NUEVAS TRETAS
ZORROS VIEJOS
¿Qué es lo que
realmente pudo suceder y quiénes podrían ser los verdaderos implicados en la
emboscada contra las tropas de la FINUL en el sur del Líbano?
Por Javier B. Dal
El acuerdo de un
alto al fuego extensivo al Líbano fue sin dudas una situación que Tel Aviv
acepto de muy mala gana y en especial por parte de la elite segregacionista que
ocupa el poder. Pese a que controlan extorsivamente a Trump, la presión del
resto de los estamentos financieros (globalistas y aislacionistas) en los EEUU
y en occidente que se ven perjudicados por la guerra son insoportables incluso
para Israel. Pero más allá de esta aceptación a regañadientes, esta situación simplemente
no le conviene al Status Quo sionista y ello ya nos informaba que no se
quedarán quietos.
No solo los
iraníes ya saben que no se puede confiar en esta supuesta aceptación de un alto
al fuego. Un extenso repertorio de antecedentes criminales y trucos sucios de
este estado que constan en los archivos de Naciones Unidas, informa a toda la
comunidad global de su continua y artera reincidencia.
El extraño ataque
al puesto de cascos azules franceses de las FINUL[1] en la zona de
Al-Ghanduriya, Bint Jbeil en el sur del Líbano, apenas se comenzó con el alto al
fuego pareciera inscribirse en una de estas tácticas sucias israelíes. Según la
crónica de los hechos, un grupo de hombres muy bien armados y sin
identificación lanzaron un ataque contra las fuerzas de Naciones Unidas
causando la muerte de uno de sus efectivos de nacionalidad francesa.
Inmediatamente y sin las pruebas del caso los medios y el propio presidente
francés Macron salieron a realizar especulaciones y acusaciones directas contra
Hesbolá que de forma inmediata y por sus canales oficiales la secretaría
general rechazo de manera categórica. Ahora bien, pregúntense ¿Qué ganaría la
resistencia libanesa con esta estupidez?
Los intentos por incriminar
a la resistencia árabe islámica con hechos rodeados de brumosas circunstancias
no es algo nuevo. Tanto fuera[2] como dentro del Líbano, la
ejecución de actos brutales como lo son los asesinatos y los atentados
terroristas se volvieron parte de una advertible estratagema israelí (sobre la
base del engaño) con la colaboración de agencias occidentales (entre ellas la
francesa), como parte de la guerra de propaganda anti Hesbolá que ya tiene
décadas.
En febrero de 2005
tras el aparatoso atentado que mató al ex primer ministro libanés Rafiq Hariri,
tanto desde los sectores pro-sauditas y pro-norteamericanos de la política libanesa
como de los medios occidentales, sin más pruebas que la especulación y el
prejuicio (y un deliberado interés), se trató de inculpar a Hesbolá incluso
montando una instancia judicial extranjera con supuestas pretensiones de
justicia[3].
Algo similar se
intento con la explosión en el puerto de Beirut en 2020 argumentando que fue
culpa de Hesbolá por acumular explosivos en uno de sus depósitos cuando había muchos
otros elementos que indicaban un ataque externo[4]. Tanto en uno como en otro
episodio, no se comprobó ninguno de los elementos que involucraran la pista
chiita y por el contrario, no se quiso investigar elementos muy sospechosos e
hipotesis de ataques altamente sofisticadas[5] para el momento pero que
luego comprobamos viables (virus informáticos para detonar Bipers) que llevaban
a la mano israelí.
Por lo pronto el
gobierno libanes se ha comprometido a investigar el hecho con una premura que
no suele mostrar cuando los muertos son sus propios ciudadanos. No hay que
decirlo ya que es notoria la presión que ya comenzó a ejercer París que a su
vez es un monigote de Washington DC. Queda de más explicar que al tratarse de
un muerto francés, tiene un mayor impacto dentro del circulo político libanes,
muy estrechamente vinculado por razones de historia y relaciones
institucionales con lo cual este incidente serviría para sembrar cizaña y quebrar
el sistema político interno con la intención de extenderlo a diezmar el apoyo
popular a la resistencia contra la agresión israelí que presenta Hesbolá.
Al parecer se
olvida que anteriormente Israel ha atacado a las FINUL e incluso en diversos
periodos del conflicto, ha matado a varios de sus efectivos sin que ello tocara
a los responsables en Tel Aviv. En aquellas oportunidades lo hicieron con sus
armas regulares y sin enmascararse demostrando que tenían una carta de
impunidad asegurada. Si atacarlos y matarlos no tiene consecuencias ¿Por qué no
aprovechar esa ventaja y jugar con esa facilidad? En la emboscada de Al-Ghanduriya
ejecutada por hombres no identificados, podría haber sido cualquiera entonces
¿Por qué habría que descartar una operación negra de la inteligencia militar
israelí o incluso del Mossad con activos mercenarios árabes?
Si bien no
sorprende esta acostumbrada ligereza proveniente de la corporación de medios
cooptada por los intereses y la militancia sionista, notoriamente islamófoba no
se puede dejar de mencionar lo muy sospechoso de este incidente. Menos aún la
de Emanuel Macron, quien en el tablero geopolítico se ha acostumbrado a ser el
peón de Washington, de Bruselas o de Tel Aviv. Anteriormente lo advertimos que
tanto EEUU como Israel no iban a respetar los compromisos asumidos. El
incidente en Al Ghanduriya es uno más de los que se han producido tanto en el
Líbano como en el estrecho de Ormuz. Según fuentes confiables la artillería
israelí ha continuado con sus bombardeos contra el sur y los buques
estadounidenses han estado provocando la libre circulación de buques mediante
continuos actos de piratería.
En el terreno
libanes las cosas están muy lejos de un alto al fuego. Tanto la resistencia
como los ciudadanos libaneses del común (cristianos, sunitas, drusos y chiitas)
no confían en Israel y tienen extensos argumentos para no hacerlo. Las aldeas
cristianas y chiitas ubicadas en el sur ya estaban antes de que se fundara el
Líbano e incluso, éste estuvo antes que los sionistas impusieran el suyo en
1948 y a partir de allí, innumerables intentos por tratar de usurpar los
fértiles territorios del sur. Los libaneses no se olvidan la invasión israelí
en 1978 y su secuela de 1982 que ocupo toda una franja de territorio libanés de
20 kilómetros cuadrados que duró hasta que Hesbolá los expulsó en mayo de 2000.
Ahora bien,
considerando todos estos elementos ¿Estaría usted tan seguro de acusar a
Hesbolá de lo sucedido?
[2]
Mediante el armado de una causa judicial en Argentina por acusar a Hesbolá y a
la república Islámica de Irán por los atentados terroristas de 1992 y 1994
[3]
Montando un Tribunal Especial para el Líbano creado en 2007 por una cuestionable
resolución de la ONU
[4] Tal
como lo presenta el trabajo de investigación de Red Voltaire que se enlaza a
continuación: https://www.voltairenet.org/article212377.html
[5] Como
bien expone el investigador y periodista francés Therry Meyssan en el artículo
que aquí se enlaza: https://www.voltairenet.org/article167579.html

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