miércoles, 29 de abril de 2026

 

CULTURA DE RESISTENCIA

¿Cuál es y de dónde proviene el poder invisible que moviliza las almas de los chiitas y a la política de la república Islámica de Irán que ha puesto límites al corrupto imperio estadounidense?

 

 

Por Alí Al Najafi

Durante la segunda mitad del siglo pasado, en occidente a la par de construir una mitología mediática en rededor del estado de Israel se fue fabricando (deliberadamente) una imagen oscura, tenebrosa y estereotipada sobre el mundo árabe que para finales del mismo y comienzo del nuevo milenio (construcción mediante) se extendió decidida y maliciosamente contra todo el mundo islámico. Si bien eso tenía origen en los intrincados claustros de la política angloestadounidense y en particular de sus agencias de inteligencia, fue la industria del entretenimiento, una intelectualidad deshonesta y los medios los encargados de amplificarla como una verdad ante la opinión pública.

La revolución islámica iraní de 1979 que derrocó al brutal y corrupto régimen pro-sionista del Sha Reza Palevi fue sin dudas un hito trascendental dentro del mundo islámico y una bisagra geopolítica -desagradable- para Washington y Tel Aviv y por ello, constantemente bastardeada. Fue un movimiento nacido de las bases populares del chiismo que nutrió esta novedosa revolución y que paulatinamente se convirtió en un modelo contra los regímenes corruptos y opresores dentro del mundo árabe-islámico (en especial las monarquías) para llegar a hoy como un influyente modelo político-filosófico más allá de las comunidades islámicas.

¿Pero dónde salieron los chiitas y quiénes son? Aclaremos que el Islam como religión abrahámica es indivisible pero como todas las religiones del mismo tronco como el judaísmo y el cristianismo, está nutrida de corrientes de pensamiento e interpretaciones que la enriquecen y que van ampliándose con el paso del tiempo. El término “chía” se asocia a los partidarios de Alí ibn Abi Talib (PB), yerno del Profeta Mahoma (PB) quien a su muerte dio inicio a un conflicto por la sucesión. Esto desató una cadena de tragedias que tendrá como punto cúlmine la batalla de Karbala en el 680 d. C. (hoy Iraq) donde Hussein (PB), hijo de Alí fue martirizado por oponerse a la corrupción y prepotencia del Califato de los Omeyas. A partir de ese episodio y por las circunstancias que lo rodearon (como fue la apatía de los habitantes de Kuffa) nació el chiismo surgido del sacrificio de un musulmán excepcional como Hussein (PB) y a partir de allí, una corriente militante dentro del Islam. Esta es la inspiración que como un fuego que mora en el interior de chiismo y de los chiitas que se aviva en situaciones contemporáneas como las injusticias en la Persia del Sha, las sufridas por los iraquíes bajo la infame ocupación angloestadounidense hasta las soportadas por el Yemen y el Líbano en la década de los setentas y que llegan al presente.

Así el clamor de las banderas rojas y negras declarando “Ya Hussein”, “Ya Alí” cruzo las fronteras.

Esta inspiración afloro apenas tres años después de la revolución de Ruholla Jomeiní en los barrios pobres del sur de Beirut en momentos que la entidad sionista invadía sin problemas el Líbano y los tanques de Ariel Sharon llegan a Beirut sin más oposición que una desorganizada confluencia de grupos armados que apoyaban a la OLP. Aquella inspiración pronto se esparció en todo el sur del Líbano conformando al “Partido de Dios” (Hizb´allah), una barrera de hierro que bajo la consigna “Seguramente el Partido de Dios es el de los que triunfan” (Sura 5:56) inscrita en su bandera, es el decreto poderoso que ha frenado las ambiciones expansionistas de Israel apoyadas por EEUU.

Fue justamente Hizb´allah quien en octubre de 1983, en venganza por la masacre de Sabrá y Chatila (cometida por los falangistas que respondían a Ariel Sharon) obligo a los estadounidenses a irse del Líbano tras una inesperada operación de martirio contra las barracas donde se alojaban junto a tropas francesas. Las 241 bajas de marines estadounidenses fue suficiente para que Ronald Reagan ordenara -para consternación y furia de Tel Aviv- su inmediata salida. En esa decisión Reagan reflejó un criterio propio demostrando que las presiones de Israel (que tuvo hasta el último minuto) no valían ni eran suficientes para derramar más sangre de estadounidenses. A partir de entonces Hizb´allah sería símbolo de cuidado y el inicio de un serio problema estratégico para el expansionismo sionista.

La épica de Hizb´allah distaba mucho de la entonces OLP palestina. Si bien ambos compartían el mismo enemigo, la base ideológica les distinguía. Así mientras la primera se halla nutrida especialmente en el ejemplo del martirio del Iman Hussein (PB) para defender al Líbano, la otra era una organización laica, compuesta por sunitas y cristianos sin los tintes teológicos de aquella dedicada a buscar la liberación de la ocupación israelí.

El componente del martirio como un elemento trascendental en la lucha por la justicia y contra amenazas a la existencia le da al estilo y el final de la vida del chiita una dimensión que el occidental no llega a comprender. Para musulmán en general y el chiita en particular la muerte es el paso a la otra vida sin que ello signifique el desprecio de ella. Bajo esta lógica, los verdaderos chiitas iraquíes se levantaron en 2005 y se unieron en la lucha con la resistencia sunita contra la ocupación angloestadounidense. Más cerca en el tiempo los asesinatos de Qassen Soleimani y Mahdi Al Muhandis en 2020 en Iraq, de Hassan Nasrallah en el Líbano en 2024 y de Alí Khamenei a comienzos del 2026 y todos los civiles que les siguieron, los han transformado en mártires y referentes contemporáneos en el martirologio chiita dignos de ejemplo a seguir asumiendo el compromiso de vengarlos bajo la inspiración del Imán Hussein (PB) (ا حُسَيْن). No es el nihilismo de personalidades egoístas y perversas, tampoco el estado alterado con drogas de esos falsos “yihadistas” (creados por la CIA y el Mossad), ni un determinismo trágico o un fatalismo como tratan de explicarlo algunos. Se trata del reconocimiento vivencial y existencial del ejemplo que significo el martirio del Imán Hussein (PB) ante situaciones de injusticia a las que enfrento en su época y el precio pagado por tratar de hacer prevalecer la justicia. Tampoco es (como los extremistas plantean) una apostasía o ser “Kafr” tratando de sobreponerse a la personalidad del profeta Mahoma (PB). Tanto la Chía como la Suna (Tradición) provienen de la misma casa del profeta, ambos son creyentes y respetan el mandato más importante en los pilares del Islam que es “Dios es único y Mahoma su mensajero”.

Es este componente invisible, de fe y garra que está en cada iraní y cada chiita de la Umma y que hoy detrás cada combatiente en su supuesto desde Sana´a hasta Basora y de allí al estrecho de Ormuz sostienen la férrea defensa de Irán ante un enemigo probadamente traicionero, amoral y descaradamente criminal.

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