ALUVION DE
PRIMAVERA
¿Cuáles son las
señales de que la Federación de Rusia acelerará dramáticamente la campaña de la
Operación Militar Especial?
Por Javier B. Dal
Mientras los medios y el sector del entretenimiento en occidente distraen a la opinión pública con el show de la copa mundial, algunas situaciones clave para la estabilidad global se están desarrollando rápidamente con un posible e inminente desenlace. Hace tiempo que no se habla de Ucrania, de su crítica situación interna y mucho menos la ya insostenible defensa de un frente que se desmorona ante un imparable avance de las tropas rusas. Todo parece indicar que la determinación de Vladimir Putin por acabar con el régimen neonazi y pro-atlantista en Kiev, estaría próximo a concretarse.
Esto no es una
especulación, es la sumatoria de datos e información que proyecta la realidad
en el campo de batalla.
Según fuentes
confiables y mientras los medios se centraban en la situación en torno al
estrecho de Ormuz, desde el inicio del mes de junio la dinámica en la evolución
del frente ucraniano se ha ido acelerando de forma dramática. Desde el inicio
el 9 de junio de la ofensiva rusa en Kachiy Lopan proyectada sobre la toma de
las rutas principales y las vías férreas que conducen a Jarkov (ciudad
estratégica), pasando por un aplastante ataque sobre Mayaky y Konotop, que
continuo por una avanzada en la dirección a Lyman, el avance sobre
Kostyantynivka que dio lugar a una encarnizada batalla en Chazik Yar, a los
logros tácticos de las fuerzas rusas se han obtenido grandes objetivos
estratégicos.
Uno de los logros
rusos más destacados se ha registrado en Kostyantynivka donde la artillería
ucraniana ha sido degradada por los precisos y devastadores bombardeos rusos
obligando a la retirada de aquellos varios kilómetros hacia el noroeste.
Acompañado de estos éxitos también se repiten las rendiciones y deserciones en
las filas ucranianas en varios puntos del desdibujado frente lo que representa
un revés en las relaciones públicas y la propaganda.
Esta situación
crítica repercute en las decisiones políticas y militares de los mandos
ucranianos. Una de las señales más claras de ello se ve en el uso masivo y
desesperado de la táctica del terror, mediante el uso de drones y misiles de
alcance intermedio para bombardear enclaves civiles en territorio de la
federación e incluso sobre la propia capital, Moscú.
El propio
presidente Vladimir Putin advirtió sobre lo que representa la oleada de ataques
terroristas contra la capital y que al mismo tiempo es la señal de la
desesperación de un régimen que agoniza.
Como contraparte, el régimen de Zelensky ha obtenido mayores compromisos de los tres socios europeos más antirusos de la UE como son Gran Bretaña, Alemania (en un proceso silencioso de rearme) y Francia, quienes tras la reunión celebrada el 7 de junio pasado en Londres se comprometieron a facilitar la continuidad en el abastecimiento de drones y sistemas de armas que ayuden a continuar los ataques al interior de Rusia. Incluso se habría llegado a un consenso en incluir a la industria de la defensa ucraniana a la de la UE. Con ello, el régimen de Kiev obtiene un respaldo claro y peligroso para continuar con sus ataques terroristas.
En lo que respecta
al papel de EEUU en todo esto, no hay dudas de que es tan diluido como la
credibilidad del presidente Donald Trump quien ya antes de la catarata de
mentiras y fabulas que ha descargado en torno a la agresión contra Irán, las
dejo muy claras con sus contradicciones entre lo que dijo en la cumbre de
Alaska y lo que ha demostrado desde entonces (en especial con entrega de los
ERAM).
No se puede dejar
de lado estas peculiaridades. Si bien Moscú ha dado muestras de no dudar en
propinar un castigo devastador contra la infraestructura energética y de la
defensa ucraniana, el problema está más allá de las fronteras de Ucrania y eso
lo sabe muy bien Vladimir Putin.
Se le ha criticado
desde dentro (de su partido y de la población) de haber sido muy mesurado y
hasta contemplativo con las líneas rojas que Kiev ha cruzado. Incluso es
posible que el propio Putin se de cuenta de que los castigos militares con los
misiles hipersónicos y las bombas FAB 3000 no cortan la raíz del problema. En
los análisis que se debe estar formulando en su cabeza como los que desarrollan
los cerebros del ministerio de la defensa y su comunidad de inteligencia, los
patrocinadores europeos de Kiev son protagonistas y la clave para terminar con
esto.
Como viejo zorro
de la ex KGB y un continuo estudioso de la historia política, Putin no es un
improvisado ni actúa por espasmos como solemos ver en otras latitudes. Comprende
que el principal problema para llegar a un final en las hostilidades (más allá
de la mafia neonazi que encabeza Zelensky) no está en Ucrania sino en Londres,
principal centro de conspiración de las acciones que ejecutan los empleados del
SBU dirigidos por el MI6.
Al mismo tiempo y
sin la necesidad de caer en las tentaciones que seguramente tratan de instigar
los británicos, Vladimir Putin y sus principales asesores de inteligencia y
estrategas militares saben que una victoria contundente sobre el terreno
ucraniano condicionara políticamente a continuar con esa estrategia sucia.
Por lo pronto la
llegada de la primavera y con ello el mejoramiento de los caminos y el estado
del terreno en general, le dará mayor movilidad y con ello mayores
oportunidades para que las unidades militares rusas avancen con mayor velocidad
hacia la consecución de hacer colapsar al régimen de Kiev y con ello la
liberación definitiva del Donbass.


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