LOS SIMULADORES
¿Qué es lo que
realmente podría haber detrás del incidente del bolso colocado en la Cámara de
Apelaciones de CABA y cuál podría ser su vinculación geopolítica?
Por Charles H. Slim
El miércoles 27 de
mayo pasado en horas de la mañana, las radios y los informativos de la ciudad autónoma
de Buenos Aires comenzaron a informar sobre la aparición de un bolso sospechoso
en el ingreso de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y
Correccional de calle Viamonte 1145 en plena capital porteña. Para darle mayor
espectacularidad, la noticia describía que el bolso tenía inscripciones en árabe,
presumiendo a los posibles responsables.
Una cámara de
vigilancia interna al acceso del edificio capto con claridad a un hombre
delgado, con un abrigo negro y que aparentaba ser bastante joven que llegó y
dejó sin titubeos el bolso en la entrada para retirarse caminando sin más. Ello
dio lugar a una fundada sospecha de que fuera la colocación de una bomba y por
ello se dio intervención al escuadrón antibombas de la ciudad que terminó
corroborando que el contenido no se correspondía con un explosivo real.
No falto mucho
para que las sospechas y la ya conocida tónica arabofoba e islamófoba de
algunos informadores que se alojan en las corporaciones de medios hicieran sus
ya conocidas especulaciones -sin pruebas certeras- casi siempre
demostrativas en algunos casos de su ignorancia, pero en algunos otros una
deliberada mala fe. Pero a pesar de comprobarse la falsa alarma, el despliegue
de ese acto con el contenido simbólico que iba acompañado y su difusión cumplió
con el objetivo planeado ¿Cuál? Poner bajo sospecha a toda una comunidad.
Una vez más hay
que recalcar la pasividad crítica de una parte de la masa poblacional argentina
que vive más preocupada de sus circunstancialidad personal y local, explica en
algún sentido la inmediata credulidad (de cada vez menos por suerte) a lo que
dicen estos “informadores”.
Sobre el objetivo
que se buscó con esta acción ciertamente ha sido la de conmover la tranquilidad
pública y pre constituir un chivo expiatorio que responda por ello. Igualmente
esto no nos está diciendo la finalidad verdadera y quiénes realmente están
detrás de la conmoción buscada. Con esto se descarta un mal chiste.
Según se informó
el Ministerio público fiscal abrió una causa penal en la cual se deben realizar
las correspondientes indagaciones a los fines por determinar precisamente lo
que aquí preguntamos. Pero sabiendo el estado de la justicia en este país y su opaca
funcionalidad (ligada al poder político de turno), los argentinos no deberían
esperar que se esclarezcan las cosas o peor aún, que se les venda un embuste.
En este marco de
ignorancia y una administración de justicia tiempista, se cuelan los intereses
oportunistas en búsqueda de establecer una atmósfera que puede ser política,
ideológica, económica o social en la que puedan moverse libremente. En este
caso se deduce una intencionalidad geopolítica. En síntesis, es muy probable
que esto sea una operación psicológica montada por una agencia para condicionar
a la opinión pública de un hecho que aún no ocurre. Sobre estas operaciones hay
una larga historia. En la mañana de septiembre de 2001 una hora después de
haberse producido los ataques en New York y Pensilvania, los medios comenzaron
a informar que habían hallado un automóvil en las inmediaciones que tenía un
Corán en su interior como si ello fuera una prueba irrefutable de quienes
habían participado en los ataques.
Al mismo tiempo y
en esa misma mañana, pero del otro lado del río Hudson en New Jersey, la
policía descubrió una camioneta de una supuesta empresa de mudanzas y a sus
supuestos empleados que en realidad eran agentes israelíes y el arresto de
otros supuestos estudiantes (también israelíes) quienes fueron descubiertos por
los vecinos cuando festejaban felices la caída de las torres. Como era de
esperar, el gobierno federal tapo el asunto y bajo el mayor silencio mediático
repatrio a estos buenos muchachos a Israel. La secuencia de lo que vino luego
explicaría tan extraña “información”.
El extraño ataque
criminal de enero en 2015 contra la revista francesa Charlie Hebdo, dos hombres
armados con fusiles AK-47 enmascarados, vestidos de negro e incluso con guantes
además de exhibirse en plena calle, se esforzaron en gritar bien fuerte “Allah
Hu Akbar” (Dios el Grande) para que no hubiera dudas de su presunta filiación
islámica en momentos que el ISIS era el gran justificante de las intervenciones
angloestadounidenses en Iraq y Siria.
En Uruguay unos
meses después de aquello, la embajada de Israel, como parte de su estrategia de
difuminar sospechas y desconfianza contra los musulmanes, radiaba
constantemente alertas sobre supuestas amenazas de grupos terroristas operando
en la región, en especial en la Triple Frontera. Casualmente, unos meses
después del incidente en París (junio 2015) en cercanías de la torre donde se
encuentra la embajada en Montevideo, apareció una caja que simulaba ser un
explosivo y que inmediatamente acusaron sin la menor coherencia ni pruebas a
supuestos grupos ligados al ISIS, Al Qaeda y/o Hesbollah. Para fastidio de Tel
Aviv se descubrió por una cámara de seguridad de la zona que la caja había sido
plantada por un funcionario de seguridad (Shin Bet) de la embajada. Sobre el
Shin Bet, es la agencia de inteligencia interior israelí a cargo (además de la
supresión y tortura de palestinos) de la seguridad en sus legaciones y
embajadas, la misma que estaba en el bombazo a la embajada en Buenos Aires en
1992. Es por eso que lo ocurrido el 27 de mayo pasado tiene un olor muy raro y
mucho más con los actos persecutorios contra la comunidad musulmana en Buenos
Aires.
Estas maniobras
que parecen inocuas o incluso cuando son descubiertos sus autores disfrazadas
como supuestos métodos de verificar la respuesta de las autoridades locales,
son claramente operaciones de manipulación que podrían preceder a otra acción
de carácter violento (falsa bandera) y es entonces de que el poder político
argentino se ponga sus pantalones y atienda con seriedad estas señales que
podrían significar que el gobierno ha dejado entrar al lobo en el gallinero.


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