HONESTIDAD,
HIPOCRESIA Y GEOPOLITICA
¿Es la falta de
honestidad y el desprecio por los hombres honestos en la política lo que ha
llevado al mundo al actual caos?
Por Charles H. Slim
¿Qué significa la
honestidad en la política? Por lo que ya podemos ver, nada. Cada día que pasa y
con los ejemplos de la realidad basta para ilustrar que la clase política (y no
importa la ideología a la que responda) se mueve dejando de lado esta cualidad
que alguna vez fue el faro moral para atender los asuntos públicos. En el mundo
actual, de interconexiones masivas ya debemos hablar de relaciones geopolíticas
y es también ahí donde vemos con pavor como los líderes más poderosos (militar
y económicamente) pueden pisotear toda la legalidad existente para cometer
cuantas troperias le venga en conveniencia.
Esto va poniendo
en claro que la honestidad no va de la mano de la política y menos aún de la
geopolítica. Un ejemplo fresco de esto lo vimos hace penas 24 horas en Jalisco,
México donde una operación orquestada y dirigida por agentes estadounidenses
convirtieron a la localidad en un campo de batalla ¿La excusa? La captura
y/eliminación de líderes de los carteles de la droga. Esto no es otra cosa que
la continuación de las ejecuciones sumarias -e ilegales- que se siguen
haciendo contra lanchas de pescadores en el Caribe.
La Casa Blanca con
Trump al frente vociferan que se trata de una “lucha contra el narcotráfico”,
un título muy pegadizo aunque refrito de fracasados programas gubernamentales por
combatir este negocio. Sacando la cuestión de si es real esa lucha (como lo fue
contra el terrorismo), los modos y los medios dejan mucho que desear. Lo visto
en Jalisco evidencia una nueva violación de la soberanía de otro estado y lo
peor, poniendo en peligro a toda una población. Pero ¿Cuándo le ha importado a
EEUU la vida de los habitantes de otras regiones?
En realidad
amigos, no vemos nada nuevo bajo el sol norteamericano. Cuando invadieron Iraq
para “llevar la democracia”, las tropas estadounidenses para abatir a un
francotirador de la resistencia solían lanzar un bombardeo sobre el edificio
donde se hallaba apostado o simplemente sobre todo el vecindario…con todos sus
vecinos claro. Lo mismo el simpático negrito demócrata Barak Obama, quien
demostró ser una estafa con la continuación de la agenda Bush-Cheney
implementando los asesinatos “selectivos” (que no seleccionaban nada) usando
Drones sobre Afganistán y Yemen. Es por ello que Trump no ha inventado nada.
Pero volviendo al
presente y al continente americano ¿Quién se habría imaginado que esas tácticas
sucias e inhumanas se iban a implementar aquí?
Hoy día son los
propios estadounidenses víctimas de la política de un gobierno federal
radicalizado y que para ponerla en marcha lo hace a golpe seguimiento y espionaje
mediante IA y de grupos con tipos enmascarados de gatillo fácil. Trump y la
gentuza que lo secunda, tan racista como sus amigos supremacistas en Israel
intenta legitimar la violencia de su estado y la de sus socios como un elemento
destacado y crudo del ya conocido excepcionalismo político estadounidense que
podría resumirse en algo así como: “Nosotros si queremos matarte, tú te dejas”,
y obviamente esa regla no se aplica a la inversa.
Pero, más allá de
este absurdo ¿Qué legitimidad moral tiene Trump y la elite que lo apoya en
fijar estas reglas? No hacía falta que se ventilaran los archivos de Jeffrey
Epstein para conocer la corrupción en la que se mueven; si ha servido para confirmar
lo que antes se planteaba como dudoso (Pizza-Gate y las estrechas relaciones
con los Clinton) y darle mayor precisión a quiénes estaban implicados.
Precisamente y como surgen de los mismos mails, todos aquellos que mostraban
posturas contrarias a ese juego siniestro y en la que la deshonestidad era la
regla, eran relegados.
Uno de ellos es el
congresista Ron Paul, un libertario enserio y no un impostor como los que sobra
mencionar. Médico de profesión, de personalidad transparente y frontal era
considerado por el circulo que frecuentaban a Epstein como un “tonto”. Fue
candidato a las presidenciales en 2012 y era el sentido común basado en su
honestidad su plataforma para renovar a la política estadounidense. Bajo esa
premisa se negó a unirse a los negociados sobre los cuales la guerra y la
muerte se han vuelto parte sustancial de la política exterior.
Siguiendo esa
conducta, Paul denunciaba el contubernio y negociados de las armamentísticas y
los lobbies pro-israelíes en el Congreso (AIPAC) quienes constantemente
instigan el belicismo contra el mundo árabe-islámico para cubrir a Israel
poniendo a los hijos y los dineros estadounidenses para dicho fin. Como se
puede ver el valor de Paul es proporcional a su honestidad dado el grado de la
mafia a la que se negó a formar parte y a la cual no dudo en denunciar se
hallan estrechamente vinculadas a nada menos que el Mossad y la CIA.
Cuando se postuló
como candidato republicano, su postura en el tema Irán era tan disonante a los
oídos de republicanos de paladar negro y de los sionistas revisionistas en
Washington que simplemente lo descalificaban de todas las maneras posibles.
Hacer valer la ley internacional y el sentido común era un signo de
“imbecilidad” para el circulo de pervertidos del club Epstein.
Incluso el
periodista Tucker Carlson en un post de su cuenta X dijo de Paul: “Si se puede
juzgar a un hombre por sus enemigos, entonces Ron Paul es un gran hombre” entre
otras consideraciones[1].
No se puede sentir
sino respeto y admiración por un político así, mucho más cuando la mediocridad
es la nota característica. En momentos que todo el hemisferio, desde Argentina
hasta Canadá se pone de rodillas ante Donald Trump y sus disparatadas políticas,
la franqueza inquebrantable de hombres como Ron Paul es una bandera inmaculada
en medio de un chiquero de cerdos.

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