martes, 24 de febrero de 2026

 


HONESTIDAD, HIPOCRESIA Y GEOPOLITICA

¿Es la falta de honestidad y el desprecio por los hombres honestos en la política lo que ha llevado al mundo al actual caos?

 

Por Charles H. Slim

¿Qué significa la honestidad en la política? Por lo que ya podemos ver, nada. Cada día que pasa y con los ejemplos de la realidad basta para ilustrar que la clase política (y no importa la ideología a la que responda) se mueve dejando de lado esta cualidad que alguna vez fue el faro moral para atender los asuntos públicos. En el mundo actual, de interconexiones masivas ya debemos hablar de relaciones geopolíticas y es también ahí donde vemos con pavor como los líderes más poderosos (militar y económicamente) pueden pisotear toda la legalidad existente para cometer cuantas troperias le venga en conveniencia.

Esto va poniendo en claro que la honestidad no va de la mano de la política y menos aún de la geopolítica. Un ejemplo fresco de esto lo vimos hace penas 24 horas en Jalisco, México donde una operación orquestada y dirigida por agentes estadounidenses convirtieron a la localidad en un campo de batalla ¿La excusa? La captura y/eliminación de líderes de los carteles de la droga. Esto no es otra cosa que la continuación de las ejecuciones sumarias -e ilegales- que se siguen haciendo contra lanchas de pescadores en el Caribe.

La Casa Blanca con Trump al frente vociferan que se trata de una “lucha contra el narcotráfico”, un título muy pegadizo aunque refrito de fracasados programas gubernamentales por combatir este negocio. Sacando la cuestión de si es real esa lucha (como lo fue contra el terrorismo), los modos y los medios dejan mucho que desear. Lo visto en Jalisco evidencia una nueva violación de la soberanía de otro estado y lo peor, poniendo en peligro a toda una población. Pero ¿Cuándo le ha importado a EEUU la vida de los habitantes de otras regiones?

En realidad amigos, no vemos nada nuevo bajo el sol norteamericano. Cuando invadieron Iraq para “llevar la democracia”, las tropas estadounidenses para abatir a un francotirador de la resistencia solían lanzar un bombardeo sobre el edificio donde se hallaba apostado o simplemente sobre todo el vecindario…con todos sus vecinos claro. Lo mismo el simpático negrito demócrata Barak Obama, quien demostró ser una estafa con la continuación de la agenda Bush-Cheney implementando los asesinatos “selectivos” (que no seleccionaban nada) usando Drones sobre Afganistán y Yemen. Es por ello que Trump no ha inventado nada.  

Pero volviendo al presente y al continente americano ¿Quién se habría imaginado que esas tácticas sucias e inhumanas se iban a implementar aquí?

Hoy día son los propios estadounidenses víctimas de la política de un gobierno federal radicalizado y que para ponerla en marcha lo hace a golpe seguimiento y espionaje mediante IA y de grupos con tipos enmascarados de gatillo fácil. Trump y la gentuza que lo secunda, tan racista como sus amigos supremacistas en Israel intenta legitimar la violencia de su estado y la de sus socios como un elemento destacado y crudo del ya conocido excepcionalismo político estadounidense que podría resumirse en algo así como: “Nosotros si queremos matarte, tú te dejas”, y obviamente esa regla no se aplica a la inversa.

Pero, más allá de este absurdo ¿Qué legitimidad moral tiene Trump y la elite que lo apoya en fijar estas reglas? No hacía falta que se ventilaran los archivos de Jeffrey Epstein para conocer la corrupción en la que se mueven; si ha servido para confirmar lo que antes se planteaba como dudoso (Pizza-Gate y las estrechas relaciones con los Clinton) y darle mayor precisión a quiénes estaban implicados. Precisamente y como surgen de los mismos mails, todos aquellos que mostraban posturas contrarias a ese juego siniestro y en la que la deshonestidad era la regla, eran relegados.

Uno de ellos es el congresista Ron Paul, un libertario enserio y no un impostor como los que sobra mencionar. Médico de profesión, de personalidad transparente y frontal era considerado por el circulo que frecuentaban a Epstein como un “tonto”. Fue candidato a las presidenciales en 2012 y era el sentido común basado en su honestidad su plataforma para renovar a la política estadounidense. Bajo esa premisa se negó a unirse a los negociados sobre los cuales la guerra y la muerte se han vuelto parte sustancial de la política exterior.

Siguiendo esa conducta, Paul denunciaba el contubernio y negociados de las armamentísticas y los lobbies pro-israelíes en el Congreso (AIPAC) quienes constantemente instigan el belicismo contra el mundo árabe-islámico para cubrir a Israel poniendo a los hijos y los dineros estadounidenses para dicho fin. Como se puede ver el valor de Paul es proporcional a su honestidad dado el grado de la mafia a la que se negó a formar parte y a la cual no dudo en denunciar se hallan estrechamente vinculadas a nada menos que el Mossad y la CIA.

Cuando se postuló como candidato republicano, su postura en el tema Irán era tan disonante a los oídos de republicanos de paladar negro y de los sionistas revisionistas en Washington que simplemente lo descalificaban de todas las maneras posibles. Hacer valer la ley internacional y el sentido común era un signo de “imbecilidad” para el circulo de pervertidos del club Epstein.

Incluso el periodista Tucker Carlson en un post de su cuenta X dijo de Paul: “Si se puede juzgar a un hombre por sus enemigos, entonces Ron Paul es un gran hombre” entre otras consideraciones[1].

No se puede sentir sino respeto y admiración por un político así, mucho más cuando la mediocridad es la nota característica. En momentos que todo el hemisferio, desde Argentina hasta Canadá se pone de rodillas ante Donald Trump y sus disparatadas políticas, la franqueza inquebrantable de hombres como Ron Paul es una bandera inmaculada en medio de un chiquero de cerdos.

   

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