actuales circunstancias seguramente uno de los fundamentos por los cuales la administración Trump tiene interés en hacerse con Evo Morales y controlar el país como lo hace con Venezuela, es la presión que ha venido ejerciendo Tel Aviv quien por intermedio de sus adláteres en la región (especialmente en Buenos Aires) trata de cortar los lazos con la república de Irán que se han estrechado en las dos últimas décadas.

No hay duda que el intento de poner en acción un operativo similar contra Evo Morales, apoyado por gobiernos adeptos a Trump (como el argentino) ha sido el disparador para la actual situación. Sobre esto último, el envío por Milei de un avión de transporte militar Hércules C-130 avivó aún más sospechas máxime si consideramos la subalternidad de Buenos Aires a la geopolítica mesiánica de Israel. Obviamente que esto se agrava por la pésima situación económico-social por la que están pasando los ciudadanos bolivianos, claramente evidenciada por el alza de precios en los alimentos, la duplicación de precio del combustible, una crisis en el empleo y el planificado aumento para los servicios públicos.

 

 

  

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