miércoles, 10 de junio de 2026

 

IMPULSORES DE LA INSEGURIDAD GLOBAL

Por qué el mundo se ha vuelto un lugar inseguro y desigual pese a los constantes avances tecnológicos ¿Quiénes se benefician con esto?

 

Por Dany Smith 

Afortunadamente hemos llegado a una instancia en la historia contemporánea donde no se requiere ser enemigo para expresar las inconsistencias en las que incurren los gobiernos estadounidenses. Esto a cuento del incremento de las arbitrariedades, violencia bélica y de las injusticias que se causan tanto dentro de los EEUU como a nivel global por las continuas, reiteradas y opacas políticas de La Casa Blanca que Donald Trump ha expuesto sin ambages. Y bien digo ya que, no solo son los iraníes, iraquíes o los musulmanes en general quienes mucho de esto han tenido que soportar y que acusan y denuncian las consecuencias de esas agresiones. Dentro de EEUU las voces se multiplican a medida que va quedando en evidencia el uso mafioso del poder estatal incluso contra los propios ciudadanos estadounidenses.

Triste pero cierto es decirlo, han sido los gobiernos estadounidenses quienes han convertido el asesinato en todas sus formas una manera de hacer política, en especial la exterior. Los antecedentes de ello sobran desde la segunda mitad del siglo pasado pero que ha ido escalando en cantidad y una intensidad preocupante, en especial desde los inicios del milenio. Ya lo advertía en 2002 la escritora Joan Didion cuando fue lapidaria al exponer la incoherencia discursiva de George Bush y su administración para finalmente invadir Iraq. Su base argumental fue brillante y consta de una sola cuestión ¿Desde cuándo el terrorismo se convirtió en una entidad a combatir?

Esta palabra solo fue un argumento en 2001 para justificar y sostener todo lo que vendría y más ¿Qué más? Todos los magníficos negocios de subcontrataciones entre el Pentágono, el Departamento de Defensa (hoy de Guerra a cargo del psicótico Pete Hegseth) y toda clase de empresas y corporaciones privadas que proveerían material (desde clavos hasta los chalecos blindados) para que las tropas regulares cumplieran con sus objetivos. A partir del 2001 la estrategia basada en el caos fue sofisticándose y con ella, las tácticas discursivas para desplegarla y entre ellas, proveer una falsa seguridad.

Desde entonces la voracidad desatada por las fabulosas ganancias que vienen detrás de este verdadero crimen organizado (que es la guerra) ha convertido a la política exterior estadounidense en una vía recaudatoria a mano armada.

En este contexto y en una relación simbiótica entre agencias como la CIA y los prestadores de nuevos sistemas para dañar y matar, han hecho que las empresas de mercenarios y grupos que suelen ser contratados para trabajos sucios en otras latitudes (Iraq, Afganistán, Libia, Palestina) sean más eficaces en sus crímenes. Un buen ejemplo de esta sangrienta eficacia (actualizada con la IA) lo vemos en la franja de Gaza que desde hace décadas es un campo de experimentación -con los palestinos como cobayos- de los sistemas y armas israelíes.

También y en una magnitud mayor -pero con el similar sadismo israelí- lo ha hecho EEUU contra millones de seres humanos demostrando la misma ausencia de ética y ausencia de valoración alguna en usar al prójimo como meros muñecos de prueba.

Hoy también esa misma violencia, institucionalizada en casa se aplica a los propios estadounidenses volviéndose mucho más profunda y bizarra en esta segunda administración de Trump. Venimos de la implantación en 2001 de un estado de vigilancia masivo y abusivo hasta el actual mucho más sofisticado disfrazado de “protección” ciudadana (PALANTIR) que le agrega el componente represivo militarizado con el Homeland Security (HSD). Desde el inicio de la administración MAGA con la conformación de las ICE y todo lo que ha implicado para los ciudadanos indocumentados y hasta los estadounidenses de ascendencia extranjera, ha puesto en evidencia un EEUU distópico y que pareciera mostrarles a los ciudadanos todo lo que sus gobiernos les han impuesto a otras naciones y ahora cae sobre ellos.

Los ICE son una miniatura de los matones y grupos mercenarios subcontratados por el Pentágono y la CIA durante la ocupación de Iraq y Afganistán quienes mediante sus tácticas brutales, desplegaban -entre otras- esa llamada “estrategia de contrainsurgencia” que muy lejos estaba de darle seguridad a los ocupados. Con el paso de los años, estos grupos fueron sofisticando sus métodos y con ello, las herramientas y armamentos provenientes de los desarrollos tecnológicos en danza les han dado más eficacia en la concreción de sus objetivos.

El origen de todos estos desarrollos no son solo creaciones de las tecnológicas como GOOGLE, MICROSFT, META con el sustento narrativo de empresarios como Palmer Luckey (OUCULUS) intelectuales de tipos como Yuval Harari o del propio Alex Karp (CEO de PALANTIR), hay décadas de ensayos y pruebas en el terreno de la realidad de todos estos artificios que hoy se presentan como las panaceas para la seguridad ciudadana.  

El problema no son los creadores de estas sofisticadas herramientas como la IA que usadas para la construcción y la evolución de la vida podrían mejorar la vida del ser humano, sino como lo usan los gobiernos en especial, el de los EEUU.

Toda esta sofisticación que brinda la IA en el campo de la seguridad policial y militar ya lo vimos, no se limita a los campos de batalla convencionales. Ya hemos visto con quiénes y dónde las han ensayado para que sean paulatinamente adoptadas en todo el globo. El problema es ¿Quién va a limitar esto?

 

 

 

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