domingo, 10 de mayo de 2026

 

REFLEXIONES LOGICAS

El alineamiento del gobierno argentino con EEUU e Israel ¿Abre la posibilidad de una participación en la guerra del estrecho de Ormuz? Y así fuese ¿Con qué justificativo legal?, ¿Está la Armada a la altura de las actuales amenazas navales?

 

Por Dr. Carlos Castia

Ya han pasado 36 años de aquella zarpada del grupo de tareas 88.1 (GT-88) rumbo a las lejanas aguas del Golfo Pérsico cuando en el marco de la crisis por la invasión iraquí al emirato de Kuwait, el gobierno argentino decidió tomar parte de la Coalición Multinacional Aliada organizada por los EEUU con el fin anticipado de una intervención bélica. Los hechos plasmados en la historia dan cuenta de una de las guerras más terribles de finales del siglo XX y el germen de la constante inestabilidad en la región.

En la propia Argentina el tema sigue siendo muy desconocido e incluso en los propios claustros de la Armada, una experiencia desaprovechada como sucedió con lo aprendido en 1982 tras la guerra de Malvinas contra los británicos y sus aliados de la OTAN. Hoy ante la nueva guerra en la puerta de entrada de aquel golfo, es decir en el estrecho de Ormuz y ante la posición geopolítica que adopta el gobierno argentino, se hace necesario detenerse y hacer varias consideraciones antes de involucrar nuevamente al estado argentino.

Ante todo, el poder ejecutivo necesita la autorización del Congreso para involucrar fuerzas militares en una guerra[1] y con mucha más razón una que no tiene relación con los intereses de la nación.

En 1990 las circunstancias geopolíticas eran muy particulares. También lo eran los avances tecnológicos armamentísticos y lo más importante, el estado operativo de las fuerzas armadas argentinas era muy limitado por el escarnio político interno y las restricciones impuestas desde Londres. En ese orden, ante la inminente caída de la URSS[2], EEUU asumía el papel de superpotencia hegemónica, contando con un amplio abanico de recursos militares pero no suficientes para cubrir todo el teatro de operaciones. Fue en ese papel de “relleno” que el destructor “ARA Almirante Brown” (MEKO 360 H2) y la corbeta “ARA Spiro” (MEKO 140), junto a otras naciones tomaron intervención[3] y con éxito en las operaciones “Escudo del desierto”[4] y “Tormenta del Desierto”[5]. 

Afortunadamente el grupo regreso intacto pese a los peligros que se presentaron como potenciales amenazas letales sin que al presente se les haya reconocido a sus tripulantes la veteranía por esas acciones.

Aquello que se presentó como una forma de insertar al país en el concierto internacional, hoy parece volver a repetirse pero atención, las circunstancias son notablemente muy diferentes. Esta observación viene a cuento del posicionamiento geopolítico adoptado por Buenos Aires en torno la agresión contra la república Islámica de Irán y de apoyo incondicional a Israel.

Como se sabe, aquí Naciones Unidas no interviene y aunque lo hiciere de poco valdría. Incluso más, EEUU e Israel han actuado en violación la propia carta orgánica y de la ley internacional.

El desarrollo y consecuencias para la armada estadunidense en casi dos meses de hostilidades contra Irán han estado convenientemente fuera de los medios y eso no es una casualidad. Muchos de los eventos han sido puntillosamente censurados por el Pentágono (entre ellas las bajas) pero visibles ante la resistencia y primacía de las defensas navales de Irán. Tanto el secretario de defensa Pete Hegseth como el jefe del Estado Mayor Conjunto el general Dan Caine han estado siendo evasivos en revelar o incluso desmentir situaciones que revelan aquella situación. Las bajas y daños son reales y considerables. En este sentido el gobierno argentino debería ser consciente y responsable en sus posibles decisiones de involucrar a una misión naval o aeronaval en el “Proyecto Libertad” de Trump.

Apenas hace unos días una fragata estadounidense que adentrándose en las aguas del estrecho, trato de agredir a un carguero iraní fue obligada a retirarse luego de ser impactada con dos misiles antibuque. Pese a las desmentidas de Washington otras fuentes confirmaron el hecho. Pero la cadena de episodios similares que se fueron acumulando desde la agresión ilegal del 28 de febrero pasado han puesto en evidencia que hay un balance de fuerzas que Irán ha logrado imponer por un desarrollo y empleo de sistemas antibuque propios de altísima precisión y el aprovechamiento inteligente de la topografía de su terreno para volverse invisible o dificultando la respuesta de los estadunidenses e israelíes.

