miércoles, 3 de junio de 2026

 

DESNUCLEARIZANDO LATINOAMERICA

¿Por qué es tan importante para EEUU mantener el monopolio del desarrollo nuclear en el continente?

 

Por Javier B. Dal

Desde que Einstein hizo famosa su teoría de la relatividad y en algún sentido facilito el desarrollo de la energía nuclear y que los EEUU usaron para fabricar y usarla como arma devastadora (Hiroshima y Nagasaki 1945), la carrera de los países por lograr dicha capacidad no se ha detenido desde entonces. Pero hay regiones del mundo como Latinoamérica (Tratado de Tlatelolco de 1967) que se han declarado libres del desarrollo nuclear con fines militares, pero como siempre sucede, ello ha estado impulsado o mejor dicho presionado (a través de la OIEA) por la democracia de Washington.

No hay que explicar mucho las razones de los norteamericanos. Ellos han querido mantener el monopolio de la disuasión nuclear y pese a que no lo han logrado a nivel global (y que trataron de hacerlo con Irán) aunque más no sea, lograrlo en su propio patio trasero es un consuelo.

Uno de los países sudamericanos que fue punta en plantear el desarrollo y proyección del uso de la energía atómica fue Argentina aún antes de Brasil, pese a que también en la década de los setentas ambicionaba adquirir una capacidad nuclear con fines militares. Argentina estuvo mucho antes interesado en el desarrollo nuclear. Incluso en el comienzo de la década de los años cincuenta del siglo pasado, el gobierno de Juan Domingo Perón bajo el asesoramiento del físico austriaco Ronald Richter ya especulaba con el desarrollo de un programa nuclear propio que de haber prosperado incluiría la capacidad militar. Esto para Washington, pero muy especialmente para Londres era intolerable, con lo cual -sin dudas- fue otro de los argumentos que consideraron para apoyar su derrocamiento en 1955.

Igualmente, y más allá de estos condicionamientos en su historia política, la Argentina ha optado por el uso pacífico del átomo aun cuando clandestinamente entre 1963 y 1964 (durante el gobierno radical de Arturo Illia) junto a Francia (contra la negativa de John F. Kennedy) presto en secreto colaboración al desarrollo nuclear del estado de Israel, de carácter secreto que lo uso para el enriquecimiento de Uranio y con ello crear un programa de armas que actualmente le proporciona en sus arsenales un estimativo de 500 ojivas listas para su uso en su mayoría, montados en los silos a bordo de los cinco submarinos con los que cuenta.

Incluso, los avances nucleares a los que habían llegado tanto los argentinos como los brasileros se veían peligrosamente potenciados con desarrollos de programas de misiles balísticos propios que posibilitarían su ingreso al selecto club de las potencias nucleares. Una de las preocupaciones que rondaba en Washington era la fusión estratégica que podrían haber concretado argentinos y brasileros que les habría convertido en una potencia regional que sin dudas rivalizaría con EEUU. Fue así como tanto el programa nuclear paralelo brasilero iniciado en Cachimbo (continuado en Arama) y como los desarrollos argentinos en el área -enriquecimiento de Uranio-, sumado al del misil Cóndor I y II, hacían aquello una probabilidad muy concreta y de proyección global mucho más en el marco del MERCOSUR.

Pero los temores angloestadounidenses se apaciguaron con la entrega de los gobiernos neoliberales en la década de los noventas de Color de Melo y Menem quienes resignaron sus desarrollos científicos en beneficio de Washington DC. 

Pero como dicen los chinos “la historia es una rueda” y en algún sentido los acontecimientos retornan obviamente acomodados a los nuevos tiempos y circunstancias. Justamente estas últimas se enmarcan en la redirección y estrechamiento de la insidiosa política exterior estadounidense sobre todo el continente con la nada reveladora intención de controlarlo geopolíticamente y extraerle todas las ventajas posibles. En breves líneas, (y en lo que institucional se trata) un atraso en toda la regla.

Este intervencionismo tan descarado y vulgar (del cual fuimos testigos en Venezuela) nos retrotrae a las etapas previas a que existiera la actual OEA y ni que decir de la maleable OIEA dependiente de la ONU que igualmente vale decirlo, poco sirven para la cuestión.

Entre todas las ventajas que Washington ha logrado sacarle a Venezuela tras el arreglado secuestro del presidente Maduro y su esposa en la madruga del 3 de enero pasado sin dudas esta la toma del control de su infraestructura de investigaciones y desarrollo nuclear, especialmente de la administración de la Dirección de Energía Atómica (DEA) que como es de sospechar, no podrá investigar ni desarrollarse en el área sin el visto bueno de las administraciones norteamericanas.

Si bien es cierto que las instalaciones del reactor RV-1 de donde se retiraron los 13,5 kilos de uranio estaba inactivo desde 1991, las posibilidades de que se reiniciara con nuevas inversiones y asesoramiento posiblemente rusas y chinas debieron haber preocupado a Washington. 

Según fuentes confiables, el mismo Hugo Chávez era contrario a desarrollar un programa nuclear con fines militares aun sabiendo de la potencialidad estratégica que le brindaría a su país y para lo cual podía acceder a una cooperación muy tentadora de la Federación de Rusia. Al mismo tiempo era consciente de que los enemigos de la Revolución venezolana (que contaban con esas capacidades) una vez agotadas todas las opciones convencionales, podrían imponerle un ultimátum nuclear. Este era un tema que solía tocar con el presidente iraní Mahmmud Ahmadineyahd cuando tuvieron sus encuentros bilaterales tanto en Caracas como en Teherán.

A pesar de esto, las preocupaciones angloestadounidenses de un desarrollo nuclear de punta y con ramificaciones militares en la región se centraron en Argentina y un poco menos en Brasil. Las razones de ello trasuntaban por el potencial existente en recursos humanos que podían ser explotados por el surgimiento de gobiernos nacionalistas reacios a cooperar con Washington. Más allá del Departamento de Estado norteamericano y del Pentágono, las preocupaciones más serias e insistentes provenían (en lo referente a la Argentina) y en algún sentido continúan proviniendo desde Londres dado que mantener a la Argentina incapaz de potencializarse es un objetivo estratégico.

Más allá de todo esto y como se ven las cosas, Washington ni Londres deben preocuparse.

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