sábado, 20 de diciembre de 2025

 

NO MORE MALVINAS

¿Cuáles serían las verdaderas intenciones de la administración Trump para impulsar un supuesto acuerdo entre Buenos Aires y Londres sobre las islas del atlántico sur?

 

Por Javier B. Dal

Se ha dejado correr el rumor de que habría un supuesto acuerdo impulsado por Washington entre Londres y Buenos Aires por la situación de las islas Malvinas y el archipiélago en el atlántico sur, pero como ya sabemos eso, no es casual ni es una filtración. Como bien digo, desde el edificio de calle Colombia al 4800 se ha permitido que algunos medios anglófilos de la ciudad autónoma de Buenos Aires (CABA) dejen correr esta noticia como una forma de testear el ánimo colectivo.

Si bien la guerra termino el 11 de junio de 1982, su causa nunca se apagó en el sentimiento de los argentinos, algo muy inconveniente para Londres pese a encargar y ejecutar toda clase de operaciones psicológicas tanto para diezmar a las fuerzas armadas como debilitar dicho ideario colectivo. Pero ya han pasado más de cuarenta años y el país que lo profundo sigue fiel a la causa, se halla en las manos de simpatizantes del enemigo inglés con lo cual y a simple vista estamos ante otra de las tantas incoherencias de la idiosincrasia argenta. 

Ante todo, preguntemos ¿Por qué Washington quiere acercar a las partes si siempre ha sido aliada de una de ellas? Pero la pregunta que más debería inquietar a los argentinos es ¿Por qué los británicos se ven tan entusiasmados con la idea? Esta es una cuestión que podría responder a una necesidad de política doméstica por la cada vez más insostenible situación socio-económica y desintegración política en Gran Bretaña que podría descomprimirse con nuevas aventuras neocoloniales.

Mientras los argentinos siguen apegándose a posicionarse del lado que mejor convenga a sus bolsillos, a distraerse en la banalidad, la frivolidad del mundo del espectáculo y los chismes de alcoba, el futuro de su país se esta arreglando entre cuatro paredes a conveniencia de potencias extranjeras muy comprometidas con el caos global. En este sentido estas son las mismas que han instigado, desatado y apoyado las agresiones (Ucrania, Siria, Gaza y pronto en Venezuela) cometiendo los crímenes de guerra más terribles de lo que va del siglo (como el genocidio en Gaza, el terrorismo contra civiles en territorio sirio, ruso y los desproporcionados ataques a pescadores en el Caribe como preludio de otros por venir).

Como se ve, en la película de Argentina todo tiene que ver con todo. La llegada de los primeros F-16 y los anuncios de Londres para levantar las restricciones para adquisición de armamento (siempre británico prosupuesto) son parte de esta parodia soberanista del gobierno anglófilo-sionista de los hermanos Milei y que acompaña inmutable toda la supuesta oposición. Aquí todos se alinean por la derecha incluso me atrevería a decirlo hasta la verborrágica pero nada práctica y anacrónica izquierda de Bregman y Delcaño. Y es que el asunto no es un juego de niños y como se suele decir, “el saco les queda grande” a todos los políticos argentinos.

En Buenos Aires todos estos personajes al amparo de los medios que les hacen el juego para el consumo de los incautos que aún le escuchan, no tienen ni idea de lo que pasa incluso en Tierra del Fuego que ya es un emplazamiento de la Armada estadounidense y mucho menos los movimientos británicos en las islas Malvinas. Menos aún sobre como descaradamente se está readecuando la inteligencia de la SIDE para ser una simple extensión de estos amigos y sino ¿Por qué creen que la partida presupuestaria más alta fue para este sector?

Los supuestos rumores no tendrían con seguridad nada que ver con la soberanía política de las islas ya que Londres no cederá en su postura. Aquí el asunto ronda en torno a otra cuestión y que se relaciona con la palabra “cooperación” ¿De qué clase? Esto es lo más urticante y muy difícil del explicar para el gobierno aun cuando ya lo sabemos sea abiertamente pro-angloestadounidense. Algunas fuentes en el Pentágono han dejado entrever la necesidad de hacer partícipe a la Argentina en algunos asuntos militares que se desplegarán en la región. Lo que estaría promoviendo la Oficina para Asuntos del Hemisferio Occidental en Washington y por instrucciones personales del propio Donald Trump es que Gran Bretaña permita que la Armada Argentina tenga algún grado de actividad en conjunto con los británicos en el ámbito de las aguas que circundan las islas siempre bajo el comando y coordinación con la Real Armada con asiento en Port Stanley.  

La excusa para esto se basaría en la palabra “seguridad”, es decir formaría parte del argumento con el cual La Casa Blanca bajo el rótulo de “Seguridad nacional” ha desplegado la fuerza de tareas en el Caribe para hostigar a Venezuela usando el imaginativo y policiaco argumento del combate al narcoterrorismo (que reemplaza a ISIS y Al Qaeda) que amenaza a los EEUU. Pero este argumento es tan extravagante y ridículo que el propio Trump ha querido reforzarlo con la intención de firmar una orden ejecutiva tan delirante como aquel arguemento declarando al Fentanilo -narcótico que se usa en la salud pública- como un “arma de destrucción masiva” ¿A qué nos recuerda esto?  

Bajo este argumento los norteamericanos extenderán el control no solo sobre la llamada Hidrovia del Paraná sino sobre todas las aguas del litoral marítimo argentino, especialmente las patagónicas facilitando sus operaciones con la base en Tierra del Fuego. De ahí en más podemos deducir que Washington tiene un ambicioso plan de dominación de todo el hemisferio usando a los estados con un posicionamiento geográfico estratégico (como Argentina y Chile) para el desarrollo de tareas secundarias -pero necesarias- en dicho plan. En el asunto Malvinas la concordia entre Buenos Aires y Londres radica una importancia estratégica vital para EEUU motivado por la necesidad de que no haya conflictividad en el acceso y explotación del continente antártico.

El momento político no podía ser más óptimo, con dos gobiernos anglófilos a los dos lados de la cordillera la iniciativa estadounidense le daría un triunfo estratégico impagable a Londres.  

Tal vez esto se resuma a cooptar las fuerzas armadas argentinas para usarlas en la geopolítica de Washington (incluida la OTAN) pero también es posible que pueda ser parte de una planificación mucho más profunda y compleja que implique objetivos políticos a mediano y largo plazo en los que los militares serán un factor determinante para consolidar gobiernos adeptos como el actual.

Sea cual sea la finalidad de todo esto hay algo que los argentinos deberán aceptar y acostumbrarse a decir: “Falkalnds islands”.

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