El ejemplo más claro y trascendente fue el duro ataque al portaaviones “USS Abraham Lincoln” (CVN 72) ocurrido en la segunda semana de marzo que lo obligo a retirarse a puertos indios en el Indico para reparaciones. La magnitud de los daños y con solo considerar la posibilidad de haber sido atacado el mismo centro de mando demuestra la capacidad, alcance y letalidad de los armamentos navales con los que cuenta Irán.

Un navío de las características de un portaaviones y pese a la cuantía de sus modernos sistemas de defensa multicapa a los que se debe sumar la protección que le ofrecen las fragatas y destructores que lo escoltaban, pudo ser vulnerable a los misiles y drones de las CGRI, nos informa de la complejidad y letalidad del armamento en danza. Según se sabe, los buques argentinos disponibles siguen siendo los mismos de aquel entonces ¿Qué le puede esperar a una corbeta multipropósito clase MEKO 140[6] o a un destructor clase MEKO 360[7] argentino si se aventurase a provocar a las defensas navales iraníes?

Para saber eso habría que verificar si los sistemas informáticos y de guerra electrónica de estos viejos modelos han sido actualizados. Incluso cabe muy pertinente la pregunta ¿Cuentan con sistemas AEGIS[8] o alguno similar[9]?  Estas cuestiones no son menores, por el contrario, responden a una visión responsable y alejada de la improvisación con la que actúan los políticos.

En cuanto a lo jurídico aún hay un gran vacío legal sobre estas misiones, pese a la experiencia de la Tormenta del Desierto. Así al presente, no hay ninguna ley que trate puntualmente la situación de misiones semejantes, la de los tripulantes y el estatus que tendrían en las operaciones bélicas extraterritoriales[10]. Con ello, los hombres y mujeres que pudieran ser enviados a un escenario como vemos actualmente en el estrecho de Ormuz o cualquier otro, están en un virtual limbo que, sea a su regreso indemnes o tras haber sufrido daños y bajas, el estado nacional no les reconocerá derecho alguno pese a que genéricamente surgen de los tratados internacionales[11].

 

 



[1] Conforme lo dispone el artículo 75 incs. 25 y 28 de la Constitución nacioonal

[2] Si bien la Unión Soviética como país deja de existir en diciembre de 1991, paso por un estadio de descomposición progresiva que comienza a acelerarse en 1989 y con una atomización total representada con levantamientos, protestas y movimientos independentistas que anularon cualquier posibilidad de ejercer un contrapeso geopolítico como el que había jugado durante la Guerra fría. 

[3] Erróneamente se suele mencionar que la participación se dio en el marco de un mandato respaldado por resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU confundiendo la naturaleza y el desenlace de toda de la misión. Consultando con los registros de los mandatos históricos del Departamento de Mantenimiento de Paz de la ONU no figura la “Crisis/Guerra” de 1990/1991.

[4] Tras zarpar en septiembre el G.T.88 y tras arribar a principios de noviembre de 1990, fueron subordinados a la cadena de mando de la Coalición Aliada con sede en Riad, Arabia Saudita. Bajo dicho comando se le dio la designación ALFIL 1 cumpliendo tareas de defensa del reino saudita en el marco de la Operación Escudo del Desierto.

[5] Al cumplirse el ultimátum el 16 de enero de 1991 el grupo ALFIL 1 lejos de retirarse y tras la autorización del congreso continuó operando ya en el marco bélico de la Operación del Desierto.

[6] La Armada Argentina cuenta con seis de estas unidades que suele denominarse como “Clase Espora”. https://es.wikipedia.org/wiki/MEKO_140

[7] Esta es la denominación de las fragatas construidas por Alemania Occidental a mediados de la década de los 70s. https://es.wikipedia.org/wiki/MEKO_360

[8] Se trata del sistema integrado de combate desarrollado por la Lockheed Martin, montado en buques de guerra contra amenazas múltiples, tanto aéreas como de misiles que va modernizándose con el paso de los años. https://es.wikipedia.org/wiki/Sistema_de_combate_Aegis 

[9] Como podría ser el ARROW 3 israelí, el SCOMBA español, el S-400 Triunf o el KORTIK M estos dos de origen ruso.

[10] Este término exceptúa a las misiones de paz de los Cascos Azules de Naciones Unidas que se hallan enmarcadas en mandatos ordenados por resoluciones tanto de la Asamblea general, del Consejo de Seguridad como de cualquier órgano subsidiario.  

[11] Conforme al entendimiento armónico de los artículos 31 y 75 inc. 22 de la Constitución nacional referentes al derecho de gentes, las convenciones y protocolos internacionales sobre situaciones de guerra y los derechos reconocidos a sus participantes que son vigentes y operativos desde la reforma de 1994. 

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