CULTURA DE RESISTENCIA
¿Cuál es y de
dónde proviene el poder invisible que moviliza las almas de los chiitas y a la
política de la república Islámica de Irán que ha puesto límites al corrupto imperio
estadounidense?
Por Alí Al Najafi
Durante la segunda mitad del siglo pasado, en occidente a la par de construir una mitología mediática en rededor del estado de Israel se fue fabricando (deliberadamente) una imagen oscura, tenebrosa y estereotipada sobre el mundo árabe que para finales del mismo y comienzo del nuevo milenio (construcción mediante) se extendió decidida y maliciosamente contra todo el mundo islámico. Si bien eso tenía origen en los intrincados claustros de la política angloestadounidense y en particular de sus agencias de inteligencia, fue la industria del entretenimiento, una intelectualidad deshonesta y los medios los encargados de amplificarla como una verdad ante la opinión pública.
La revolución
islámica iraní de 1979 que derrocó al brutal y corrupto régimen pro-sionista
del Sha Reza Palevi fue sin dudas un hito trascendental dentro del mundo
islámico y una bisagra geopolítica -desagradable- para Washington y Tel
Aviv y por ello, constantemente bastardeada. Fue un movimiento nacido de las
bases populares del chiismo que nutrió esta novedosa revolución y que
paulatinamente se convirtió en un modelo contra los regímenes corruptos y opresores
dentro del mundo árabe-islámico (en especial las monarquías) para llegar a hoy
como un influyente modelo político-filosófico más allá de las comunidades
islámicas.
¿Pero dónde
salieron los chiitas y quiénes son? Aclaremos que el Islam como religión
abrahámica es indivisible pero como todas las religiones del mismo tronco como el
judaísmo y el cristianismo, está nutrida de corrientes de pensamiento e
interpretaciones que la enriquecen y que van ampliándose con el paso del tiempo.
El término “chía” se asocia a los partidarios de Alí ibn Abi Talib (PB), yerno
del Profeta Mahoma (PB) quien a su muerte dio inicio a un conflicto por la
sucesión. Esto desató una cadena de tragedias que tendrá como punto cúlmine la
batalla de Karbala en el 680 d. C. (hoy Iraq) donde Hussein (PB), hijo de Alí
fue martirizado por oponerse a la corrupción y prepotencia del Califato de los
Omeyas. A partir de ese episodio y por las circunstancias que lo rodearon (como
fue la apatía de los habitantes de Kuffa) nació el chiismo surgido del
sacrificio de un musulmán excepcional como Hussein (PB) y a partir de allí, una
corriente militante dentro del Islam. Esta es la inspiración que como un fuego
que mora en el interior de chiismo y de los chiitas que se aviva en situaciones
contemporáneas como las injusticias en la Persia del Sha, las sufridas por los
iraquíes bajo la infame ocupación angloestadounidense hasta las soportadas por
el Yemen y el Líbano en la década de los setentas y que llegan al presente.
Así el clamor de
las banderas rojas y negras declarando “Ya Hussein”, “Ya Alí” cruzo las
fronteras.
Esta inspiración
afloro apenas tres años después de la revolución de Ruholla Jomeiní en los
barrios pobres del sur de Beirut en momentos que la entidad sionista invadía
sin problemas el Líbano y los tanques de Ariel Sharon llegan a Beirut sin más
oposición que una desorganizada confluencia de grupos armados que apoyaban a la
OLP. Aquella inspiración pronto se esparció en todo el sur del Líbano
conformando al “Partido de Dios” (Hizb´allah), una barrera de hierro que bajo
la consigna “Seguramente el Partido de Dios es el de los que triunfan” (Sura
5:56) inscrita en su bandera, es el decreto poderoso que ha frenado las
ambiciones expansionistas de Israel apoyadas por EEUU.
Fue justamente
Hizb´allah quien en octubre de 1983, en venganza por la masacre de Sabrá y
Chatila (cometida por los falangistas que respondían a Ariel Sharon) obligo a
los estadounidenses a irse del Líbano tras una inesperada operación de martirio
contra las barracas donde se alojaban junto a tropas francesas. Las 241 bajas
de marines estadounidenses fue suficiente para que Ronald Reagan ordenara -para
consternación y furia de Tel Aviv- su inmediata salida. En esa decisión
Reagan reflejó un criterio propio demostrando que las presiones de Israel (que
tuvo hasta el último minuto) no valían ni eran suficientes para derramar más
sangre de estadounidenses. A partir de entonces Hizb´allah sería símbolo de
cuidado y el inicio de un serio problema estratégico para el expansionismo
sionista.
La épica de
Hizb´allah distaba mucho de la entonces OLP palestina. Si bien ambos compartían
el mismo enemigo, la base ideológica les distinguía. Así mientras la primera se
halla nutrida especialmente en el ejemplo del martirio del Iman Hussein (PB)
para defender al Líbano, la otra era una organización laica, compuesta por
sunitas y cristianos sin los tintes teológicos de aquella dedicada a buscar la
liberación de la ocupación israelí.
El componente del
martirio como un elemento trascendental en la lucha por la justicia y contra
amenazas a la existencia le da al estilo y el final de la vida del chiita una
dimensión que el occidental no llega a comprender. Para musulmán en general y
el chiita en particular la muerte es el paso a la otra vida sin que ello
signifique el desprecio de ella. Bajo esta lógica, los verdaderos chiitas
iraquíes se levantaron en 2005 y se unieron en la lucha con la resistencia
sunita contra la ocupación angloestadounidense. Más cerca en el tiempo los
asesinatos de Qassen Soleimani y Mahdi Al Muhandis en 2020 en Iraq, de Hassan
Nasrallah en el Líbano en 2024 y de Alí Khamenei a comienzos del 2026 y todos
los civiles que les siguieron, los han transformado en mártires y referentes
contemporáneos en el martirologio chiita dignos de ejemplo a seguir asumiendo
el compromiso de vengarlos bajo la inspiración del Imán Hussein (PB) (ا حُسَيْن). No es el nihilismo
de personalidades egoístas y perversas, tampoco el estado alterado con drogas
de esos falsos “yihadistas” (creados por la CIA y el Mossad), ni un
determinismo trágico o un fatalismo como tratan de explicarlo algunos. Se trata
del reconocimiento vivencial y existencial del ejemplo que significo el
martirio del Imán Hussein (PB) ante situaciones de injusticia a las que
enfrento en su época y el precio pagado por tratar de hacer prevalecer la
justicia. Tampoco es (como los extremistas plantean) una apostasía o ser “Kafr”
tratando de sobreponerse a la personalidad del profeta Mahoma (PB). Tanto la Chía
como la Suna (Tradición) provienen de la misma casa del profeta, ambos son
creyentes y respetan el mandato más importante en los pilares del Islam que es
“Dios es único y Mahoma su mensajero”.
Es este componente
invisible, de fe y garra que está en cada iraní y cada chiita de la Umma y que
hoy detrás cada combatiente en su supuesto desde Sana´a hasta Basora y de allí al
estrecho de Ormuz sostienen la férrea defensa de Irán ante un enemigo probadamente
traicionero, amoral y descaradamente criminal.

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